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miércoles, 23 de mayo de 2018

Un poco de casta

Buenas noches a todos menos a los incoherentes. A esos, a los que te critican cuando ante las mismas circunstancias, uno entrega los mismos argumentos a favor o en contra y, atrapados en su error, son incapaces de recular, ajustándose aún más el nudo de la soga, a esos, a esos, ni agua.

Esta noche vengo a hablarles brevemente, del famoso proyecto familiar sobre 2.600 metros cuadrados de parcela de los destacados líderes de Podemos, Pablo Iglesias e Irene Montero. No voy a gastar ni un segundo en detallárselo porque me juego una hipoteca a treinta años de la Caja de Ingenieros a que todos ustedes conocen al dedillo la polémica generada en los últimos días por la pareja en sus primeros pinitos inmobiliarios.

Me niego a entrar a analizar si el precio pagado es elevado o no. Tampoco creo que lleguemos a algún lado intentando dilucidar si una vivienda de tan faraónicas proporciones es la única posibilidad para que un proyecto familiar de cuatro personas pueda salir adelante con normalidad y, llegados a este punto, es baladí, emboscarse a determinar si ha habido o no un trato preferente por parte de la entidad que les ha concedido la hipoteca aunque quizás sea lo más relevante y a lo que menos se está atendiendo por parte de la opinión pública. Entiendo que cada uno hace con su dinero lo que le parece y siempre he pensado que toda persona tiene derecho a tener su esfera privada por muy expuesto que esté durante la mayor parte de su vida al ojo ajeno. No, el problema no es ese. El problema de todo esto, reside en otra localización mucho más cercana: el famoso pero muy ignorado por los políticos Valle de la Coherencia.

Si has nacido en medio de una de las crisis económicas más agresivas de los últimos cien años y has señalado con mucho criterio al ladrillo y a su exorbitado precio como la espoleta de todos los males posteriores, si has gastado media vida política en criticar a los poderosos que se alejan de la gente y se aislan en sus torres de marfil y que no pueden dirigir un estado sin compartir sobaquina matutina en el suburbano, debes entender que, por simple coherencia, lo que es un defecto en unos lo es también en ti mismo. Puedes estar equivocado, pero si estos son tus principios, tu deber, como persona y, especialmente, como representante de una importante colectividad, es ahuyentar las disonancias y mantener el ritmo que tu mismo has marcado ad nauseam. Y si no lo haces, que estas en tu derecho como humano falible que eres, lo mínimo es reconocerlo o, por lo menos, no hacer el ridículo y admitir que hoy, el emperador va desnudo.

Y en lugar de eso, en lugar de aceptar la incoherencia y fundirse a negro, Pablo e Irene, involucionan, hacen un Cifuentes, cierran los ojos a la evidencia, contratacan en medio del cenagal y, por si fuera poco, en una perversión democrática inverosímil, pasan la patata caliente a sus afiliados que, sin culpa ni participación alguna en la representación, se ven obligados a legitimar colectivamente una decisión personal si no quieren dejar el barco sin mascarón de proa y rumbo a los arrecifes.

La jugada es maestra (O todos o ninguno. A Yoko Ono, no cabe opción, la lapidarían, pero a John, la verdad, lo dudo mucho. El chalet, en ningún caso, por supuesto) y no puede salir mal, pero dudo mucho que Podemos pueda recuperarse de este terremoto con epicentro en Galapagar. Sinceramente, lo lamento. Creo que la diversidad política es sana aunque no se coincida ni con los puntos aparte de sus idearios, pero con este asunto, me ocurre un poco como con los desengaños de mis sobrinos adolescentes, que no por esperados, son menos tristes y te obligan a comprobar de nuevo que todo, sin excepción, se repite. La casta, como la mierda, siempre sale a flote.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Contra la hipocresía y la vaguedad

Llevo semanas evitando hablar aquí del tema, refugiándome en las redes sociales, especialmente en Twitter, para descargar todas las malas vibraciones que me genera la avalancha de insensateces, perogrulladas, falacias y mamarrachadas de toda índole que el tema viene alumbrando desde que paso a convertirse en el vórtice que todo lo absorbe. Como les ocurre a tantas series de televisión que alargan sus tramas mucho más allá de lo saludable, el tema, que lleva en antena más de 30 años, ha entrado en una laberinto del que dificilmente se va a poder salir a menos que uno tire de matemáticas. 

Decía Stendhal que las matemáticas no permiten la vaguedad ni la hipocresía y, como en tantas ocasiones, el hombre tras "Rojo y negro" tenía toda la razón del mundo. Si en vez de consignas, proclamas,  mediciones de pene y banderas rojas y amarillas se hubiera usado la suma y la resta, hace tiempo que estaríamos hablando de otra cosa mucho más interesante y, sin duda, menos enervante.

El Instituto Nacional de Estadística cifró en 5.510.798 personas el censo electoral en Cataluña para las elecciones autonómicas de 2015. El día en el que se celebraron dichos comicios, catalogados por la Generalitat como plebiscitarios, las urnas cerraron con 4.115.807 papeletas en su interior, con lo que 1.394.991 ciudadanos con derecho a voto, pudiendo ejercer esta facultad prefirieron quedarse en casa. Dejémoslo ahí, no entremos a valorar qué hubieran votado de tener ganas o tiempo. Yo lo tengo claro, pero aquí solo vamos a hablar de números y lo que este dato demuestra es que no es probable que haya un 80% de catalanes que deseen la independencia porque hay un 25% del electorado del cual no sabemos nada y no por eso vamos a poner palabras en su boca. Vamos un poco más allá.

