miércoles, 16 de octubre de 2013

Mundo Haydn

- ¡Vaya! Dándole al teclado de nuevo... Y solo ha pasado una semana desde la última entrada en lugar del mes/meses de rigor. ¿A qué se debe, cariño? ¿Llamo al médico? ¿Te bajo la medicación?
 
- Ja, ja y ja. Es usted muy graciosa, señora Winot. Ya sabes que en esta nueva temporada del ladrillo, escribo cuando el cuerpo me lo pide. Ya tuve suficientes ataduras el año pasado y, por el momento, voy a llevar esto así. El único rigor que vas a ver por aquí, es el rigor mortis como sigas por este camino.

- Aterrada me dejas con tus amenazas de pacotilla. Anda, calla y cuéntame de qué vas a escribir: ¿el apoteósico final de "Breaking Bad"? ¿Lo bien que lo pasaste y el infierno que yo padecí viendo "Pacific rim"? ¿Nuestro periplo por el Oktoberfest muniqués? Por cierto, esa música que tienes puesta, ¿qué es?

- Luego te cuento. Pues no, no voy a hablar de nada eso. Hoy me apetece hablar de Haydn y, más concretamente de .....

- ¡¡Hombre, Haydn!! Asustada me tenías. Desde ayer no me hablabas del muchacho. Empezaba a temer que se hubiera muerto.... ¡¡Anda, si es verdad que está muerto!! ¡¡Y hace más de doscientos años!! ¿No había un tema un poco más actual? ¿De este siglo, al menos? Eres un caso perdido, muchacho.

- Veo que has desayunado hoy sosa cáustica, mi querida esposa. Dos reveses más como éste y no me renuevan el seguro dental. 

- Pero si es que es verdad: las sinfonías de Haydn para empezar las mañanas, los cuartetos para el almuerzo, los tríos para la merienda y los oratorios para las cenas. Además, si no recuerdo mal, ya le has dedicado al chico varias entradas en el ladrillo y si hubiera que hacer un ranking de popularidad no sé si estarían entre las 300 primeras. Oye, esto que está sonando es una maravilla, ¿de quién es?

- Poco me importa que no lea la entrada ni el Tato. Haydn es el Dios Padre de la Música y es mi obligación hacer que su legado se filtre a cada rincón del planeta. Morirse sin haber escuchado "La creación" o el cuarteto "Aurora" es haber vivido en vano. Para vivir con esas carencias, mejor acabar con todo.

- Luego soy yo la intransigente. Mira, yo no te niego que su música sea la octava maravilla...

- La primera, cariño, la primera..

- Bueno, pues la primera barandilla... ¡Ay, entre esta melodía envolvente que me tienes puesta y tus paridas, ya no sé lo que digo... Pues eso, seguro que es la primera maravilla del mundo, no lo niego, pero ya sabes que lo poco gusta y lo mucho cansa. Dosifícate, cariño, dosifícate y habla de otra cosa. Y, sobre todo, dime de una maldita vez que es esta música que suena que tengo un nudo en el estómago y la piel como la de Caponata una tarde de invierno.

- El segundo movimiento de la Sonata para piano número 59 de Franz Joseph Haydn, pero ahora mismo la quito. Ya sabes que lo poco gusta y lo mucho cansa, que hay que dosificarse...

- No muevas un músculo, sube el volumen y cierra la boca.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Volando voy: Sicilia (2ª parte)


Como ya comenté hace un par de semanas en la primera entrega del periplo siciliano que difrutó el clan este verano, Sicilia es un "greatest hits". Casi en cada esquina se oculta un paisaje natural abrumador, unas ruinas que rezuman historia o una playa coqueta en la que reposar del sol y de las caminatas con una de las mil variedades de helados (a las pruebas gráficas adjuntas me remito) que consumen los aborígenes del lugar como si los fueran a prohibir. Visitar Sicilia es asumir que, de un modo u otro, uno debe volver, para continuar la inacabable tarea de recorrerla y deleitarse con cada una de sus maravillas. De todas las cosas que uno debe asumir en la vida, sin duda, ésta no es de las peores.

Y una de sus maravillas, por supuesto, es el monumental volcán Etna que domina la isla desde sus más de 3.000 metros de altura y que es parada obligada en cualquier viaje a Sicilia que se precie.

