jueves, 26 de septiembre de 2013

Volando voy: Sicilia (1ª Parte)

Mi abuela perfecta siempre fue Sofía Petrillo y ya es legendaria mi pasión casi enfermiza por la trilogía de "El padrino" y por "Léolo". Si a eso le añadimos que una de mis óperas favoritas es "Cavalleria rusticana" y que no hay manera más delicioso de tomar unos spaghetti que "alla norma", creo que coincidirán conmigo en que visitar Sicilia era una simple cuestión de tiempo. De modo que tras un mes de julio apocalíptico (pocos peores, creanme) y como uno está en una edad en la que este tema del tiempo empieza a ser relevante, el Clan Winot al completo (herederas incluidas) partió, el pasado mes de agosto rumbo a la isla italiana para comprobar si Sicilia es esa tierra de maravillas que los libros, la música y el cine tan enconadamente se han empeñado en mostrar. Desde ya mismo les digo que el experimento ha sido un éxito y que todo lo bueno que se puede decir de la isla es poco. De hecho, me temo que habrá que dividir el relato de mi periplo siciliano en un par de entradas para que tan delicioso bocado no resulte indigesto.

Antes de nada, tengan en cuenta que nos encontramos ante la cuarta isla de Europa por dimensiones, puesto que ocupa gracias a sus casi 26.000 kilómetros cuadrados de superficie. Por tanto, cuando les digo que he visitado Sicilia, lo que realmente debería decir es que he visitado el extremo sudoriental de una isla llamada Sicilia. De modo que, desde ya mismo les voy anunciando que no he podido pisar las calles de Palermo ni las de Corleone y me he quedado con las ganas de tomar el sol en las hermosas calas de Cefalú. Sicilia es un pozo sin fondo de belleza, cultura y ocio y creánme cuando les digo que sería necesario un mes entero, herederas no incluidas, para poder volver a España diciendo que se ha visitado la isla sin faltar a la verdad.

A falta de Cefalú, bueno es Vulcano
No obstante lo anterior, que quede claro que con cuatro criaturas de corta edad a bordo, ni Phileas Fogg hubiera podido lograr un mayor aprovechamiento del tiempo. Hemos disfrutado de la maravillosa gastronomía siciliana como si fueran a prohibir su consumo y, por supuesto, hemos regado dichos manjares con recios vinos de la tierra y con la frescura y el delicioso sabor de las primorosas cervezas de Birra Moretti que caían fusiladas en perpetuo auto-reverse cortesía del implacable sol siciliano. Por supuesto, los helados se han convertido en elemento indispensable de nuestra dieta diaria y hubiera sido para llevarnos a un concierto de Duncan Dhu si no hubiéramos aprovechado la estancia en Sicilia para atiborrarnos de cremosos capuchinos modalidad XXL.

Aquí la Birra Moretti.... aquí unos amigos.
 Hemos languidecido en playas de todo pelaje: de arena dorada, empedradas de cantos rodados y carbonizadas por azufre volcánico. Hemos comprobado que conducir por las carreteras sicilianas es un acto de fe y que llegar a tu destino depende más de los buenos augurios y del viento de poniente que de las incomprensibles, contradictorias y odiosas señalizaciones que tachonan en estado de ruina sus arcenes. También, al hilo de esto, nos hemos devanado los sesos intentando encontrar respuesta a la pregunta de cómo es posible que aún queden vivas más de cinco millones de personas en la isla, teniendo en cuenta el horror que supone la conducción esquizoide y homicida de la que hacen gala los aborígenes del lugar. Aún no hemos logrado obtener una respuesta.

La conducción precaria se mama desde la autoescuela en Sicilia.

