lunes, 24 de febrero de 2014

And the Oscar should go to.....

Creo que es la primera vez desde que tengo conciencia de qué son los premios Oscar, que a pocas semanas de la entrega de los galardones más importantes de la industria cinematográfica, tengo totalmente cumplimentado el check-list de las obras e interpretes nominados. Hasta este año, mi lista incluía no menos de dos o tres ausencias, por lo que siempre me resistía a publicar mis vaticinios al carecer de toda la información necesaria para poder opinar en condiciones sobre las nominadas. Si no en todas las categorías, al menos sobre las seis principales, es decir, actores y actrices (protagonistas y secundarios) así como película y director. 

Se pueden imaginar que con lo mucho que me gustan las listas y este tipo de cosas, he cogido al vuelo la oportunidad y, a continuación, les desgrano los que en mi encopetada y humilde opinión, merecerían levantarse al día siguiente del fiestón, con el tío Oscar instalado en la repisa de alguna de las chimeneas de sus mansiones de millones de dólares y que no son otros que los siguientes:
 
Interpretando a un poste telefónico, Fassbender también lo bordaría

Mejor actor secundario: De haber justicia en el mundo, el próximo 2 de marzo, Michael Fassbender debería subir al escenario para recoger el premio por su interpretación del odioso Edwin Epps en "Doce años de esclavitud". Aunque en realidad debería de estar nominado por su clase magistral en "El consejero" y no por este "remake" de lo que hizo Ralph Fiennes en "La lista de Schindler", el alemán es desde mi punto de vista el tipo más versátil que hay en la industria y eso, en estos y en cualquier tiempo, merece un premio. Me da rabia no poder dárselo a un actor tan completo (y tan olvidado) como Jared Leto y su entrañable papel en la sorprendente y muy recomendable "Dallas Buyer Club", pero, la colosal sombra de nuestro germano favorito es difícil de superar. Otra vez será.

Yo estaría preocupada, Jenny. Tarquin dice que gano yo.

Mejor actriz secundaria: Este va a ser el premio más cantado de la noche y, de no ser porque ya recibió uno el año pasado, yo también aplaudiría que Jennifer Lawrence obtuviera el gallifante por su exhibición de registros en "Amercian Hustle". Sin embargo, objetivamente, me parece un exceso y poner en peligro de egocentritis aguda a una excelente actriz, demoliendo así su carrera para el futuro. Por ello y descartando a mi odiada Julia Roberts (Pretty horse woman, maravilloso hallazgo lingüístico que leí hace años en no recuerdo dónde) y su inverosímil nominación, desde esta humilde escombrera y siendo conscientes de predicar en el desierto, proponemos sea entregada la estatuilla a mejor actriz secundaria a la excelsa Sally Hawkins y su creación de la doliente y castigada hermana de Cate Blanchet en "Blue Jasmine". En "El sueño de Casandra", también del amigo Allen, ya me llamó la atención, pero aquí, sencillamente está para ponerla un piso.
Si bebes, no conduzcas. Y menos hacia Nueva Orleans

Mejor actor principal: Si me dejo llevar por mis simpatías personales, el premio iría directo a las manos de Leonardo DiCaprio. Mo puedo evitarlo, desde que le vi parodiarse en "Celebrity" de Woody Allen, el chaval me cayó en gracia y, además, hace suyo un papel tan duro y extremo como el del protagonista de "El lobo de Wall Street" (la escena en el barco con los agentes del FBI es para los anales- con perdón- del cine). Sin embargo y siendo justo conmigo mismo, no puedo dejar de pensar que Leo se repite más que Rubalcaba en una sesión de control parlamentario, de modo que, tras desechar a Christian Bale y a Matthew McConaughey por buscar de manera tan descarada el premio, si de mi dependiera, el británico Chiwetel Ejiofor y su intensísimo e hitchcockiano papel en la, nunca mejor dicho, descarnada "Doce años de esclavitud" sería quien se llevara a casa el galardón.