¿Se lo imaginan echando lava como si no hubiera un mañana?
Nunca había visitado un paisaje de esta índole (con las Islas Canarias al alcance de la mano, como quien dice. En fin) y, tal vez por eso, la excursión al volcán más animado de Europa (desde que ha empezado el siglo XXI, casi cada año, ha entrado en erupción, liándola parda en varias ocasiones.) me impacto profundamente. Se respira una calma tensa en sus arrasadas, aunque densamente pobladas, laderas y cuando uno sube en el teléferico (es caro a morir, pero merece la pena el desembolso) y contempla esas enormes extensiones huérfanas de vegetación y, si me apuran, de vida (insoportables mosquitos aparte), todavía respira tranquilo de pillar al gigante dormido y no ver en primera fila como derrama su ira calcinando todo a su paso. Si andan con fuerzas y les gusta subir por resbaladizas pendientes de más de noventa grados es posible acceder a algunos cráteres menores que aparecen espolvoreados por sus laderas. Yo casi muero en el intento, pero merece la pena.

¿Ven ese punto amarillo en el fondo del cráter? Servidor.
Otro momento que no deben perderse si visitan esta zona de Sicilia es la ineludible escapada a las Islas Eolias, un archipiélago volcánico al nordeste y que cuenta entre otros alicientes con las famosas erupciones nocturnas del volcán Stromboli en la isla homónima. Nos fue imposible encajar la agenda para asistir a este espectáculo natural, pero a cambio pudimos descubrir Vulcano y sus muy recomendables playas de arena negra. A pesar de ser una de las islas más grandes del archipiélago está escasamente poblada, de modo que uno llega a su embarcadero y parece llegar al set de rodaje de un capítulo de "Perdidos". Creanme si les digo que bañarse en sus aguas cristalinas mientras uno contempla los vapores que emanan sin pausa del volcan que da nombre a la isla es una experiencia como pocas. Para los amantes de embadurnarse de potingues, es imprescindible acercarse al Porto di Levante y chapotear en el barro que, la gente del lugar, califica de milagroso para las articulaciones. Dada mi excelente forma física y el envidiable estado de mis extremidades, unido al repelús que me dan este tipo de cosas, decliné cortésmente la oferta, pero dicho queda.

Embarcadero de Vulcano. ¿Donde está Benjamin Linus?
También nos dio tiempo a visitar Catania y Siracusa, con su famosa Oreja de Dionisio y su espectacular parque arqueológico, pero ambas ciudades las visitamos bajo un calor tan sofocante y a tal velocidad que mis recuerdos se nublan. No dejen de visitarlas, especialmente Siracusa, pero háganlo sin prisa, en un día nublado o, al menos, con algo que les proteja del inclemente Astro Rey. Y por supuesto, sean tan turistas como yo y no olviden cumplir con la tradición de probar desde cualquier punto la inverosimil acústica de la Oreja de Dionisios. Se van a quedar como la cueva: de piedra.

Oreja de Dionisio. Prohibido confesarse.

Y dejo para el final, lo que, sin duda, ha sido el principal hallazgo de este viaje y que no es otra cosa que la maravillosa Taormina. La ciudad está situada en los alto de una cadena montañosa a la que solo se puede acceder por vertigionoso teleférico o jugándose la vida caracoleando por su ladera en una estrecha carretera atestada de sicilianos suicidas. Desde que se la intuye majestuosa, con la bucólica Isola Bella a sus pies,  hasta que se contempla el Etna desde su teatro griego, que corona el punto más alto de la ciudad, uno recorre sus escarpadas callejuelas sin salir de su asombro, embrujado por el encanto de sus iglesias, la animación de sus plazas abarrotadas de músicos y bailarines y sus espectaculares vistas. Por cierto, ¿ven como soy un tipo con suerte? El teatro de Taormina es centro operístico indiscutible de Sicilia. Pues bien, ¿a que no saben qué opera estaban ensayando en el teatro cuando lo visité? Sólo les digo que, como comenté al inicio de la primera parte de esta entrega de "Volando voy", es una de mis operas favoritas de todos los tiempos. ¿Tengo que decir que ese día compré un décimo de lotería?

