miércoles, 19 de noviembre de 2014

Bajo el microscopio: Como la canción

Retomamos la sección de los relatos breves en el ladrillo y, a pesar de mi habitual tendencia a ello, vuelvo a obviar la temática trágica y atormentada que siempre me suele salir a flote cuando me dedico a estos menesteres. De un tiempo a esta parte, entre las angustias que me generan los unos y los otros, las incertidumbres que activan éstos y aquéllos y las sombras que pintan los de aquí y los de allá, me tiran más dos sonrisas que un millón de lágrimas. Al menos, mira tú, en este tema, menos es más.

Como la canción

- Así no podemos seguir, lo nuestro no tiene ningún sentido. Si estoy, porque estoy. Si no estoy, porque falto. Por una razón o por otra, cuando tú vas, yo vengo de allí y así es difícil construir algo duradero.

Y el otro columpio, no tuvo más remedio que asentir

Dedicado a aquéllos que miran con los ojos abiertos

miércoles, 8 de octubre de 2014

Cinco razones para ver "New World"

1.- Bebe directamente de una obra mestra indiscutida: Decir que una película de mafiosos es deudora de la mitica trilogía de "El padrino" se ha convertido en un concepto hueco, en un tópico. Es como decir que "Babe el cerdito valiente" y "Rebelión en la granja" tienen algo que ver porque ambas son protagonizadas por cerdos. Sin embargo, "New World" la película que hoy les recomiendo, puede hablar, por fin con razones, de su endeudamiento con las obras maestras de Coppola. En sus dos horas largas de metraje, se retrata la batalla por hacerse con el poder mafioso que enfrenta a tres personalidades unidas por la violencia: el cerebral Lee Ja-sung (Jung-Jae Lee), el extravagante Jeong Cheong, (Jeong-min Hwang) y el encantado de haberse conocido Lee Jung-gu (Seong-Woong Park). Tras todos ellos, el inspector Kang (Min-Sik Choi) dispuesto a lo que haga falta para acabar con este mundo y poder crear uno nuevo. Alianzas imposibles, traiciones inesperadas, ejecuciones sumarias, la corrupción absoluta de una mente noble, ¿les suena? Pues si no les parece suficiente homenaje a la Familia Corleone esperen al cuarto final de la película y no les costará imaginarse a Maese Coppola batiendo palmas como si lo fueran a prohibir.

2.- Es coreana (del sur, of course): Y desde hace tiempo vengo diciendo que el mejor cine que se hace ahora mismo viene de allí. Cierto es que su temática suele ser obtusa o reincidente temáticamente en la violencia, la venganza o la traición, pero no es menos cierto que la calidad técnica de las películas que enfilan hacia el mundo desde aquel lejano país, la valentía de sus responsables a la hora de tocar temas poco menos que prohibidos (incesto, venganza, satanismo, etc) y la categoría de sus intérpretes (luego hablaré de los de "New World" que, por supuesto están de matrícula de honor) convierten cada cinta que llega desde aquellas latitudes en una apuesta segura. Aprovechen y acérquense a joyas como la que hoy les recomiendo o a "El mar amarillo", "The chaser" "The Host" o "Memories of Murder" entre otras muchas y luego me cuentan si no estamos ante la industria más interesante que existe en la actualidad.

3.- Tiene a Park Hoon-jung en los mandos: Cuando supe que el guionista de la fabulosa "I saw the devil" (para más detalles pueden ver los merecidos elogios que la dediqué aquí) también hacía sus pinitos como director, iba ya con la cerviz inclinada a los brazos de "New World". Y no me ha defraudado en estas lides tampoco el muchacho. Que el guión iba a ser bueno, ya lo daba por hecho, pero no contaba con que también tras la la cámara, Park Hoon- jung mostrara hechuras propias de un veterano, un cineasta compacto y personal con una sabiduría visual inverosímil para un tipo que se ha pasado la vida machando las teclas de una máquina de escribir. Su violento comienzo, la secuencia del arresto en pleno desayuno del máximo candidato a la presidencia del clan, la tensa secuencia con la mujer embarazada de uno de los protagonistas o la media hora final, son escenas que destilan clase, estilo y un discurso visual maduro y sorprendente que tan pronto muestra con crudeza como se enroca en una delicada sugerencia. Por si fuera poco, Park Hoon- jung incluye en su película la mejor secuencia del año y otra que aguanta con fortaleza el órdago. Por supuesto, ambas conforman una buena razón para no perderse "New World".

