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viernes, 18 de febrero de 2011

De dos en dos


Nunca he sentido la menor simpatía por José María Ruiz Mateos. Para ser completamente sincero, reconozco, eso sí, que en numerosas ocasiones me ha provocado la carcajada, pero la risa y la simpatía no tienen que ir de la mano: ésta surge de la empatía, pero aquélla puede nacer de múltiples fuentes, incluida la vergüenza ajena, la lástima o, apurando un poco, la sincera aversión.

En general, aquello que me cuesta dinero y no disfruto me provoca un comprensible rechazo y no debemos olvidar que las sociedades del empresario gaditano le han costado al contribuyente español muchos miles de millones. Y a juzgar por las noticias publicadas hoy en prensa, es más que probable, que el saneamiento del nuevo bardal creado por los Ruiz Mateos, vuelva a costar nos otro riñón mientras que el de Don José María y su estirpe se blinda en Suiza, Andorra y otros paraísos fiscales. Experiencia al respecto de este asunto, lo cierto es que atesoran.

Ruiz Mateos juega la rentable carta del injustamente perseguido. Y el tío, hay que reconocerlo, la juega muy bien. Porque, a pesar de que el Tribunal Constitucional ha declarado en no pocas ocasiones, la adecuación a derecho de la expropiación del Grupo Rumasa, ocurrida en los ochenta, la imagen que mucha gente en la calle tiene de la familia Ruiz Mateos es la de unos honestos y laboriosos empresarios entregados a la hoguera por los demonios socialistas y martirizados durante décadas en un laberinto político-judicial-administrativo- judeomasónico del que solo han sido capaces de salir con humildad, coraje, trabajo duro y obstinada valentía. Olvidan mencionar el colchón y la lona que, sin duda, debieron guardar durante la tormenta por si tocaba dormir a la intemperie, pero eso no parece importar.

Hoy, muchos años después, José María Ruiz Mateos vuelve a demostrar que gestionar empresas no es lo suyo. Y hoy, como ayer, da inicio el espectáculo grotesco de antaño, en el que Boyer y sus muchachos son sustituidos por Botín y los suyos y en el que, con indescriptible cinismo, el clan de Rota vuelve a presentarse ante la opinión publica como una suerte de fundación sin ánimo de lucro "comprometida con el empleo" y olvidando mencionar su descomunal deuda bancaria, los millones de euros en impuestos y pagos a la Seguridad Social que adeuda desde hace años y la oscura contabilidad que manejan las sociedades que componen este nuevo chiringuito.

Lo llevan claro quienes fueron tan estúpidos como para invertir en sus opacas, obtusas e incomestibles empresas. Para cuando quieran recuperar su dinero, los nietos de Don José María peinarán canas y su única esperanza de ver un euro (que bien perdido estará por avaricioso e inconsciente) será que los descendientes de aquellos que hoy vuelven a empujan sus empresas al abismo hayan montado otro mecano financiero que funcione algo mejor. Los precedentes no invitan al optimismo, pero con esta gente, todo es posible.

lunes, 6 de julio de 2009

Dionisio, el cretino


Si el descubridor de la vacuna contra el Sida y Belén Esteban coincidieran a la entrada de un restaurante y tan sólo quedara una mesa libre, mucho me temo que sería la escuálida musa de la prensa rosa la que desdoblaría la servilleta. Pero, si en lugar de coincidir con la verdulera catódica, al pobre hombre le tocara en suerte disputar mantel y cubierto a "El Dioni", más le valdría acercarse al mesón más cercano a por un pincho de tortilla si no es su deseo acostarse con el estómago vacío. Para el resto de los clientes también sería mejor que fuera la Esteban la agraciada y así se ahorraban codazos cómplices y comentarios admirativos de los vecinos de mesa del estilo, "mira, es "El Dioni", menudo ojo tiene éste" o "Dioni, que grande eres. La próxima vez me llamas".

