miércoles 15 de febrero de 2012

Con voz de mujer

La elaboración de "Tu rostro mañana"estuvo a punto de secar el pozo de las ideas de su autor, el escritor madrileño Javier Marías. Las casi 1.600 intensas y magistrales páginas distribuidas en tres volúmenes y siete partes que, no obstante lo anterior, se podrían leer de un tirón si la espalda diera más de si, supusieron un esfuerzo tan titánico que el propio Marías llegó a declarar en más de una ocasión que no se sentía con fuerzas suficientes para escribir otra cosa que no fuera una simple propina tras tan colosal banquete literario 

Así lo reconoció en muchas entrevistas concedidas tras la publicación del último volumen de la trilogía, "Veneno, sombra y adiós" en 2007 y así lo fuimos asumiendo quienes le admiramos tras comprobar que el tiempo pasaba y nada nuevo aparecía en las librerías, excepción hecha de algún que otro recopilatorio de sus hazañas como columnista en El País.

Pero por algo este hombre, por quien servidor siente una legendaria reverencia y una rendida admiración es la mente literaria más brillante de cuantas existen en la actualidad y, el año pasado, el escritor madrileño entregó al público "Los enamoramientos", su nueva novela y una prueba más de que su ingenio y su maestría aún andan alejados del fondo del vaso.

En este sentido, "Los enamoramientos" no supone un paso adelante en las cotas marcadas por sus obras precedentes- sencillamente, es imposible mejorar lo ya alcanzado- por lo que quienes odien sus circunloquios verbales o sus enredaderas de palabras que no parecen tener sentido hasta que la última de ellas se posa en el lector y todo cobra vida propia, tienen en "Los enamoramientos" un suplicio en toda regla. Por el contrario, quienes disfrutamos deambulando por sus inmensos y bellísimos laberintos lingüísticos, los que nos sentimos completamente a merced de sus maremotos sentimentales y de sus caústicas peroratas humorísticas, en definitiva, quienes desde hace años recibimos cada nueva obra del escritor madrileño como una cantimplora llena en pleno desierto, esos, estamos de enhorabuena.

De nuevo, como en tantas ocasiones en la obra de Marías, un hecho luctuoso (en este caso, la violenta muerte de un empresario de éxito a manos de un mendigo desquiciado) es el punto de arranque de la trama, con aroma policíaco, en esta ocasión, que, si bien respira sola y de manera coherente a través de un encadenado de enamoramientos no correspondidos, no es sino una excusa para hilvanar reflexiones sobre la dependencia que crea el amor, la muerte y los vacios que genera, la culpa y el modo en el que el tiempo la difumina y, por encima de todo, el estado de enamoramiento y la zozobra absoluta que lleva aparejado.

No faltan los momentos humorísitcos tan del agrado del escritor madrileño, como la divertidísima conversación entre María Dolz, el narrador (una mujer, por primera vez en la obra de Marías. Simplemente curioso, nada aporta en realidad a  la trama y nada diferencia al personaje de sus predecesores masculinos) y un escritor empeñado en documentarse sobre drogas duras. Tampoco faltan las conversaciones mastodónticas- la práctica totalidad del ùltimo tercio de la novela lo ocupa una "distendida" charla entre María y su amor no correspondido- que, más exactamente podrían definirse como concursos de monólogos y en las que Marías desata toda su maestría verbal. Y, por supuesto, el lector encontrara, como en todas sus obras, referencias literarias que actúan como contrapunto de la trama (Balzac en esta ocasión) y, en muchos momentos, como columna vertebral del pensamiento de uno o varios personajes.
"Los enamoramientos" no alcanza el nivel de perfección de "Tu rostro mañana"- probablemente el rey de Redonda nunca llegue a superar ese umbral. Probablemente pasará mucho tiempo hasta que alguien lo haga- pero no desentona lo más mínimo en un catálogo que incluye maravillas como "Mañana en la batalla piensa en mi" o "Corazón tan blanco".Si este es el concepto de propina que tiene Javier Marías, a los camareros de las cafeterías de su barrio les deben temblar las canillas de emoción cada vez que le vean entrar por la puerta.

jueves 9 de febrero de 2012

En otras palabras: OscarP


El caústico y acertado OscarP, azote de las medias tintas, caudillo de las ideas claras y adalid de los debates con enjundia aporta su granito de arena (casi una playa) a "En otras palabras" con un texto marca de la casa en el que la lógica de sus plateamientos solo admite comparación con la agudeza de sus conclusiones. Imagino que Ana Botella no pensará lo mismo, pero, sinceramente, eso poco importa. 