Ven, anda, no seas tímido, que no te voy a hacer nada.....

4.- Lo dicho, contiene la mejor escena del año (y otra que no le va a la zaga): Y la primera de ellas y mi favorita, acontece a mitad de metraje. Se sitúa en un almacén portuario y durante unos agónicos diez minutos vemos desvelarse una de las sorpresas mayúsculas de la película. Aquí, Park Hoon- jung tontea con la elipsis y va pelando las capas de fortaleza y frialdad de uno de los personajes hasta dejarlo en carne viva a través de un dominio de la tensión y de los mecanismos del suspense que cuando acaba, uno se da cuenta de que tiene las uñas clavadas en la palma de la mano y que no va a ser fácil separarlas de allí. Un verdadero prodigio de planificación y sabiduría cinematográfica. La otra, también excelente aunque sin el tirón de la mencionada se pasa la elipsis por el arco del triunfo y muestra una brutal batalla a navajazos en el interior de un ascensor que hubiera hecho las delicias de Tarantino, plano cenital incluido. Impactante y virtuosa, pero sin la carga de adrenalina de su compañera de metraje antes mencionada.

5.- Incluye a Min-Sik Choi en su reparto: La presencia de este hombre en un reparto es garantía de calidad, y eso que el muchacho, sale a más de película por año. A pesar de semejante productividad, Min-Sik Choi siempre está espléndido y contenido. Pertenece a la escuela de contención de actores tan indiscutidos como Ryan Gossling o Maese Eastwood. Ambos lo hacen fácil, dosifican sus gestos y usan la mirada para transmitir mientras que otros ponen a prueba su botox para expresar mucho menos. "Old Boy", "I saw the devil", "Simpathy por Lady Vengueance" y, por supuesto su Inspector Kang de "New World" aguantan el tipo sin problema entre las mejores interpretaciones de los últimos años. Sus compañeros de reparto están también brillantes, especialmente el guaperas de Jung-Jae Lee (sí, amigas del ladrillo, el "coreano bello" no es una leyenda urbana) y un pasadísimo Jeong-min Hwang (que me recuerda a James Franco con los ojos en Cinemascope), pero basta con que la mirada turbia de Min-Sik Choi cruce la pantalla para que el espectador se olvide de ellos y le rinda pleitesía como el extraordinario actor que es. No se pierdan esta película, háganme caso. Es cruda, delicada, violenta, sensible, intensa, lánguida, se pasa en un suspiro y se lo pasa uno como hacía tiempo ¿Alguien da mas?

domingo, 15 de junio de 2014

M.A.T.E.O (que te veo): Dexter

Aunque se alargó ocho innecesarias temporadas y puso punto final con una abracadabrante vuelta de tuerca (que terminó por no ser tal, si uno lo piensa un poco.) las andanzas de Dexter Morgan (Michael C. Hall), el asesino en serie más atípico de la historia de la televisión sigue conformando unos de los iconos audiovisuales más poderosos de lo que llevamos de siglo.

Para quien no lo conozca, "Dexter" narra la vida y milagros de un forense de la policía de Miami que, en sus horas libres se dedica a aplicar la Ley del Talión con los criminales que se cruzan en su camino. Para el exterior, Dexter representa la seriedad de un científico, la honestidad que se presume en un policía y la simple pero eficiente afabilidad de todo hombre soltero entregado a su trabajo y con escasa vida social. En su interior, habita un monstruo, un pasajero oscuro con un estricto y perturbado código moral y la empatía justa para que sus víctimas no vean lo que se les viene encima hasta que ya es demasiado tarde y viajan a su descanso final a bordo del "Slice of life".

Temporada tras temporada, los guionistas fueron elevando el nivel de calidad de la serie, enfrentándolo a retos cada vez más complejos y haciendo evolucionar al personaje en una salida a la superficie lenta pero implacable: el pasajero oscuro seguía a bordo, pero eso no era obstáculo para que Dexter se enamorara de Rita (la incandescente Julie Benz), se casara con ella e, incluso, llegaran a tener un hijo juntos. Parecía que al amigo Morgan solo le faltaba plantar un árbol y escribir un libro, pero entonces llegó la cuarta temporada y todo saltó por los aires (SPOILERS sin mesura desde ahora)

El enfrentamiento entre Dexter y un oscuro asesino ritual de nombre Trinity (el gran John Lightgow en una de las interpretaciones más brillantes de los últimos años) da de si doce adrenalíticos episodios en los que la implacable y cartesiana forma de matar de Trinity ( víctima desangrada en una bañera, víctima lanzada al vació y víctima apaleada a martillazos para volver a iniciar el ciclo) contrapuntea una realidad personal de nuestro héroe cada vez más anclada en los arquetipos sociales y, por tanto, más vigilada que nunca, con todo lo que ello implica para sus "aficiones".