Nunca he entendido el entusiasmo y la complicidad de la que este vulgar chorizo parece disfrutar entre un amplio sector social: Sabina le dedica canciones y Santiago Segura lo invita a participar como invitado en casi todos sus proyectos cinematográficos y televisivos; el tipo ha grabado varios discos, concede entrevistas a medios de cualquier pelaje (lo que implica que alguien solicita el encuentro) y de no haber sido porque la autoridad judicial correspondiente se lo impidió, hubiéramos tenido que soportar, hace unos pocos años, su estrábica mirada en más de un programa televisivo. Aunque al final de poco sirvió y nos lo encontramos a cada momento en casi todas las cadenas.

La gente parece olvidar que Dionisio Rodríguez Martín no es más que un ladrón al que un día le tocaron las colgantes en su trabajo a finales de los ochenta y robó un furgón de la compañía de seguridad en la que prestaba sus servicios, largándose a Brasil con casi trescientos millones de pesetas. Allí y mientras con su "hazaña" provocaba la quiebra de su empresa y el despido de todos sus trabajadores, el personajillo en cuestión se fundió la pasta a ritmo de samba, montándose unas fiestas de primera y difrutando de la buena vida a la salud de todos los que nos quedamos en España con la boca abierta. La policía terminó capturándolo y tras unos añitos en la cárcel, le dieron fumata blanca para que siguiera puliéndose el percal que no lograron que devolviera ( unos cien milloncitos de nada) y que según se empeña en afirmar el muy cretino fue entregado a unos amigos de los que nunca ha vuelto a saber nada. A menos que me hayan cambiado en estos días el Diccionario de la RAE, el único nombre que le cuadra a este sujeto es el de delincuente, en cualquiera de sus acepciones.

Y sin embargo, este payaso, recibe reportajes de dos páginas como el publicado ayer por "El Mundo" glosando el aniversario de su machada con un tono de reproche más que diluido y dándole cobertura para decir sandeces como que "yo no robé, le quite el dinero a los más poderosos, a los bancos, que son los que nos lo quitan a nosotros", que, en realidad es un alma cándida ya que "no me llevé 43 millones de pesetas en billetes, que era la nómina de una empresa que limpiaba aviones en Iberia. Como era viernes pensé en que si me lo llevaba les iba a fastidiar las vacaciones a más de uno" o, la mejor de todas, que "si me preguntas si me volvería a llevar un furgón, diría que estoy en ello, porque con la golfería de políticos y empresarios que actualmente hay, me animan a ello".

Me encantaría que se cumplieran sus deseos y volviera a intentarlo. Ojalá sus seguidores le dieran el último empujón y decidera volver a robar. Sólo así podrían volver a pillarlo y meterlo en la cárcel por reincidente durante una buen pila de años, con peluca y todo. Incluso, con un poco de suerte, podría conocer allí a algún dulce y cariñoso admirador que le enseñara, de verdad lo que es "reventar un furgón". Me temo que no caerá esa breva. Este imbécil es un tipo con suerte.

sábado, 6 de junio de 2009

Zeroladas


Iba a decir que, fuera de Madrid a Pedro Zerolo no lo conocía ni su padre, pero, dado el peso político interestelar que están adquiriendo en los últimos días los miembros de la Ejecutiva Federal del PSOE, con el emperador Petazeta a la cabeza, es posible que me equivoque. Para quienes nada sepan de este caballero de frondosa melena y gesto jovial cuya fotografía en felina actitud acompaña esta entrada, puedo decir, por resumir un poco que Pedro González Zerolo es a la progresía dominante lo que la Coca- Cola a la humanidad: la chispa de la vida.

Concejal en el Ayuntamiento de Madrid, Secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG del PSOE y miembro de la Ejecutiva del mismo partido, presidió además durante varios años la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales. Fue uno de los primeros homosexuales en casarse con su pareja tras la aprobación de la ley que así lo permite (en cuya tramitación participó activamente) y es capaz de declarar en una entrevista que sólo desde la izquierda se puede entender lo que es una sociedad heterogénea, plural y diversa sin que se mueva un rizo de su envidiable mata de pelo. Detesta el capitalismo "salvaje," el multilateralismo, a Bush, a Aznar, al PP y a la Iglesia Católica. Defiende a morir la Alianza de Civilizaciones y dispone de un blog (http://www.zerolo.es/) en el que bajo el título de "uno más, nada menos" trata con profundidad temas tan atractivos y poco trabajados como la economía sostenible, las políticas neoconservadoras que han creado las crisis y el laicismo como sublimación de la libertad de conciencia.