Y, por supuesto, por encima de todo, hemos visitado espectaculares paisajes naturales como las Islas Eolias o el Etna, maravillas arquitectónicas como las que atesoran Catania o Siracusa y, por supuesto, hemos disfrutado del esplendor y el encanto incombustible de la bella Taormina. Pero de todo esto, y de mucho más, no se vayan a creer, les hablaré en la segunda parte de esta apasionante saga épico-culinaria-cultural que les emplazo a leeer en unos días. Permanezcan atentos al ladrillo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

M.A.T.E.O. (que te veo): Lost

En tanto en cuanto termino de perfilar una nueva entrega de "Volando voy" para comentarles el viaje a Sicilia que el Clan al completo ha llevado a cabo este verano, inaguramos la séptima temporada del ladrillo con una nueva sección cuya única intención es divertirme y divertirles- no necesariamente en ese orden- rememorando monumentos televisivos que, por una u otra razón se me han quedado grabados en la mente como si del protagonista de "Dream on" se tratara.  

Momentos Antológicos Televisivos Escrupulosamente escOgidos (no había otra forma de encajar el rompecabezas, qué le vamos a hacer) o, en su mucho más comercial y reconocible acrónimo de M.A.T.E.O. nace con las mínimas pretensiones literarias y un evidente deseo de tratar con ligereza un tema aún más ligero como es el de la televisión y lo que desde ella nos cuentan. Respecto a la coletilla de la sección, como podrán imaginar, ha sido imposible no caer en la emboscada del chiste fácil. Mis disculpas, pero ya les he avisado que todo esto no va a ir muy en serio y el tema de la sección me lo dejó a huevo.

Y el M.A.T.E.O. con el que arrancamos es el contenido en los minutos iniciales del primer capítulo de la segunda temporada de la celebérrima"Lost", sin la menor duda, uno de los WTF!! más logrados de la historia de la televisión. A mí, personalmente, la serie, terminó por desquiciarme y veía los capítulos sólo por la esperanza de ver morir uno por uno y entre horribles dolores a cada uno de los protagonistas de este interminable desbarre catódico que se alargó durante seis e innecesarias temporadas para culminar en un esperpento que todavía da que hablar. Pero una cosa no quita a la otra y el arranque de aquella segunda temporada fue sencillamente deslumbrante.

Pongámonos en antecedentes por si hay algún ser vivo que haya permanecido congelado y aislado en cemento durante la última década: "Lost" narra las desventuras de un grupo de personas en una isla aparentemente deshabitada tras sobrevivir a un accidente aéreo. La isla de marras resulta ser un lugar de lo más inquietante, con una densidad de población que rivaliza con Tokyo y con más misterios por metro cuadrado que pisos vacíos en la costa mediterranea. El enigma más inquietante de esta primera temporada (cada una tuvo el suyo, la mayoría de los cuales terminaron por no resolver) resultaba ser una escotilla oculta en un claro de la selva y que no se abría ni a tiros. En el último capítulo de su primera temporada, los protagonistas lograban abrirla finalmente a petardazo limpio, dejando al descubierto un pozo de profundidad insondable. El capítulo y la temporada concluía con la cámara deslizándose por la recién descubierta oquedad mientras los intrépidos losties se abismaban en ese agujero sin fondo sin pillar una de lo que estaba pasando. 

Es, sin ninguna duda, uno de los cliffhangers más grandes de la historia de la televisión y los que, por entonces vivíamos por y para la serie, los meses que separaron la primera y la segunda entrega fueron un martirio en toda regla. Cuando el primer capítulo de la nueva temporada estuvo en mi poder y vi lo que pueden contemplar en el vídeo que acompaña esta entrada, supe que algún día existiría esta sección y que estos pocos minutos de genialidad desatada la inagurarían. Que lo disfruten.


lunes, 15 de julio de 2013

Superior


Antes de empezar, un aviso: en esta entrada me voy a dedicar a destripar el número 700 de Amazing Spiderman (Asombroso Spiderman nº 81 de la edición española), de modo que, si aún no lo has leído, corre a tu tienda más cercana y hazte con él, porque este comic ¡¡HAY QUE LEERLO!! y no perderse uno de los mejores giros argumentales que se han producido en la colección principal de nuestro lanzarredes favorito desde que naciera hace algo más de cincuenta años. Y para un personaje de semejante edad, ya es decir bastante.

