Soy un incondicional admirador de David Bowie desde que tengo uso de razón. Hace poco, en una encuesta organizada en la recomendable bitácora musical "La mansión en la colina" para elegir su mejor obra, me sorprendí incapaz de tomar una decisión, porque no hay uno solo de sus discos que no contenga, al meno dos o tres temas memorables cuando no son en su totalidad, piedras angulares del rock.
Por lo tanto, el mero hecho de que el artista británico estrene nueva obra tras diez años de silencio ya constituye ocasión por sí misma para hablar del muchacho en el ladrillo. Si a eso le sumamos que "The Next day", el álbum que acaba de publicar en todo el mundo hace unos días es una rotunda y magistral prueba del filón inagotable de talento que atesora este hombre, es imposible no aprovechar la oportunidad de dedicarle unas lineas recomendándoles encarecidamente que se acerquen a descubrir la nueva obra del artífice de "Diamond dogs".
Por lo tanto, el mero hecho de que el artista británico estrene nueva obra tras diez años de silencio ya constituye ocasión por sí misma para hablar del muchacho en el ladrillo. Si a eso le sumamos que "The Next day", el álbum que acaba de publicar en todo el mundo hace unos días es una rotunda y magistral prueba del filón inagotable de talento que atesora este hombre, es imposible no aprovechar la oportunidad de dedicarle unas lineas recomendándoles encarecidamente que se acerquen a descubrir la nueva obra del artífice de "Diamond dogs".
Y lo primero que hay que hacer para acercarse a "The next day" es hacer visera con la mano y no detenerse a contemplar la portada del disco, que será todo lo simbólica que ustedes quieran, el homenaje más hermoso que se le ocurra al flamante "Heroes" que Bowie publicara en 1977 y mil cosas más, pero que es sosa, ortopédica y muy poco atractiva para el consumidor no entregado. Juzguen ustedes si exagero..
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"The next day" (2013) |
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"Heroes" (1977) |
En fin, no deja de tener su gracia y cierto es que algunos de los temas del nuevo álbum entroncan con lo que hizo el hombre en 1977, pero, a mi, personalmente, me parece un horror. En cualquier caso, este tema no ha sido obstáculo para que, veinte años después, el amigo Ziggy Stardust haya colocado su obra en el primer puesto de la lista de ventas británica en apenas siete días. Y en lo que detractores y admiradores de la portada sí que coincidimos es en que, como la belleza, lo que hace grande a "The next day" es lo que habita en su interior.
De la mano de su productor favorito, Tony Visconti- que también se aplica con entusiasmo y acierto con las seis cuerdas en el álbum- Bowie ha sacado a la luz, con permiso de "Black Tie, white noise", su mejor obra desde el lejano "Scary Monsters" de 1980. Con el tarro de las esencias compositivas abierto de par en par, el artista británico se ha dejado de experimentos y se ha dedicado a componer lo que siempre ha sido su especialidad: el rock puro y duro- plagado de buenas guitarras y bases rítmicas poderosas- con el toque de extravagancia y vanguardia que siempre ha dominado y que le lleva a introducir en sus temas arreglos de cuerda, sintetizadores, cajas de ritmos, juegos vocales o torturados saxofones.
Es difícil destacar una canción, la calidad es altísima y hay casi para todo tipo de admiradores de Bowie. Personalmente me quedo con la irresistible "Valentine's day", la machacona "The next day"- que podría encajar como un guante en cualquiera de las grandes obras maestras del Duque Blanco- la bellísima "Where are we now" (ojo al crescendo final) o ese trallazo guitarrero que es "(You will) set the world on fire", sin por ello desprestigiar temas tan redondos como la oscura "Dirty boys" o ese single perfecto que es "The stars (are out tonight)". Les recomiendo que se hagan con la edición de luxe del álbum, porque "The next day" es tan bueno que hasta los temas de regalo, normalmente indigestos, merecen la pena. Ahí está la soberbia "I'll take you there" para demostrarlo.
Leo en Internet que Bowie ya tiene una edad y se ha descartado que haya gira de presentación de "The next day" con lo que, salvo milagro, nos quedaremos sin saber como suenan estos temas en directo. Es una pena, porque incluso con un pie en el asilo estoy convencido de que el Duque Blanco podría merendarse de una sentada al noventa por ciento de la chiquillería que hoy transita por los escenarios mundiales (tuve la suerte de verle en su mítico concierto de Madrid de 1990 durante el Sound and Vision Tour y más de veinte años después sigue siendo el concierto de mi vida). Puedo perdonárselo. Puedo perdonarle que nos prive de semejante espectáculo, porque a David Bowie yo le perdono todo. Pero, vistos los tesoros que esconde este disco magistral, más le vale que "The next day" no sea su último disco o tendré que ir a pedirle cuentas. Y ya saben ustedes cómo me las gasto.
De la mano de su productor favorito, Tony Visconti- que también se aplica con entusiasmo y acierto con las seis cuerdas en el álbum- Bowie ha sacado a la luz, con permiso de "Black Tie, white noise", su mejor obra desde el lejano "Scary Monsters" de 1980. Con el tarro de las esencias compositivas abierto de par en par, el artista británico se ha dejado de experimentos y se ha dedicado a componer lo que siempre ha sido su especialidad: el rock puro y duro- plagado de buenas guitarras y bases rítmicas poderosas- con el toque de extravagancia y vanguardia que siempre ha dominado y que le lleva a introducir en sus temas arreglos de cuerda, sintetizadores, cajas de ritmos, juegos vocales o torturados saxofones.
Es difícil destacar una canción, la calidad es altísima y hay casi para todo tipo de admiradores de Bowie. Personalmente me quedo con la irresistible "Valentine's day", la machacona "The next day"- que podría encajar como un guante en cualquiera de las grandes obras maestras del Duque Blanco- la bellísima "Where are we now" (ojo al crescendo final) o ese trallazo guitarrero que es "(You will) set the world on fire", sin por ello desprestigiar temas tan redondos como la oscura "Dirty boys" o ese single perfecto que es "The stars (are out tonight)". Les recomiendo que se hagan con la edición de luxe del álbum, porque "The next day" es tan bueno que hasta los temas de regalo, normalmente indigestos, merecen la pena. Ahí está la soberbia "I'll take you there" para demostrarlo.
Leo en Internet que Bowie ya tiene una edad y se ha descartado que haya gira de presentación de "The next day" con lo que, salvo milagro, nos quedaremos sin saber como suenan estos temas en directo. Es una pena, porque incluso con un pie en el asilo estoy convencido de que el Duque Blanco podría merendarse de una sentada al noventa por ciento de la chiquillería que hoy transita por los escenarios mundiales (tuve la suerte de verle en su mítico concierto de Madrid de 1990 durante el Sound and Vision Tour y más de veinte años después sigue siendo el concierto de mi vida). Puedo perdonárselo. Puedo perdonarle que nos prive de semejante espectáculo, porque a David Bowie yo le perdono todo. Pero, vistos los tesoros que esconde este disco magistral, más le vale que "The next day" no sea su último disco o tendré que ir a pedirle cuentas. Y ya saben ustedes cómo me las gasto.