De las 4.115.807 papeletas introducidas en las urnas, 1.620.973 fueron a parar a la candidatura de Junts per Si y 336.375 a la de la CUP. Creo que hay un consenso claro en que ambas formaciones conforman el llamado Bloque Independentista. Dejémoslo ahí, no entremos a valorar qué tienen en común los miembros de Esquerra Republicana, el PDCAT y los antisistema de la CUP. Yo lo tengo claro, pero aquí solo vamos a hablar de números y lo que este dato demuestra es que más de la mitad de los votos emitidos en 2015 fueron a parar a partidos que no tienen la independencia como motivo conductor de su estrategia. Pero vamos un poco más allá.

El referendum del pasado uno de octubre congregó a las urnas a todo aquel que tuviera DNI. En este caso es difícil determinar el valor del censo, pero vamos a suponer que sea el mismo que las elecciones de 2015 (las gallinas que entran por las que salen). Según datos facilitados por la Generalitat, acudieron a votar  2.286.217 personas, de las que 2.044.038 votaron a favor de la independencia. Dejémoslo ahí, no entremos a valorar las nulas garantías de esta convocatoria ni el peso específico que tienen sus resultados. Yo lo tengo claro, pero aquí solo vamos a hablar de números y lo que este dato demuestra es que en poco menos de 24 meses los partidarios de la independencia han pasado de 1.957.348 a 2.044.038, lo que supone poco más de 86.600 personas. Aparentemente, el mensaje no termina de calar. Más aún cuando el censo universal es, obviamente mucho más numeroso que el electoral. Pero demos un último paso más allá.

Las manifestaciones que se llevaron a cabo tras los acontecimientos del 1 de Octubre, uno de los momentos más tensos, dramáticos y tristes de nuestra democracia congregaron en las calles a dos millones de personas según la Generalitat que clamaron contra la represión policial, el fascismo que domina al Gobierno de España y a favor de la independencia y de la libertad de los pueblos. Dejémoslo ahí, no entremos a valorar si hacer cumplir las leyes y disposiciones judiciales es represión o si el Gobierno de España debería no haber caído en la trampa y dar a los independentistas la foto que tanto deseaban. Yo lo tengo claro, pero aquí solo vamos a hablar de números y lo que este dato demuestra es que a pesar de todo y de todos, de las malas decisiones y de la gasolina echada en el fuego, el movimiento independentista no avanza, está en parada cardiorespiratoria y se congela en esos poco más de dos millones de simpatizantes sobre los que pivota desde hace más de 24 meses. Los mueve mejor, los enfoca con más claridad y juegan sus cartas con más desparpajo por muy marcadas que sigan estando. Pero las matemáticas no mienten, no se equivocan y son indebatibles.  Y el que no lo quiera ver y pretenda arrogarse una representación que no detenta, está condenado a la derrota. Por hipócrita y por vago.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Por ahí no paso

La crisis económica y la virulenta corrupción política ha polarizado el país de forma indiscutible. No hay espacio para el diálogo y el que no está conmigo está contra mí. Cada decisión, cada palabra que uno suelta es diseccionado por "los otros" hasta dejarla en el tuétano con el único afán de ridiculizar al contrario, ganar un titular o poner los andamios necesarios para culminar el debate con un "ya te lo decía yo" que solo sirve para enconar aún más los ánimos hasta la próxima ocasión que, desgraciadamente se presenta casi sin que haya dado tiempo a limpiar los destrozos de la bronca previa. Las cosas están así. Nos gustará más o menos, pero diariamente tenemos ocasión de comprobar que no exagero un ápice. 

Por lo que a mi respecta, intento encontrar siempre algo de sentido en lo que dicen los demás por muy alucinógeno que me parezca y sin que importen las hectáreas ideológicos que pueda haber entre un servidor y las personas con las que se relaciona pero hay veces... Hay veces en las que las ruedas de molino se me atascan en la campanilla y me veo obligado a deshacerme del barniz aristotélico y proclamar que no. Que no, que por ahí no paso.

Escucho hoy a una representante de la CUP espetarle con una mueca de desprecio indescriptible al Director General de los Mossos d'Esquadra si se considera capacitado para ejercer su cargo y si le parece de recibo la brutalidad con la que la policía ha actuado contra los Okupas que llevan varios días convirtiendo las noches del Barrio de Gracia de Barcelona en un desfile de destrozos, incendios y disturbios variados. Al parecer, han desalojado a un grupo numeroso de esta tribu de una sucursal bancaria en la que llevaban viviendo desde 2011 y no parecen habérselo tomado muy bien. Demasiado templado y demasiado bien le ha respondido el aludido para lo que sin duda le pedía el cuerpo.

Tiene bemoles que una muchacha que ampara el que la gente se meta en propiedades ajenas, robe los suministros a los vecinos y convierta en estercoleros todo lo que toca, le pida explicaciones a un tipo que dirige a unos hombres y mujeres que se ven obligados a sacar de las calles a una manada que los triplica, al menos, en número y, que sin la menor duda, los pulverizarían a garrotazos al menor tropiezo. No he estado allí y por eso me baso en la información que facilitan los medios de comunicación, pero me cuesta ver a los Mossos incendiando contenedores y motos, qué quieren que les diga. Yo solo he visto a energúmenos asediando periodistas y colocando la cara a un centímetro de los cascos de los agentes mientra le mentan la madre en el mejor de los casos. Las tiendas que han destrozado, no las han destrozados los Mossos sino los afables vecinos que miran por encima del hombro a los que nos dejamos los cuernos para pagar una hipoteca mientras piensan lo imbéciles que somos por ir a trabajar cada mañana cuando uno puede meterse bajo un techo como Corcuera, con una buena patada en la puerta. 