Vaya por delante que, por lo que he podido leer por ahí debo de ser el único en el planeta al que le ha gustado la salida de pata de banco del gran Dan Slott: en la red se rifan su cabeza, piden su salida inmediata de la colección (olvidando que el guionista californiano no solo puso punto final a aquel despropósito que fue "Brand New Day" y que con él, Spiderman ha vivido una etapa gloriosa, espectacular, llena de humor. Un blockbuster deslumbrante planificada al detalle) y alguno incluso le ha amenazado con enviar a Gomez de Liaño a pedirle cuentas por el atrevimiento que ha mostrado el muchacho para con el personaje que creara Stan Lee allá por 1962.

Sí, he sido yo. ¿Me ves preocupado?
¿Y qué es eso que ha hecho Dan Slott con el personaje estrella de Marvel? Pues básicamente matarlo. O más concretamente, matar a Peter Parker, quien ha permanecido tras la máscara del lanzarredes- con permiso de Ben Reilly- desde su inicio. Hombre, atrevidillo el hombre si me lo parece, más aún teniendo en cuenta que el 50 Aniversario del personaje ha sido ayer, como quien dice. Y por si fuera poco, la muerte de Peter se ha producido de la peor manera posible, sufriendo la derrota definitiva a manos del Doctor Octopus, con quien el trepamuros llevaba zurrándose desde el número 3 de la colección. Definitivamente, Slott tiene algo de kamikaze en sus genes.

Y digo de la peor manera posible porque la derrota no le ha caído a puñetazos- que también- sino porque Peter ha muerto sabiendo que a ojos del mundo y de sus conocidos, él sigue vivo y coleando- con perdón, Mary Jane-  y es el Doctor Octopus el que ha terminado en la morgue. ¿Que cómo ha sido eso posible? Muy sencillo, una argucia del viejo Doc Ock- machacado físicamente por los palizones provocados por Spidey en los últimos sopotocientos enfrentamientos, pero con el cerebro en forma- que con un quítame allá ese Octobot ha transferido su mente a la de Peter, confinando la de éste en su malogrado cuerpo. Comparten recuerdos (Peter los de Ock, Boda con Tía May incluida. Momento cumbre del AS 698), pero las mentes de cada uno han cambiado de mano, en un trilerismo argumental apoteósico. Como es de imaginar, teniendo en cuenta las ganas que le tenía, en cuanto Doc se vio vestido de azulgrana y con tales poderes, pasó lo que tenía que pasar, es decir, esto:

¡¡Puff, como perro con dos colas me he quedado!!

Como resultado de todo esto- que lleva fraguándose desde el número 600 de la colección y que detonó en el 698 para estallar en el 700- la mítica cabecera arácnida Amazing Spderman desaparece en tan redondo número (no tendría sentido continuar llamándose así con Peter bajo tierra) y aparece en los quioscos Superior Spiderman- en España, a partir de julio, por cierto- con el amigo Ock enfundado en las mallas del lanzarredes y empeñado en demostrar que puede ser muy "superior" a su eterno enemigo en cualquier aspecto de su vida. Una jugada maestra que permite seguir disfrutando de los secundarios habituales de la colección con el añadido de saber si los posos de nobleza que permanecen en el cerebro de Peter- perdón, de Otto Octavius- si el mítico "un gran poder conlleva una  gran responsabilidad" y si el "efecto "Thunderbolts" (más información, aquí ) logran reformar al ególatra  desquiciado de Dock Ock y convertirlo, esta vez sí en un Spiderman Superior. Yo, sinceramente, me muero por saberlo.

miércoles, 19 de junio de 2013

Desde el nido

Aunque llevaba ya casi un año inscrito, no he quedado atrapado en la red social Twitter hasta hace unas semanas, momento en el que como Ananías hizo con Saulo, el pajarillo me ha impuesto las manos (las alas en este caso) y he visto la luz que durante meses me había sido negada y que me había llevado a abominar de esta popular aplicación.