Aprovecho para recordaros que quien quiera participar en esta sección de "firma invitada" sólo tiene que enviar el texto y las consideraciones que estime oportunas para su publicación a clanwinot@hotmail.com. Tan pronto como haya un hueco, la colaboración aparecerá publicada en el ladrillo a mayor gloria de su autor.


INDEFENSIÓN. EL AYUNTAMIENTO DE MADRID NOS ROBA.

"El ayuntamiento de Madrid nos roba. Podemos pensar que es una metáfora al nos referimos a los elevados impuestos o demás asuntos legales que hacen que nos apretemos el cinturón de forma desmesurada pero que son legales gracias a la mayoría absoluta del partido que nos gobierna que nosotros le hemos dado.
Pero no, me refiero a un acto ilegal que conscientemente realizan los funcionarios, seguro siguiendo órdenes de estamentos superiores. Les cuento:

La vida ha querido que coincida con una persona funcionaria de un ayuntamiento de una población cercana a Madrid. Esta persona tiene, entre otras, la función de gestionar las multas y los recursos que los ciudadanos de esa población presentan cuando han sido multados. Debido a su trabajo y como abogada que es, se conoce la normativa como la palma de su mano.

Bueno, pues el otro día se invirtieron los papeles y fue ella la que tuvo que presentar papeles para recurrir un par de multas que habían sucedido en Madrid. Dos multas leves, estas multas de 90 euros. Acudió a la calle Albarracín, donde se gestionan estos trámites.

Ya les voy avisando de que las multas leven prescriben a los tres meses, es decir, si a uno de ustedes le ponen una multa, desde la fecha en que le ponen la papeleta hasta que usted la recoge, el ayuntamiento tiene TRES MESES y si no ha prescrito. Ocurre que si no se recoge la multa, el ayuntamiento tiene TRES MESES para publicarla en el BOCM. Eso es lo que se llama “Denuncia”. Pero ahora viene la sanción. Una vez que usted ha recogido la multa y sabe que ha sido denunciado o ha sido publicada en el BOCM empieza un nuevo plazo de TRES MESES para comunicarle la “Sanción”. (Cuidado, no confundir denuncia con sanción. Cualquiera puede denunciar. Yo le puedo denunciar a usted por el motivo que yo crea, después la autoridad pertinente sancionará. Sólo las autoridades pueden sancionar). Luego la multa sigue su camino y la administración tiene un año para ejecutar la sanción. Sea como fuere, si la administración no cumple con cualquiera de los plazos la multa prescribe. Y es más, prescribe DE OFICIO. No es necesario que el contribuyente pida la suspensión de la multa. No.

Bien, pues esta persona, ya en Albarracín mantuvo una conversación que a usted o a mi nos habrían colado pero a ella no. Sus dos multas habían prescrito porque ambas se habían publicado en el BOCM fuera del plazo de los tres meses. Y cuando ella advirtió de este hecho el funcionario de Madrid le dijo que había recibido en casa varios avisos, los cuales hacían que las fechas se reiniciaran. Y esto no es así, porque al cartero se le ha podido caer el aviso, se ha podido confundir… es decir, NO afectan estos avisos a la fecha de inicio del trámite administrativo. Y cuando ella le rebatió esa explicación el funcionario le contestó:

-    “Jo, se sabe usted la ley mejor que yo”

Dejando claro que había intentado colársela y esta vez le había salido mal.  Pero lo peor es que cuando le dice que le anule las multas, el funcionario le dice que no puede, que sólo puede su superior. Tampoco pasa nada, todo es tan sencillo como que venga el superior. Ah… ingenuos. NO HAY SUPERIOR. Si se quiere hablar con él se debe hacer una instancia para pedirle audiencia.