No sé, igual soy un sucio fascista vendido al sistema que pasa su vida engañado por lo medios de comunicación. Pues igual... no te digo que no. Pero yo, al menos, cuando defiendo mis derechos no lo hago con antorchas ni repartiendo leña. Yo, mis derechos los defiendo donde toca, dentro del sistema, dentro de ese sucio y fangoso sistema que permite a estos tipos defender un derecho que no tienen y, que da a quienes los apoyan la oportunidad de presentarlos como victimas, en un rocambolesco giro ético que cuesta digerir. Pues mira, no. Por ahí, amigo mío, no paso.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Las hojas del rábano

Dos cosas han quedado claras tras la madre de todos los debates habidos y por haber en éste y otros universos, multiversos y realidades alternativas varias de este pasado lunes. La primera es que a la hora de vender un producto, no hay nadie como los muchachos de Antena 3. Ya sea un partido de fútbol de quinta regional, el campeonato de comedores de chipirones en su tinta o un debate político, los mil tentáculos del grupo A3 Media, llevan a cabo tal despliegue de artillería comercial que es casi imposible ponerse a cubierto del continuo bombardeo de anuncios, especiales, preludios y epílogos con el que asedian al desarmado televidente. Puede uno no verlo, pero también es inevitable pensar que al día siguiente ira cojo a las tertulias matinales. 

La segunda y no menos indiscutible es que el pasado lunes fue difícil determinar quién fue el ganador del debate, pero no hay duda alguna de quien terminó de poner el último clavo a su ataúd político y ese no es otro que el actual presidente del gobierno, Don Mariano Rajoy Brey, que con su ausencia ha demostrado que como todos los mediocres, hay que rodearse de iguales para poder destacar.

Con el marrón que le soltó a su voluntariosa vicepresidenta, Soraya Saez de Santamaría (que bastante hizo la pobre con los dos mihuras que le esperaban en el escenario) el presidente se salvó de una muerte segura a manos de Alber Rivera y de Pablo Iglesias y eso que ninguno estuvo en su versión más brillante. Pero, al mismo tiempo, ciñó la cuerda a su mortaja política en un ejercicio de escapismo que haría palidecer al mismo Houdini y que me recordaba horrores a otro suicidio público perpetrado por Zapatero cuando tomó la decisión de mandar a otra mujer voluntariosa, Elena Salgado, a defender los Presupuestos Generales más indefendibles de la democracia (Hable de ello largo y tendido en esta su escombrera, si les apetece pueden recordarlo aquí). Si aquello le costó la mayor parte de su escaso crédito al ex presidente- y Don Mariano se lo echó merecidamente en cara entonces- es de cajón de pino pensar que lo mismo va a pasarle ahora y que ni aquéllas ni estas excusas van a valerle ahora para evitar la sangría de votos que va a suponerle su acobardada actitud y el definitivo desplome de su posición como líder de un partido y de un país que, lo que menos se puede esperar es que le truquen la vara de medir cuando se la dan tan de vez en cuando.

Sabedor como es de que al pobre Pedro Sánchez, le quedan menos vidas que a mí en el Candy Crush, Don Mariano se ha citado con el líder socialista el próximo lunes para quitarle los pocos empastes que le quedaban intactos tras los vapuleos de hace 48 horas. Se escuda en que con el único con el que está obligado a debatir un presidente del gobierno es con el líder de la oposición y no le quito la razón. Pero a un hombre que se ufana de haber sacado al país de la crisis con su firmeza y su habilidad para escalar promontorios de heces socialistas, lo menos que se le puede pedir es que arriesgue, que no se esconda, que no coja el rábano por las hojas y que haga como la mujer del César, que sea, de verdad, un hombre convencido de su legado y que no tenga miedo de discutirlo con quien sea. O al menos que no lo parezca.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

La burra y el trigo

Les aseguro que la foto que ilustra esta entrada no ha sido tomada ni en Figueras, ni en Barcelona, ni en Sant Feliu de Guíxols ni en Gaba. No, aunque les cueste creerlo, la instantánea fue realizada, este mismo fin de semana por un servidor en el jardín de una pequeña iglesia en pleno centro de Copenhague. A la mencionada capital danesa (por cierto, muy recomendable. Ya les contaré con más detalle en otro momento) puso rumbo el Clan Winot al completo el pasado viernes para escapar de la plaga de saturación que sufrimos desde hace meses con motivo de las elecciones autonómicas catalanas. Como pueden comprobar el esfuerzo ha resultado inútil.

Por razones que no vienen ahora al caso, el tema catalán afecta muy seriamente mi devenir diario. De hecho, si Cataluña se independizara, mi vida sufriría un terremoto de intensidad considerable que, por supuesto, deseo mantener a distancia. Por esta razón, siempre me he posicionado en contra de que la secesión se lleve a cabo y, finalmente, los catalanes se desgajen de España. Pero les confieso que lo mantengo única y exclusivamente por esa razón, lo que no deja de tener un punto de tristeza muy significativo. Lo cierto es que estoy de este tema hasta donde  amargan los pepinos y la única razón que puedo esgrimir para desear la concordia nacional es pura y simplemente, mi propio bienestar. Decía el periodista David Gistau hace ya algunos años que el tema de Cataluña es similar al de aquellas novias que se pasaban los años amenazado con dejarte: al final, lo que uno desea en estos casos es que cierre la puerta por fuera y te deje en paz.

En Cataluña hay una creciente ola de apoyo a la independencia. Creo que es indiscutible y amarrarse al hecho,de que no se ha llegado al 50% de los votos para hablar de fracaso en las pasadas elecciones me parece de un papanatismo casi insultante. Por mucho menos Alfonso XIII hizo el petate y se largó para alegría de los republicanos hace casi 100 años. Pero también es cierto que si con lo fácil que se lo han puesto esta vez, los nacionalistas no han logrado una victoria arrasadora, un verdadero puñetazo en la mesa, una vuvuzela XXL, veo muy complicado que puedan lograrlo en un futuro próximo.