Tras una batalla sin cuartel, Dexter logra acabar con su némesis en los últimos compases de la temporada. Mientras el forense más sanguinario de Miami reflexiona acerca de los riesgos de compatibilizar su doble vida, se desgranan los últimos minutos del capítulo y entonces..... Entonces, se produce uno de los M.A.T.E.O (para más datos acerca del concepto, pueden pinchar aquí)  mas estremecedores que se recuerdan. Quien lo vio, posiblemente no lo olvide nunca.

video

miércoles, 28 de mayo de 2014

Punto y final: Emmanuel Carrère

Los cimientos de mi larga y documentada aversión por todo lo francés se han visto seriamente dañados en los últimos dos meses. Primero fue la lectura de "Los ignorantes", una novela gráfica del gabacho Étienne Davodeau y que,a pesar, de mi repulsión por todo lo que tenga que ver con el comic francés (siempre he odiado a Asterix y de mi rechazo por el tuercebotas de Blueberry podrían escribirse ensayos) debo reconocer que resultó ser una de las historias de amistad y respeto más intensas que este mundo del comic ha dado en décadas. Si a uno, además, le interesa el mundo del vino, su compra se antoja indispensable.

Pero, ignorantes aparte, la puntilla definitiva, el proyectil que con más precisión se ha incrustado en la linea de flotación de mi francofobia, la prueba final de que hay vida (inteligente) al otro lado de los Pirineos ha sido el descubrimiento del escritor, periodista y realizador francés, Emmanuel Carrère. La lectura de sus novelas "De vidas ajenas" y "El adversario" supone una de las experiencias literarias más satisfactorias a la que un mortal puede, a día de hoy, someterse. La segunda de estas novelas la compré cuando apenas llevaba treinta páginas de la primera. Y si no tengo ya en mi poder "Limónov" o "Una novela rusa" es por hincar de una vez el diente a "Capital", de mi padre literario John Lanchester que lleva meses esperando turno.

Me gustan los autores que actúan como narradores de sus novelas (no sé si será así en toda su obra. En los dos que ya he leído, Carrère mismo es quien habla) y me gusta que al hacerlo, sean duros consigo mismos, que no se apliquen cremitas hidratantes y se muestren tal cual son (posiblemente esta crueldad contra uno mismo sea una pose en si misma, pero poco importa: me gusta y, además, funciona). En sus obras, Carrère, se muestra envidioso, frustrado, agotado por su propia intensidad. No duda en reconocer su cobardía y admite sin vendas el alivio que siente cuando son otros y no él o los suyos quienes sufren. Sin duda, esta humildad y esta certeza de naturaleza imperfecta, rasgo tan poco francés por principio, es uno de los principales anzuelos con los que el amigo Carrére me ha cazado. El otro, sin duda, mucho más relevante, es que el novelista francés escribe como pocos hacen hoy en día. 

Heredero de Truman Capote, el estilo de Carrére es una mezcla irresistible de periodismo, retrato sicológico, novela de investigación médica, reportaje judicial y radiografía del alma. Sus libros "crecen" con cada página y, a pesar de que las historias no parecen dar para mucho sobre el papel, su habilidad para que ese pequeño triángulo junto al plato se convierta en una hermosa servilleta de hilo logra que la vinculación que se crea entre los personajes y el lector sea viva, que crezcamos con ellos y que sus vidas ya no sean ajenas sino propias, terribles (lo cierto es que ninguna de las dos obras dan para muchas risas) pero imposibles de abandonar.
 
Es, además, el hombre que ha escrito la más hermosa declaración de amor que he leído en mucho tiempo, un prodigio de sensibilidad, realismo y contención que les invito a leer a continuación. Si, como imagino, les atrapa, no pierdan un minuto, acudan a su librería más cercana y háganse con estas dos joyas literarias de las que les he hablado hoy: Nourriture des dieux (si el traductor de Google no me ha jugado una mala pasada).