"Cavalleria Rusticana" en Sicilia... ¿alguien da más?
No les voy a marear más con la conexión siciliana. Solo les digo que en pocos sitios es más fácil contentar a todos los miembros de un clan vacacional: tienen playa y montaña, cultura y esparcimiento, fenómenos naturales y fenómenos artísticos. Además come uno de maravilla por muy buen precio y el vino, sin ser excelente, entra fácil y relaja. La gente es atenta y divertida y si pueden sobrevivir a su infernal modo de conducir, tienen, a su vuelta, material para un par de entradas en sus bitácoras. No me dirán que no merece la pena la inversión.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Volando voy: Sicilia (1ª Parte)

Mi abuela perfecta siempre fue Sofía Petrillo y ya es legendaria mi pasión casi enfermiza por la trilogía de "El padrino" y por "Léolo". Si a eso le añadimos que una de mis óperas favoritas es "Cavalleria rusticana" y que no hay manera más delicioso de tomar unos spaghetti que "alla norma", creo que coincidirán conmigo en que visitar Sicilia era una simple cuestión de tiempo. De modo que tras un mes de julio apocalíptico (pocos peores, creanme) y como uno está en una edad en la que este tema del tiempo empieza a ser relevante, el Clan Winot al completo (herederas incluidas) partió, el pasado mes de agosto rumbo a la isla italiana para comprobar si Sicilia es esa tierra de maravillas que los libros, la música y el cine tan enconadamente se han empeñado en mostrar. Desde ya mismo les digo que el experimento ha sido un éxito y que todo lo bueno que se puede decir de la isla es poco. De hecho, me temo que habrá que dividir el relato de mi periplo siciliano en un par de entradas para que tan delicioso bocado no resulte indigesto.

Antes de nada, tengan en cuenta que nos encontramos ante la cuarta isla de Europa por dimensiones, puesto que ocupa gracias a sus casi 26.000 kilómetros cuadrados de superficie. Por tanto, cuando les digo que he visitado Sicilia, lo que realmente debería decir es que he visitado el extremo sudoriental de una isla llamada Sicilia. De modo que, desde ya mismo les voy anunciando que no he podido pisar las calles de Palermo ni las de Corleone y me he quedado con las ganas de tomar el sol en las hermosas calas de Cefalú. Sicilia es un pozo sin fondo de belleza, cultura y ocio y creánme cuando les digo que sería necesario un mes entero, herederas no incluidas, para poder volver a España diciendo que se ha visitado la isla sin faltar a la verdad.

A falta de Cefalú, bueno es Vulcano
No obstante lo anterior, que quede claro que con cuatro criaturas de corta edad a bordo, ni Phileas Fogg hubiera podido lograr un mayor aprovechamiento del tiempo. Hemos disfrutado de la maravillosa gastronomía siciliana como si fueran a prohibir su consumo y, por supuesto, hemos regado dichos manjares con recios vinos de la tierra y con la frescura y el delicioso sabor de las primorosas cervezas de Birra Moretti que caían fusiladas en perpetuo auto-reverse cortesía del implacable sol siciliano. Por supuesto, los helados se han convertido en elemento indispensable de nuestra dieta diaria y hubiera sido para llevarnos a un concierto de Duncan Dhu si no hubiéramos aprovechado la estancia en Sicilia para atiborrarnos de cremosos capuchinos modalidad XXL.

Aquí la Birra Moretti.... aquí unos amigos.
 Hemos languidecido en playas de todo pelaje: de arena dorada, empedradas de cantos rodados y carbonizadas por azufre volcánico. Hemos comprobado que conducir por las carreteras sicilianas es un acto de fe y que llegar a tu destino depende más de los buenos augurios y del viento de poniente que de las incomprensibles, contradictorias y odiosas señalizaciones que tachonan en estado de ruina sus arcenes. También, al hilo de esto, nos hemos devanado los sesos intentando encontrar respuesta a la pregunta de cómo es posible que aún queden vivas más de cinco millones de personas en la isla, teniendo en cuenta el horror que supone la conducción esquizoide y homicida de la que hacen gala los aborígenes del lugar. Aún no hemos logrado obtener una respuesta.

La conducción precaria se mama desde la autoescuela en Sicilia.