Las redes sociales y yo no nos llevábamos bien. Me encantaría ponerme estupendo y decir que no me gustan porque aislan al ser humano y pervierten las formas de comunicación más clásicas en beneficio de una falsa realidad integrada por individuos por quienes no moveríamos un dedo de cruzarnos con ellos en la vida real. Quedaría fenomenal, no lo discuto, pero, sin dejar de darle una parte de razón, la principal razón por la que deambulo poco por las redes sociales es que me resultan mortalmente aburridas.

Facebook, por ejemplo, me ha parecido siempre la personificación de Onan. Allí todo el mundo parece querer restregar a los demás lo bien que les va en la vida, con que saludable dieta pasan los fines de semana y como se quieren sus amigos y ellos en una vorágine de vida social que marea solo de pensarlo. Instagram, por su parte, es un símbolo claro de que el homo sapiens ha recorrido el camino que descubrió en 1997 Giovanni Sartori y está ya felizmente reconvertido en homo videns. Aquí el texto importa poco o nada. De hecho, me jugaría la bolsa escrotal a que si uno mentara a la madre de quien publica la foto, el aludido pasaría el comentario por alto, pero no por seguir las enseñanzas de Amon Göth sino, fundamentalmente, por que las palabras han pasado por sus ojos con capa de invisibilidad. Y por ultimo, Twitter....... ¡Ay, Twitter!

Twitter, de primeras, para un servidor, era un bardal descontrolado sencillamente ininteligible. Entre las limitaciones que imponen sus 140 caracteres- más si, como es mi caso, padeces incontinencia verbal-  y el laberinto de arrobas y almohadillas que recorren el nido, era prácticamente imposible enterarse de lo que decía la gente y costaba un considerable esfuerzo entenderse y, lo que es peor, hacerse entender. Uno se deja llevar y, cuando se quiere dar cuenta sigue a un millón de personas que le invaden la pantalla de inicio con un aquellarre verbal al que es imposible sobrevivir. Por tanto y como uno ya está mayor abandoné el nido. Es lo normal y no descarto que mucha gente lo haga.

El mundo está tuiteado, quién lo desentuiteará........

Pero hagan un esfuerzo, no tengan prisa. Tómense su tiempo para pasar de un mensaje a otro. Tengan en cuenta que se envían más de diecisiete millones de mensajes diarios en todo el mundo, va a ser imposible leerlos todos, nacen muertos, sepultados por sus hermanos en un parto interminable que aumenta cada día. De modo que no corra, en estos tiempos, el idem es muy relativo. Si hay un enlace a otra página, pinchen sobre él, no lo pasen de largo. A lo peor es una parida, un chiste malo o una diatriba del sicótico de Hermann Tertsch, pero, hay tantas opciones. Y tantas buenas- hace poco he descubierto así la impresionante obra del hiperrealista Pedro Campos o el torrente sonoro de Queens of the Sone Age- que merece la pena probar.

Controlen adecuadamente a quien siguen. Aquí se lleva mucho el "quid pro quo", el teto virtual por así decir, "si me sigues te sigo. Si no, ya sabes por donde te puedes ir yendo". Es importante sembrar en Twitter, sobre todo al principio, cuando uno se encuentra como Superman en la Fortaleza de la Soledad, pero, llegado un punto, los arboles pueden impedirte ver el bosque y perder por el camino algo grande.

No se enganchen únicamente a las personas que admiran o que les caen bien. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo- todavía me relamo pensando en una conversación musical que tuve hace poco con mi admirado J.M.de Matteis- pero merece la pena meterse en aguas pantanosas y acercarse a otro tipo de gente. Sean malos, no olviden seguir también a quienes detesten, personajes a los que siempre han tenido ganas de poner un bozal y nunca han podido. En Twitter es posible y, además, desde el nido, desde la cercania, se ve mejor la profundidad de su estupidez y lo paupérrimo de sus argumentaciones, cuando se ven cercados (lo de algunos políticos es para enmarcar, una vez se seca uno las lágrimas).