Al final, bajo la amenaza de embargo nuestra amiga la abogada, paga sus multas prescritas y pidió audiencia papal para pedir que le devuelvan el dinero a aquella persona que sí tiene poder.

El ayuntamiento de Madrid prevarica porque va en contra de la ley a sabiendas, primero, dando curso a una multa ya prescrita, después, obligando a sus propios funcionarios a ir contra la ley y tercero obligando a pagar para que se anule la multa a posteriori cuando una multa prescrita se anula de oficio sin necesidad de instancias ni peticiones ni bulas papales.

Ella dice que va a recuperar el dinero aunque sea lo último que haga en su vida. Igual es verdad que sea lo último que haga en su vida, y allá, cuando pase de los 90 igual recupera el dinero."

miércoles 1 de febrero de 2012

No hay dos sin tres

En el ladrillo se habla mucho. Y de muchos temas. Pero hay un par de cosas que me llaman la atención. Por una parte, que tras "La melodía escurridiza", ha quedado patente que una de mis pasiones la constituyen las bandas sonoras. Y sin embargo, en los casi cinco años que cumplirá próximamente el blog, concursos cinéfilo- musicales aparte, sólo he publicado una reseña sobre el asunto, "El heredero de la corona". Y de eso hace ya un buen puñado de meses.

En aquella ocasión, además de glosar las antológicas partituras del francés Alexandre Desplat en general, alababa, en particular, su trabajo con la batuta en "El velo pintado". Y aprovechaba para anunciar en los comentarios mi idea de reseñar periódicamente tan bello y fructífero genero musical. He aquí la segunda cosa curiosa: que de esa idea nada más se supo hasta hoy- tal vez lo menos llamativo, conocida como es mi habilidad para la dispersión mental-  y que, al igual que entonces, el amigo Desplat vuelve a ser el protagonista del asunto, en esta ocasión, gracias a lo logrado en "Los idus de marzo", la nueva y excelente (no se la pierdan, amigos, de lo mejorcito del año, sin la menor duda) película de George nomepuedosoportardeguapoquesoy Clooney a cuyas imágenes presta lujoso envoltorio el compositor francés.

Ya lo dije entonces y lo mantengo hoy: Desplat es actualmente la estrella más brillante del firmamento musical, sección banda sonora. La calidad de sus trabajos es deslumbrante- ahí están monumentos como "El discurso del rey", "Deseo, peligro", "El escritor" o la que hoy nos ocupa, sin ir más lejos-  y su enorme productividad- una media de siete partituras por año desde 2006- en vez de ser, como pudiera imaginarse, una rémora por saturación, ha logrado crear un sello particular y diferenciador, un "Efecto Desplat" que dota a las composiciones del músico francés de un sabor inconfundible que, por supuesto, puede detectarse en las notas que acompañan las tribulaciones de Ryan Gosling, Paul Giammati y el resto del espectacular reparto de "Los idus de marzo".


Como siempre, Desplat huye de las orquestaciones ampulosas y, salvo en "The candidate", donde los instrumentos se acumulan sobre el tema principal hasta un crescendo colosal en el que aparecen hasta guitarras eléctricas y campanas, todos los cortes deambulan por una atmósfera etérea en la que el piano, sin duda el instrumento predilecto del compositor, toma la posición dominante, bien para dirigir el tema- la bellísima "Stephen Meyer"- bien como elemento atmosférico, caso de la inquietante "Zara vs Duffy" que lleva al oyente a preguntarse cuándo caerá una banda sonora para una película de terror (Y no me vale "Crepúsculo- Luna nueva", como podrás imaginar, Alexandre). Imposible no mencionar, por último, "The campaign" la curiosa variación del tema principal con la que se cierra el disco y cuyo ritmo de marcha militar se ha instalado en mi cerebro hace unos días y se niega a abandonar tan cómodos aposentos.

