viernes, 19 de noviembre de 2010

Cuestión de collares


Espectacular la empanada ideológica de los muchachos de la Asamblea Madrid contra el Fascismo. Los que en alegre parentela aparecen retratados y otros cortados por el mismo patrón han empapelado el barrio con carteles como el que acompaña esta entrada y este próximo domingo convertirán el centro de la capital en un colchón de cristales rotos, coches carbonizados y sangre seca. Fieles a su tradición. Puntuales a su cita. Para desgracia de los que aquí vivimos.

Y hablo de empanada monumental porque identificar fascismo con autoridad es no haber entendido una sola coma de lo que en el mundo ha ocurrido desde el Pleistoceno. Eso sin entrar a analizar la incoherencia que supone abominar de la autoridad y conformar una asamblea que dicte el tiempo, lugar y forma para "recuperar la calle" a cuantos a ella se someten. La cuadratura del círculo se convierte así en una obviedad deslumbrante.

Pero no son mejores los que se les enfrentarán con sus brillantes testas, ostentando simbología que apenas comprenden y consignas de manual de las que solo pueden haber tenido noticias en los libros. La mayoría de ellos no sólo han pasado el cien por cien de su existencia en una cómoda y más o menos asentada democracia sino que ni siquiera habitaban en el limbo cuando las últimas luces del fascismo patrio se diluían hace ya treinta y cinco años.

Unos y otros con su verborrea de patio de colegio convertirán como cada año mi barrio en un campo de batalla que obligará a quienes vivimos en él a enclaustrarnos en nuestras casas o huir al campo con la esperanza de que, en esta ocasión, no prendan fuego a nuestro coche o destrocen a pedradas las ventanas tras las que nuestros hijos se ocultan con la más completa estupefación grabada a fuego en su rostro. Algo une, no obtante a unos y a otros, eso sí: lo harán sin derecho alguno, sin la menor autoridad, como siempre lo han hecho. En eso al menos, son coherentes y se asimilan.