"La encuentro hermosa, sexy, tierna, me maravillan la quietud de nuestro amor y la intensidad de esta quietud. A su lado sé dónde estoy. Se me hace insoportable la idea de perderla, pero por primera vez en mi vida pienso que lo que pudiera arrebatármela o arrebatarme a ella sería un accidente, una enfermedad, algo que nos viniera desde el exterior y no la insatisfacción, la fatiga, el deseo de novedad. Es imprudente decir esto pero la verdad, no lo creo. Sé muy bien, por supuesto, que sí logramos durar, habrá crisis, instantes de desaliento, tormentas, que el deseo se agotará y buscará en otra parte, pero creo que aguantaremos, que uno de los dos cerrará los ojos del otro. Nada, en todo caso, me parece más deseable."

"De vidas ajenas", de Emmanuel Carrère (2009) 

miércoles, 7 de mayo de 2014

Alan y yo

En pleno revival ochentero (en un fin de semana por la pantalla de mi televisor han pasado "Los Goonies", "El club de los cinco", "Karate Kid", "Hidden" y "La princesa prometida". Ahí lo dejo) me encuentro con la publicación de "The Complete Albums Collection" una lujosa caja recopilatoria que contiene todos los discos de la que fuera mi banda de rock favorita durante dicha década y parte de la siguiente y que no es otra que The Alan Parsons Project. El banco me ha denegado la imprescindible hipoteca para pagar lo que la cajita de marras cuesta, pero, al menos, la publicación de esta joya merece un sincero homenaje en el ladrillo al grupo que hiciera sentir por primera vez a quien esto escribe, lo que ser fan de algo o alguien implica realmente.

El tiempo ha sido duro con la música de Alan Parsons y quien fuera su indispensable socio Eric Wolfsoon. La extraordinaria producción de sus álbumes- el amigo Parsons fue ingeniero de sonido, entre otras joyas, de nada más y nada menos que "The dark side of the moon" de Pink Floyd- suena hoy demasiado perfecta y ese afan de dar a cada disco un toque conceptual y progresivo acartona un poco las canciones. Pero quien tuvo, retuvo y escuchando nuevamente obras como "The turn of a frinedly card", "Eve", "Tales of mystery and imagination" o "Ammonia Avenue" he redescubierto una banda compacta, con ideas de una brillantez inusitada para la época (nadie manejó el ritmo de marcha militar con ellos) y que han dejado para la posteridad, himnos que aún hoy, siguen dando colchón sonoro a un buen numero de instantes de mi vida.

No, no son los primos de Los Chunguitos, son Eric y Alan. ¡Ay, los ochenta!

Me cuesta decidirme por el que pudiera ser mi favorito de los diez discos (once si contamos el inédito "The sicilian defence" que nunca se publicó pero que sí está incluido en la caja.... Verás como al final, me la compro) publicados por la banda. No deben olvidar que el fanatismo de quien esto escribe le llevó a comprar sin pestañear uno de sus discos de nombre "Gaudí" y que contenía un tema llamado "La Sagrada Familia". Y que, a pesar de estas advertencias, no solo lo escuchó hasta romper el casette sino que se pasó un buen puñado de meses de aquel lejano 1987 tarareando sus melodías para asombro de mis allegados, que no entendían mi inédito fervor religioso. Sin embargo y si mi vide dependiera de responder a esa pregunta, creo que me decantaría por "The turn of a friendly card", el quinto disco de la banda con el juego como leit motiv y con una cara B casi monopolizada por el tema homónimo magistral dividido en cinco cortes a cual mejor. "Time", "Maybe a price to pay".... casi nada, señores.

Con las canciones, lo tengo más fácil. Como toda banda de rock progresivo que se precie, en sus albumes los temas con vocalista se mezclan con los instrumentales. En muchas ocasiones los cortes transitan sin pausa y acogen motivos o acordes de uno a otro tema para dotar al conjunto del necesario toque conceptual. La trascendencia y el ombliguismo siempre han sido del agrado del amigo Alan, qué le vamos a hacer. Por lo que se refiere a los temas instrumentales y dejando a un lado la payasada de "Hawkeye" del flojísimo "Vulture Culture" y de la que soy unico fan en toda la tierra, tengo claro que salvaría de un incendio la aterradora "Lucifer" y, si me apuran "Syrius", aunque todas son geniales.

Les costó décadas pero al final, hasta dieron conciertos en directo.