Tal vez sea la devoción del converso, el fogonazo que acompaña todo disparo, pero creo que Twitter es mucho más que "otra red social". Su dinamismo, su inmediatez, sus peculiaridades formales y la ausencia de candados y fosos, convierten el nido en una fuente inagotable de información que se nutre de su propia cercanía para llegar a todos y desde todas partes. El riesgo está en que el nido se convierta en un gallinero, en un tumulto, un caos, pero, eso, como casi todo en Twitter, depende de cada uno, lo que es muy tranquilizador, sinceramente.

miércoles, 5 de junio de 2013

Volando voy: Burdeos

Gracias a la infinita generosidad de los abuelos del clan, que acogieron a las herederas en su nido durante el último fin de semana, la bella señora Winot y el que suscribe, en inmejorable compañía (Monsieur Lewis y Monsieur Caro, ambos del brazo de sus deslumbrantes esposas. Casi nada) han pasado unos días de merecido descanso en la vecina Francia y, por ser más precisos, en la localidad de Burdeos. Un paraíso vinícola y cultural cuyo único pero es el estar habitado por esa especie semihumana, terriblemente estirada y de natural antipatía que es la de los franceses. Queda específicamente excluido de esta saturada, aunque irrebatible definición, el gran Jean Baptiste, que tan grato y divertido servicio nos prestó en uno de los inmejorables restaurantes de la ciudad y que, como era de suponer, no era francés al cien por cien.
Será mi francofobia, pero, ¿esto no les recuerda a la alerta biológica?
Desde un punto de vista cultural, la ciudad, una de las más importantes del país, es un vergel arquitectónico deslumbrante. La Basílica de San Miguel, la plaza del Parlamento, el Gran Teatro de Burdeos- colosal, de quedarse con la boca abierta- y, por supuesto, la resplandeciente y monumental Catedral de San Andrés son tal vez los ejemplares más llamativos, pero toda la ciudad desborda una elegancia que te lleva a ir con la vista dirigida al cielo y, en consecuencia, a tropezar con algún francés, con el elevado riesgo de contagio que eso lleva aparejado. Si, además, como fue nuestro caso, el Girondis de Burdeos gana nosequé trofeo futbolísitico, el riesgo alcanza nivel de epidemia.
La foto no es mía, ya quisiera. Mi arte no está a su altura. Gran teatro de Burdeos


Pero cuando uno ha superado los cuarenta y apenas dispone de 48 horas para desconectar antes de reenganchares en la rutina, la pregunta que, de verdad, determina si una ciudad merece la pena ser visitada o no es por supuesto, la que incide en la calidad de su gastronomía. Excepcionalmente, dado que Burdeos es capital de una de las zonas vinícolas más importantes del mundo la pregunta debe ampliarse para conocer si los cacareados vinos de la región merecen los sonoros elogios que reciben- no hay que olvidar que los franceses son especialistas en elogiar lo suyo, sea o no merecedor de los mismos. Por mucho que me duela, tratándose del país vecino, en ambos casos, la respuesta es sí: Burdeos, amigos, es La Meca de la gente del buen comer y el mejor beber. Y sorprendentemente, todo ello a muy buen precio.

Gracias a los contactos de Madoiselle Caro, tuvimos la fortuna de encontrar ubicación en los tres restaurantes más reconocidos de Burdeos: La Tupina, La Brasserie Bordelaise y Le Café du Port, tres monumentos gastronómicos de enjundia donde tumbamos no pocas botellas de vino y donde nos deleitamos con unas viandas maravillosamente presentadas, sabrosas y, ojo al dato, suficientes para alimentar a una compañía de la Legión en plenas maniobras. "Pobre Tarquin, sin duda debió tener que ampliar hipoteca para pagar la cuenta", se preguntarán consternados "Y si encima las raciones eran perceptibles a simple vista, ya no te quiero ni contar... Y con vino. Y mucho. Está condenado" Eso pensaba yo, sinceramente. De haber tomado estos platos en un restaurante normalito de Madrid, la comanda nos hubiera dejado los hígados fuera y la cartera rumbo al asilo. Pero, sin entrar en detalles, las cuentas de este fin de semana sin-pri-var-nos-de-na-da no han superado los cuarenta euros por cabeza en cada uno de estos locales sumamente recomendables. No es barato, por supuesto, pero no me negarán que, tomando los precios de Madrid y teniendo en cuenta la legendaria cicatería y sobreprecio de todo lo gabacho, es algo muuuuuuy razonable.