El insólito despliegue de medios utilizados por los partidos independentistas para vender la idea de la secesión como necesidad casi fisiológica se ha conjugado con una lamentable estrategia política por parte del gobierno central (en realidad, si se pone uno a pensarlo, las elecciones catalanas las ha ganado el PP: de no haber sido por Mariano y sus palmeros, muchos no habrían terminado dando su voto al zoo nacionalista de Mas y Junqueras). Además, la izquierda ha estado demasiado concentrada en las elecciones generales como para prestar el menor interés por la situación de los catalanes y así les ha lucido el pelo. A pesar de todo ello, a pesar de darse todas las circunstancias para formar una tormenta perfecta, la cosa ha quedado un poco flácida, como a medio hacer.

Ahora con todos los partidos jugando al Teto para conseguir encajar los votos que permitan continuar el proceso secesionista (cosa enormemente complicada cuando dentro de tu "bloque" conviven socialdemócratas, comunistas, republicanos, anarquistas y demás fauna política) los catalanes se enfrenta a su primera foto fija de lo que puede ser un futuro independiente y el resto de España, desgraciadamente se queda lamentándose de que, nuevamente un 3% (¿qué tendrá este porcentaje que siempre termina asociado a CIU y a sus dirigentes?) no haya permitido poner un punto final muy diferente a este cuento y que, de nuevo, la burra tenga que volver al trigo para seguir arando en un campo que linda el barbecho.

lunes, 11 de marzo de 2013

Un tiempo para cada cosa


Soy monárquico por nacimiento y por pereza. Por nacimiento porque, a pesar de venir al mundo con Franco en la poltrona, su muerte me pilló con una edad en la que lo único importante eran las chuches, las croquetas y los dibujos animados de Tom y Jerry. Por consiguiente, toda mi vida no contemplativa ha transcurrido bajo el reinado de Juan Carlos I y ostentando éste la Jefatura del Estado. También lo soy por pereza ya que, si bien, carece de sustento que en pleno siglo XXI sobreviva una institución tan añeja y anclada en el pasado como la monarquía, no es menos cierto, que cambiar la forma política a estas alturas de la película se me antoja una empresa tan agotadora y laboriosa como ineficaz y ornamental. Como ya comenté aquí hace unos años (por cierto, intensísimo y muy interesante debate el que se produjo entonces. Les recomiendo que lo echen un ojo), poco va a cambiar la vida de los españoles si lo que ostenta el cargo de Jefe del Estado es un Rey o un Presidente de la República. Puestos a hacer modificaciones troncales se me ocurren otras muchas, infinitamente más urgentes y de efectos inmediatos.

Todo ello no impide que, a la vista de los acontecimientos que rodean a la Familia Real y a muchos de quienes les circundan, uno se plantee muy seriamente si no sería el momento, tras tantos años en el cargo, de que el Rey recule sobre sus pasos y desaparezca de la escena para dar paso a su hijo y evitar que sus viajes estrambóticos, sus aficiones, sus inesperados desplomes y sus sollozantes disculpas terminen de hundir la Institución. Aunque, creo que con eso solo no valdría, sin duda, podría ayudar a arrancar el tranvía.

Con Urdangarín en la cárcel, las Infantas apartadas de la vida pública- divorciadas preferiblemente, recluidas, donde se las vea poco-  y Don Juan Carlos y Doña Sofía cumpliendo con su papel de comparsas cuando la ocasión lo requiera, la Corona podría recuperar el brillo que tantas y tan sonadas meteduras de pata le ha venido sisando en los últimos meses. En este momento, en el que solo falta que el chofer del Rey y el que le enfría los botijos se hayan llevado crudos los billetes de quinientos, los Príncipes de Asturias parecen vivir en una realidad paralela y, a pesar de intentarlo, no he logrado encontrar contra ellos cacerolada o diatriba con fundamento que los coloque a la misma altura que sus vapuleados compañeros de foto familiar. Con la abdicación de Don Juan Carlos, además de ahorrarnos el triste espectáculo de verlo tambalearse sobre sus muletas con el rostro abotargado y la vergüenza supurando por cada poro de su piel, la Institución podría salir del laberinto en el que se encuentra y desvincularse del lodazal en el que se mueve de un tiempo a esta parte.

Y en nada afectaría una salida a tiempo al enorme y valiosísimo legado que el monarca ha dejado en la historia de nuestro país. Fueran cuales fuesen sus motivaciones iniciales para aceptar la Corona y las razones que le llevaran a tomar algunas de decisiones en los principios de su reinado, lo cierto es que en estos casi cuarenta años ostentando el cargo, el Monarca ha llevado a cabo una titánica tarea- simbólica, efectivamente, carente de tuétano sin duda. Pero necesaria, también sin duda, imprescindible, me atrevería a decir- para que el nombre de nuestro país resuene con fuerza en el extranjero- ahora también lo hace, pero la canción es otra muy distinta, desgraciadamente. De izquierdas o de derechas, nacionalistas y no nacionalistas, incluso si me apuran, demócratas y no demócratas: todos han reconocido al Rey su valor como elemento cohesionador de extremos, el perejil de todas las salsas. Por muy grande que sea la decadencia que rodea hoy al Jefe del Estado, la historia no puede sino hacer justicia con él y reconocer lo diferente que podría ser hoy nuestro país, de no haber estado el Rey a la altura de las circunstancia.