Y, por supuesto, por encima de todo, hemos visitado espectaculares paisajes naturales como las Islas Eolias o el Etna, maravillas arquitectónicas como las que atesoran Catania o Siracusa y, por supuesto, hemos disfrutado del esplendor y el encanto incombustible de la bella Taormina. Pero de todo esto, y de mucho más, no se vayan a creer, les hablaré en la segunda parte de esta apasionante saga épico-culinaria-cultural que les emplazo a leeer en unos días. Permanezcan atentos al ladrillo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

M.A.T.E.O. (que te veo): Lost

En tanto en cuanto termino de perfilar una nueva entrega de "Volando voy" para comentarles el viaje a Sicilia que el Clan al completo ha llevado a cabo este verano, inaguramos la séptima temporada del ladrillo con una nueva sección cuya única intención es divertirme y divertirles- no necesariamente en ese orden- rememorando monumentos televisivos que, por una u otra razón se me han quedado grabados en la mente como si del protagonista de "Dream on" se tratara.  

Momentos Antológicos Televisivos Escrupulosamente escOgidos (no había otra forma de encajar el rompecabezas, qué le vamos a hacer) o, en su mucho más comercial y reconocible acrónimo de M.A.T.E.O. nace con las mínimas pretensiones literarias y un evidente deseo de tratar con ligereza un tema aún más ligero como es el de la televisión y lo que desde ella nos cuentan. Respecto a la coletilla de la sección, como podrán imaginar, ha sido imposible no caer en la emboscada del chiste fácil. Mis disculpas, pero ya les he avisado que todo esto no va a ir muy en serio y el tema de la sección me lo dejó a huevo.

Y el M.A.T.E.O. con el que arrancamos es el contenido en los minutos iniciales del primer capítulo de la segunda temporada de la celebérrima"Lost", sin la menor duda, uno de los WTF!! más logrados de la historia de la televisión. A mí, personalmente, la serie, terminó por desquiciarme y veía los capítulos sólo por la esperanza de ver morir uno por uno y entre horribles dolores a cada uno de los protagonistas de este interminable desbarre catódico que se alargó durante seis e innecesarias temporadas para culminar en un esperpento que todavía da que hablar. Pero una cosa no quita a la otra y el arranque de aquella segunda temporada fue sencillamente deslumbrante.

Pongámonos en antecedentes por si hay algún ser vivo que haya permanecido congelado y aislado en cemento durante la última década: "Lost" narra las desventuras de un grupo de personas en una isla aparentemente deshabitada tras sobrevivir a un accidente aéreo. La isla de marras resulta ser un lugar de lo más inquietante, con una densidad de población que rivaliza con Tokyo y con más misterios por metro cuadrado que pisos vacíos en la costa mediterranea. El enigma más inquietante de esta primera temporada (cada una tuvo el suyo, la mayoría de los cuales terminaron por no resolver) resultaba ser una escotilla oculta en un claro de la selva y que no se abría ni a tiros. En el último capítulo de su primera temporada, los protagonistas lograban abrirla finalmente a petardazo limpio, dejando al descubierto un pozo de profundidad insondable. El capítulo y la temporada concluía con la cámara deslizándose por la recién descubierta oquedad mientras los intrépidos losties se abismaban en ese agujero sin fondo sin pillar una de lo que estaba pasando. 

Es, sin ninguna duda, uno de los cliffhangers más grandes de la historia de la televisión y los que, por entonces vivíamos por y para la serie, los meses que separaron la primera y la segunda entrega fueron un martirio en toda regla. Cuando el primer capítulo de la nueva temporada estuvo en mi poder y vi lo que pueden contemplar en el vídeo que acompaña esta entrada, supe que algún día existiría esta sección y que estos pocos minutos de genialidad desatada la inagurarían. Que lo disfruten.


lunes, 15 de julio de 2013

Superior


Antes de empezar, un aviso: en esta entrada me voy a dedicar a destripar el número 700 de Amazing Spiderman (Asombroso Spiderman nº 81 de la edición española), de modo que, si aún no lo has leído, corre a tu tienda más cercana y hazte con él, porque este comic ¡¡HAY QUE LEERLO!! y no perderse uno de los mejores giros argumentales que se han producido en la colección principal de nuestro lanzarredes favorito desde que naciera hace algo más de cincuenta años. Y para un personaje de semejante edad, ya es decir bastante.