Me gustaría en esta ocasión, ganar la batalla a mi disgregación mental y que, de verdad, pueda mantener una cierta periodicidad a la hora de recomendaros este tipo de obras por las que siento tan rendida admiración. Lo voy a intentar, aunque no os prometo nada. Lo que tampoco puedo prometer, ya que no hay dos sin tres, como se suele decir, es que el inconmensurable Alexandre Desplat no vuelva a ser el compositor a elogiar. Como siga por este camino, tiene todas las papeletas.

martes 24 de enero de 2012

Desde el desván: Vertigo

A colación de las aportaciones de Lughnasad y Mister Lombreeze al meme "Diez mitos del cine que no soporto", reactivamos la sección "Desde el desvan" para recuperar  "Vértigo" una entrada publicada originalmente en 2008 y en la que repasaba cinco tordos incomprensiblemente admirados por la comunidad cinéfila internacional.

Dado que el meme exige diez películas, permanecen en el debe del ladrillo cinco obras a destripar a las que no doy aquí cobertura por no romper con la idea original de la sección- recuperar entradas ya publicadas por las que siento especial predilección con un somero lavado de cara, en caso de ser necesario-  y por no convertir el asunto en un Nilo desbordado a lo que la idea estaría inevitablemente destinada si tenemos en cuenta mi legendaria incontinencia verbal. Queda pues pendiente una segunda entrega de tostones sobrevalorados cuya puesta en escena emplazo para dentro de unas semanas.

Vértigo (06/06/2008)


El vértigo es una disfunción cerebral que impide asimilar la contradictoria información obtenida de nuestros sentidos. Parados al borde de una azotea, los pies transmiten una sensación de firmeza y seguridad que es desmentida por los datos que proporcionan nuestros ojos que solo contemplan un absoluto vacío donde debería haber tierra firme. Eso explica las nauseas, los desvanecimientos, los mareos de diversa intensidad y otras sensaciones francamente desagradables.

Algo similar padezco cuando observo con estupor lo que aficionados en general y críticos en particular manifiestan acerca de determinadas películas que gozan de un incomprensible crédito y cuyas virtudes quedan para un servidor en entredicho cuando las recuerda o, lo que es peor, guiado por la entusiasta acogida, se anima a descubrir el tesoro escondido para descubrir que de lo escuchado o leído a lo presenciado, media un abismo de imposible superación. No tendría duda a la hora de elegir los truños más sobrevalorados de la historia del cine. Sin duda serían éstos.

MEMORIAS DE AFRICA, DE SIDNEY POLLACK (1985): Sí, la banda sonora es un clásico indiscutible y John Barry es un gran compositor, a pesar de plagiarse con apasionado esmero. Pero casi tres horas de postales africanas, con el acartonado Robert Redford en plan Coronel Tapioca, un Klaus María Brandauer con expresión perpetua de estreñimiento crónico y una Meryl Streep que se pasa la película ostentando su habilidad para lograr acentos imposibles, es mucho para un servidor. Quizás debería guardar un poco de luto por el fenecido Pollack, pero nunca pude perdonarle este tostón aburrido, pretencioso y soporífero que, no obstante goza de un incomprensible prestigio público. "Yo tuve una granja en África" ¿Y?

2001: UNA ODISEA EN EL ESPACIO, DE STANLEY KUBRICK (1968): Capaz de lograr monumentos eternos al cine como "Senderos de Gloria" o "Atraco perfecto", el megalómano Kubrick supo vivir del cuento durante toda su vida y creo alrededor de su filmografía un halo de inveterada santidad que impedía calificar como lo que son, horrores rancios y petulantes, artefactos infumables como "Barry Lyndon", "Eyes wide Shut" y, por supuesto, la insoportable e incomprensible sucesión de imágenes que componen esta odisea en la vacuidad absoluta, que es "2001". Si Richard Strauss supiera que su magistral "Así habló Zaratrusta" será recordado para siempre por ilustrar unas imágenes de monos poniéndose las pilas a ritmo de hueso homicida seguro que pediría explicaciones.