Ya tengo uno como secundaria, Woody, ¿puedes conseguirme uno como principal?
 
Mejor actriz principal: Si bien, "American Hustle" me ha hecho reconciliarme con la sosa de Amy Adams y también reconocer que, cuando se pone, puede dejar las plateas carbonizadas derrochando sensualidad como si la fueran a prohibir, mi voto iría sin dudarlo un segundo para Cate Blanchett y su deslumbrante trabajo en "Blue Jasmine" el regreso de Woody Allen a la senda de la calidad tras los horrores rodados en Roma y Paris durante los años pasados. Indudablemente, la australiana ha visto muchas veces "Un tranvía llamado deseo" para acometer la empresa, pero, ¿desde cuando es malo inspirarse en las mejores? PD: ¿Es una sensación mía o el gran Woody ha salido ya media docena de veces en la entrada?

¿El mejor plano del año? Sin duda.

Mejor director: El pasado ha sido un año de grandes directores, más que de grandes películas. Cualquiera de los cinco nominados al premio en esta categoría podría llevárselo sin que me quedara sensación de tongo o trilerismo. Alfonso Cuaron, Steve McQueen, Martin Scorsese, David O. Russell y Alexander Payne son cineastas muy distintos, maestros artesanos que gustarán más o menos pero cuyo dominio técnico y habilidad para sacar petróleo de sus actores está fuera de toda duda. He dudado hasta el último momento, pero, finalmente, no he podido evitar decantarme (lo siento Martin)  por el mejicano Alfonso Cuarón y su labor tras la cámara en ese prodigio visual que es "Gravity". El plano inicial, la segunda lluvia de basura cósmica o la bellísima y fetal secuencia en la ISS son monumentos cinematográficos que no deben quedar sin reconocimiento.

Va por ti, Martin. Te lo has ganado a pulso

Mejor película: A punto ha estado en el último momento Alexander Payne de robar el bocadillo a Scorsese, pero creo, y más tras privarle del de mejor director, que el maestro tras "Taxi driver", "After hours" o "Bandas de Nueva York", debería cerrar la velada del próximo dos de marzo subiendo sus 163 centímetros al escenario para recoger su segunda estatuilla. Tras casi cincuenta años haciendo películas, el pequeño genio italoamericano logra con la excesiva, barroca y fascinante "El lobo de Wall Street" su mejor obra desde "Uno de los nuestros", una cinta rompedora y brutal que convierte sus tres horas de metraje en un suspiro manchado de grasa, cocaína, semen y una mala baba que, tal vez, la perjudiquen e impidan, un año más, que quienes realmente lo merecen se lleven al tío de Margeret Herrick a casa. Si así ocurre, Martin, que sepas que yo te lo hubiera dado. Mucha suerte, maestro.

lunes, 10 de febrero de 2014

Feliz cumpleaños, Frank

En febrero de 1974, hacía aparición en el mercado, el número 129 de The Amazing Spiderman, la cabecera principal de nuestro trepamuros favorito. A los lápices, Ross Andru, quien un par de años después dibujaría el mítico "Superman vs the amazing Spiderman". A la máquina de escribir, Gerry Conway, el asesino de Gwen Stacy. En el interior, la primera aparición de quien, con el tiempo, se convertiría en uno de los personajes más populares del mundo del comic, el señor Frank Castle o, como se le conoce en el mundillo, The Punisher y que, junto al mencionado cabeza de red y Daredevil, componen la Santísima Trinidad de superhéroes de quien esto escribe. 

Y eso que, inicialmente, el propietario de la camiseta más chula de todo el Universo Marvel (esa calavera.... Puro glamour, cortesía de John Romita Sr), nació con marchamo de maldad y con la sucinta misión de dar el paseillo al amistoso Spiderman a través de una ensalada de tiros y violencia como pocas veces se había visto antes en el comic. Cierto es que el personaje, sin demorarse mucho, enfila hacía horizontes más nobles, pero lo cierto es que el bueno de Frank siempre ha tenido un acomodo difícil en este mundo de leotardos y máscaras donde lo políticamente correcto es moneda de cambio habitual.

