domingo, 15 de junio de 2014

M.A.T.E.O (que te veo): Dexter

Aunque se alargó ocho innecesarias temporadas y puso punto final con una abracadabrante vuelta de tuerca (que terminó por no ser tal, si uno lo piensa un poco.) las andanzas de Dexter Morgan (Michael C. Hall), el asesino en serie más atípico de la historia de la televisión sigue conformando unos de los iconos audiovisuales más poderosos de lo que llevamos de siglo.

Para quien no lo conozca, "Dexter" narra la vida y milagros de un forense de la policía de Miami que, en sus horas libres se dedica a aplicar la Ley del Talión con los criminales que se cruzan en su camino. Para el exterior, Dexter representa la seriedad de un científico, la honestidad que se presume en un policía y la simple pero eficiente afabilidad de todo hombre soltero entregado a su trabajo y con escasa vida social. En su interior, habita un monstruo, un pasajero oscuro con un estricto y perturbado código moral y la empatía justa para que sus víctimas no vean lo que se les viene encima hasta que ya es demasiado tarde y viajan a su descanso final a bordo del "Slice of life".

Temporada tras temporada, los guionistas fueron elevando el nivel de calidad de la serie, enfrentándolo a retos cada vez más complejos y haciendo evolucionar al personaje en una salida a la superficie lenta pero implacable: el pasajero oscuro seguía a bordo, pero eso no era obstáculo para que Dexter se enamorara de Rita (la incandescente Julie Benz), se casara con ella e, incluso, llegaran a tener un hijo juntos. Parecía que al amigo Morgan solo le faltaba plantar un árbol y escribir un libro, pero entonces llegó la cuarta temporada y todo saltó por los aires (SPOILERS sin mesura desde ahora)

El enfrentamiento entre Dexter y un oscuro asesino ritual de nombre Trinity (el gran John Lightgow en una de las interpretaciones más brillantes de los últimos años) da de si doce adrenalíticos episodios en los que la implacable y cartesiana forma de matar de Trinity ( víctima desangrada en una bañera, víctima lanzada al vació y víctima apaleada a martillazos para volver a iniciar el ciclo) contrapuntea una realidad personal de nuestro héroe cada vez más anclada en los arquetipos sociales y, por tanto, más vigilada que nunca, con todo lo que ello implica para sus "aficiones".

Tras una batalla sin cuartel, Dexter logra acabar con su némesis en los últimos compases de la temporada. Mientras el forense más sanguinario de Miami reflexiona acerca de los riesgos de compatibilizar su doble vida, se desgranan los últimos minutos del capítulo y entonces..... Entonces, se produce uno de los M.A.T.E.O (para más datos acerca del concepto, pueden pinchar aquí)  mas estremecedores que se recuerdan. Quien lo vio, posiblemente no lo olvide nunca.

video

miércoles, 28 de mayo de 2014

Punto y final: Emmanuel Carrère

Los cimientos de mi larga y documentada aversión por todo lo francés se han visto seriamente dañados en los últimos dos meses. Primero fue la lectura de "Los ignorantes", una novela gráfica del gabacho Étienne Davodeau y que,a pesar, de mi repulsión por todo lo que tenga que ver con el comic francés (siempre he odiado a Asterix y de mi rechazo por el tuercebotas de Blueberry podrían escribirse ensayos) debo reconocer que resultó ser una de las historias de amistad y respeto más intensas que este mundo del comic ha dado en décadas. Si a uno, además, le interesa el mundo del vino, su compra se antoja indispensable.

Pero, ignorantes aparte, la puntilla definitiva, el proyectil que con más precisión se ha incrustado en la linea de flotación de mi francofobia, la prueba final de que hay vida (inteligente) al otro lado de los Pirineos ha sido el descubrimiento del escritor, periodista y realizador francés, Emmanuel Carrère. La lectura de sus novelas "De vidas ajenas" y "El adversario" supone una de las experiencias literarias más satisfactorias a la que un mortal puede, a día de hoy, someterse. La segunda de estas novelas la compré cuando apenas llevaba treinta páginas de la primera. Y si no tengo ya en mi poder "Limónov" o "Una novela rusa" es por hincar de una vez el diente a "Capital", de mi padre literario John Lanchester que lleva meses esperando turno.