Además de cumplir con todos los tópicos de la progresía desnutrida que domina hoy la escena política, Pedro Zerolo, como el resto de la fauna socialista de este tiempo, acostumbra a protagonizar iniciativas llamativas y comerciales, pero tan huecas y carentes de entidad como el cerebro de Leire Pajín. La última ha sido oficiar el "bautismo civil" del hijo de Cayetana Guillén Cuervo, otra que también está encantada de haberse conocido.

El acto, que se ofició en el Ayuntamiento de Madrid consistió entre otras lindezas en leer los artículos de la Carta Europea de los Derechos del Niño y algunos poemas y canciones. Cayetana siempre en el candelabro ha declarado que desde que nació su hijo, deseaban "darle la bienvenida a una vida laica y democrática que estuviera de acuerdo con nuestras convicciones y creencias". Zerolo, por su parte ha logrado evitar partirse la caja mientras aclaraba que "se emplea la palabra bautizo de una manera simbólica; sin tener nada que ver con el sacramento. Igual que se bautiza un barco o un edificio". Y sin ganas de provocar, olvidó decir.

Parece mentira que el amigo Zerolo y el resto de la caterva de cretinos que campan a sus anchas en las filas del PSOE se arropen con las mismas siglas que un día me ilusionaron y motivaron lo suficiente como para depositar mi voto a su favor en un buen número de elecciones. Tanta palabrería hueca, tanto tópico trasnochado, tanta necesidad de llamar la atención y tanto sectarismo ramplón y primario dan una imagen aterradora del futuro del partido y una no menos terrible de los componentes de su electorado que aplauden este tipo de patochadas. En realidad, parecen tener una obsesión especial por hacer suyas las instituciones religiosas de las que tanto abominan y no me extrañaría que, en breve, apareciera una "comunión" o una "confirmación" civil. Ya han conseguido con sus sandeces que reniegue de mi pasado como votante del PSOE; sólo faltaría que lograran vencer mi agnosticismo y me convirtiera en beato de misa diaria. Lo veo difícil, la verdad, pero estos son capaces de venir a mi casa y montarme una (ca)zerolada para conseguirlo. O de bautizarme "civilmente", que no sé que es peor.

lunes, 9 de marzo de 2009

Lo que yace entre las palabras


Hace ya unos años, en uno de sus excelentes artículos semanales para el dominical de "El Pais", el novelista Javier Marías comentaba la indignación que le producía leer entre las linea de una frase aparentemente inofensiva e incluso bienintencionada a primera sangre, un sustrato negativo y agresivo que discurría venenoso entre las orillas de lo políticamente correcto. A título de ejemplo, el escritor hacía referencia a un anuncio de una ONG que, tras mostrarnos desoladoras imágenes de la hambruna africana más rotunda, en plena hora del almuerzo y sobre el plano fijo de un niño con claros síntomas de desnutrición, culminaba el mismo con la frase, "¿Vas a dejar que muera?" sobreimpresa en la pantalla. "Aunque no lo expliciten", escribía Marías "el receptor completa la frase: … so cabrón?".

No he podido evitar recordar ese artículo cuando he leído en la portada de la edición española de "Vanity Fair" correspondiente al mes de marzo de este año, a Don Emilio Botín, presidente del Grupo Bancario Santander, con unos beneficios declarados en 2008 de 8.876 millones de euros, declarar, con la que está cayendo, que "tras el caso Madoff, duerme igual de bien". Con un par.