Me reconcome coincidir con el criterio de alguien tan flácido como Pere Navarro, el líder- con perdón- de los socialistas catalanes que hace unos días realizó unas manifestaciones pidiendo poco más o menos lo mismo. Sin embargo y como soy un hombre positivo, prefiero no pensar en inquietantes coincidencias y quedarme con el detalle de que si, incluso, para alguien con tan paupérrimo peso intelectual y político como el del amigo Navarro, la renuncia del Rey es irrebatible, va a ser que, efectivamente, Majestad, ha llegado el momento de hacer las maletas.

martes, 3 de enero de 2012

Punto y seguido


Uno debería ya estar acostumbrado a que la desfachatez y el cinismo sean rasgos imprescindibles para dedicarse a la política. Que lo que hoy se defiende con ardor sea abandonado a su suerte al poco tiempo o que lo antes era un mantra, sea ahora un anatema está a la orden del día y si eso provoca arrobo o excita el pudor y la vergüenza ajena de quien cambia de opinión según sople el aire, con franqueza, lo disimula con maestría

Por estas razones, servidor no tenía duda de que el gobierno nacido de las pasadas elecciones llegaría a defender exactamente lo contrario de lo que defendió en su periodo de primer partido de la oposición, pero, sinceramente, pensaba que tras un equipo gobernante previo en el que la cuadratura del círculo y los Cerros de Úbeda se convirtieron  en inconfundible escudo de armas, los que acababan de llegar iban a tardar algo más en pasarse el programa electoral por el forro y convertir la munición real en cartuchos de fogueo. 

Y, sin embargo, al presidente y a su equipo le han durado sus convicciones menos de dos días y en su primer Consejo de Ministros, el nuevo gobierno ha adoptado una serie de medidas cuyo único objetivo parece ser tirar abajo todo aquello que el hoy presidente utilizó de mascarón de proa durante su campaña electoral: recortes atolondrados, cero medidas para estimular el empleo, una puñalada impositiva en pleno pulmón: si no fuera porque sé que las elecciones las perdió el Partido Popular, estas decisiones diría que han sido tomadas  por el anterior equipo de gobierno:

Que las medidas adoptadas por el Ejecutivo son el otro lado del espejo utilizado durante sus años de oposición , se puede ver aquí, por ejemplo, pero existen cientos de referencias en la red a este asunto que utilizan el mismo principio activo. Y de poco me vale que nos las vendan como una corrección temporal- si algo no es la solución para un problema no lo es ni ahora ni dentro de dos años ni dentro de un siglo- ni como resultado de un déficit distinto al esperado- inverosímil candidez la de los señores ministros si esperaban que tras pasar por las garras del anterior gobierno, las cuentas iban a estar cerradas en firme. En cualquier caso, tampoco escuché durante la campaña que subir los impuestos o bajarlos dependiera de lo que se encontraran tras el traspaso de poderes o de si aquella  magnitud o este porcentaje estaban de esta manera o de otra bien distinta. 

Tras tantas disputas y tanta suficiencia, después de tanto debate y tanta clase magistral, tras tantos gestos despreciativos y tanta crítica altanera, resulta que quienes venían llamados a corregir el estropicio, en lugar de tirar abajo el palacete, apuntalan las paredes y contratan al mismo constructor que ya demostró su impericia apenas hace unos meses y le pasan la factura a los mismos. Ciertamente, si éste es el cambio que nos prometieron, que Odin nos pille confesados.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Sin cariño ni respeto.

 
Un buen amigo acostumbra a cerrar sus comentarios más cáusticos y mordaces con una coletilla que se ha instaurado como hasthag entre nosotros y que es patrimonio de todos aquellos que lo conocemos y tratamos. "Desde el cariño y el respeto" es la frase que suele poner el capuchón a diatribas contra una determinada forma de pensar, una película que provoca urticaria o unas zapatillas que no cumplen los mínimos requisitos que dicta el estilo y el buen gusto. Con ella, quien la coloca detrás de un litro de vitriolo verbal, manifiesta su disconformidad frente a algo hecho, dicho o perpetrado sin, por ello, perder la perspectiva de que quien es sujeto activo de tales comportamiento no deja de ser un buen amigo o una persona digna de confianza o estima. 

Teniendo en cuenta estas circunstancias y que esta entrada pretende servir de anhelado punto y final,a las muchas y muy críticas que en los últimos años un servidor ha dedicado al presidente saliente de este país en ruina creo que nadie se va a sorprender si digo que no existe posibilidad alguna de utilizar la conocida frase al final de este texto.

No hay cariño a pesar de que lo hubo al principio. Confieso que las primeras decisiones del presidente, especialmente la salida de Irak, me parecieron sumamente coherentes con cuanto anunció en la campaña electoral. Recuerdo escuchar a Jiménez Losantos recomendar a Rajoy tras la primera entrevista concedida por el presidente ( a la Cope... casi nada) que no lo subestimara y que le diera el peso específico de un contrincante formidable. Aquello me gustaba, me generaba ilusión y me hacía reverdecer la confianza en las siglas que dejaron de representarme durante los últimos años de Felipe González. Pero pronto empezó el carnaval y el cariño se tornó en sorpresa (la baraja de los estatutos de autonomía), la sorpresa en la incredulidad (la negociación con ETA) y la incredulidad en indignación (la crisis y su tratamiento,o, por mejor decir, la falta del mismo).

Y tampoco hay respeto porque el presidente ha traicionado lo único que nunca debe traicionar un político y que no es otra cosa que la confianza. "España no se merece un gobierno que mienta" anunció Rubalcaba hace ya varios años y Aznar salió por la puerta que atraviesan quienes mancillan la verdad con embustes y artimañas innobles. Ahora le ha tocado el turno al presidente, que ha convertido la mentira en la insignia de una legislatura en la que con burdo e inverosímil cinismo se ha faltado a la verdad de todas las formas posibles: negando la evidencia, haciendo trampas en las cuentas o, sencillamente, acusando de falsarios y saboteadores a quienes nos negábamos a creer las inconcebibles sandeces con las que se nos pretendía hacer comulgar. Lo ha hecho de manera directa, siendo a la vez artífice y emisor de la patraña, pero tampoco ha dudado en utilizar a otros (mediocres y sectarios en su amplia mayoría, botarates diplomados atentos a la consigna de turno para estrechar el círculo y acercarse al líder. De estos, el presidente ha dispuesto en abundancia) para esparcir los mensajes engañosos y falsarios con los que ha sembrado estos casi ocho años de suplicio que, afortunadamente han tenido su fin hace unos días.