Me gustan los autores que actúan como narradores de sus novelas (no sé si será así en toda su obra. En los dos que ya he leído, Carrère mismo es quien habla) y me gusta que al hacerlo, sean duros consigo mismos, que no se apliquen cremitas hidratantes y se muestren tal cual son (posiblemente esta crueldad contra uno mismo sea una pose en si misma, pero poco importa: me gusta y, además, funciona). En sus obras, Carrère, se muestra envidioso, frustrado, agotado por su propia intensidad. No duda en reconocer su cobardía y admite sin vendas el alivio que siente cuando son otros y no él o los suyos quienes sufren. Sin duda, esta humildad y esta certeza de naturaleza imperfecta, rasgo tan poco francés por principio, es uno de los principales anzuelos con los que el amigo Carrére me ha cazado. El otro, sin duda, mucho más relevante, es que el novelista francés escribe como pocos hacen hoy en día. 

Heredero de Truman Capote, el estilo de Carrére es una mezcla irresistible de periodismo, retrato sicológico, novela de investigación médica, reportaje judicial y radiografía del alma. Sus libros "crecen" con cada página y, a pesar de que las historias no parecen dar para mucho sobre el papel, su habilidad para que ese pequeño triángulo junto al plato se convierta en una hermosa servilleta de hilo logra que la vinculación que se crea entre los personajes y el lector sea viva, que crezcamos con ellos y que sus vidas ya no sean ajenas sino propias, terribles (lo cierto es que ninguna de las dos obras dan para muchas risas) pero imposibles de abandonar.
 
Es, además, el hombre que ha escrito la más hermosa declaración de amor que he leído en mucho tiempo, un prodigio de sensibilidad, realismo y contención que les invito a leer a continuación. Si, como imagino, les atrapa, no pierdan un minuto, acudan a su librería más cercana y háganse con estas dos joyas literarias de las que les he hablado hoy: Nourriture des dieux (si el traductor de Google no me ha jugado una mala pasada).


"La encuentro hermosa, sexy, tierna, me maravillan la quietud de nuestro amor y la intensidad de esta quietud. A su lado sé dónde estoy. Se me hace insoportable la idea de perderla, pero por primera vez en mi vida pienso que lo que pudiera arrebatármela o arrebatarme a ella sería un accidente, una enfermedad, algo que nos viniera desde el exterior y no la insatisfacción, la fatiga, el deseo de novedad. Es imprudente decir esto pero la verdad, no lo creo. Sé muy bien, por supuesto, que sí logramos durar, habrá crisis, instantes de desaliento, tormentas, que el deseo se agotará y buscará en otra parte, pero creo que aguantaremos, que uno de los dos cerrará los ojos del otro. Nada, en todo caso, me parece más deseable."

"De vidas ajenas", de Emmanuel Carrère (2009) 

miércoles, 7 de mayo de 2014

Alan y yo

En pleno revival ochentero (en un fin de semana por la pantalla de mi televisor han pasado "Los Goonies", "El club de los cinco", "Karate Kid", "Hidden" y "La princesa prometida". Ahí lo dejo) me encuentro con la publicación de "The Complete Albums Collection" una lujosa caja recopilatoria que contiene todos los discos de la que fuera mi banda de rock favorita durante dicha década y parte de la siguiente y que no es otra que The Alan Parsons Project. El banco me ha denegado la imprescindible hipoteca para pagar lo que la cajita de marras cuesta, pero, al menos, la publicación de esta joya merece un sincero homenaje en el ladrillo al grupo que hiciera sentir por primera vez a quien esto escribe, lo que ser fan de algo o alguien implica realmente.

El tiempo ha sido duro con la música de Alan Parsons y quien fuera su indispensable socio Eric Wolfsoon. La extraordinaria producción de sus álbumes- el amigo Parsons fue ingeniero de sonido, entre otras joyas, de nada más y nada menos que "The dark side of the moon" de Pink Floyd- suena hoy demasiado perfecta y ese afan de dar a cada disco un toque conceptual y progresivo acartona un poco las canciones. Pero quien tuvo, retuvo y escuchando nuevamente obras como "The turn of a frinedly card", "Eve", "Tales of mystery and imagination" o "Ammonia Avenue" he redescubierto una banda compacta, con ideas de una brillantez inusitada para la época (nadie manejó el ritmo de marcha militar con ellos) y que han dejado para la posteridad, himnos que aún hoy, siguen dando colchón sonoro a un buen numero de instantes de mi vida.