Parafraseando a Javier Marías y preso de su misma indignación, aunque no lo expliciten, el receptor, es decir, el que suscribe y mientras las economías de medio mundo se desploman , completa la frase:.... "total, yo no invertí un euro ni soy uno de los afectados. A mí que me registren, me importa una mierda". Y punto. Los centenares de afectados, con más de 50.000 millones de euros entrampados en una telaraña financiera intransitable y todos aquellos que, gracias a fraudes de este estilo han perdido casi por completo la confianza en el sector financiero internacional le arropan con cariño y le desean que, al menos usted, pase una buena noche. Mañana más.

lunes, 23 de febrero de 2009

Por española


No soporto a Penélope Cruz. Y no es por seguir esa costumbre tan nuestra y tan estúpida, por cierto, de recelar y cargar contra lo propio. Simplemente no la soporto. Y me daría igual que fuera española, sueca o canadiense, rubia o morena, alta o baja, actriz o reponedora en un supermercado. En pocas palabras, su presencia en una pantalla me resulta inadmisible. Y no va a dejar de serlo por ser española o por ganar un Oscar.

En estos tiempos tan nacionalistas que vivimos, un servidor no se tapa con otra bandera que la del trabajo bien hecho. Dentro y fuera de nuestras fronteras, un buen número de españoles llevan a cabo su trabajo con una calidad extraordinaria y otro buen número de ellos hacen de la chapuza un arte y del marketing un arma de destrucción masiva. Sin salirnos del mundo del cine, personajes como Javier Bardem, Alejandro Amenabar o Pedro Almodovar han vuelto a España con un Oscar debajo del brazo y, con sus lógicos matices, existía una cierta coincidencia en catalogar el premio como merecido, en primer lugar y como entregado a un español en segundo. En el caso de Penélope Cruz eso, desgraciadamente, no ha sido posible. Y la razón es muy clara.

A diferencia de sus predecesores, Penélope Cruz es una artista limitada. Muy limitada, de hecho. Dejando a un lado su experiencia con Fernando Trueba en "La niña de tus ojos" y, con matices, su papel en "Volver", de Pedro Almodovar, nuestra flamante compatriota se ha limitado, durante toda su carrera, a pasear sus morritos por no menos de una docena y media de mediocridades absolutas y a pasar desapercibida en otras tantas buenas producciones acreditando una falta de destreza en la dicción ciertamente portentosa y, eso sí, haciendo gala de un poderío vocal y gestual ciertamente extraordinario.

Desde que descubrió que el histrionismo no era una infección cutánea, nuestra Pe se ha hinchado a gritar, gesticular y manotear en el aire como si le faltara el aliento o su compañero fuera sordo y ciego. Sus ojillos de cordero degollado han acompañado un fogoso encuentro sexual y no han sufrido mutación alguna cuando de leer la Biblia se ha tratado. En este sentido, su papel en la execrable "Vicky, Cristina, Barcelona" es puro Pe. Por si fuera poco, es antipática, agria y carece del menor rastro de estilo que le impida parecer la vecina del quinto en una mala mañana sin dedicar al asunto no menos de seis horas de modista, peluquero y maquillador

Lo que sí hay que reconocer a la niña es que ha diseñado su carrera con la precisión de un cirujano. A golpe de polvo, podríamos decir ( veremos lo que tarda en despachar a Bardem una vez lograda la reluciente estatuilla): hoy aparezco junto a esta estrella de Hollywood, mañana enredo a Isabel Coixet para que me dé un papel serio y académico y pasado me visto de monja para visitar el Sahara en compañía de un cowboy de rudos modales. Es evidente que el sistema ha funcionado a las mil maravillas y desde hoy, en la repisa de su salón descansa un premio que por el momento no lo ha hecho en las de Glenn Close, Annette Bening, Julianne Moore o Joan Cusack. ¿El primer Oscar entregado por la Academia para una actriz española? Sin duda. Ahora, ¿la mejor actriz secundaria del año? Por favor, un respeto a la profesión.

martes, 7 de octubre de 2008

Morgan, el plúmbeo


Su presencia en una película suele ser garantía de calidad. Sin entrar en mucha profundidad, obras como "Cadena Perpetua", "Sin perdón" o "Million Dollar Baby" así lo acreditan. Pero no es menos cierto que cuando Morgan Freeman se pasea por una pantalla, las posibilidades de sufrir un discurso plomizo y aburrido sobre la reproducción asexual del escarabajo pelotero aumentan de manera exponencial.