Si están buscando una escapada cercana (45 minutos de avión desde Madrid), culturalmente interesante (no se pierdan el Teatro, de verdad, merece la pena), y gastronómicamente imbatible (si hay que quedarse con uno, no se vayan sin pisar el Café du Porto, a orillas del caudaloso, anchísimo y sumamente sucio río Garona que divide la ciudad), si les gusta el buen vino a buen precio (hemos probado muchísimos y es difícil destacar uno, pero si lo encuentran, prueben el Chateau Floreal Laguens) y están dispuestos a controlar las ganas de estamparle un mazo en los morros a cuanto gabacho fatuo, petulante y agrio se cruce en su camino (son legión, se lo puedo asegurar), no lo duden Burdeos es el lugar que estaban buscando.

lunes, 20 de mayo de 2013

Jazz me vale: The Dave Brubeck Quartet

Tras el varapalo que supuso mi aproximación al mundo del bajista Jaco Pastorius (demasiado pronto para acercarme a su puerta, por lo que me han comentado mis asesores) mi entusiasmo por el jazz aumenta su intensidad con la genialidad que exuda "Time out", el disco que en 1959 lanzara al mercado el pianista Brubeck con Paul Desmond, Joe Morello y Eugene Wright completando el cuarteto.

Si "Kind of blue", de Miles Davis, del que hablé aquí hace unos meses, es el mejor disco de Jazz de la historia casi sin controversia doctrinal, "Time out" es, sin duda también, el mejor disco para empezar a escuchar Jazz. Puede parecer lo mismo, pero, sin duda, no lo es.

Mientras que la genialidad de Miles Davis entra a través de la piel, en extensos desarrollos instrumentales improvisados sobre unas bases muy marcadas, la música de Brubeck es mucho más directa, no requiere de largas exposiciones y hace de los cambios de ritmo- incluso dentro del mismo tema- su seña de identidad más pronunciada. Quien odia el Jazz y carece de paciencia, escuchará "A kind of blue" y seguirá odiando el Jazz. Si se decanta para empezar el camino con "Time out", es muy posible que se le gane para la causa.

Además, la escucha del álbum de Brubeck es perfectamente compatible con cualquier estado de animo, cosa que no ocurre con el melancólico disco de Miles Davis, que, en según que circunstancias, puede caer como una losa sobre el oyente. Por el contrario, la descomunal mezcla de ritmos y compases de "Time out" entra con suma facilidad y sus guiños al vals, la música étnica o el swing, unidos a las maravillosas melodías creadas para la ocasión, convierten su escucha en un plato sumamente apetecible en cualquier circunstancia.

Los siete temas incluidos en el álbum son portentosos y aguantan el tipo frente a sus compañeros de surco. "Blue Rondo a la turk" con su ritmo étnico acelerado y sus estructuras clásicas es un primer plato suculento que contrasta con la lánguida y hermosa "Strange Meadow Lark". La melancolía dura poco y, en seguida empieza el celebérrimo "Take five", un clásico entre los clásicos, una canción de las que marcan época y que curiosamente, es la única del disco que no compuso Brubeck sino el saxofonista Paul Desmond. Les dejo una maravillosa versión en directo un poco más abajo.