No, no son los primos de Los Chunguitos, son Eric y Alan. ¡Ay, los ochenta!

Me cuesta decidirme por el que pudiera ser mi favorito de los diez discos (once si contamos el inédito "The sicilian defence" que nunca se publicó pero que sí está incluido en la caja.... Verás como al final, me la compro) publicados por la banda. No deben olvidar que el fanatismo de quien esto escribe le llevó a comprar sin pestañear uno de sus discos de nombre "Gaudí" y que contenía un tema llamado "La Sagrada Familia". Y que, a pesar de estas advertencias, no solo lo escuchó hasta romper el casette sino que se pasó un buen puñado de meses de aquel lejano 1987 tarareando sus melodías para asombro de mis allegados, que no entendían mi inédito fervor religioso. Sin embargo y si mi vide dependiera de responder a esa pregunta, creo que me decantaría por "The turn of a friendly card", el quinto disco de la banda con el juego como leit motiv y con una cara B casi monopolizada por el tema homónimo magistral dividido en cinco cortes a cual mejor. "Time", "Maybe a price to pay".... casi nada, señores.

Con las canciones, lo tengo más fácil. Como toda banda de rock progresivo que se precie, en sus albumes los temas con vocalista se mezclan con los instrumentales. En muchas ocasiones los cortes transitan sin pausa y acogen motivos o acordes de uno a otro tema para dotar al conjunto del necesario toque conceptual. La trascendencia y el ombliguismo siempre han sido del agrado del amigo Alan, qué le vamos a hacer. Por lo que se refiere a los temas instrumentales y dejando a un lado la payasada de "Hawkeye" del flojísimo "Vulture Culture" y de la que soy unico fan en toda la tierra, tengo claro que salvaría de un incendio la aterradora "Lucifer" y, si me apuran "Syrius", aunque todas son geniales.

Les costó décadas pero al final, hasta dieron conciertos en directo.

 En lo que respecta a los temas vocales (muchos, tal vez los mejores, con el propio Wolfsoon como cantante) y con todos mis respetos por clásicos del calibre de "Eye in the sky", "Don't answer me" o "Winding me up", doy mi voto a la intensísima balada "Silence and I", incluida en "Eye in the sky" y que contiene un cambio de ritmo a mitad de tema que lo convierte en una de mis canciones favoritas no solo de la banda sino de cuantas poblaron los años ochenta. Aquí les dejo una espléndida versión para que que la disfruten y para que quien no conozca la obra de estos geniales británicos se animen a darles una oportunidad a pesar de venir de los vilipendiados ochenta. No se pierdan el video. Es una maravilla y, además subtitulado: como escarpias tengo los pelos. Les dejo, que igual peco en Amazon y termino enterándome de que es eso de la defensa siciliana que nunca se publicó.

miércoles, 9 de abril de 2014

Bajo el microscopio: Indicios

Hace ya algún tiempo, en la tristemente desaparecida bitácora "Como un pato mareado" uno de sus mentores, el gran Michel Agripino, organizó un concurso de microrelatos, invitando a participar en él a quien le picara el gusanillo en ese momento. A mí, en ese momento, me picaba y como siempre he sido fiel seguidor de todo lo que allí se enseñaba, participé. Y no solo participé sino que en una inesperada maniobra del destino, termine en un meritorio segundo puesto. Como consecuencia de ello, en mi biblioteca guarda lugar de honor un ejemplar de "El mundo según Groucho Marx" de David Brown, debidamente firmado y dedicado por, ahí es nada, el señor Agripino, el Ultimo Mono y el inenarrable Tripi. No sé que se sentirá al recibir los 600.000 euros que se lleva cada año el ganador del Premio Planeta, pero, como mucho, será lo mismo que sentí yo al recibir este galardón balear que aún hoy exhibo como primera piedra de mi prometedora carrera literaria

De modo que ya tienen a quien echar la culpa por dar inicio hoy a una sección en la que seguiré explotando este tema del microrelato que tan altas glorias me ha proporcionado y que, con el tiempo (un par de décadas, calculo yo) y debidamente recopilados podrían permitirme saber al fin si hay diferencia entre un buen cheque de seis dígitos o un buen libro dedicado por tres buenos amigos.


Indicios

- ¿Se encuentra mejor? ¿Logra dormir? Espero que no olvide tomar su medicación puntualmente. Es muy importante que respete las dosis y las horas que prescribimos en nuestra última cita, ¿de acuerdo?

