miércoles, 16 de mayo de 2018

En el principio

Buenas noches a todos, menos a los que el nombre de Jason Aaron les suena entre cero y menos uno. A esos, a los que ignoran que tras ese nombre se oculta uno de los guionistas más en forma que existen actualmente en el mundo del comic y, por tanto, en el mundo de arte, a esos, como decía, a esos, ni agua.

Esta noche vengo a hablarles, brevemente, como habrán imaginado, de Jason Aaron o, más exactamente, de "Los Malditos", su última obra publicada en España y que nos llega con un retraso de poco más de un año, lo que dada la no por conocida, menos irritante lentitud con la que llegan a nuestro pais las novedades que se producen al otro lado del Atlántico me parece razonable peaje a desembolsar.

No es la primera vez que este robusto muchachote de Alabama visita el ladrillo. Hace varios años ya lo traje a colación para alabar su maestría en "Scalped" (una verdadera obra maestra narrativa y gráficamente colosal sobre las reservas indias en Estados Unidos) y tampoco perdí la oportunidad de defender su brillante y controvertido paso por la vida de mi querido Frank Castle en los 22 números que le duró el personaje. Como no hay dos sin tres y la fecunda y brillante mente de este hombre parece disponer de un motor ilimitado para crear personajes y dotarlos de entornos atractivos como lector, me he permitido volver a invitarlo a pasear su savoir faire por la escombrera.

Jason Aaron es un ateo confeso. A pesar (o tal vez por) haber nacido en una comunidad profundamente religiosa (baptista, para ser exactos) es, al mismo tiempo, un explorador consumado de la Biblia y aledaños y ha dado muestras de ello en varias de sus obras más celebradas, espcialmente en "The other side" o más claramente en "Southern Bastards". En "Los malditos", tras haber enseñado la patita espiritual en los mencionados títulos se lanza de cabeza a revisar varios mitos judeo- cristinanos desde su peculiar perspectiva, siendo el elegido para el primer arco argumental de cinco números el primer asesino que pisó la faz de la tierra después de que sus padres la liaran parda en el Edén.

Mister Guera y Mister Aaron in a good mood
El lector avispado ya se habrá dado cuenta de que es Cain el elegido para abrir la saga y para mostrarnos en qué estado se encuentra la humanidad desde que el muchacho abriera la cabeza a su hermano Abel por un quítame allá ese sacrificio. Por "inventar el asesinato" (Aaron dixit) Dios lo condenó a vagar eternamente por el mundo, marcándolo para que nadie se atreviera a acabar con su vida y tenerlo así entretenido de forma permanente. Humor divino, ya saben.

El Cain que nos muestra Aaron es un hombre que busca la muerte para poder abandonar de una vez por todas un mundo de violencia y horrores que se explica con una cita del Génesis que aparece al principio del tomo:

"Y vio Dios que la maldad de los hombres era mucha en la tierra y que todo designio del pensamiento de ellos era, de continuo, solamente el mal. Y se arrepintió Dios de haber hecho al hombre en la tierra y le pesó en el corazón"

Cain, de camino a su cita con la muerte, luciendo sus mejores galas

Retorciendo el mito para adaptarlo a la epopeya que se nos viene encima, el Cain de "Los malditos" no esta marcado para que nadie tenga el valor de cortrle el cuello, sino que su condena es la de no poder morir, por mucho que lo intente. Y, en los cinco capítulos queda claro que lo intenta (y lo intentan) sin descanso. Por supuesto, no voy a desvelar si al final logra o no su objetivo (Noé tiene mucho que decir al respecto) pero lo que sì puedo decir es que, la mencionada cita del Génesis marca todo el relato y lo que queda en el pensamiento tras llegar a la última página es una reflexión del propio Cain que, francamente, no le alegra a nadie el día:

"Éramos los dos primeros niños engendrados en este puto mundo y no podíamos soportarnos entre nosotros. No hay mejor ejemplo de lo jodidos que estamos"

El encargado de poner en imágenes esta brutal epopeya bíblica es de nuevo el serbio R.M. Guera, con quien Aaron ya colaboró en "Scalped" y que aquí da una magistral de planificación, detalle y perspectiva. El mundo que nos presenta es una cloaca enfangada en sangre donde todo, desde la cuadrilla de niños perros (inolvidables, no se los pierdan) hasta la monumental Arca de Noe es extremo, abigarrado y excesivo. Ojito a las batallas (que son muchas) y al feismo extremo con el que los lápices prodigiosos del artista afincado en Barcelona retrata los infructuosos intentos de Cain por morir y dejar de hollar el planeta con la sombra de su crimen.

Es una lectura intensa, difícil por momentos (insisto, los niños perro lo dejan a uno baldado unos días) y cuya moraleja final es poco edificante y poco hace porque miremos al prójimo sin recelo, pero está maravillosmente escrita y mejor plasmada en imágenes. Si conocen a Jason Aaron no cambiará la idea que tengan de su talento (sea la que sea). Si no, "Los malditos" puede ser una buena forma de entrar en el mundo de uno de los guionistas más brillantes del panorama internacional. Ya me irán contando.