 En lo que respecta a los temas vocales (muchos, tal vez los mejores, con el propio Wolfsoon como cantante) y con todos mis respetos por clásicos del calibre de "Eye in the sky", "Don't answer me" o "Winding me up", doy mi voto a la intensísima balada "Silence and I", incluida en "Eye in the sky" y que contiene un cambio de ritmo a mitad de tema que lo convierte en una de mis canciones favoritas no solo de la banda sino de cuantas poblaron los años ochenta. Aquí les dejo una espléndida versión para que que la disfruten y para que quien no conozca la obra de estos geniales británicos se animen a darles una oportunidad a pesar de venir de los vilipendiados ochenta. No se pierdan el video. Es una maravilla y, además subtitulado: como escarpias tengo los pelos. Les dejo, que igual peco en Amazon y termino enterándome de que es eso de la defensa siciliana que nunca se publicó.

miércoles, 9 de abril de 2014

Bajo el microscopio: Indicios

Hace ya algún tiempo, en la tristemente desaparecida bitácora "Como un pato mareado" uno de sus mentores, el gran Michel Agripino, organizó un concurso de microrelatos, invitando a participar en él a quien le picara el gusanillo en ese momento. A mí, en ese momento, me picaba y como siempre he sido fiel seguidor de todo lo que allí se enseñaba, participé. Y no solo participé sino que en una inesperada maniobra del destino, termine en un meritorio segundo puesto. Como consecuencia de ello, en mi biblioteca guarda lugar de honor un ejemplar de "El mundo según Groucho Marx" de David Brown, debidamente firmado y dedicado por, ahí es nada, el señor Agripino, el Ultimo Mono y el inenarrable Tripi. No sé que se sentirá al recibir los 600.000 euros que se lleva cada año el ganador del Premio Planeta, pero, como mucho, será lo mismo que sentí yo al recibir este galardón balear que aún hoy exhibo como primera piedra de mi prometedora carrera literaria

De modo que ya tienen a quien echar la culpa por dar inicio hoy a una sección en la que seguiré explotando este tema del microrelato que tan altas glorias me ha proporcionado y que, con el tiempo (un par de décadas, calculo yo) y debidamente recopilados podrían permitirme saber al fin si hay diferencia entre un buen cheque de seis dígitos o un buen libro dedicado por tres buenos amigos.


Indicios

- ¿Se encuentra mejor? ¿Logra dormir? Espero que no olvide tomar su medicación puntualmente. Es muy importante que respete las dosis y las horas que prescribimos en nuestra última cita, ¿de acuerdo?

Si quien formuló esas preguntas no hubiera sido un delfín verde con gafas de concha y un cuaderno en su aleta derecha, sin duda, hubiera contestado afirmativamente.

Dedicado a Michel, Tripi y el Último Mono.

martes, 1 de abril de 2014

Cinco razones para no perderse "Banshee"




1.- Lleva al extremo la moda de los protagonistas con lado oscuro: Dexter Morgan, Walter White y ahora Lucas Hood. Últimamente, las series televisivas recurren a personajes de ética discutible- por no cebarme con ellos. En realidad carecen por completo de ella-  y los convierte en los protagonistas del show de turno, obligando a los espectadores (que, encantados, se dejan liar) a empatizar con forenses asesinos, cancerosos sin escrúpulos o, como es el caso de "Banshee", con delincuentes convictos metidos a sheriff. Y es que, a pesar de la estrella que luce en su camisa, Lucas Hood (Antony Starr) es en realidad un violento mangante que tras pasarse 15 años a la sombra decide acudir al pueblito de Banshee a recuperar el botín del golpe que le costó la cárcel y que está en manos de su novia de entonces, Anastasia (Ivana Miličević). Por circunstancias que es mejor no desvelar, Hood termina a cargo de la policía local mientras se enfrenta con media ciudad a causa de su expeditiva y peculiar forma de administrar justicia. El cacique del pueblo, Kai Proctor (Ulrich Thomsen), incómodo por la presencia de un nuevo gallo en el corral tampoco ve con buenos ojos al nuevo sheriff que, por si fuera poco, también tiene cuentas pendientes con las víctimas del robo que le puso entre rejas.