Vaya por delante que, por lo que he podido leer por ahí debo de ser el único en el planeta al que le ha gustado la salida de pata de banco del gran Dan Slott: en la red se rifan su cabeza, piden su salida inmediata de la colección (olvidando que el guionista californiano no solo puso punto final a aquel despropósito que fue "Brand New Day" y que con él, Spiderman ha vivido una etapa gloriosa, espectacular, llena de humor. Un blockbuster deslumbrante planificada al detalle) y alguno incluso le ha amenazado con enviar a Gomez de Liaño a pedirle cuentas por el atrevimiento que ha mostrado el muchacho para con el personaje que creara Stan Lee allá por 1962.

Sí, he sido yo. ¿Me ves preocupado?
¿Y qué es eso que ha hecho Dan Slott con el personaje estrella de Marvel? Pues básicamente matarlo. O más concretamente, matar a Peter Parker, quien ha permanecido tras la máscara del lanzarredes- con permiso de Ben Reilly- desde su inicio. Hombre, atrevidillo el hombre si me lo parece, más aún teniendo en cuenta que el 50 Aniversario del personaje ha sido ayer, como quien dice. Y por si fuera poco, la muerte de Peter se ha producido de la peor manera posible, sufriendo la derrota definitiva a manos del Doctor Octopus, con quien el trepamuros llevaba zurrándose desde el número 3 de la colección. Definitivamente, Slott tiene algo de kamikaze en sus genes.

Y digo de la peor manera posible porque la derrota no le ha caído a puñetazos- que también- sino porque Peter ha muerto sabiendo que a ojos del mundo y de sus conocidos, él sigue vivo y coleando- con perdón, Mary Jane-  y es el Doctor Octopus el que ha terminado en la morgue. ¿Que cómo ha sido eso posible? Muy sencillo, una argucia del viejo Doc Ock- machacado físicamente por los palizones provocados por Spidey en los últimos sopotocientos enfrentamientos, pero con el cerebro en forma- que con un quítame allá ese Octobot ha transferido su mente a la de Peter, confinando la de éste en su malogrado cuerpo. Comparten recuerdos (Peter los de Ock, Boda con Tía May incluida. Momento cumbre del AS 698), pero las mentes de cada uno han cambiado de mano, en un trilerismo argumental apoteósico. Como es de imaginar, teniendo en cuenta las ganas que le tenía, en cuanto Doc se vio vestido de azulgrana y con tales poderes, pasó lo que tenía que pasar, es decir, esto:

¡¡Puff, como perro con dos colas me he quedado!!

Como resultado de todo esto- que lleva fraguándose desde el número 600 de la colección y que detonó en el 698 para estallar en el 700- la mítica cabecera arácnida Amazing Spderman desaparece en tan redondo número (no tendría sentido continuar llamándose así con Peter bajo tierra) y aparece en los quioscos Superior Spiderman- en España, a partir de julio, por cierto- con el amigo Ock enfundado en las mallas del lanzarredes y empeñado en demostrar que puede ser muy "superior" a su eterno enemigo en cualquier aspecto de su vida. Una jugada maestra que permite seguir disfrutando de los secundarios habituales de la colección con el añadido de saber si los posos de nobleza que permanecen en el cerebro de Peter- perdón, de Otto Octavius- si el mítico "un gran poder conlleva una  gran responsabilidad" y si el "efecto "Thunderbolts" (más información, aquí ) logran reformar al ególatra  desquiciado de Dock Ock y convertirlo, esta vez sí en un Spiderman Superior. Yo, sinceramente, me muero por saberlo.

miércoles, 19 de junio de 2013

Desde el nido

Aunque llevaba ya casi un año inscrito, no he quedado atrapado en la red social Twitter hasta hace unas semanas, momento en el que como Ananías hizo con Saulo, el pajarillo me ha impuesto las manos (las alas en este caso) y he visto la luz que durante meses me había sido negada y que me había llevado a abominar de esta popular aplicación.

Las redes sociales y yo no nos llevábamos bien. Me encantaría ponerme estupendo y decir que no me gustan porque aislan al ser humano y pervierten las formas de comunicación más clásicas en beneficio de una falsa realidad integrada por individuos por quienes no moveríamos un dedo de cruzarnos con ellos en la vida real. Quedaría fenomenal, no lo discuto, pero, sin dejar de darle una parte de razón, la principal razón por la que deambulo poco por las redes sociales es que me resultan mortalmente aburridas.

