miércoles, 18 de julio de 2007

Un milagro musical



El pasado sábado tuve la inmensa suerte de poder asistir al estreno en Madrid de la ópera de Puccini, "Madama Butterfly", en la que se narra la sobrecogedora historia de desamor entre Cio- Cio- San, una joven e ingenua geisha y el bala perdida de Pinkerton, un "yankee vagabundo" que recorre el mundo rompiendo corazones en cada puerto por el que pasa a la espera de encontrar "una buena esposa americana". Si bien ya son varias las representaciones operísticas que un servidor lleva en la mochila, debo confesar que es el primer estreno al que asisto y sentía una especial inquietud ante lo que podía pasar, ya que los más habituados a estos acontecimientos mantienen que no hay representación como la del día del estreno. Para bien y para mal. O es la mejor de todas o la falta de rodaje y los nervios provocan un naufragio sin isla desierta a mano. Si a eso le sumas que esta obra es una de las piedras angulares de mi repertorio operístico particular, casi una partitura sagrada, es fácil entender el porqué de mi inquietud.

La marejada fue disminuyendo nada más entrar en el recinto y comprobar que, la tan alabada puesta en escena de Mario Gas era, efectivamente, impresionante. El escenario representa un plató cinematográfico de los años treinta con docenas de carpinteros, iluminadores, operadores de cámara, técnicos de sonido y fauna variada recorriéndolo de arriba abajo para pulir los detalles antes de que el director ordene "acción" y, de manera simultanea al comienzo de la ópera, dé inicio el rodaje de.......¡¡Madama Butterfly!! Y es que, efectivamente, las cámaras que recorren el escenario ruedan durante la representación y lo transmiten a las pantallas donde normalmente se emite lo que ocurre en el escenario, pero en un entrañable blanco y negro y con efectos de fundido a negro y movimientos laterales de cámara auténticamente cinematográficos. Esta curiosa apuesta permite también acceder a multitud de primeros planos de los cantantes, gracias a los cuales es posible apreciar como nunca el aspecto interpretativo de sus actuaciones.

Si la puesta en escena es brillante, en el plano musical, la presentación del tenor Plácido Domingo como director de orquesta en el Teatro Real ha resultado espléndida. En general, el paso del escenario al foso no suele ser un camino de rosas y son muchos los cantantes que han dado en hueso y han sido machacados por público y crítica en sus escarceos con la batuta. En este caso y a la espera de lo que digan las cabezas pensantes del mundo musical, a mí, me parece que nuestro internacional Plácido da una verdadera lección y transmite una inmensa fuerza en todas las escenas (especialmente en las más intensas, donde aflora su tendencia al histrionismo). Los actores responden con decisión y la orquesta suena conjuntada y poderosa. Sinceramente, una grata sorpresa.

Dejo para el final a los actores porque, sobre todo de uno de ellos hay mucho que decir. Todos están soberbios en el apartado interpretativo. Y cuando tienes una cámara en la cara que transmite a una pantalla el menor de tus gestos mientras castigas tu garganta, eso es aún más meritorio. En el apartado vocal, la mayor parte del reparto está más que correcto, excepción hecha de Carl Tanner que interpretó al rufián de Pinkerton y que anduvo escaso de fuerzas y poco generoso en sus presuntos momentos de lucimiento, lo que le hizo acreedor de un humillante y bochornoso abucheo en su turno de saludos. ¿Cuándo aprenderán estos repugnantes alborotadores de guante blanco que se camuflan en la masa para vomitar sus frustraciones que hay otros modos de manifestar tu desacuerdo con la actuación de un artista y que no implican su humillación a golpe de rebuzno? . Ya lo dijo Beethoven, "nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo". Si no te ha gustado, no aplaudas. Y punto.

Párrafo aparte merece el verdadero milagro de esta representación, la soprano chilena Cristina Gallardo Domâs, que debutó hace diecisiete años con el papel de Cio-Cio-San y que, a día de hoy, es, literalmente, Cio-Cio-San. Nunca había visto semejante exhibición interpretativa y vocal en un escenario. No sólo su voz es espléndida, medida, poderosa, exhibicionista cuando procede sino que su interpretación de la ingenua adolescente es, sencillamente, memorable. Cuando Cristina Gallardo interpreta la conocida "Un bel di bedremo" consigue que la recibas como si, efectivamente, fuera la primera vez que la escuchas. El emotivo y difícil dueto de amor del primer acto lo salva con una intensidad tal, que el pobre Pinkerton, más parece escucharla que cantar con ella. El uso de los primeros planos en las pantallas del teatro, además permiten acceder al inacabable repertorio de gestos y miradas de la chilena que en algunos momentos puramente expresivos, sin canto por su parte (el interludio del segundo al tercer acto, el momento del repudio familiar justo antes del mencionado duo de amor) resultan sobrecogedores en las expertas manos de esta artista arrebatadora.

Desgraciadamente, Cristina Gallardo ha anunciado que ésta es la última vez que interpretará el personaje que le ha dado fama internacional. Una pena, la verdad, pero un estímulo más para no perderse este espectáculo irrepetible.

15 comentarios:

annacrónica dijo...