Para los héroes, Punisher es un engranaje desajustado, una perversión, el lado oscuro de su propia existencia, el abismo al que pueden precipitarse si se dejan llevar por sus instintos más básicos. Para los villanos, la blanca calavera de su uniforme es sinónimo de problemas serios, mortalmente serios. Frank no los va a dejar colgando de una tela de araña para la policía sino de una soga para que se retuerzan hasta morir o, en el mejor de los casos, cosidos a balazos. Ni con unos, ni con otros, ni al lado de la ley ni a su sombra, como diría aquel, en el mismo centro de la contradicción.

A Frank no le sobran los amigos en el Universo Marvel.

Cuando Frank se enfunda su camiseta negra y da inicio a su cruzada contra el crimen, Charles Bronson acaba de reventar las taquillas de medio mundo con su película "Death wish", la primera encarnación de Paul Kersey, el hombre que resuelve sus problemas con los criminales a base de pistoletazos, administrando una justicia primigenia, pero, indudablemente, eficaz que adquiere en Estados Unidos carácter de deporte nacional. Marvel, siempre atenta a las mareas, encuentra en la figura de Frank Castle el canal perfecto para subirse al carro: un veterano de Vietnam que ve como su familia es asesinada por unos mafiosos, aprovecha su extraordinaria formación militar para hacer pagar por sus crímenes a los asesinos de su mujer y de sus hijos sellándoles la garantía con plomo. No contento con ello, para evitar que más personas pasen por su mismo trance, da inicio a una cruzada contra el crimen en la que actúa de juez, jurado y ejecutor. Ponganse en situación ¿Como resistirse al personaje? Ya les digo que de ninguna manera.

Desde entonces, Punisher ha dejado un body count que ni la Gran Muralla China, ha disfrutado de hasta tres series simultaneas y ha gozado de una versión "para adultos" en el sello Max, creado ad hoc por Marvel que, de la mano del irlandés Garth Ennis se coloca como uno de los hitos del comic de los últimos años. También le ha dado tiempo a morir un par de veces, ser un angel vengador (palabrita, no es broma) e, incluso, a homenajear a Mary W. Shelley y su mítica criatura en la delirante etapa en la que Rick Remender movía los hilos del personaje. Ha tenido un par de cruces con Batman, se ha partido los morros con casi todos los superhéroes de la casa e, incluso ha llegado a formar parte de los Thunderbolts, repartiendo leña en compañía de Elektra, Masacre o Veneno. El bueno de Frank, incluso, ha tenido sus momentos de gloria en la gran pantalla con tres encarnaciones que, sin ser nada del otro mundo han permitido al amigo Frank escalar en el ranking hasta convertirlo en uno de los tipos más respetados del mercado y, sin duda, de los más populares.

Frankencastle, una de las genialidades de Rick Remender durante su etapa con nuestro hombre.
Ahora que se cumplen 40 años de esa primera y espectacular aparición del torturado Punisher- o Castigador, como le conocimos los que ya peinamos canas y leíamos comics en elos ochenta, el personaje vive una época de transición y anda dando bandazos tras el final de la memorable etapa en Jason Aaron y Steve Dillón para el sello Max y el muy digno colofón que Greg Rurka ha puesto a la serie regular. Se anuncian cambios para Frank e, incluso, un nuevo proyecto cinematográfico que podría sacar a sus admiradores el mal sabor de boca que su paso por la pantalla les ha dejado (¿una idea, amigos de Marvel Studios? Aquí tienen una inmejorable) Ojalá sea así, y tengamos Punisher para muchos años más, porque en buenas manos, el gatillo más fácil de Marvel es un excelente caballo ganador. Muchas felicidades, Frank y bienvenido a los cuarenta.

