
En las tres semanas que acaban de cumplirse desde el nacimiento de la heredera, hay una serie de conceptos que se han convertido en dogma para el que suscribe. La primera es que el llanto de un niño no es sólo ensordecedor y multiforme, capaz de expresar todo un arco incomprensible de sensaciones, sino que poseen la particularidad de convertir a Job en un impulsivo visceral.
Tampoco hay espacio para la duda cuando de halagar a la madre se trata. Y no me refiero a la propia, auténtico titán capaz de crear un muchachote sano y bien alimentado como el que abajo fima, que colabora en su justa medida para nutrir las arterias productivas del país sin, por ello, haber necesitado libros sobre el sueño o el modo de masajear los genitales de sus descendientes, saca leches eléctricos, esterilizadores, humidificadores ionizados, cucos o sillas de paseo homologadas. No, me refiero a la que, además, es esposa de lujo y fuente inagotable de energía y buen humor, que pasea coqueta su remendada cesárea por toda la ciudad sin que sea posible recordar más de dos o tres ocasiones en las que las fuerzas hayan flaqueado momentaneamente y la marea de la nueva situación lograra hacerla tragar agua. Junto a ella, todo es posible.
Por último, también es incontestable que la llegada de la bella Patricia Winot absorbe casi todo el tiempo del Señor Winot, lo que, inevitablemente, repercute en la frecuencia con la que este blog es actualizado así como en la presencia de un servidor en mis habituales lugares de lectura y comentario que regentáis los que por aquí pasáis a verme. Me he planteado muy seriamente dejar el blog en "pausa", hasta un momento más propicio, pero sé que, nunca recuperaría el ritmo y, con toda seguridad, jamás volvería a iniciarlo. Pero lo cierto es que me gusta este mundo de los blogs en el que, como en tantos otros, mi querido amigo Otis me inició (culturales, se entiende) y, me apetece mucho que, dentro de algunos años, mi hija pueda adentrarse en estos textos y, a lo mejor, encontrar palabras o frases que la estimulen, la ayuden o, sencillamente, le den que pensar.
Además estáis los que por esta escombrera de ladrillos paseáis habitualmente. A la mayoría no os conozco en persona. Y, sin embargo, a veces, me sorprendo pensando en que estará haciendo Azid Phreak por su Cantabria natal o como me las apañaré para conocer a la Princesa el día que, finalmente, viaje a Valencia. Desde que inicié esta aventura hace ya unos cuantos meses, sois muchos quienes habéis pasado por aquí dejando vuestra impronta y es larga y jugosa la lista de lugares interesantes y de obligado conocimiento que gracias a vosotros he conocido.
Por ello, me he decidido a mantener el blog, si bien, mis largas peroratas sobre el sexo de los ángeles deberán convertirse obligatoriamente en breves apuntes sobre, eso sí, lo que se me pase por la mente. Incluso, si mis jurásicos conocimientos de informática los permiten, procuraré coordinar este cambio de orientación con una remodelación visual del blog, pero por ahora, voy a poner el chupete a la nena, que va a despertar al vecindario. Mañana ya veremos.