
Con la única y exclusiva intención de poder escribir a partir de ahora sobre las cosas que realmente me interesan (es decir, el cine, los libros, la música, las crecientes habilidades de la bella heredera y la deslumbrante presencia de la señora Winot), me voy a permitir la licencia de empezar esta etapa dando unos consejos a nuestro presidente, siempre desde el cariño y el respeto que merece. A ver si hay suerte, los sigue y me ahorro tener que dedicar tantas entradas a su incompetencia interestelar. Las probabilidades son escasas, pero, nada pierdo por intentalo.
1.- Unifique su discurso, señor presidente. Organice a su equipo y proporciónele un camino a seguir. Le pagan por ello. Y no poco, precisamente. No es muy tranquilizador para el ciudadano el comprobar que su equipo se contradice con ostentación, se pisa el terreno y es capaz de decir lo uno y su contrario a veces en el mismo día. Que cada uno se ocupe de su parcela y no meta los pinrreles en las de los demás.
2.- No suba los impuestos. Ni merece la pena ni se lo va a agradecer nadie. Si quiere tener un resquicio de esperanza a la hora de salir del agujero en el que nos encontramos, no castigue al que ahorra ni se lo ponga más difícil al que que consume. No coloque en el disparadero de salida a la inversión extranjera en dirección a otros países con impuestos mas bajos. Asuma de una vez por todas que la recaudación del IVA, no ha sido mínima por que el tipo es bajo, sino porque no se consume. Incentive el consumo con una bajada de impuestos y verá como las cosas empiezan a cuadrar.
3.- Ya está. Quiso hacerlo y lo hizo. Muy bien. Pero por favor, ahórrese otro "Plan E". El paro no lo va a detener usted a base de rotondas nuevas, semáforos de colores y pistas de tenis. Si crea trabajo precario y, además orientado a la superficiliadad más estúpida, tendrá ciudadanos precarios, molestos y con ganas de meterle las ideas allá donde la espalda pierde su honroso nombre. Somos uno de los países con más paro de Europa, sino el que más. Olvídese de los subsidios y pregunte a los que andan por delante de usted en la clasificación. No sea orgulloso. Seguro que algo aprende. No nos dé pescado. Enséñemos a pescar, si le es posible, por supuesto.
4.- El norte también existe. A pesar de que sus votos se hornean en Andalucía y en Cataluña, no estaría de más que tomara nota de lo que ocurre en Euskadi. Un miembro de su partido es ahora presidente de dicha Comunidad Autónoma con el apoyo de los diputados del Partido Popular. Y no se ha convertido en franquista, ni el pelo se le ha engominado ni hace dos mil abdominales diarias. La democracia es el poder del pueblo. Y tan pueblo es el que le vota como el que no. Si la situación está descontrolada, quizás debería dejar de huir hacia adelante, escuchar a las demás fuerzas políticas y articular un plan de emergencia de las dimensiones que una crisis como la actual precisa.
5.- Y, por último, no se confunda. A pesar de que los españoles le votaron mayoritariamente en las pasadas elecciones, no son idiotas. No nos trate como tales. No niegue la evidencia de la gravedad de la situación, deje de cultivar brotes verdes, efímeos y quebradizos y ate corto a los (muchos) sectarios que esconden sus filas. Evite que abran la bocaza para desgranar vaguedades y bobadas trasnochadas con hedor a demagogia en estado de descomposición. No olvide que su partido, a pesar de lo que pueda parecer, es un partido histórico, con grandes nombres en su trayectoria y una piedra angular de nuestro sistema político. Teniendo a mano a Leire Pajín, a Bibiana Aido y tantos otros incompetentes, no mande a escardar cebollinos a los que saben de esto, como Ramón Jaúregui o Jordi Sevilla. Sea respetuoso con los demás y con su inteligencia. Solo entonces podrá exiguir reciprocidad.
1.- Unifique su discurso, señor presidente. Organice a su equipo y proporciónele un camino a seguir. Le pagan por ello. Y no poco, precisamente. No es muy tranquilizador para el ciudadano el comprobar que su equipo se contradice con ostentación, se pisa el terreno y es capaz de decir lo uno y su contrario a veces en el mismo día. Que cada uno se ocupe de su parcela y no meta los pinrreles en las de los demás.
2.- No suba los impuestos. Ni merece la pena ni se lo va a agradecer nadie. Si quiere tener un resquicio de esperanza a la hora de salir del agujero en el que nos encontramos, no castigue al que ahorra ni se lo ponga más difícil al que que consume. No coloque en el disparadero de salida a la inversión extranjera en dirección a otros países con impuestos mas bajos. Asuma de una vez por todas que la recaudación del IVA, no ha sido mínima por que el tipo es bajo, sino porque no se consume. Incentive el consumo con una bajada de impuestos y verá como las cosas empiezan a cuadrar.
3.- Ya está. Quiso hacerlo y lo hizo. Muy bien. Pero por favor, ahórrese otro "Plan E". El paro no lo va a detener usted a base de rotondas nuevas, semáforos de colores y pistas de tenis. Si crea trabajo precario y, además orientado a la superficiliadad más estúpida, tendrá ciudadanos precarios, molestos y con ganas de meterle las ideas allá donde la espalda pierde su honroso nombre. Somos uno de los países con más paro de Europa, sino el que más. Olvídese de los subsidios y pregunte a los que andan por delante de usted en la clasificación. No sea orgulloso. Seguro que algo aprende. No nos dé pescado. Enséñemos a pescar, si le es posible, por supuesto.
4.- El norte también existe. A pesar de que sus votos se hornean en Andalucía y en Cataluña, no estaría de más que tomara nota de lo que ocurre en Euskadi. Un miembro de su partido es ahora presidente de dicha Comunidad Autónoma con el apoyo de los diputados del Partido Popular. Y no se ha convertido en franquista, ni el pelo se le ha engominado ni hace dos mil abdominales diarias. La democracia es el poder del pueblo. Y tan pueblo es el que le vota como el que no. Si la situación está descontrolada, quizás debería dejar de huir hacia adelante, escuchar a las demás fuerzas políticas y articular un plan de emergencia de las dimensiones que una crisis como la actual precisa.
5.- Y, por último, no se confunda. A pesar de que los españoles le votaron mayoritariamente en las pasadas elecciones, no son idiotas. No nos trate como tales. No niegue la evidencia de la gravedad de la situación, deje de cultivar brotes verdes, efímeos y quebradizos y ate corto a los (muchos) sectarios que esconden sus filas. Evite que abran la bocaza para desgranar vaguedades y bobadas trasnochadas con hedor a demagogia en estado de descomposición. No olvide que su partido, a pesar de lo que pueda parecer, es un partido histórico, con grandes nombres en su trayectoria y una piedra angular de nuestro sistema político. Teniendo a mano a Leire Pajín, a Bibiana Aido y tantos otros incompetentes, no mande a escardar cebollinos a los que saben de esto, como Ramón Jaúregui o Jordi Sevilla. Sea respetuoso con los demás y con su inteligencia. Solo entonces podrá exiguir reciprocidad.