miércoles, 15 de enero de 2014

Punto y final: Sergio del Molino

Posiblemente por haberlos habitado desde muy pequeño, tengo facilidad para entrar y salir sin mucha dificultad de los universos paralelos que crean los libros. Mientras tengo el visado en regla, vivo las historias que allí se desarrollan como si fueran la mía propia, enraizándome profundamente con lo contado, llorando con los que lloran y riendo con los que ríen, impermeable al exterior. Pero cuando las circunstancias me obligan a salir de estos otros mundos, cuando cierro el libro hasta otro momento o lo depósito en el lugar que le corresponde en la libreria una vez concluidos (me resisto al maldito e-book. Qué le vamos a hacer) no me supone un esfuerzo excesivo desanudar las maromas y enfilar hacia mi mundo, donde un nuevo universo por explorar espera su turno.

Con "La hora violeta", de Sergio del Molino, no ha sido posible, sin embargo, la transición y desde que penetré por primera vez en su mundo terrible, lo llevó siempre conmigo, adherido a mi piel, inmune a todo. Sus palabras se han posado en mí y han anidado. No puedo sacarlo de mi cabeza. En esta ocasión, el ancla se ha hundido hasta lo más profundo y no hay manera de escorar el barco hacia otro destino. No puedo, sencillamente. No quiero, en realidad.

Y no es, como podría uno imaginar por su temática (la muerte innecesaria y cruel de un hijo cuando apenas ha tenido tiempo de serlo a manos de una leucemia cabrona y asesina) lo que me ha hecho sentir lo que siento. Por mi condición de padre, podría ser una razón, pero no es la primera novela que llega a mi tratando semejante abismo. "Mortal y rosa", de Francisco Umbral o "Paula", de Isabel Allende, no dejaron en mí esta huella tan poderosa. Salí indemne de ellas y en nada cambió mi percepción de las cosas. No hubo dificultad en levar anclas. ¿Porqué ahora no puedo? ¿Qué razón hay para que aquéllas pasaran por mi vida y "La hora violeta" la haya traspasado de lado a lado?

Personalmente creo que la razón es una ausencia. Otra, que se suma a la de Pablo y que no es otra que la del propio autor. En "La hora violeta", el escritor y su dolor no comparten plano. Se atisba al padre. Y a la madre. Y a los familiares. Y al personal médico. Pero en el escenario solo se aprecia claramente el tormento que supone la ignorancia, la falta de un punto de referencia- "mas allá, monstruos"-, la demencial montaña rusa en la que se convierten los días y, por encima de todo la espantosa falta de utilidad que lastra el animo de quien ve como la partida se juega sin poder mover las fichas.

Sin duda habrá habido elaboración en la obra, correcciones, cambios ligeros aquí y allá. El propio autor lo comenta en algún momento y, por supuesto, no lo pongo en duda. Pero es fácil imaginarlo machacando furioso las teclas del ordenador en la devastada soledad de un hotel tras un resultado adverso o una espantosa ecocardiografía. Tan fácil como imaginarlo con el corazón comprimido por la emoción tras distinguir algo de luz esperanzadora tras la puerta, el atisbo de una posibilidad. Aquí no hay efectos especiales, ni cromas. El autor desaparece, se difumina en el espanto que todo lo llena y solo es posible seguir escribiendo para retener a quien apenas tuvo tiempo de ser.

"La hora violeta" es un libro extraordinario. De lo mejor que he leído en  toda mi vida. Pero les recomiendo que, de no tenerlo claro, de no haber calibrado con esmero si son o no capaces de afrontar un tema como el que en él se desarrolla y, sobre todo el modo descarnado y visceral en el que Sergio del Molino cuenta lo que vivió su hijo, mejor no lo empiecen. Se van a encontrar con lo siguiente y les garantizo que ya no podrán dejar de leer.