Hace unos meses se anunció el descubrimiento de los neutrinos, unas partículas que además de poner en tela de juicio la propia Teoría de la Relatividad, amparaban, al menos desde un punto de vista teórico, los viajes temporales. Ojalá avanzaran en esta investigación y fuera posible retroceder en el tiempo para borrar de la historia al presidente, su pandilla de mendaces palmeros y el bardal ruinoso en el que dejan el sistema político, el empleo y la economía del país. Sé que no es posible, que me adentro en la ciencia ficción y que este deseo no es más que un sueño, pero reconozco que me alivia. Al menos, soñar, ha sobrevivido al naufragio.

sábado, 11 de junio de 2011

La taberna de Asunción


Lo que diferencia a un buen cocinero de un ensuciasartenes es el control del tiempo. Una patata cocida durante un minuto menos del debido se convierte en piedra pómez y si lo que hacemos es dormirnos durante sesenta segundos tras el punto exacto de cocción, el resultado es un amasijo incomestible. Y esto no sucede solo en la cocina.

En los deportes, en los negocios y en la política, entre otras muchas disciplinas, quien domina el tiempo tiene muchas opciones de lograr su objetivo y los proyectos más nobles e interesantes pueden ser momentos para recordar o comida para perros según la posición de las manecillas de un reloj. El tiempo, con la inestimable ayuda de una considerable candidez es lo que ha condenado al fracaso un movimiento como el que desde hace semanas se estanca en la Puerta del Sol del Madrid.

Inicialmente la toma del centro de la capital por un numeroso grupo de personas el pasado 15 de mayo me produjo un rechazo fulminante. Más por la apatía de los responsables a la hora de impedir la ocupación (Ni pensar quiero en lo que habría pasado de ser las impolutas huestes de Génova las que tomaran la plaza) que por los sujetos mismos. También es cierto que su autoproclamación como "indignados" a colación del panfletillo de Stéphane Hessel así como el marcado carácter "progresista" en su sentido más peyorativo de sus primeras consignas y declaraciones no ayudaron precisamente a que su imagen mejorara ante mis ojos.

Sin embargo, pasado el primer impulso, comencé a sentir cierta simpatía por ellos. Para empezar por el hecho en si mismo: tan acostumbrados como estamos a mirarnos el ombligo (servidor el primero), es ilusionante ver que hay límites, al menos en algunos, a la hora de digerir ruedas de molino. Respecto a los mensajes, si bien en su manifiesto se conservan paridas recurrentes tales como recortar el gasto del Ministerio de Defensa o la obligatoriedad de que los políticos hagan un informe de con cuanto entran en cargo público y con cuanto salen, no es menos cierto, que la reforma de la Ley Electoral, que los directivos de las entidades financieras no huelan un euro más del que les corresponde sin antes devolver el pastizal que hayan podido obtener del Estado o la extirpación de la política del cuerpo judicial son planteamientos sumamente razonables y muy necesarios.

No es que augurara futuro alguno al movimiento tal cual fue concebido, no soy tan cándido, pero reconozco que llegó a parecerme una iniciativa con un importante factor aglutinador que, de poder estructurarse adecuadamente, abría de devenir en una opción electoral a tomar en cuenta. Sin embargo, como ya he mencionado antes, la candidez y el buenismo de los acampados de Sol ha terminado por costarles el cuello.

Si bien, sus planteamientos son serios y razonables, no es menos cierto que ya hay partidos políticos, como UPD que defienden esas posturas y otras similares. Tirar de artillería poética y proclamas a pie de calle no deja de tener un sesgo tan humanista como inútil. Si lo que se pretende es cambiar el sistema, o se ataca desde fuera con algo más sólido que minutos de silencio o aplausos mudos o, lo que es más razonable, se intenta el cambio desde dentro. Si una vez terminada la jornada electoral, con medio mundo atento a la pantalla, la popularidad por las nubes y el prestigio intacto se hubieran retirado a estructurar sus planteamientos para presentar una opción política alternativa de peso, no estaríamos asistiendo al lento e inexorable desmoronamiento de todo lo bueno que de allí pudo surgir.

El tiempo, el implacable reloj de arena que domina la actualidad y que convierte las cosas en noticias, en recuerdos o, en el peor de los casos en la propia arena que lo nutre, ha terminado por arrasar estos principios no por evidentes e indiscutibles. A día de hoy, las consignas políticas más interesantes apenas tienen peso específico y las estupideces más asombrosas campan a sus anchas por un campamento que se ha convertido en un zoco lleno de comités, directorios, asambleas, consejos y demás quincalla burocrática. Además, la organización ha perdido por completo los papeles y los laberintos de lonas se ven ocupados por una horda de maleantes y pordioseros que, sin tener nada que ver, muy probablemente con la organización, se han puesto de zapadores en el desfile sin que nadie haya sabido sacarlos por la puerta de atrás o desmarcarse de ellos.