Apenas recuperado de la impresión los aires de optimismo y energía positiva se intensifican con "Three to get ready" y, sobre todo, la maravillosa "Kathy's Waltz" que lleva alojada en mi cabeza desde hace semanas y no parece querer mudarse- también se la dejo al final de la entrada. El disco se acaba, pero aún queda "Everybody's jumpin'"- que, a pesar del nombre es sosegada y donde el piano de Dave Brucket se luce con entusiasmo- y la coda final con "Pick up sticks", que pone un brillante colofón a un álbum como pocos: intenso, hermoso, melódico y con cuatro virtuosos dando lo mejor de si. Si estaban esperando una oportunidad para entrar en el Jazz, háganlo de la mano de The Dave Brubeck Quartet y "Time out". Verán que el camino no es tan complicado como parecía.

TAKE FIVE  



KATHY'S WALTZ


lunes, 13 de mayo de 2013

Corre que te pillo

Para los que nos gusta, el cine es como una matriuska: nos encantan las películas, por supuesto, pero la cosa no acaba ahí. Dentro de las películas, nos gustan especialmente las de uno o varios géneros concretos (terror, western, thriller) Y no nos detenemos ahí, sino que, profundizamos un poco y dentro de cada género somos capaces de pelar una capa más (terror gore, western crepuscular, thriller sicológico) e, incluso usar sus paises de origen para establecer subdivisiones aún más precisas (giallio, spaghetti western, polar). ¿Aún hay más? Pues sí, aún hay más, porque, ¿qué amante del cine no tiene sus escenas favoritas? ¿Quien no se sienta a ver una película de su género o subgénero favorito sin esperar con ansía la escena de cama, la pelea final, el tiroteo desquiciado o el momento kleenex?¿Nadie levanta la mano? ¿Nadie? Lo imaginaba.

Probablemente por oposición a mi muy poco envidiable forma física y a mi prudente forma de conducir los vehículos con ruedas (el estilo "conduciendo a Miss Daisy" que con mordaz ingenio se saco de la manga la bella señora Winot) son la persecuciones las escenas que más me emociona en las películas: lo mismo me da que sean en coche, en moto, en lancha motora o sobre las extremidades inferiores de los protagonistas. Recorriendo carreteras solitarias usando los coches como castañuealas o esquivando personas en palizas descomunales propias de Usain Bolt. Me vale todo con tal de ver montajes trepidantes (que no esquizofrénicos) saltos imposibles o cabriolas al filo del descabello. Y si acaban con reparto de soplamocos entre perseguidor y perseguido, mejor que mejor.

Persecuciones hay muchas. Cada día más. Casi tantas como películas de acción se ruedan, de modo que es difícil decantarse por unas u otras. No obstante, si tuviera que decantarme por mis diez favoritas- excluyendo la persecución por definición que es la incluida en "Bullit" y de la que ya hablé aquí al protagonizar su banda sonora una de las entregas de "La melodía escurridiza 2.0"- creo que serían, sin el menor orden ni concierto alguno, en riguroso orden de caída mental, las siguientes.


1.- AMSTERDAMNED (1988): Joyita a recuperar del holandés Dick Maas que además de disponer de una magnífica y desquiciada trama de asesinos submarinos, contiene en su interior varias espléndidas persecuciones por las calles  y canales de Amsterdam, incluyendo una en lancha motora, que es la que les presento aquí por si no la conocen, de las que no se olvidan.



2.- FRENCH CONNECTION (1971): Uno de los grandes clásicos del género. Creo que su director, William Friedkin es uno de los más sobrevalorado que hay en la historia del cine y detesto con toda mi alma ese insulto a la elipsis que es la risible "El exorcista". Sin embargo, hay que reconocerle que sabe como planificar y rodar una buena persecución. Si lo sabrá hacer, que es el único que saldrá dos veces en la lista, en un ejercicio de incoherencia flagrante por mi parte. No he logrado encontrar un vídeo que incluya el plano final en las escaleras, pero, lo demás, estremecedor instante con el carrito de bebe incluido, lo van a poder encontrar ustedes aquí, en su escombrera favorita.