"Este libro es un diccionario de una sola entrada, la búsqueda de una palabra que no existe en mi idioma: la que nombra a los padres que han visto morir a sus hijos. Los hijos que se quedan sin padres son huérfanos y los cónyuges que cierran los ojos del cadáver de su pareja son viudos. Pero los padres que firmamos los papeles de los funerales de nuestros hijos no tenemos nombre ni estado civil. Somos padres por siempre. Padres de un fantasma que no crece, que no se hace mayor, al que nunca vamos a recoger al colegio, que no conocerá jamás a una chica, que no irá a la universidad y no se marchará de casa. Un hijo que nunca nos dará un disgusto y a quien nunca tendremos que abroncar. Un hijo que jamás leerá los libros que le dedicamos."

Sergio del Molino, "La hora violeta" (2013)

miércoles, 8 de enero de 2014

La inquietante hora (y media) de Park Chan-wook

En los últimos años, cada aterrizaje en Hollywood de un director extranjero se ha saldado con un hachazo a su prestigio, un fracaso en la taquilla y un visado de salida express hacia sus países de origen. Florian Henckel von Donnersmarck- que perpetró "El turista" tras deslumbrar en su país con "La vida de los otros"- y Oliver Hirschbiegel- al que ni le dejaron terminar ese insulto a la inteligencia que fue "Invasión", habiendo sido el creador "El hundimiento"- pueden dar fe de la veracidad de los que digo.

El coreano Park Chan-wook, que ganó merecido prestigio internacional con "Old Boy", segunda parte, junto a "Sympathy for Mr.Vengeance" y "Sympathy for Lady Vengeance" de su famosa "Trilogía de la venganza" rompe con este reiterativa costumbre de los extranjeros de perder el norte cuando trabajan en Hollywood y con "Stoker", su debut en el mercado norteamericano, logra una obra irregular y fallida, pero hipnótica, desbordante de talento visual y, tal vez lo más importante, coherente con el estilo que el coreano dio a sus obras previas.

Antes de nada y para los más puristas, hay que dejar perfectamente claro que el guión, obra de- ojo al dato- Wentworth Miller, el tatuado protagonista de "Prision Break" es malo como un dolor de muelas, abunda en tópicos y presenta laguna modalidad XXL. Por centrar un poco el tiro les contaré que "Stoker" presenta un extraño triángulo calentorro- mitológico- sicoanalítico entre India Stoker (Mia Wasikowska), su madre (Nicole Kidman) y el tío de India ( Matthew Goode) que aparece, tras una larga ausencia a los pocos días de morir su hermano (Dermot Mulroney), padre de la nena y marido de su madre, para más datos. El tío Charlie, que así se hace llamar el hermano pródigo, es un tipo magnético y cautivador que atrae a las féminas de la casa, pero hay algo oculto en su pasado que.......... blablablablabla. Bueno, ya se lo van oliendo, ¿no?

India y su zapatero... La envidia de Imelda Marcos.

Como ven, no hay originalidad en el planteamiento de "Stoker". Sin embargo, de forma inverosímil, lo que trasciende al espectador es que con tan paupérrimo andamiaje, lo que si hay es mucha presunción, mucha falsa trascendencia, mucha actitud de eslomismoperonoesigual. No se engañen, "Stoker" es más de lo mismo, una historia minada con explosivos mil veces vistos, que no resiste el menor viento y que se merece esta entrada por una única razón: Park Chan-wook. 