Facebook, por ejemplo, me ha parecido siempre la personificación de Onan. Allí todo el mundo parece querer restregar a los demás lo bien que les va en la vida, con que saludable dieta pasan los fines de semana y como se quieren sus amigos y ellos en una vorágine de vida social que marea solo de pensarlo. Instagram, por su parte, es un símbolo claro de que el homo sapiens ha recorrido el camino que descubrió en 1997 Giovanni Sartori y está ya felizmente reconvertido en homo videns. Aquí el texto importa poco o nada. De hecho, me jugaría la bolsa escrotal a que si uno mentara a la madre de quien publica la foto, el aludido pasaría el comentario por alto, pero no por seguir las enseñanzas de Amon Göth sino, fundamentalmente, por que las palabras han pasado por sus ojos con capa de invisibilidad. Y por ultimo, Twitter....... ¡Ay, Twitter!

Twitter, de primeras, para un servidor, era un bardal descontrolado sencillamente ininteligible. Entre las limitaciones que imponen sus 140 caracteres- más si, como es mi caso, padeces incontinencia verbal-  y el laberinto de arrobas y almohadillas que recorren el nido, era prácticamente imposible enterarse de lo que decía la gente y costaba un considerable esfuerzo entenderse y, lo que es peor, hacerse entender. Uno se deja llevar y, cuando se quiere dar cuenta sigue a un millón de personas que le invaden la pantalla de inicio con un aquellarre verbal al que es imposible sobrevivir. Por tanto y como uno ya está mayor abandoné el nido. Es lo normal y no descarto que mucha gente lo haga.

El mundo está tuiteado, quién lo desentuiteará........

Pero hagan un esfuerzo, no tengan prisa. Tómense su tiempo para pasar de un mensaje a otro. Tengan en cuenta que se envían más de diecisiete millones de mensajes diarios en todo el mundo, va a ser imposible leerlos todos, nacen muertos, sepultados por sus hermanos en un parto interminable que aumenta cada día. De modo que no corra, en estos tiempos, el idem es muy relativo. Si hay un enlace a otra página, pinchen sobre él, no lo pasen de largo. A lo peor es una parida, un chiste malo o una diatriba del sicótico de Hermann Tertsch, pero, hay tantas opciones. Y tantas buenas- hace poco he descubierto así la impresionante obra del hiperrealista Pedro Campos o el torrente sonoro de Queens of the Sone Age- que merece la pena probar.

Controlen adecuadamente a quien siguen. Aquí se lleva mucho el "quid pro quo", el teto virtual por así decir, "si me sigues te sigo. Si no, ya sabes por donde te puedes ir yendo". Es importante sembrar en Twitter, sobre todo al principio, cuando uno se encuentra como Superman en la Fortaleza de la Soledad, pero, llegado un punto, los arboles pueden impedirte ver el bosque y perder por el camino algo grande.

No se enganchen únicamente a las personas que admiran o que les caen bien. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo- todavía me relamo pensando en una conversación musical que tuve hace poco con mi admirado J.M.de Matteis- pero merece la pena meterse en aguas pantanosas y acercarse a otro tipo de gente. Sean malos, no olviden seguir también a quienes detesten, personajes a los que siempre han tenido ganas de poner un bozal y nunca han podido. En Twitter es posible y, además, desde el nido, desde la cercania, se ve mejor la profundidad de su estupidez y lo paupérrimo de sus argumentaciones, cuando se ven cercados (lo de algunos políticos es para enmarcar, una vez se seca uno las lágrimas).

Tal vez sea la devoción del converso, el fogonazo que acompaña todo disparo, pero creo que Twitter es mucho más que "otra red social". Su dinamismo, su inmediatez, sus peculiaridades formales y la ausencia de candados y fosos, convierten el nido en una fuente inagotable de información que se nutre de su propia cercanía para llegar a todos y desde todas partes. El riesgo está en que el nido se convierta en un gallinero, en un tumulto, un caos, pero, eso, como casi todo en Twitter, depende de cada uno, lo que es muy tranquilizador, sinceramente.