Mañana, tras largas, tediosas e innecesarias asambleas, parece que el grupo de indignados de la Puerta del Sol abandona su campamento y marcha a los cuarteles para decidir sus próximos movimientos. Me temo que es demasiado tarde, que el tiempo ha cumplido su parte del trato y que lo que podría haber sido un buen vino se ha convertido en lo que el chascarrillo dice acerca de los caldos que servía una tal Asunción en su taberna: que ni son blancos, ni tintos, ni tienen color.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Zenkiu


Lo triste no es que según un informe publicado ayer, los ciudadanos españoles estemos en en pelotón de los torpes dentro de la Unión Europea en lo que se refiere a conocimientos de inglés: lo estamos ya en tantos aspectos que uno más o menos importa poco. Además, no es muy difícil llegar a esa misma conclusión simplemente contemplando el horizonte.

Uno visita cualquier país europeo de habla no inglesa y en cualquier colmado del barrio más recóndito al que nuestros pies nos lleven es posible la comunicación a través del inglés. Si uno hace lo propio en su homólogo hispano, las posibilidades de pedir una barra de pan y salir con un bote de judias aumentan exponencialmente. Y la cosa no cambia si nos ubicamos en una zona más turística.

En mis paseos por el centro de Madrid, he asistido a situaciones dantescas en las que sonrosados extranjeros parapetados tras sus mapas se las veían y se las deseaban para pedir una botella de agua, preguntar por una dirección o localizar el autobús más cercano en pleno centro neurálgico del turismo madrileño. El estupor, la sorpresa y el mutis por el foro, sin olvidar el desdén y la mala educación han sido la habitual moneda de cambio ofrecida por el aborigen madrileño en estos trueques internacionales de conocimientos.

Sí, todo esto es, sin duda, muy triste, una lamentable laguna cultural y una grieta peligrosa de nuestro sistema educativo. Pero con todo y con eso, insisto en que no es lo más penoso. No, lo más penoso es que parecemos encantados de pilotar el coche escoba y por lo visto ayer en los experimentos realizados por los medios de comunicación para comprobar la veracidad del informe, candidatos a conducir el tren de la incultura con la mejor de las sonrisas no van a faltar.

Adolescentes de bigote incipiente, universitarias con el uniforme de progre completo, ejecutivos de engominada melena, taxistas de pelo en pecho, camareros de patillas jurásicas. Ni uno solo, insisto, ni uno solo tuvo la decencia de llorar ante las cámaras a la hora de reconocer que solo las visitas a El Corte Inglés lo acercaban a la lengua de Oscar Wilde y que semejante carencia en pleno siglo veintiuno debería estar penada con meses de cárcel. En lugar de esta razonable actitud, todos los entrevistados reconocían su estupidez con carcajadas, codazos cómplices al compañero o guiños de taberna patibularia.

Ser un patán parece ser a día de hoy un fin en lugar de una consecuencia. Cuando mayor incultura uno reconozca, mayor peso social adquiere y parece contar con respaldo confeso el no tener ni puñetera idea de nada. Una persona aparece en televisión reconociendo que no sabe una palabra en inglés o que ignora donde está la península ibérica y, automáticamente, quienes la rodean se ven invadidos por un jolgorio que, francamente, no acabo de comprender. A este paso, la incultura va a ser una vara de medir con tan enorme peso específico que lo suyo ya no será preguntar a la gente si han leído tal o cual libro sino, más precisamente, si saben leer. Con esta tendencia, al final, ni Shakespeare ni Cervantes ni nada de nada.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cuchillos atómicos


En casa hemos decidido dejar de utilizar cuchillos. Reconocemos su utilidad y la facilidad con la que ciertas tareas que serían desquiciantes se convierten en sencillas gracias a su intervención. Provoca cierto vértigo pensar en cómo vamos ahora a pelar la fruta, cortar los filetes o rebanar el pan, pero, la decisión está tomada y no hay marcha atrás en este proceso.

Quiero dejar claro que siempre hemos sido conscientes del peligro que supone su uso. A pesar de su incuestionable utilidad y del impagable servicio que sus filosas hojas nos han proporcionado a lo largo de nuestra vida, no hay duda de que de no mediar una máxima concentración y unas estrictas medidas de seguridad, es muy posible que el filo amigo termine traspasando la blanda carne de quien lo empuña.

Cada incidente, cada error de cálculo, nos ha llevado a analizar con el mayor detalle las circunstancias que han rodeado cada caso concreto y fijar los parámetros para que no vuelva a suceder, perfeccionado simultaneamente los protocolos de actuación. Así, hemos pasado de utilizarlos con las manos desnudas a implantar el uso obligatorio de guantes de malla metálica . La placa que recubre el cajón donde se guardan normalmente tiene ahora un cierre de seguridad adicional y desde hace unos meses, fundas de plástico reforzado recubren sus hojas, evitando así los cortes accidentales que la limpieza de sus mangos puede provocar.

Pero hace unos días, el pasado 11 de marzo, para ser exactos, los acontecimientos han demostrado la ineficiencia de estas medidas y todos los planes de acción se han convertido en comida para perros: la mesa donde cortaba el bizcocho para el desayuno, una mesa de roble macizo que lleva en mi familia varias generaciones cedió por alguna extraña razón, partiéndose en dos y provocando, además de un profundo corte sanguinolento, un cataclismo de proporciones faraónicas en el que todo cuanto había sobre la mesa quedo reducido a escombros.

Sé que es muy posible que nada de esto vuelva a ocurrir o que, probablemente, la mesa hubiera quebrado en cualquier otro momento y por cualquier otra circunstancia. Pero el golpe ha sido duro, devastador; tardaremos mucho tiempo en recomponer el cenagal que el incidente ha provocado, pero es preciso encontrar algo o alguien a quien culpar, un argumento para no admitir que todo lo que esta sujeto es susceptible de derrumbarse y que, por definición, vivimos en precario, a expensas de una espantosa casualidad que nos mande a todos a la tumba. Sayonara.

miércoles, 23 de febrero de 2011

La memoria de los buitres


Hablo a menudo de Fernando Savater. En mi opinión, el filósofo y escritor vasco es una de las mentes mejor engrasadas de este país y sus opiniones marcan un punto de inflexión en cualquier debate en el que participe.