Si quien formuló esas preguntas no hubiera sido un delfín verde con gafas de concha y un cuaderno en su aleta derecha, sin duda, hubiera contestado afirmativamente.

Dedicado a Michel, Tripi y el Último Mono.

martes, 1 de abril de 2014

Cinco razones para no perderse "Banshee"




1.- Lleva al extremo la moda de los protagonistas con lado oscuro: Dexter Morgan, Walter White y ahora Lucas Hood. Últimamente, las series televisivas recurren a personajes de ética discutible- por no cebarme con ellos. En realidad carecen por completo de ella-  y los convierte en los protagonistas del show de turno, obligando a los espectadores (que, encantados, se dejan liar) a empatizar con forenses asesinos, cancerosos sin escrúpulos o, como es el caso de "Banshee", con delincuentes convictos metidos a sheriff. Y es que, a pesar de la estrella que luce en su camisa, Lucas Hood (Antony Starr) es en realidad un violento mangante que tras pasarse 15 años a la sombra decide acudir al pueblito de Banshee a recuperar el botín del golpe que le costó la cárcel y que está en manos de su novia de entonces, Anastasia (Ivana Miličević). Por circunstancias que es mejor no desvelar, Hood termina a cargo de la policía local mientras se enfrenta con media ciudad a causa de su expeditiva y peculiar forma de administrar justicia. El cacique del pueblo, Kai Proctor (Ulrich Thomsen), incómodo por la presencia de un nuevo gallo en el corral tampoco ve con buenos ojos al nuevo sheriff que, por si fuera poco, también tiene cuentas pendientes con las víctimas del robo que le puso entre rejas.

2.- Alan Ball anda metido en el tema: "A dos metros bajo tierra" es una de las mejores series televisivas de toda la historia- mi favorita, de hecho, hasta que Walter White irrumpió en mi vida y desbarató todo. Solo su presencia ya es razón suficiente para acercarse a cualquier producto que lleve su sello. Y si bien desde que desgranara la increíble historia de los Fisher, el bueno de Alan no ha vuelto a tocarme la fibra sensible ( Ni "True Blood" ni "Banshee" le llegan a la suela de los zapatos a las tribulaciones de la funeraria más famosa de la televisión) lo cierto es que todos sus proyectos me interesan. Juegan a la mezcla de géneros (una de mis debilidades, qué le voy a hacer), se mantienen en un inverosímil equilibrio entre lo ridículo y lo sublime (gracias a un grumoso y negrísimo sentido del humor) y no evitan tocar todos los temas espinosos que no suelen tocarse en las pudendas pantallas televisivas estadounidenses. A veces ni así se salva el tema, pero en el caso de "Banshee", lo cierto es que, salvando todas las distancias, Mister Ball da en el clavo.

La vida es dura en Banshee. Especialmente para el Sheriff Hood.
3.- La mejor secuencia de acción de 2013 está en "Banshee": Se habla poco de Kant y Hegel en esta serie y sus responsables, entre un buen hueso roto y la quinta de Mahler siempre optan por alegrar la tarde al traumatólogo. Las calles de Banshee están tapizadas de marcas de neumáticos, casquillos de bala y de sangre. Peleas con arma blanca, persecuciones imposibles, apaleamientos masivos, puñetazos, patadas, tiroteos, incluso heridos por atropello y víctimas de animales hambrientos. Con "Banshee", los amantes de las escenas de acción nos sentimos en la gloria, como Zerolo en un bautismo civil. Y además bien rodado, sin elípsis innecesarias ni montajes lisérgicos, llendo la grano y en un buen coche. Un manjar. Dicho esto y sin menospreciar a las otras muchas brillantes escenas que pueblan cada capítulo, no puedo por menos que destacar los casi seis minutos de mamporros que el expeditivo sheriff Hood y el amigo Damien Sánchez se reparten en esta memorable escena del tercer capítulo que les dejó enlazada y que es, con diferencia, la mejor secuencia de acción de año pasado. Juzgen ustedes mismos pinchando aquí.