Tarquin suerte que tuviste de ver a Cristina G porque la que nosotros vimos se parecía a la famosa viuda de un boxeador fallecido, la cual no me atrevo a nombrar en este insigne blog, imagínarte a esta persona como Cio-Cio-San nos costó un poquito, eso si, cuando empezó a cantar mereció la pena, a veces no todo es la apariencia. Espectacular la puesta en escena.

Constancia dijo...

Tarquín, necesito que me digas de dónde has sacado ese cartel tal precioserrimo.

Por cierto lo de Raquel Mosquera es total....

Rodi dijo...

No soy un conocedor de la ópera, pero tal y como tú lo cuentas, me habría gustado mucho presenciar esta versión de "Madame Butterfly".

Saludos.

BUDOKAN dijo...

Muy buena tu sensación sobre este concierto que increíblemente es uno de mis preferidos si me remito a la música clásica. Simempre un placer leer su blog. Saludos!

Azid Phreak dijo...

Te ODIOOOO!!!!

La envidia nunca es sana y menos en casos como este. Hace años que quiero asistir a un espectáculo como el que comentas.

El ver a Cristina Gallardo en Madama Butterfly dicen que es una experiencia casi mística y por lo que leo, no van desencaminados. Me duele no poder acercarme a ¿Madrid? para poder disfrutar de una representación tan emocionante.

Me ha llamado la atención lo que comentas de las cámaras y los primeros planos. Considero que si hay una ópera que se base mucho en la expresividad facial esa es Madama Butterfly, por lo que creo que es un gran acierto.

Lo dicho...Me vuelvo a mi agujero en cuclillas cual Gollum a pudrirme de envidia.

Un saludo, aunque no se si te lo mereces por hacerme sufrir...

Tarquin Winot dijo...

Annacronica:Además de su parecido con la jovenzuela que comentas, he oido que, efectivamente, Micaela Carosi canta fantásticamente en sus funciones. De todos modos, lo de Cristina G es sobrenatural. Veo que has tardado en animarte, pero vienes con ganas.¡¡Bien por ti!!

Constancia: La foto que ilustra la entrada es el cartel original del día del estreno allá por 1904. Lo puedes localizar fácilmente en Google poniendo el nombre de la ópera. Bienvenida al blog, Constancia.

Rodi: El Teatro Real acostumbra a editar en DVD las obras que componen cada temporada. Estate al tanto y hazte con una copia. Merece la pena.

Budokan: Siempre es de agradecer un comentario elogioso. Me alegra que te haya gustado.

Azid Phreak: Para que no sufras, te diré que, en el fondo no me gustó. La Cristina esa es una aficionada, Plácido Domingo debería estar cantando el himno del Real Madrid por las fiestas de los pueblos y la puesta en escena de Mario Gas me provocó varios idems de lo mala que era.

No cuela, ¿verdad? Bueno, que conste que lo he intentado.

Clara dijo...

Debería ir a la ópera más a menudo, por lo pronto la historia de Madamma Butterfly me acaba de atraer enormemente.

Un saludo

Kampanilla dijo...

Nunca he ido a ver una ópera :"-( y no ha sido por falta de ganas. Que envidia. ¿Hasta cuando la representan y donde? Un saludo.

Tarquin Winot dijo...

Clara: Si te ha llamado la atención, localiza el libreto en internet, hazte con una buena versión (Bergonzi y Tebaldi, por ejemplo) y prepárate para dos horas y medias de placer musical absoluto.

Kampanilla: La están representando en el Teatro Real de Madrid, pero, desafortunadamente no queda una entrada libre hasta el final de temporada. Míra en www.atrapalo.com o algo parecido por si se produjera el milagro.

Dr Fink dijo...

Yo sólo he ido a la ópera una vez: La Traviata en el Teatro Real. Me gustó pero lo cierto es que no sé si fue una buena representación o no porque no entiendo de ópera. Pero habrá que probar de nuevo, ¿no?

Tarquin Winot dijo...

Dr. Fink: Pues para ser la única que has visto está muy bien elegida. La temporada que viene del Teatro Real promete bastante. Anímate a ir a por la segunda.

Veo que has logrado colgar una foto en tu perfil ¿Debería aclarme algo?

brujaimana dijo...

Tengo un amigo que a veces consigue invitaciones a los ensayos o incluso a alguna representación en el Teatro Real...Espero que se siga acordando de mí cuando surjan esas loterías inesperadas.

Tarquin Winot dijo...

Por lo que comentas debe de ser un tipo estupendo. Seguro que no se olvida y cuando aparezca una oportunidad, te avisará. Yo no lo dudaría.

princesabacana dijo...

Jolín, qué envidia, ahora en Valencia tenemos el Palau de les Arts y tal, pero me da a mi que de programa va a haber más bien poco... En fin, espero que hagan un buen camino y nos eduquen para apreciar la ópera.
¿Hay capullos que van a la ópera a abuchear? En esos momentos siempre echas de menos tu motosierra...

Tarquin Winot dijo...

No sé si decírtelo, princesa, pero he estado viendo el programa del Palau para la temporada 2007/08 y el pasado mes de abril tuviste a Cristina Gallardo cantando "Madama Butterfly" aunque con otro montaje.¡¡Arrgghhhh!!