3.- RONIN (1998): A punto he estado de incluir la que el mismo director, el gran John Frakenheimer rodara en 1987 para un olvidado aunque muy refrescante y recuperable thriller de nombre "Tiro Mortal". Sin embargo, vista hoy, reconozco que, a pesar de su sorpresivo desenlace con vomitona incluida, no aguanta la comparación con la que el realizador tras "El hombre de Alcatraz" incluyera en esta cinta con De Niro y Reno de la que poco recuerdo salvo el vértigo vivido en estos siete trepidantes minutos.  



4.- EL CASO BOURNE (2002): En cada entrega de esta fantástica saga hay, al menos un par de persecuciones, todas magníficamente rodadas y planificadas. Por consiguiente, tomar una decisión acerca de cual incluir aquí ha sido difícil. Por el cariño que le tengo al Mini y por ser la primera de la trilogía (sin la pétrea faz de Matt Dammon no hay Bourne. Lo siento, Jeremy, no es nada personal), me decanto por la rodada por Doug Liman, más clásica que las aportadas por Paul Greengrass en las posteriores entregas, pero también más sucia y directa.



5.- MATRIX RELOADED (2003) : Soy enemigo declarado de las pajas mentales que pueblan la tediosa, insoportablemente pretenciosa y aburridísima trilogía de los Hermanos Wachowski sobre Neo y sus colegas. Cierto es que sale Keanu Reeves y eso ya hubiera valido para desacreditarla, pero es que el resto, no le va a la zaga. No obstante, es imposible no quitarse el sombrero ante la deslumbrante persecución que se produce en la segunda y más salvable entrega de la saga y que ha encontrado acomodo en mi lista. El vídeo esta editado y la música también, pero es el único que he podido encontrar con la escena (casi) al completo.



6.- LA ISLA (2005): Sin la menor duda, el rey de las persecuciones cinematográficas del siglo XXI es Michael Bay. Normalmente, suele citarse como su obra maestra la rodada para "La roca". En parte por salirme del protocolo, en parte porque creo que es su mejor película y en parte por Scarlett Johansson y lo mona que luce en la cinta, me decanto por la espectacular carrera de obstáculos rodada para la ocasión por el muchachote angelino.



7.- VIVIR Y MORIR EN LOS ANGELES (1985): Como ya he dicho, no es mi directo favorito, pero hay que reconocerle su talento para las persecuciones y casi quince años después de la anteriormente comentada, Friedkin vuelve a dar en el clavo con un corre que te pillo por casi todos los barrios de Los Angeles que no da respiro en esta película a recuperar que no se comió un rosco en taquilla, pero que resiste fenomenalmente el paso del tiempo. Como puede comprobarse, William Petersen, antes de convertirse en Grissom ya derrochaba carisma a borbotones.


8.- CASINO ROYALE (2006): La reina de la fiesta. Los diez minutos más trepidantes que han pasado por mis ojos tienen lugar en el primer Bond de la era Craig. La que se produce a mitad de metraje en el Aeropuerto de Miami también es para ponerle un piso, pero,me rindo ante esta exótica muestra de talento, planificación y magia digital cortesía de Martin Campbell (¿para cuando una vuelta a la franquicia, Martin?). Maravillosa.

 


9.- EL RETORNO DEL JEDI (1983): Siempre odiaré a los malditos Ewoks y cierto es que, vista hoy, la secuencia canta a jurásico que echa de espaldas. Pero, por favor, estamos hablando de la persecución en el bosque, un hito en la infancia de cualquier nacido en los setenta que se precie, con los soldados imperiales motorizados más molones de toda la galaxia y las Vespas más tuneadas del planeta. Reconocedlo: había que incluirla.



10.- TERMINATOR 2 (1991): Como acostumbra, James Cameron revolucionó los efectos especiales en la segunda entrega de la saga con el licuado Robert Patrick complicando la existencia al cyborg más famoso de la historia del cine. Pero donde el megalómano realizador raya a mayor altura es en la descompensada batalla trailer/ ciclomotor que marca el primer encuentro entre Arnie y su némesis líquida. No ha habido forma de encontrarla completa, pero, como diría Bárcenas frente a un billete de quinientos euros.... algo es algo.