Lo que el director coreano logra con el libreto del amigo Miller es la prueba evidente de que el cine es un arte eminentemente visual. Un mal director puede destrozar un guión espléndido y un tipo con dominio del lenguaje cinematográfico puede convertir un taco de folios en algo lo suficientemente estimulante como para dedicarle una entrada en un blog perdido de la mano de Dios. Las ideas visuales, los encuadres, el tratamiento de las escenas, los efectos digitales y la maestría en el ritmo que demuestra el director de "Old Boy" está al alcance de muy pocos. Casi en cada escena, hay un plano, una imagen o un movimiento de cámara que atrapa y queda grabado en la mente del espectador. En este sentido, los primeros diez minutos son visualmente fascinantes, pero nada tienen que envidiar escenas como la de India y su tío al piano, la bellísima transición del pelo de Nicole Kidman a un espectacular paisaje natural o el modo en el que Park Chan-wook retrata ese "algo" oscuro en el pasado del tío Charlie. Una pena la endeblez de la historia y la ausencia de humildad en su planteamiento. De no haber sido así, "Stoker" hubiera podido ser muy, muy grande.


Un triángulo....... literalmente.
El reparto es también irregular. Mientras que la jovencísima Mia Wasikowska da todo un recital, conviertiendo a India Stoker en una virginal adolescente, capaz de convertirse en una mantis religiosa o en la hija perfecta, el presunto encargado de caldear la sesión, el británico Matthew Goode se zambulle en el ridículo y convierte al, sobre el papel, inquietante tío Charlie en un playboy de Torremolinos con la palabra "rarito" tatuada en la frente. Curiosamente, Nicole Kidman, horrible en sus últimos papeles, aguanta el tipo y logra alguna que otra expresión destacable en el saco de botox en el que ha convertido su rostro, pero poco puede hacer frente a su hija en la pantalla y, nuevamente, su papel en "Stoker" no será el glorioso comeback que muchos deseamos. ¡Ah, lo olvidaba! También sale- un ratito- Dermot Mulroney, pero no lo destaco porque está como siempre: mal a rabiar.


Acabo de calentar a la panocha y me acerco al chiringuito a por unas Mirindas
Si no soportan los agujeros de guión, si las imágenes sugerentes les pasan de largo y si consideran que ya saben todo lo que hay que saber sobre los adolescentes problemáticos y sus relaciones con los adultos, "Stoker" no es su película. Si por el contrario, consideran que, nunca se explicó cómo Hannibal Lecter logró hacerse con la pluma del Doctor Chilton y eso no es obstáculo para que  "El silencio de los corderos" sea una obra maestra, si piensan que, en ocasiones, la forma puede salvar el fondo y que  una película puede merecer la pena solo por ver cómo está rodada y por la actuación de un intérprete (¿Les he dicho ya que Mia Wasikowska está espléndida?), les invito a que se pasen a conocer a India Stoker y a su peculiar familia. Si no, al menos, acérquense a la filmografía de Park Chan-wook. Si no lo hacen, se van a perder a un grande.

martes, 31 de diciembre de 2013

The Winot's Brat Pack New Year's Post (o algo parecido)

El Clan Winot al completo, es decir, la bella señora Winot, las dos herederas y el que suscribe les desea que en este año que se acerca, puedan ustedes atar todos los cabos sueltos que les queden pendientes, cuadren cada círculo que se propongan cuadrar, desprecien las ruedas de molino que les ofrezcan y lo cambien por lo que en ese momento les pida el cuerpo y, por encima de todo que sean felices. 

Y, si pueden vivir de lo que les gusta o en su defecto, dotan a lo que les da sustento de su toque personal hasta un punto tal que puedan llegar a divertirse con lo que hacen, el año 2014 será sin duda, el mejor de cuantos han vivido, solo superado por los que están por llegar. Aquí le dejo con Frank Sinatra y Dean Martin, dos que hicieron de lo anteriormente dicho su hoja de ruta vital y les funcionó de muerte.Y si no me creen, pulsen play y compruébenlo ustedes mismos. Lo dicho, feliz 2014, nos vemos en unos días y no olviden ser felices. Con lo poco que dura esta película, no hay tiempo que perder en tonterias.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Sardinas

Dice Paco Mir en el folleto que entregan al espectador que acude a ver "Noises Off" o, en su paleta y desmerecedora traducción española, "¡Qué desastre de función!" que, probablemente, estemos ante la mejor comedia del mundo. Bueno, tal vez sea un poco exagerado y más ahora que Zapatero acaba de publicar un libro, pero, lo cierto es que la obra del dramaturgo británico Michael Fraynes que actualmente se representa en el Teatro Caser Calderón, de Madrid es un modo inmejorable de pasar dos horas con la sonrisa instalada en tu cara y, especialmente en el tercer acto, troncharse de la risa.