4- Se pasa por el arco del triunfo el tabú del sexo en televisión: Un buen amigo me dijo que en "Banshee" solo hay "hostias, tetas y culos". De las primeras acabo de hablar. De las segundas y las terceras paso a hacerlo de inmediato. Sí, damas y caballeros, los que quieran ver hombres y mujeres de muy buen ver tal y como llegaron a este planeta, se van a poner las botas en "Banshee". La cama del sheriff Hood lleva incorporado un dispensador de tickets como los de las carnicerías y casi todas las mujeres disponibles (también las no disponibles, pero de eso, mejor no hablar) del pueblo han revuelto sus sábanas una o varias veces. Alan Ball nunca ha sido un mojigato y en sus series el tema del sexo es recurrente, se trata sin filtros y logra el difícil cometido de contentar tanto a ellos como a ellas. Con "Banshee", de hecho, el creador de "A dos metros bajo tierra" llega a lo que debe de ser el límite de lo erótico y evita por los pelos, llevarse al pixelado en su metraje. A su lado, las osadías de "Juego de tronos" se antojan mojigaterías.

Uno puede encontrarse casi cualquier cosa en "Banshee"
5.- Tiene la mejor galería de villanos de los últimos años: En el ecuador de su primera temporada, uno de los personajes comenta que desde la llegada del sheriff Hood, el antes reposado pueblo de Banshee se ha convertido en un nido de maleantes. No le falta razón al hombre. A pesar de contar ya con elementos autóctonos del calibre del cacique local y su atildado secretario (pajarita y gafas de pasta incluidas), lo cierto es que Hood parece diponer de un imán para los problemas y los personajes estrafalarios: moteros enloquecidos, boxeadores con tendencia a masturbar a las camareras con cocaina, violadores, secuestradores, rednecks armados hasta los dientes, albinos sicopáticos... Por no faltar, no falta ni el clásico asesino a sueldo del este ni el mafioso con el libro de cuentas pendientes a punto de reventar (Ben Cross, siempre bienvenido, a pesar de lucir un acartonamiento preocupante). Viendo el percal presentado en esta primera y muy recomendable entrega, no quiero ni pensar en la fauna que "Banshee" nos tendrá preparada en su segunda temporada que, por lo que he oído, no baja el pistón y sigue ofreciendo a sus incondicionales lo que decía mi amigo: hostias, tetas, culos y, sobre todo, diversión a raudales. No se la pierdan si estos temas les interesa.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Ética y estética

¿Hay límites en el arte? ¿Con la excusa de transmitir un mensaje, tiene derecho el artista a romper barreras morales? ¿No es perverso pensar como Wittgenstein que ética y estética es la misma cosa? Quien crea, ¿dispone de bula para perforar con su obra las convenciones sociales? ¿Está el arte por encima del artista o debe éste cercarlo, encajarlo en los moldes que ya existen y están comunmente admitidos? A éstas y a otras muchas preguntas da extraordinaria respuesta Miguel Angel Hernández- Mahn en la blogosfera y, por siempre jamas en esta escombrera "el marido de Athena"-  en su primera y muy recomendable novela "Intento de escapada", que, ahí lo dejo, fue Mención especial del jurado en el Premio Herralde de Novela de hace un par de años.

Para su fascinante disertación sobre el arte, sus logros y sus miserias, Mahn - uso el acrónimo por languidez. No me lo tengan en cuenta- se vale de Marcos, un estudiante de Bellas Artes, tan henchido de conocimientos como necesitado de experiencias. Al otro lado del cuadrilátero, Jacobo Montes, el artista polémico y transgresor del que todo el mundo habla. Entre ambos, Helena, profesora de Marcos que comparte un pasado poco claro con el artista y que pone a ambos en contacto para que aquél colabore activamente con el artista en su último y extremo proyecto de nombre "Intento de escapada". Durante el desarrollo del mismo, Marcos va a ir descubriendo las respuestas a preguntas como las que mencionaba al principio. Y lo obtenido no siempre va a ser lo que él esperaba.

Desde el inquietante prólogo hasta la última frase (incluso más allá, luego hablo más de esto) Mahn demuestra una maestría narrativa encomiable, un manejo del lenguaje que me hace llorar de pura envidia y una habilidad fuera de toda duda para mantener vivo el interés del lector. Y todo ello, acreditando que el autor no es profesor de historia del arte en la Universidad de Murcia, por casualidad. Éste que podría, perfectamente, haber sido un obstáculo insalvable para mí, lo supera Mahn "cum laude". Me explico.
 
