miércoles, 24 de febrero de 2016

El hombre que pasaba las páginas

Tantos años enarbolando la bandera de la francofobia más visceral y en apenas doce meses, miro las estanterías apelmazadas de libros de mi casa y podría pasar perfetamente por uno de esos amanerados y ampulosos seres que viven detrás de los Pirineos. Y como dirían Les Luthiers (otro franchutismo, no, si ya te digo yo que...) la cosa sigue siguiendo y tras Emmanuel Carrère, Ettiene Davodeau y Michelle Houllebecque, toma posiciones un nuevo gabacho en mi "pole" de escritores favoritos. ¿Su nombre? Pierre Lemaitre y el motivo de su incorporación a mi selecta colección de libros la que fue su segunda novela, "Vestido de novia" que es de la que les voy a hablar hoy en esta su escombrera favorita.

Y no es tarea fácil la que pretendo emprender hoy porque "Vestido de novia" es de esos libros de los que cuanto menos se sepa, más se disfrutan. Una sinopsis detallada podría llevar al curioso a desecharla con un lapidario "más de los mismo" y una ausencia total de información convierte el interés que pueda generar la obra en un tuit mediocre al que sepultan sus desenfrenados hermanos. Me limitaré a decirles que en sus páginas van a tener la suerte (o la desgracia) de conocer a Sophie, una joven parisina que parece sacada de las páginas del guión de "Memento" a cuyo alrededor la vida (la suya y las de los demás) se desmorona cada vez que sus ojos se cierran. No sé si es poco o mucho, pero no pienso decirles más del argumento. Y no les recomiendo que indaguen mucho por la Red, hay mucho incontinente verbal en la blogosfera y pueden salir trasquilados de la experiencia.

La novela se estructura en dos partes bien diferenciadas separadas a su vez en otras dos mitades cada una. La primera de ellas sirve a Lemaitre para presentar a Sophie y es, en pocas palabras, magistral. Hay imágenes poderosas, una atmósfera claustrofóbica, ritmo, un personaje que se gana al lector desde el primer momento y las suficientes sombras como para seguir buscando el interruptor de la luz. La segunda es un cambio de ritmo que ni John Bonham en plenitud de facultades hubiera podido igualar. No digo nada más. El lector se queda en medio de una isla desierta, sin asideros, contemplando como el infierno se desata sobre la pobre Sophie y con más de 150 páginas por delante que no hay modo de anticipar. Solo cuando nos vamos acercando al final de esta parte contemplamos ojipláticos la trampa sublime del amigo Lemaitre.

La tercera y cuarta parte, mucho más convencional, pero igualmente absorbente se acelera, quiebra y requiebra y conduce hasta un final en el que todo encaja (título de la obra incluido) pero que desgraciadamente, no puedo calificar de redondo por esa manía que le ha entrado últimamente a todo el mundo de rizar el rizo rizado con la rizadora de rizos en las últimas secuencias o, como es el caso, en las últimas páginas con el único y, en ocasiones como esta, estéril intento de sorprender aunque sea de forma gratuita hasta el telón. Un borrón que deja un regustillo amargo pero que no le quita un ápice de grandeza a la titánica labor que lleva a cabo mi nuevo mejor amigo afrancesado.

Con su habitual habilidad para comprimir conceptos y salir airosos, los anglosajones han creado un término que le va como anillo al dedo a "Vestido de novia": page turner. Y esa, ni más ni menos, es la definición perfecta para este thriller angustioso y apasionante que hoy les recomiendo,  un volteador de páginas, un correpáginas, un placer literario, un libro de esos tan queridos por los aficionados en los que lo que te tortura no es saber el número de páginas que te faltan, sino que sean tan pocas.

4 comentarios:

Éowyn dijo...

¡Hola Tarquin!
No conocía el libro y por lo que cuentas parece interesante. Lo apunto para leerlo en cuanto pueda.

Un saludo!

Tarquin Winot dijo...

No te arrepentirás, Éowyn. Espero noticias...

miquel zueras dijo...

Me apunto esa novela pues ya había leído "Nos vemos allá arriba" del mismo autor y me gustó mucho.
Saludos!
Borgo.

Tarquin Winot dijo...

La tengo en mi lista de pendientes con el número dos, Borgo. Ya te contaré. Las referencias son aú mejores que las de ésta.