Antes de nada, avisar a los más intensos que en "¡Qué desastre de función!" no hay actores que se paseen desnudos mientras se masturban con un ejemplar de "Mein kampf" ni la escenografía desafía las leyes de la ubicuidad trascendente del nihilismo surrealista de la Europa del Este. No, amigos de la vanguardia y la punta de lanza, "¡Qué desastre de función!" es una obra de teatro de las de toda la vida, con escenografía trasnochada (el libreto lo exige), actores (vestidos) que interpretan, una historia que puede seguirse sin haber leído a Proust y unos diálogos brillantes y divertidos pero en los que no van a encontrar ni el sentido de la vida ni la esencia del arte. Aquí, la intención del autor es divertir al público con las desventuras de una compañía teatral a pocas horas del estreno de una clásica comedia de enredos. Nada más. Y nada menos. No les cuento más para no estropear las vueltas y revueltas del argumento, pero si les digo que las sardinas juegan un papel fundamental en el desarrollo del trama y que como ya dijeron hace años Martes y Trece, que sea lo mismo no significa que sea igual.

Al gran Josep Linuesa lo tienen ustedes a su izquierda. Actorazo.
El texto de Michael Frayers, que Paco Mir españoliza con algunas pinceladas autóctonas que acercan la historia al público patrio, es excelente, plagado de diálogos afilados y replicas mordaces que no impiden la presencia de abundantes gags (odio en anglicismo, pero aún no he encontrado un termino castellano que pueda sustituirlo) visuales (sobre todo en el segundo acto) e, incluso, el siempre bienvenido brochazo grueso al que, tratado con mesura, cuesta resistirse. La sorpresa que da forma al primer acto y la disparatada excentricidad del tercero hace que el del medio resulte un poco largo y algo flácido, pero, aún así, dispone de momentos ciertamente brillantes (la batalla de las flores, la botella viajera, un minuto, dos minutos, un minuto, jojojojojo... Al final, va a estar a la altura de sus hermanos.)

El reparto también está espléndido, desde Vanesa Romero que demuestra que además de ser una obra de arte de la naturaleza, también sabe interpretar, hasta Carmen Conesa ("Chicas de hoy en día".... qué tiempos)  impecable como la doliente Mrs. Clackett sin desmerecer por ello el buen hacer del veterano Pepín Tre ni el bienvenido histrionismo de Miquel Sitjar. Pero no me quedaría satisfecho si no destacara especialmente a Josep Linuesa que con su inestable, puntilloso y sangrante Philip Churchill me saco las mayores carcajadas.

Vanesa Romero..... sobran las palabras.
No sé si está prevista una gira de la obra por el resto de nuestra piel de toro, pero si "¡Qué desastre de función!"aparca cerca de su casa, no lo duden y háganse con una butaca, mejor hoy que mañana. Si no es así, si no tienen la oportunidad de verla en el sitio para el que fue creada, es decir, interpretada en un escenario, siempre les queda la opción de hacerse con la excelente versión cinematográifca que, con un reparto de campanillas (Michael Caine, Carol Burnett y Christopher Reeve.... casi nada) dirigiera con mucho acierto Peter Bogdanovich en 1992. Y, si ni aún así logran verla, si ni el teatro ni el cine les permite acceder a este desquiciado y divertidísimo espectáculo, no sufran, no se flagelen ni se despeñen en el abismo de la incertidumbre, muevan el bigote. Como pone Frayn en boca de uno de sus personajes, no hay nada que un buen plato de sardinas no pueda solucionar.