Los habituales ya saben que en temas de arte, mi ignorancia conceptual es insondable. Soy mi propia medida de "lo artístico" y lo que determina ese calificativo no es sino mi propia incapacidad para reproducir lo creado. Con eso, creo que lo digo todo acerca de la validez de mi criterio a la hora de definir lo que es y lo que no es el arte. Por esa razón, me cuesta encontrarme con Marcos y seguirle en su periplo conceptual. Desde un primer momento, siento tal aversión por las obras de Montes que, me resulta un rompecabezas irresoluble entender la fascinación que genera en el protagonista. Me obturan el diafragma los "intensos", los que piensan que matar de hambre a un perro puede estar justificado si así se denuncia la falta de empatía de la sociedad actual. Y, por esta razón, yo tampoco empatizo con los personajes. Me caen gordos los tres, qué le voy a hacer.

Y, sin embargo, Marcos, Helena y Jacobo están tan delicadamente diseñados incluso en su aristas más sucias y puntiagudas, que no pude por menos que pasar las páginas con la esperanza de atisbar algún cambio en su evolución, un detalle que los redima o contemplar como se despeñan. ¿Ocurre esto en "Intento de escapada"? ¿Hay esperanza para Marcos? ¿Y para Helena y Jacobo? Pues podía ser que sí, aunque también podría ser todo lo contrario. No hay más que encontrar el magistral "easter egg" que oculta el autor más allá del final de la novela y que, les ruego no se pierdan, para entender lo que quiero decir. De lo mejor que he leido.

Hay belleza en lo terrible y quien diga lo contrario miente o no se conoce. La oscuridad es falta de luz y su incidencia o no en lo que ilumina o mantiene en tinieblas no afecta al objeto, lo que, en realidad es obra y producto de una mente despierta e iluminada por el talento. De ahí a que todo esté permitido media un largo camino pero debo reconocer que algunas convicciones extremas sobre este tema se me han desmontado tras penetrar en esa sala del Pompidou donde Miguel Angel Hernández ha colocado su obra. ¿Se atreven a levantar la tapa? Yo tenía claro que no, pero ahora no lo descarto. Anímense y prueben ustedes de primera mano.Merece la pena. Mucho.

lunes, 24 de febrero de 2014

And the Oscar should go to.....

Creo que es la primera vez desde que tengo conciencia de qué son los premios Oscar, que a pocas semanas de la entrega de los galardones más importantes de la industria cinematográfica, tengo totalmente cumplimentado el check-list de las obras e interpretes nominados. Hasta este año, mi lista incluía no menos de dos o tres ausencias, por lo que siempre me resistía a publicar mis vaticinios al carecer de toda la información necesaria para poder opinar en condiciones sobre las nominadas. Si no en todas las categorías, al menos sobre las seis principales, es decir, actores y actrices (protagonistas y secundarios) así como película y director. 

Se pueden imaginar que con lo mucho que me gustan las listas y este tipo de cosas, he cogido al vuelo la oportunidad y, a continuación, les desgrano los que en mi encopetada y humilde opinión, merecerían levantarse al día siguiente del fiestón, con el tío Oscar instalado en la repisa de alguna de las chimeneas de sus mansiones de millones de dólares y que no son otros que los siguientes:
 
Interpretando a un poste telefónico, Fassbender también lo bordaría

Mejor actor secundario: De haber justicia en el mundo, el próximo 2 de marzo, Michael Fassbender debería subir al escenario para recoger el premio por su interpretación del odioso Edwin Epps en "Doce años de esclavitud". Aunque en realidad debería de estar nominado por su clase magistral en "El consejero" y no por este "remake" de lo que hizo Ralph Fiennes en "La lista de Schindler", el alemán es desde mi punto de vista el tipo más versátil que hay en la industria y eso, en estos y en cualquier tiempo, merece un premio. Me da rabia no poder dárselo a un actor tan completo (y tan olvidado) como Jared Leto y su entrañable papel en la sorprendente y muy recomendable "Dallas Buyer Club", pero, la colosal sombra de nuestro germano favorito es difícil de superar. Otra vez será.

Yo estaría preocupada, Jenny. Tarquin dice que gano yo.