Da igual que su papel sea el de un curtido policía de turbio pasado, un presidiario que busca la reinserción o el jefe de una hermandad de asesinos huidos de Matrix. En algún momento y sin mediar preaviso, Morgan desplegará una chapa de plomo sobre el infortunado protagonista y para su deseperación y la de los sufridos espectadores iniciará una cháchara incesante y monocorde, generalmente con obvia moraleja, que dejará a su víctima con el esfínter dilatado hasta nuevo aviso.

Además, al tratarse de un "secundario de lujo" y "un actor de carácter" perpetra sus crímenes verbales con un aire de superioridad bastante cargante y, normalmente, en pie frente a su presa, con el semblante pétreo y un aire de resabiadillo muy estomagante, mientras observa el auditorio con un aire de "déjame que te cuente, limeño" que echa de espaldas.

Es una pena, porque, en general, participa en proyectos altamente interesantes, pero su incontinencia verbal me lleva a huir acobardado de aquellas películas en las que este hombre asoma la nariz. Tan pronto como se dé anuncio a su papel de miembro de una asociación de sordomudos volveré a intentarlo, pero mientras tanto, Morgan, ahí te quedas con tus comidas de oreja y tu voz en off. Parafraseando a Joaquín Sabina, estas orejas no sufren más por ti.

miércoles, 15 de agosto de 2007

El cubo negro


Aunque todavía hay países en los que tirar la basura es una alternativa al lanzamiento con honda, en sociedades como la nuestra, esta, aparentemente, sencilla actividad es un proceso largo, duro y difícil. Recuerdo que cuando me tocaba tirar la basura en casa de mis padres, era posible bajar las escaleras, atravesar el portal, abrir la puerta a la calle, llegar al cubo, depositar la bolsa y volver en menos de un minuto. Ahora no. Ahora puede pasar un buen rato hasta que consigues decidir en cuál de los varios cubos disponibles es preciso abandonar tus residuos sin que Al Gore venga a comerte la oreja y hacerte responsable del fundido de plomos del planeta.

Cartón, papel, restos orgánicos..... cada cosa tiene su sitio y lugar prefijado, perfectamente separado, compartimentado y etiquetado. Sin embargo, no hay sitio para cada cosa. A veces, surgen dudas. ¿Dónde tiramos una revista con las pastas de plástico y páginas unidas con grapas? ¿Y las botellas de cristal con sus etiquetas de papel y tapones de plástico? ¿Y las basuras humanas? Pongamos por caso a un verdadero ejemplo de basura humana como Jaime Peñafiel. ¿Dónde lo meteríamos?

En principio, parece lógico pensar que debería ser lanzado al cubo de los residuos orgánicos, ya que al parecer es un ser vivo que Granada tuvo la desdicha de ver nacer hace más de setenta y cinco años. Desde hace ya mucho tiempo, pasea su apaletada figura por toda revista, plató de televisión o emisora de radio que decide cargarse su mayor o menor prestigio y contratarlo para que suelte su repugnante papilla de memeces a la que condimenta con un buen puñado de inusitada prepotencia, maldad y sectarismo como es difícil encontrar. Lo peor no es que se arrogue la facultad de juzgar a todo aquel que se le cruza en el camino y no le ríe las gracias sino la presuntuosidad con la que lo hace. Los demás participantes en los circos mediáticos del corazón parecen reconocer en cierto modo su propia mediocridad y recitan su guión a grandes voces y haciendo el payaso de mala manera. El tipejo este, por el contrario, se repantinga en el sillón, se atusa el pañuelo y mientras se abanica con sus trasnochadas gafas de concha, destripa pausadamente al personaje que corresponda con unos aires de superioridad verdaderamente repugnantes, como si, en el fondo, estuviera allí, llenándose los bolsillos con vidas ajenas, por nuestro propio bien.