TODAS LAS MAÑANAS DEL MUNDO, DE ALAIN CORNEAU (1991): Algún sujeto sublime y a muchos años luz de mi aborregada y grumosa mente ha escrito en Filmaffinity que esta película es "una verdadera delicia para el estado meditativo" (¿quizás quiso decir vegetativo?). No contento con eso, anuncia que esta tópica y típica historia entre maestro y alumno aplicado es "un regalo para los que gustan de la música serena, introspectiva, clásica, barroca". Y, ahí, no le quito la razón, la banda sonora de la película, compuesta por obras de Lully o Couperin es espléndida y de obligada audición, pero....... ¿era necesario poner todas esas imágenes amaneradas y artificiales que aburren sin remisión e impiden disfrutar de lo que realmente tiene valor? Creo que no.

EL PIANO, DE JANE CAMPION (1993): Además de contener uno de los gazapos más memorables de la historia del cine, (en el que no entraré por si queda alguien en algún bosque perdido del Amazonas que no haya visto la película, pero que incluye el milagro de hacer leer a los analfabetos), la película de la gélida Jane Campion pretende llenar la pantalla de pasión animal y lo que logra es que nos subamos el cuello de la chaqueta y apañemos un sueñecito mientras la odiosa Holly Hunter y su repelente hija, cortesía de la oscarizada Anna Panquin le perturban la siesta al caracartón de Sam Neill con una música a cargo de Michael Nyman que no sólo resulta anacrónica sino, directamente, insoportable y que fue escuchada hasta en lo pasillos del tanatorio durante el año de su estreno, lo que no ayudo a hacerla más llevadera.

EL ÚLTIMO TANGO EN PARIS, DE BERNARDO BERTOLUCCI (1973): Imagino que fue el calentón que se vivía en este país por aquella época lo que llevaba a los españolitos de los setenta a dejarse medio sueldo en viajar a Francia para ver este despropósito absoluto del sorprendentemente admirado Bertolucci (responsable de algún otro engendro como "El último emperador") con un Marlon Brando en las últimas declamando frases de parvulario e intentando inútilmente crear un mínimo de química con María Schneider, de la que poco se supo desde entonces. Entiendo que fuera saludada en la época como una obra maestra de turbio erotismo; con la pasta que se dejaron viajando a París, como para reconocer que era un ladrillo de primera categoría bañado en bromuro.

miércoles 18 de enero de 2012

Aparatosa simplicidad



Huyo del los elogios desmesurados, lo he comentado varias veces. Como regla general, aplicados a una película, un libro o cualquier otra expresión artística, colocan el listón a tan elevada altura que es difícil no tirarlo cuando finalmente nos atrevemos a dar el salto. Hay excepciones, por supuesto, pero, lo más normal es que terminada la proyección, si de cine, hablamos, uno vuelva a casa con la extraña sensación de haberse perdido algo o de haber entrado en la sala contigua a aquélla en la que proyectaba esa maravilla de la que todos hablan.

La última en incorporarse a esta lista de decepciones anunciadas a sido la celebrada "Drive", del danés Nicolas Winding Refn, Palma de Oro en el último Festival de Cannes, thriller de referencia para generaciones venideras y acontecimiento cinematográfico del año y casi del siglo, por no decir de la historia del cine- no me invento una coma, en Filmaffinity puede uno leer calificativos similares- y que, para quien esto escribe, es un artefacto presuntuoso, saqueador y terriblemente previsible.


Y es que la historia de "Drive" da para poco. Un joven con talento especial para los coches (Ryan Gosling, confundiendo la contención con la parálisis facial) se mete en líos con un grupo de mafiosos por intentar echar una mano al marido imbécil (no hay más que verlo para saber que es incapaz de andar y pestañear a la vez) de una vecina (Carey Mulligan, ella sí, impecable) por la que se siente atraído casi a primer requerimiento. Poco más, la verdad; cualquiera que haya visto un par de películas en su vida sabe casi al detalle lo que va a ocurrir y no hay que estar licenciado por la Sorbona para saber los personajes que van a comer el turrón y los que van a terminar en el cementerio más próximo. Por si fuera poco, ya a finales de los setenta, Walter Hill había contado- y mucho mejor, por cierto- gran parte de lo que aquí se cuenta en la rescatable "Driver", con la que la película de Renf guarda no pocas similitudes.