Mejor actriz secundaria: Este va a ser el premio más cantado de la noche y, de no ser porque ya recibió uno el año pasado, yo también aplaudiría que Jennifer Lawrence obtuviera el gallifante por su exhibición de registros en "Amercian Hustle". Sin embargo, objetivamente, me parece un exceso y poner en peligro de egocentritis aguda a una excelente actriz, demoliendo así su carrera para el futuro. Por ello y descartando a mi odiada Julia Roberts (Pretty horse woman, maravilloso hallazgo lingüístico que leí hace años en no recuerdo dónde) y su inverosímil nominación, desde esta humilde escombrera y siendo conscientes de predicar en el desierto, proponemos sea entregada la estatuilla a mejor actriz secundaria a la excelsa Sally Hawkins y su creación de la doliente y castigada hermana de Cate Blanchet en "Blue Jasmine". En "El sueño de Casandra", también del amigo Allen, ya me llamó la atención, pero aquí, sencillamente está para ponerla un piso.
Si bebes, no conduzcas. Y menos hacia Nueva Orleans

Mejor actor principal: Si me dejo llevar por mis simpatías personales, el premio iría directo a las manos de Leonardo DiCaprio. Mo puedo evitarlo, desde que le vi parodiarse en "Celebrity" de Woody Allen, el chaval me cayó en gracia y, además, hace suyo un papel tan duro y extremo como el del protagonista de "El lobo de Wall Street" (la escena en el barco con los agentes del FBI es para los anales- con perdón- del cine). Sin embargo y siendo justo conmigo mismo, no puedo dejar de pensar que Leo se repite más que Rubalcaba en una sesión de control parlamentario, de modo que, tras desechar a Christian Bale y a Matthew McConaughey por buscar de manera tan descarada el premio, si de mi dependiera, el británico Chiwetel Ejiofor y su intensísimo e hitchcockiano papel en la, nunca mejor dicho, descarnada "Doce años de esclavitud" sería quien se llevara a casa el galardón.

Ya tengo uno como secundaria, Woody, ¿puedes conseguirme uno como principal?
 
Mejor actriz principal: Si bien, "American Hustle" me ha hecho reconciliarme con la sosa de Amy Adams y también reconocer que, cuando se pone, puede dejar las plateas carbonizadas derrochando sensualidad como si la fueran a prohibir, mi voto iría sin dudarlo un segundo para Cate Blanchett y su deslumbrante trabajo en "Blue Jasmine" el regreso de Woody Allen a la senda de la calidad tras los horrores rodados en Roma y Paris durante los años pasados. Indudablemente, la australiana ha visto muchas veces "Un tranvía llamado deseo" para acometer la empresa, pero, ¿desde cuando es malo inspirarse en las mejores? PD: ¿Es una sensación mía o el gran Woody ha salido ya media docena de veces en la entrada?

¿El mejor plano del año? Sin duda.

Mejor director: El pasado ha sido un año de grandes directores, más que de grandes películas. Cualquiera de los cinco nominados al premio en esta categoría podría llevárselo sin que me quedara sensación de tongo o trilerismo. Alfonso Cuaron, Steve McQueen, Martin Scorsese, David O. Russell y Alexander Payne son cineastas muy distintos, maestros artesanos que gustarán más o menos pero cuyo dominio técnico y habilidad para sacar petróleo de sus actores está fuera de toda duda. He dudado hasta el último momento, pero, finalmente, no he podido evitar decantarme (lo siento Martin)  por el mejicano Alfonso Cuarón y su labor tras la cámara en ese prodigio visual que es "Gravity". El plano inicial, la segunda lluvia de basura cósmica o la bellísima y fetal secuencia en la ISS son monumentos cinematográficos que no deben quedar sin reconocimiento.

Va por ti, Martin. Te lo has ganado a pulso

Mejor película: A punto ha estado en el último momento Alexander Payne de robar el bocadillo a Scorsese, pero creo, y más tras privarle del de mejor director, que el maestro tras "Taxi driver", "After hours" o "Bandas de Nueva York", debería cerrar la velada del próximo dos de marzo subiendo sus 163 centímetros al escenario para recoger su segunda estatuilla. Tras casi cincuenta años haciendo películas, el pequeño genio italoamericano logra con la excesiva, barroca y fascinante "El lobo de Wall Street" su mejor obra desde "Uno de los nuestros", una cinta rompedora y brutal que convierte sus tres horas de metraje en un suspiro manchado de grasa, cocaína, semen y una mala baba que, tal vez, la perjudiquen e impidan, un año más, que quienes realmente lo merecen se lleven al tío de Margeret Herrick a casa. Si así ocurre, Martin, que sepas que yo te lo hubiera dado. Mucha suerte, maestro.