Pero a pesar de lo anterior, este personajillo no sólo tiene componentes orgánicos, sino que en su interior también se acumula el papel, el cartón e, incluso, el plástico. Y no me refiero a su rancio y desfasado aspecto de vividor de tercera o a sus presuntos retoques plásticos (cada uno envejece con la dignidad que le parece oportuna) sino a las centenares de acartonadas ideas y opiniones despreciables que se pudren en su interior. Afortunadamente, la mayor parte de sus valoraciones caen en saco roto y se convierten en papel mojado apenas salen de su boca o se imprimen en las revistas en las que colabora. De no ser así, si sus comentarios no fueran de todo punto intranscendentes y carentes de peso específico, este tipejo ya estaría en la cárcel o procesado. Porque las barbaridades que ha dicho este señor sobre la Familia Real en general y sobre Letizia Ortiz en particular son una colección de injurias y ofensas como es difícil encontrar. Por mucho menos, hace poco, han secuestrado una edición entera de "El jueves" y han llevado a los tribunales a media plantilla de la revista. Sólo si se consideran sus palabras como los desvaríos de un resentido insignificante es comprensible que no ande con un elegante traje de presidiario desde hace unos años.

No parece por tanto que ni gente como Peñafiel ni las botellas con etiquetas de papel tengan claro donde terminar. No se me ocurre nada para las botellas, pero si tengo una idea para este señor y para gente de similar ralea: un tipo especial de cubo de basura, uno estrecho y negro. Estrecho como sus mentes desoladas y negro, negrísimo, para estar a tono con su lóbrego y tenebroso interior. Y en el fondo del mar, si es posible.

sábado, 12 de mayo de 2007

Resurgen los Borgia

En esa obra maestra eternamente infravalorada que es "El Padrino III" (siempre a la sombra de sus hermanas mayores), Michael Corleone abandona una reunión en El Vaticano en la que se ha visto traicionado y manipulado por una corte de banqueros, religiosos y políticos. Todavía preguntándose como es posible faltar tanto a la palabra dada, exclama para el que quiera oírle que "resurgen los Borgia", en referencia a la familia de intrigantes y pendencieros valencianos de enorme peso político y cultural durante el Renacimiento. Al parecer, esta gente no tenía el menor problema en mentir, manipular, traicionar y pisotear a quien se le pusiera por delante, con tal de alcanzar sus objetivos, generalmente el poder en todas sus vertientes. Incluso matando.


Todo esto me ha venido a la cabeza, mientras veía las primeras imágenes de nuestros queridos políticos poniendo en marcha ese circo que son las campañas electorales. Municipales, en este caso. Y es que, salvando las distancias (ellos únicamente matan de aburrimiento), éstos tampoco tienen el menor reparo en mentir, atacar, falsear y manipular cuanto pasa por sus manos para llevarte al huerto electoral. Y luego, borrón y cuenta nueva. Nunca tienen culpa de nada. La herencia recibida, el PSOE, el PP, la guerra, la ETA, el tiempo, el ciclo económico alcista, el bajista, el maestro armero.... Cualquiera menos ellos. Y si mañana tengo que decir que no a lo que ayer afirme con el corazón en la mano, no pasa nada. Hay asesores y, sobre todo, noticias que sepultarán mis incoherencias en el olvido.


Importa poco que los actos sean claramente electorales y que, en realidad, les importe bien poco si gana el Getafe, el Barcelona o el lucero del alba. Se piensan que somos imbéciles y que, por lo tanto, si vemos a Gallardón en la portada de la revista Zero, eso quiere decir que es un político abierto (con perdón) a todo tipo de orientación sexual y, por tanto, flexible y con una forma de gobernar orientada a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna. Por el contrario, la verdad es que salir ahora en la revista busca, simplemente arañar algunos votos de los homosexuales más indecisos sin, por ello, perder votos de los simpatizantes de su partido, que no dejarán de votarle por muy poco que les atraiga el amigo Alberto. Matemática pura.