Si en el fondo, la cinta peca de tópica y previsible, en la forma, tampoco puede uno decir que "Drive" sea la cuadratura del círculo: mucha cámara lenta y mucha violencia heredera de Sam Peckimpack, silencios y eternos planos fijos que harían emocionarse a Sergio Leone, un tratamiento de la noche heredero de Ridley Scott; nada nuevo bajo el sol.

Y todo esto sería disculpable de no ser por ese aire de estoyencantadodehabermeconocido que el director danés inocula en cada secuencia, en cada encuadre. De no ser por ese envoltorio de pretenciosidad y pedantería con el que el compatriota de Michael Laudrup rodea su película, estaría dispuesto a reconocerle la gracia a algunas ideas como la chaqueta con el escorpión o la carencia de nombre del protagonista, a pesar de que Neil Jordan y Walter Hill, respectivamente, ya activaran mucho antes esas espoletas.


Pero seamos justos: no todo es decepcionante en "Drive". La dirección de Refn, a pesar de su pretenciosa frialdad, logra momentos brillantes (la escena inicial o la excelente aunque inverosímil secuencia en el ascensor, perfecta mezcla entre la belleza y el horror) y buenas interpretaciones como la de Carey Mulligan o Ron Perlman (Albert Brooks tampoco lo hace mal, pero sale tan colocado de botox que no sé si el mérito es suyo o de su cirujano plástico). El aire a película de los ochenta también se agradece (esos títulos de crédito, esa música de sintetizadores) y el tramo final, para los amantes de las emociones fuertes, hay que reconocer que cumple su cometido de impresionar al espectador. Escaso botín para una cinta que aspira a convertirse en la esencia del cine moderno.

El problema de "Drive", en definitiva es el altísimo concepto que la película tiene de si misma. En lugar de fabricar una serie B discreta, ligera y disfrutable, que es lo que la historia pide a gritos, los responsables de la cinta han pretendido enmendar la plana a Ingman Bergman convirtiendo una trama clásica de buenos y malos en un producto lastrado por su propia trascendencia que no tarda en naufragar y, dada su vacuidad, hundirse en el tiempo sin dejar rastro. Triste, sin duda, pero también inevitable. Y merecido.

martes 10 de enero de 2012

En otras palabras: María


Inauguramos la cosecha 2012 de "En otras palabras", con María, ilicitana de oro, seguidora incansable de este rincón, anglófoba reconocida y motor de arranque del blog Cajón desastre quien cede desinteresadamente al ladrillo un texto inédito, para el disfrute de todos aquellos que nos acompañan habitualmente y de quienes la red haya depositado en esta orilla de la blogosfera, con el asfixiante paro que vivimos como motivo conductor del mismo.

Aprovecho para recordaros que quien quiera participar en esta sección de "firma invitada" sólo tiene que enviar el texto y las consideraciones que estime oportunas para su publicación a clanwinot@hotmail.com. Tan pronto como haya un hueco, la colaboración aparecerá publicada en el ladrillo a mayor gloria de su autor.

                             ¿Qué hace una chica cómo yo en una situación como ésta?

Me llamo María, tengo 28 años y soy licenciada en Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera Ceu. 

Mi única experiencia laboral en el campo de la comunicación se limita a dos becas de verano en dos medios de comunicación. Aunque debí acabar mi carrera hace un tiempo, como a muchos (o algunos) se me atravesaron unas asignaturas que me costó quitarme de encima. Pero con paciencia y tesón, conseguí finalizar mis estudios el pasado mes de julio.

Tras un verano de merecido descanso, en septiembre puse rumbo a Inglaterra para perfeccionar el idioma durante dos meses. Y desde mi vuelta a España, he empezado a buscar un trabajo.

El problema está ahí. Aunque estamos en una situación bastante complicada, creo que en mi caso, encontrar un trabajo en mi sector lo es mucho más. Me explico.

Estoy registrada en diversos portales de Internet para buscar trabajo. Ya sea en comunicación corporativa, publicidad o en los medios de comunicación. La mayoría de las ofertas que hay, piden una experiencia demostrable de tres a cinco años, o que el candidato tenga vehículo propio.