2.- Alan Ball anda metido en el tema: "A dos metros bajo tierra" es una de las mejores series televisivas de toda la historia- mi favorita, de hecho, hasta que Walter White irrumpió en mi vida y desbarató todo. Solo su presencia ya es razón suficiente para acercarse a cualquier producto que lleve su sello. Y si bien desde que desgranara la increíble historia de los Fisher, el bueno de Alan no ha vuelto a tocarme la fibra sensible ( Ni "True Blood" ni "Banshee" le llegan a la suela de los zapatos a las tribulaciones de la funeraria más famosa de la televisión) lo cierto es que todos sus proyectos me interesan. Juegan a la mezcla de géneros (una de mis debilidades, qué le voy a hacer), se mantienen en un inverosímil equilibrio entre lo ridículo y lo sublime (gracias a un grumoso y negrísimo sentido del humor) y no evitan tocar todos los temas espinosos que no suelen tocarse en las pudendas pantallas televisivas estadounidenses. A veces ni así se salva el tema, pero en el caso de "Banshee", lo cierto es que, salvando todas las distancias, Mister Ball da en el clavo.

La vida es dura en Banshee. Especialmente para el Sheriff Hood.
3.- La mejor secuencia de acción de 2013 está en "Banshee": Se habla poco de Kant y Hegel en esta serie y sus responsables, entre un buen hueso roto y la quinta de Mahler siempre optan por alegrar la tarde al traumatólogo. Las calles de Banshee están tapizadas de marcas de neumáticos, casquillos de bala y de sangre. Peleas con arma blanca, persecuciones imposibles, apaleamientos masivos, puñetazos, patadas, tiroteos, incluso heridos por atropello y víctimas de animales hambrientos. Con "Banshee", los amantes de las escenas de acción nos sentimos en la gloria, como Zerolo en un bautismo civil. Y además bien rodado, sin elípsis innecesarias ni montajes lisérgicos, llendo la grano y en un buen coche. Un manjar. Dicho esto y sin menospreciar a las otras muchas brillantes escenas que pueblan cada capítulo, no puedo por menos que destacar los casi seis minutos de mamporros que el expeditivo sheriff Hood y el amigo Damien Sánchez se reparten en esta memorable escena del tercer capítulo que les dejó enlazada y que es, con diferencia, la mejor secuencia de acción de año pasado. Juzgen ustedes mismos pinchando aquí.

4- Se pasa por el arco del triunfo el tabú del sexo en televisión: Un buen amigo me dijo que en "Banshee" solo hay "hostias, tetas y culos". De las primeras acabo de hablar. De las segundas y las terceras paso a hacerlo de inmediato. Sí, damas y caballeros, los que quieran ver hombres y mujeres de muy buen ver tal y como llegaron a este planeta, se van a poner las botas en "Banshee". La cama del sheriff Hood lleva incorporado un dispensador de tickets como los de las carnicerías y casi todas las mujeres disponibles (también las no disponibles, pero de eso, mejor no hablar) del pueblo han revuelto sus sábanas una o varias veces. Alan Ball nunca ha sido un mojigato y en sus series el tema del sexo es recurrente, se trata sin filtros y logra el difícil cometido de contentar tanto a ellos como a ellas. Con "Banshee", de hecho, el creador de "A dos metros bajo tierra" llega a lo que debe de ser el límite de lo erótico y evita por los pelos, llevarse al pixelado en su metraje. A su lado, las osadías de "Juego de tronos" se antojan mojigaterías.

Uno puede encontrarse casi cualquier cosa en "Banshee"
5.- Tiene la mejor galería de villanos de los últimos años: En el ecuador de su primera temporada, uno de los personajes comenta que desde la llegada del sheriff Hood, el antes reposado pueblo de Banshee se ha convertido en un nido de maleantes. No le falta razón al hombre. A pesar de contar ya con elementos autóctonos del calibre del cacique local y su atildado secretario (pajarita y gafas de pasta incluidas), lo cierto es que Hood parece diponer de un imán para los problemas y los personajes estrafalarios: moteros enloquecidos, boxeadores con tendencia a masturbar a las camareras con cocaina, violadores, secuestradores, rednecks armados hasta los dientes, albinos sicopáticos... Por no faltar, no falta ni el clásico asesino a sueldo del este ni el mafioso con el libro de cuentas pendientes a punto de reventar (Ben Cross, siempre bienvenido, a pesar de lucir un acartonamiento preocupante). Viendo el percal presentado en esta primera y muy recomendable entrega, no quiero ni pensar en la fauna que "Banshee" nos tendrá preparada en su segunda temporada que, por lo que he oído, no baja el pistón y sigue ofreciendo a sus incondicionales lo que decía mi amigo: hostias, tetas, culos y, sobre todo, diversión a raudales. No se la pierdan si estos temas les interesa.