Además, los programas electorales son un gazpacho de vaguedades y topicazos tan indigesto que, en general, siempre dejan hueco para la huida. Por ejemplo, el lema del PSOE. "Haremos más". Según ese moderno Cicerón que es Pepe Blanco "se pretende trasladar a los ciudadanos que los socialistas haremos más, precisamente porque miramos adelante. Porque el pasado no nos ata y el futuro nos ocupa, pero no nos asusta”. Yo tampoco veo sentido alguno en esa frase. Supongo que al ser un tipo algo disperso, en su mundo, todavía gobierna Azaña y por eso habla del futuro, es decir, de la guerra civil y la de Irak, del Prestige y del presidente del gobierno, Jose María Aznar. Terrorífico. Y Nicolás Redondo Terreros con carnet de militante de base.
Aprovechemos ahora que salen a la calle, que besan niños, visitan las obras, se tragan las charlas sobre la fabricación de las planchas de plomo rodiado que les sueltan los encargados de las empresas que van a visitar dentro de su estudiadísimo itinerario electoral o te llaman por teléfono pidiéndote el voto, para, por lo menos, decirles que no nos tomen por tontos, que no hagan promesas que no pueden cumplir, que se echen flores cuando proceda, pero que, por la misma razón no pasen palabra cuando se equivocan y reconozcan los errores sin medias tintas, que no usen las desgracias como armas arrojadizas y, sobre todo que no olviden que si tienen lo que tienen, es por nosotros. Seguro que nos escucharán. Aunque el 28 de mayo ya se les habrá olvidado.




martes, 1 de mayo de 2007

El principe valiente


Está en tercera posición dentro de la linea de sucesión a la corona británica. Hasta el momento, sus mayores aportaciones a la historia son ciertos escarceos con el alcohol, un par de partidos de polo y un disfraz de nazi que dio alas a la prensa inglesa durante meses. Aparentemente no reinará gracias al cielo, porque, por lo poco que se sabe de él, muy listo no parece. Sí, es joven, la testosterona le chorrea por las orejas y todos hemos hecho cosas poco recomendables, pero, claro, él vive en un palacio, no madruga, no tiene hipoteca y, lo que se dice, con el sudor de su frente, me da que no se gana el pan. Más bien con el de los demás.


Por eso, cuando la vida te bendice (o te maldice, según se vea) con una corona o con un título como "príncipe", todo cuenta, todo se analiza y cualquier decisión que tomes, desde el disfraz que usarás en tu fiesta o los copazo que te endosarás el viernes, debe estar medida al milímetro, porque no es Harry el que sale en la prensa sopesándole las tetas a su compañera de mesa sino el que, quién sabe, representará a sesenta millones de británicos algún día o, si no lo hace, el hijo o el hermano del que lo hará, que para el caso es lo mismo.

En consecuencia, la idea que se le ha puesto al niño en las narices de ir a pegar tiros a Irak es cuanto menos, imbécil y, si se produce, más vale que nadie haga ni caso a sus deseos de acción y lo encierren en un bunker durante el semestre que andará pululando por allí. Porque como alguno de los centenares de comandos chiies que ya andan como locos planeando su secuestro lo pillen por banda, el impacto mediático que tendría el hecho es incalculable. Eso sin contar la moneda de cambio con la que se harían o el efecto que causaría su ejecución si llega el caso ( y a éstos tíos no le temblaría el pulso si hay que hacerlo). Por si fuera poco y, precisamente, para intentar evitar que culquiera de estas circunstancias se produzca, el principe valiente viajará a Basora (no había otro sitio, parece) con una unidad especial que lo protegerá día y noche. O, dicho en otras palabras, que se jugará día y noche la vida para que el niño pueda dirigir la unidad de exploración que le han asignado y cuyos miembros deben andar con el escroto comprimido.
Más le valdría a este muchacho dejarse de chorradas y centrarse un poco en el papel que, para bien o para mal, le ha tocado interpretar. Y si quiere acción, que se compre una Play Station.

miércoles, 18 de abril de 2007

Odio a Rizo


Hay odios justificados e universales. En general (aunque siempre hay excepciones), la gente detesta madrugar, los atascos, las obras, hacer cola.....en fin, lo habitual.