miércoles, 5 de junio de 2013

Volando voy: Burdeos

Gracias a la infinita generosidad de los abuelos del clan, que acogieron a las herederas en su nido durante el último fin de semana, la bella señora Winot y el que suscribe, en inmejorable compañía (Monsieur Lewis y Monsieur Caro, ambos del brazo de sus deslumbrantes esposas. Casi nada) han pasado unos días de merecido descanso en la vecina Francia y, por ser más precisos, en la localidad de Burdeos. Un paraíso vinícola y cultural cuyo único pero es el estar habitado por esa especie semihumana, terriblemente estirada y de natural antipatía que es la de los franceses. Queda específicamente excluido de esta saturada, aunque irrebatible definición, el gran Jean Baptiste, que tan grato y divertido servicio nos prestó en uno de los inmejorables restaurantes de la ciudad y que, como era de suponer, no era francés al cien por cien.
Será mi francofobia, pero, ¿esto no les recuerda a la alerta biológica?
Desde un punto de vista cultural, la ciudad, una de las más importantes del país, es un vergel arquitectónico deslumbrante. La Basílica de San Miguel, la plaza del Parlamento, el Gran Teatro de Burdeos- colosal, de quedarse con la boca abierta- y, por supuesto, la resplandeciente y monumental Catedral de San Andrés son tal vez los ejemplares más llamativos, pero toda la ciudad desborda una elegancia que te lleva a ir con la vista dirigida al cielo y, en consecuencia, a tropezar con algún francés, con el elevado riesgo de contagio que eso lleva aparejado. Si, además, como fue nuestro caso, el Girondis de Burdeos gana nosequé trofeo futbolísitico, el riesgo alcanza nivel de epidemia.
La foto no es mía, ya quisiera. Mi arte no está a su altura. Gran teatro de Burdeos


Pero cuando uno ha superado los cuarenta y apenas dispone de 48 horas para desconectar antes de reenganchares en la rutina, la pregunta que, de verdad, determina si una ciudad merece la pena ser visitada o no es por supuesto, la que incide en la calidad de su gastronomía. Excepcionalmente, dado que Burdeos es capital de una de las zonas vinícolas más importantes del mundo la pregunta debe ampliarse para conocer si los cacareados vinos de la región merecen los sonoros elogios que reciben- no hay que olvidar que los franceses son especialistas en elogiar lo suyo, sea o no merecedor de los mismos. Por mucho que me duela, tratándose del país vecino, en ambos casos, la respuesta es sí: Burdeos, amigos, es La Meca de la gente del buen comer y el mejor beber. Y sorprendentemente, todo ello a muy buen precio.

Gracias a los contactos de Madoiselle Caro, tuvimos la fortuna de encontrar ubicación en los tres restaurantes más reconocidos de Burdeos: La Tupina, La Brasserie Bordelaise y Le Café du Port, tres monumentos gastronómicos de enjundia donde tumbamos no pocas botellas de vino y donde nos deleitamos con unas viandas maravillosamente presentadas, sabrosas y, ojo al dato, suficientes para alimentar a una compañía de la Legión en plenas maniobras. "Pobre Tarquin, sin duda debió tener que ampliar hipoteca para pagar la cuenta", se preguntarán consternados "Y si encima las raciones eran perceptibles a simple vista, ya no te quiero ni contar... Y con vino. Y mucho. Está condenado" Eso pensaba yo, sinceramente. De haber tomado estos platos en un restaurante normalito de Madrid, la comanda nos hubiera dejado los hígados fuera y la cartera rumbo al asilo. Pero, sin entrar en detalles, las cuentas de este fin de semana sin-pri-var-nos-de-na-da no han superado los cuarenta euros por cabeza en cada uno de estos locales sumamente recomendables. No es barato, por supuesto, pero no me negarán que, tomando los precios de Madrid y teniendo en cuenta la legendaria cicatería y sobreprecio de todo lo gabacho, es algo muuuuuuy razonable.

Si están buscando una escapada cercana (45 minutos de avión desde Madrid), culturalmente interesante (no se pierdan el Teatro, de verdad, merece la pena), y gastronómicamente imbatible (si hay que quedarse con uno, no se vayan sin pisar el Café du Porto, a orillas del caudaloso, anchísimo y sumamente sucio río Garona que divide la ciudad), si les gusta el buen vino a buen precio (hemos probado muchísimos y es difícil destacar uno, pero si lo encuentran, prueben el Chateau Floreal Laguens) y están dispuestos a controlar las ganas de estamparle un mazo en los morros a cuanto gabacho fatuo, petulante y agrio se cruce en su camino (son legión, se lo puedo asegurar), no lo duden Burdeos es el lugar que estaban buscando.