sábado, 11 de octubre de 2008

Idioteces castizas

Resulta paradójico comprobar cómo el único modo de garantizar las libertades de un individuo en la sociedad es a través de la estricta limitación de la de los demás. Las leyes se expanden con tal celeridad que resulta difícil atravesar una linea sin arriesgarse a chocar con alguna norma que lo impida. Ya lo dijo Napoleón Bonaparte, con tantas leyes, nadie está seguro de no ser ahorcado. Y, como tantas veces ocurre cuando la cantidad prima sobre la calidad, muchas de esas leyes no sólo resultan injustas e, incluso, inmorales, sino que incluso, en ocasiones, se precipitan violentamente en la estupidez.

Ayer, sin ir más lejos, el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, se ha sacado de la manga una ordenanza municipal que, entre otras medidas, prohibe la existencia de hombres- anuncio y la entrega de publicidad en la vía pública. La primera norma pretende hacer desaparecer tan añeja figura por considerar que "ataca la dignidad de la persona". Imagino que, Fernando Alonso o Paul Gasol no pisarán en los próximos años el centro de la capital, por miedo a que les apliquen la normativa. Si bien sus emolumentos son muy superiores a los de un humilde hombre anuncio, no dejan de ser personas que portan publicidad de una determinada marca a cambio de una retribución. Respecto a la vejada dignidad de los hombres anuncios, la verdad, creo que cualquier "mileurista" que se deje la vida por un sueldo miserable en uno de los múltiples contratos temporales que se firman en Madrid, tendría mucho que decir sobre el tema.

Por su parte, la prohibición de repartir publicidad en las calles no sólo priva de un importante medio de obtener ingresos a multitud de comercios sino que además provoca un asombroso desplazamiento de la culpa del lamentable estado de limpieza del centro de la ciudad. Y es que quienes afectan directamente a la imagen de las calles no son quienes reparten papeles en la calle ni las empresas que los contratan sino los orangutanes, vestidos de ciudadanos, que sin apenas mirar lo que les entregan, lo estrujan y lanzan a la vía pública. A ellos es a quienes hay que aplicarles las leyes que ya existen.

Con medidas como éstas, mi ciudad se convierte, día a día, en un peligroso campo de minas esparcidas sin orden ni concierto, por el que es difícil pasear sin sentir en la nuca el aliento de alguna norma estúpida que venga a estropearte la tarde. Porque prohibir la entrega de publicidad con la excusa de que ensucian la calle es tan estúpido como prohibir el comercio de pipas porque la gente escupe las cáscaras al suelo cuando las comen. Iba a decir que eso aún está permitido, pero me pongo algo encima y bajo la tienda de la esquina a comprar unas cuantas bolsas. Por si acaso.

10 comentarios:

cosmic girl dijo...

Y digo yo, ahora que trabajo en esto de redactar normativas y tal: ¿tú sabes cuáaaaaaaanto tiempo y cuáaaaaaaaaanta energía es necesaria para aprobar una cosa de éstas? Te lo digo yo: muchíiiiiiiiisima.

Tirando nuestro dinerito, una vez más.

Sach dijo...

Medidas tan estúpidas como impopulares que realmente no se qué aportan al fin perseguido por los politicos (entiéndase como tal la consecución de votos, que nadie se piense de verdad que es por mantener la ciudad limpia o bonita)

A mi personalmente la propaganda electoral que colocan en época de elecciones, esas interminables filas de carteles con la cara del falsa sonrisa del político de turno repetidas hasta la saciedad, me parecen horrorosas y afean sobremanera las ciudades (amen de que acaban rasgados por el suelo o pintados con curiosos postizos) así que... por qué no los prohiben también.

(Pd.: Menos mal que de momento, por donde vivo no llegan ideas tan ingeniosas como las de los madriles. A veces es bueno no ser tan "avanzados")

María dijo...

La verdad es que lo de este hombre es digno de estudio. Aunque no vivo en Madrid, propongo que los madrileños vayais en masa a donde está el tipo, cogerlo y enviarlo a los científicos para que lo estudien.

cosmic girl dijo...

Cómo mola el Mazinger, jo

Tarquin Winot dijo...

Parece que dilapidar el dinero del contribuyente se está convirtiendo en el deporte macional de nuestros políticos, Cosmic. No sabía que andabas en esos temas. Menudo percal. Ánimo.

En general, Sach y a pesar del alto endeudamiento del Ayuntamiento, el alcalde está haciendo una labor bastante satisfactoria. Eso sí,a veces se le cruza el cable y sale son sandeces como ésta.

Y no sólo por estas cosasa, María. Es el único político del PP al que adoran desde el Psoe y abominan desde su propio partido. Algún día le dedicaré una entrada, porque el tipo, la verdad, es que da mucho juego.

La foto es de lo mejor que he visto en mucho tiempo, Cosmic. No tiene mucha relacción con la entrada, pero no he podido resistirme.

Eriwen dijo...

Bueno, sólo diré q a mi me encanta el metro de madrid xD

Pues sí, el alcalde de madrid la ha cagado doblada y es mucho más indigno estar 7 años viviendo a base de contratos temporales, o que te tengas que someter a una prueba de embarazo para que te contraten, etc etc, pero es que no creo que a gallardón le preocupen las mismas cosas que a mi.

Saludos

Otis Driftwood dijo...

Que prohíban ya salir a la calle. Verás qué limpita la ciudad...

María dijo...

O que prohíban a Gallardón. :P

Faria dijo...

Vivimos en una sociedad incoherente: se nos llena la boca con la palabra "libertad", y luego en la práctica nunca han existido tantas prohibiciones como ahora. ¿Sabes que la ordenanza municipal prohibe correr en la calle, Tarquin? Eso significa que, técnicamente, si te echas una carrerita para no perder el autobús, te podrían multar. Es espeluznante.

Con relación al tema del hombre anuncio y la propaganda, pues como madrileña que soy, no puedo estar más de acuerdo contigo, punto por punto.

Un beso.

Tarquin Winot dijo...

El metro de Madrid es una obra tan colosal que es difícil no admirarla, Eriwen. Ahí, Ricitos acertó de pleno, a pesar del coste desaforado.

No es mala idea, Otis. Como bien sabes, desde hace años, en la vida moderna no hace falta salir de casa.

Jajajajaja. Esta bien pensado, María. Esperanza Aguirre estaría encantada.

A cuadros me dejas, Faria. Pensé que lo de la propaganda y lo de los luminosos (a este tipo le dejas en Broadway y no deja títere con cabeza) era lo más llamativo, pero lo de las carreras lo supera. Menudo despropósito.