Si pincho en la opción de que no se requiere experiencia, muchas de las ofertas hacen referencia a comerciales. Y si de una beca se trata, es imprescindible que el candidato sea de la provincia del puesto vacante. Y si no importa que el candidato sea de una ciudad u otra, te pagan 500 € y el contrato es de una duración determinada.

También me he paseado por los medios de comunicación de la provincia, pero más que darme la opción de entrevistarme, lo único que he recibido es un ‘muchas gracias’.

Aunque eso de buscar trabajo por Internet lo tengo más que rastreado, también me he planteado la posibilidad de estudiar un master o en un posgrado. Pero ahí también veo muchas dificultades. Tendría que trasladarme de ciudad, buscar un piso, pagar el alquiler del mismo, y pagar el curso en cuestión que, por cierto, no sale barato: un posgrado me cuesta entre 4000 y 6000 €, mientras que el precio de un máster oscila entre los 8000 y los 10000.

Ante tan incierta relación, me asalta unas dudas: ¿Qué hace una chica como yo en una situación como ésta?

Sí, lo se. La situación laboral y económica no está para echar cohetes. Y parece ser que para los recién licenciados, como yo, menos aún.

martes 3 de enero de 2012

Punto y seguido


Uno debería ya estar acostumbrado a que la desfachatez y el cinismo sean rasgos imprescindibles para dedicarse a la política. Que lo que hoy se defiende con ardor sea abandonado a su suerte al poco tiempo o que lo antes era un mantra, sea ahora un anatema está a la orden del día y si eso provoca arrobo o excita el pudor y la vergüenza ajena de quien cambia de opinión según sople el aire, con franqueza, lo disimula con maestría

Por estas razones, servidor no tenía duda de que el gobierno nacido de las pasadas elecciones llegaría a defender exactamente lo contrario de lo que defendió en su periodo de primer partido de la oposición, pero, sinceramente, pensaba que tras un equipo gobernante previo en el que la cuadratura del círculo y los Cerros de Úbeda se convirtieron  en inconfundible escudo de armas, los que acababan de llegar iban a tardar algo más en pasarse el programa electoral por el forro y convertir la munición real en cartuchos de fogueo. 

Y, sin embargo, al presidente y a su equipo le han durado sus convicciones menos de dos días y en su primer Consejo de Ministros, el nuevo gobierno ha adoptado una serie de medidas cuyo único objetivo parece ser tirar abajo todo aquello que el hoy presidente utilizó de mascarón de proa durante su campaña electoral: recortes atolondrados, cero medidas para estimular el empleo, una puñalada impositiva en pleno pulmón: si no fuera porque sé que las elecciones las perdió el Partido Popular, estas decisiones diría que han sido tomadas  por el anterior equipo de gobierno:

Que las medidas adoptadas por el Ejecutivo son el otro lado del espejo utilizado durante sus años de oposición , se puede ver aquí, por ejemplo, pero existen cientos de referencias en la red a este asunto que utilizan el mismo principio activo. Y de poco me vale que nos las vendan como una corrección temporal- si algo no es la solución para un problema no lo es ni ahora ni dentro de dos años ni dentro de un siglo- ni como resultado de un déficit distinto al esperado- inverosímil candidez la de los señores ministros si esperaban que tras pasar por las garras del anterior gobierno, las cuentas iban a estar cerradas en firme. En cualquier caso, tampoco escuché durante la campaña que subir los impuestos o bajarlos dependiera de lo que se encontraran tras el traspaso de poderes o de si aquella  magnitud o este porcentaje estaban de esta manera o de otra bien distinta. 

Tras tantas disputas y tanta suficiencia, después de tanto debate y tanta clase magistral, tras tantos gestos despreciativos y tanta crítica altanera, resulta que quienes venían llamados a corregir el estropicio, en lugar de tirar abajo el palacete, apuntalan las paredes y contratan al mismo constructor que ya demostró su impericia apenas hace unos meses y le pasan la factura a los mismos. Ciertamente, si éste es el cambio que nos prometieron, que Odin nos pille confesados.