Madrugar es odioso por las ganas de suicidarte que te entran al escuchar el despertador. Si estás atrapado en un atasco, se te revoluciona el espíritu al ver que el que más y el que menos estaría encantado de emular a Michael Douglas en "Un día de furia". En las obras, el odio está justificado en que no te queda duda alguna de que el alcalde, aunque se deje tus impuestos en ello, jamás pisará esa M-30 agujereada, pisoteada y embarrada para siempre jamás. En las colas, el mal humor se genera porque tras seis horas de espera tienes la certeza de que te faltará el modelo CD599/25/2007 del Ministerio de Educación para la Ciudadanía con el sello de la DGAC (Dirección General para Administrados Cabreados) y la firma del Subsecretario de la Delegación del Gobierno en Ciudad Real. Y que, en consecuencia, tendrás que volver a madrugar, tragarte de nuevo obras y atascos y perder otras seis horas en la ventanilla.

Pero existen otro tipo de odios que ni están justificados, ni son generales ni universales. Surgen de las tripas; ni de la razón ni del corazón. Bilis en estado puro. Esto es lo que, por ejemplo, me pasa con el odioso erizo Rizo, el protagonista de los anuncios televisivos de Génesis Seguros, empresa que, por lo que parece, no tiene mucho tino a la hora de elegir sus imágenes corporativas, ya que la anterior, el albarcazas de Snoopy, con su eterna cara de empanado también incitaba mucho a la violencia más gráfica y explícita.

Y es que existen cosas con las que no puedo. Por ejemplo, Espinete, el de Barrio Sésamo, caía bien porque era rosa, torpe, acomplejado y, probablemente, homosexual. No sabías bien si darle una colleja, reírle sus estupideces o animar a Don Pimpón a que le enseñara lo que significa la palabra sodomizar. Es decir, a pesar de ser un tipo algo patético, asumía su condición e intentaba pasar por la vida sin molestar a nadie.

Por el contrario, el maldito Rizo es un presuntuoso engolado que se vanagloria ante las cámaras de tener buen olfato y oído ante unas personas (nosotros) a las que no conoce de nada y sobre las que, por tanto, no tiene información alguna. Tampoco se corta a la hora de dar lecciones sobre la vida a una pobre tortuga, abrasándole la oreja con sus historias sobre viajes que, obviamente, el pobre animal nunca podrá vivir mientras se contonea con sus patitas de poliomelítico y luce su sombrerito mejicano. Si en ese momento, la tortuga se las hubiera apañado para salir de su caparazón, hundirle el sombrerito hasta los pies y lanzarlo carretera abajo para que se reventara contra algún arbol, ya tendría un nuevo guía espiritual.

Por si esto no fuera suficiente, el tío es retorcido en sus tendencias sexuales y, en un claro gesto de bestialismo inaceptable, intenta ligarse a una estúpida humana en un gimnasio, mientras suda la gota gorda en una cinta de correr. ¡Qué momento de felicidad aquél en el que, seguramente cegado por imágenes libidinosas, el jodido bicho da un traspiés y se despeña por la cinta con el pánico en sus ojos y el deseo sincero de que alguien hubiera colocado una trituradora de carne bajo la máquina, brillando en los míos! Desafortunadamente, nadie tuvo tan feliz idea y en la imagen siguiente, el odioso personaje aparece de nuevo, en perfecto estado de revista y levantando una mierda de pesa para regocijo de la antedicha estúpida.


Por culpa de este saco de púas, no esquivo a los erizos en las carreteras, quemo los videos de Espinete de mis sobrinos a la menor oportunidad y no puedo ver a un tipo con el pelo de punta sin sentir en mi interior la necesidad de raparlo al cero a tirones. Sí, es irracional, absurdo, injustificable, todo lo que tu quieras............ pero procura no cruzarte en mi camino, bicharraco asqueroso, en esta ciudad no hay sitio para los dos.