miércoles, 6 de abril de 2011

Desde el desvan: Merecidamente


Cualquiera que me conozca en persona o que lea mis textos habitualmente sabe que lo que siento por mi mujer es mucho más que amor; aunque me robara la frase Cameron Crowe para el guión de "Jerry Maguire", eso no le resta crédito al hecho de que la bella señora Winot "me completa".

Junto a ella no existen las carencias y sólo cuando está ella cerca las piezas de mis muchos rompecabezas encajan completamente. Me gusta pensar que todo estuvo calculado, que, a pesar de habernos rozado en muchas ocasiones, sólo empezamos a construir la fortaleza que hoy tenemos cuando ambos cubrimos las etapas que nos correspondían. Que fue el destino y no la casualidad la que nos hizo encontrarnos para nunca volver a navegar por separado.

Por eso le dediqué hace ya algunos años la entrada "Merecidamente" que, como es fácil imaginar es una de mis favoritas. Hoy, cuando la pequeña Alejandra cumple seis días y Patricia enfila hacia las tres primaveras, creo que está perfectamente justificada su reaparición en el ladrillo con unas mínimas correcciones de estilo que no cambian un milímetro de lo que entonces quise decir: que te quiero, que nunca podré agradecerte lo suficiente que me hayas dado estas dos preciosas niñas que me reconcilian con la vida y que no tengas la menor duda de que llegué para quedarme a tu lado hasta el final de los tiempos.


Merecidamente (10/07/2007)

La conocí hace ya cinco años y medio, en una fiesta de Nochevieja. Yo siempre le digo que me enamoré nada más verla y ella se pone flamenca y dice que no fue recíproco, que le costó entrar en el juego un poco más. Pero sé que miente. La conozco bien.

Vivimos un noviazgo corto, pero intenso y lo culminamos en poco más de ocho meses uniéndonos a través del rito hipotecario, el vínculo más resistente que ha creado el hombre. Este fuerte lazo, sin embargo, nos pareció poca cosa para el tesoro que teníamos entre manos y una noche de febrero en plena y solitaria Plaza de Oriente, en Madrid y frente al Palacio Real, sin un alma en cien metros a la redonda y bajo un frío inmisericorde le hice la pregunta que, desde siempre, estremece por igual a quien la hace y a quien la recibe. Entre el descontrolado castañeteo de dientes, creí escuchar un sí.

Como consecuencia de aquella respuesta , decidimos formalizar ese sí de tiritona y nos casamos en la que, sigue siendo la jornada más inolvidable de toda mi vida. No consigo entender a los que abominan del día de su boda, tachándolo de incómodo o espantosamente largo e interminable. Yo lo repetiría cada día. Me gustaría volver a sentir lo que sentí mientras me vestía para la ocasión. La llegada a la iglesia, los saludos, la franca alegría de todas las personas que compartieron con nosotros este día. Los nervios amables mientras esperaba su aparición, los cuchicheos que anunciaban su llegada, la repentina constatación de que la corbata quedaba más ajustada ahora que hacía un minuto, la impresión inenarrable que me produjo verla entrar en la iglesia, preciosa y radiante como nunca. No hay nada prescindible o que merezca ser borrado de ese día. Maldita sea la memoria que no me da para recordar todo lo que ocurrió en esas horas.

A veces me echa en cara con ese tono inalcanzable para los hombres (pero que las mujeres dominan a la perfección) y que se sitúa en precario equilibrio entre la broma y el aviso que, últimamente le dedico mucho tiempo a trajinar por este blog y que eso me quita tiempo para ella. Como lleva razón, hoy, que se cumplen tres años de aquel día inolvidable, me ha parecido el mejor momento para restablecer el equilibrio en su beneficio a través de esta entrada que, merecidamente le corresponde a esta increíble mujer a la que quiero y con la que volvería a compartir mi vida. Tantas como me tocaran en suerte.

10 comentarios:

Mr. Lombreeze dijo...

Muy bonito.
Y yo soy también de los que en la boda se lo pasó teta y disfrutó un montón. Pero claro es que mi mujer se echó a llorar de alegría cuando le puse el anillo. Y lloraba de alegría y emoción ante un gesto que en la práctica poco aportaba a una convivencia de más de 7 años.
En el planeta hay muchas familias Winot y Lombreeze. No estoy diciendo que seamos ejemplarizantes, sino que hay motivo para el optimismo.

Anónimo dijo...

Alberto Q.

Una belleza de texto y que demuestra que los sentimientos se pueden expresar con naturalidad. Me alegro de tu felicidad, Tarquin. Aunque no nos conozcamos, sé que me alegro de verdad y no son palabras vacías, no me preguntes por qué.

En una época donde las parejas que se quieren de verdad parece que no abundan, lo tuyo es una alegría doble al leerte.

Ojalá te dure siempre, amigo. Felicidades.

Axel Foley dijo...

Un texto muy bonito, sí señor. Enhorabuena por la niña.

Un saludo.

Tarquin Winot dijo...

La verdad es que sin optimismo no puede uno vivir y cosas así, a uno le reconducen el camino. Por cierto, amigo Lombreeze, un millón de gracias por el homenaje musical a mi nueva heredera. Estoy seguro de que le encantó.

Gracias, Alberto. Es lo que tiene la red, que crea amistades basadas en cosas que uno no puede explicar pero que, sin duda están ahí. Un abrazo.

Gracias Axel. Por cierto, tu nombre me trae recuerdos muy divertidos y refrescantes de los ochenta ;-DD.

María dijo...

Qué bonito el texto. Tu mujer tiene suerte, porque hombres así ya no quedan. Que seais felices durante muuuuchos años.

Ibán dijo...

Bellísimo.

Tarquin Winot dijo...

Gracias, María. Esa es mi intención.

Iban, muy agradecido.

Tarquin Winot dijo...

Aprovecho para recordaros que el miércoles empieza en el ladrillo el concurso cinéfilo-musical del que os hablé hace unas semanas. Espero que os guste.

Emilio Luna dijo...

Has nombrado Jerry Maguire y aparezco. Me parece precioso tu comentario. Ojala todo el mundo tuviera la fidelidad de tus sentimientos. Un saludo señor Winot, enhorabuena por su paterniadad.

Emilio Luna

Tarquin Winot dijo...

Gracias, Emilio.La verdad es que ni a propósito hubiera encontrado a alguien con quien sintiera más afinidad. Saludos.