Por si fuera poco equipaje, Savater ha demostrado en multitud de ocasiones que si de coraje y valentía se habla, también hay que tenerlo en cuenta. Así, mientras la mayoría de nosotros criticamos desde el salón de nuestra casa, la violencia de la basura etarra y la podredumbre del nacionalismo radical de Batasuna (en cualquiera de sus nomenclaturas), Savater les escupe en la cara y en su propia casa a través de la palabra escrita y de la enunciada, a través de libros y artículos o en conferencias y debates de los que ha salido vivo de milagro en múltiples ocasiones.

Savater no tiene que demostrar nada a estas alturas de la vida. Quienes utilizamos el cerebro para otras actividades que no sean absorber consignas cocinadas en el recelo y la envidia, sabemos que este hombre es un demócrata y un luchador por las libertades como hay pocos en este triste país en el que vivimos. También sabemos que jamás ha levantado un puño contra sus enemigos, solo la voz y con la única finalidad de hacerse oir sobre los abucheos de quienes salivaban por despedazarlo a golpes. Y por supuesto, sabemos que si a alguien y por alguien Savater daría su vida es por las víctimas de los terroristas y por el fin de la violencia.

Pero en esta España nuestra la memoria es frágil, por mucho que algunos digan que es histórica y han bastado unas palabras poco afortunadas del escritor vasco, sacadas, además de su contexto, y en las que confesaba "haberse divertido con el tema del terrorismo", para que sus enemigos se hayan lanzado en picado para acusarle hasta del hundimiento del Titanic. Alguno, incluso, ha dicho que si la Audiencia Nacional no iniciaba un proceso por apología del terrorismo, eludía sus funciones. También y como era de esperar, dada su activa militancia en Unión, Progreso y Democracia (UPD), no han sido pocos los que han aprovechado para dar un par de derechazos al partido, su ideario y, como no, a sus directivos, con Rosa Díez a la cabeza.

Es patético, pero ha sido necesario que Savater salga hoy a la palestra a matizar sus declaraciones y aclarar a quienes no han perdido el tiempo en precipitarse sobre su yugular que la lucha contra el terrorismo ha sido de tan radical importancia en su vida que"si ETA no se hubiera cruzado en su vida probablemente hubiera tenido que dedicarme a estar en la academia y cosas así, que me hubieran aburrido y luchar contra el terror me ha gustado mucho más (..) lo cual ha tenido la contrapartida del dolor provocado por los amigos que hemos perdido y por haber visto sufrir a mucha gente". Tranquilo, Fernando. La mayoría de nosotros, no necesitamos este tipo de explicaciones: nosotros sí tenemos memoria

viernes, 19 de noviembre de 2010

Cuestión de collares


Espectacular la empanada ideológica de los muchachos de la Asamblea Madrid contra el Fascismo. Los que en alegre parentela aparecen retratados y otros cortados por el mismo patrón han empapelado el barrio con carteles como el que acompaña esta entrada y este próximo domingo convertirán el centro de la capital en un colchón de cristales rotos, coches carbonizados y sangre seca. Fieles a su tradición. Puntuales a su cita. Para desgracia de los que aquí vivimos.

Y hablo de empanada monumental porque identificar fascismo con autoridad es no haber entendido una sola coma de lo que en el mundo ha ocurrido desde el Pleistoceno. Eso sin entrar a analizar la incoherencia que supone abominar de la autoridad y conformar una asamblea que dicte el tiempo, lugar y forma para "recuperar la calle" a cuantos a ella se someten. La cuadratura del círculo se convierte así en una obviedad deslumbrante.

Pero no son mejores los que se les enfrentarán con sus brillantes testas, ostentando simbología que apenas comprenden y consignas de manual de las que solo pueden haber tenido noticias en los libros. La mayoría de ellos no sólo han pasado el cien por cien de su existencia en una cómoda y más o menos asentada democracia sino que ni siquiera habitaban en el limbo cuando las últimas luces del fascismo patrio se diluían hace ya treinta y cinco años.

Unos y otros con su verborrea de patio de colegio convertirán como cada año mi barrio en un campo de batalla que obligará a quienes vivimos en él a enclaustrarnos en nuestras casas o huir al campo con la esperanza de que, en esta ocasión, no prendan fuego a nuestro coche o destrocen a pedradas las ventanas tras las que nuestros hijos se ocultan con la más completa estupefación grabada a fuego en su rostro. Algo une, no obtante a unos y a otros, eso sí: lo harán sin derecho alguno, sin la menor autoridad, como siempre lo han hecho. En eso al menos, son coherentes y se asimilan.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Leña seca


Primero fue la pintada que fotografié ayer en la pared de una empresa que hay cerca de mi domicilio y que podéis ver en la cabecera de la entrada. Después fue la imagen de un encendido sindicalista que bramaba enfurecido frente a sus acólitos que no iban a cumplir los servicios mínimos acordados con la Administración para hoy sin aportar razón alguna aparente, salvo ese concepto tan nebuloso y progresista de "abusivo". Y, por último, la gota que ha colmado el vaso ha sido el aviso a navegantes que los piquetes informativos hicieron ayer a los trabajadores de Iberia a través del correo electrónico y en el que se recomendaba a quienes no tuvieran que prestar servicios mínimos que no arriesgaran su integridad física yendo hoy a trabajar. Michael Corleone hubiera podido firmar sin rubor el correo.

Mi idea era hoy, levantarme algo más pronto de lo normal y descargar toda la bilis que este asunto de la huelga general me provoca desde hace unas semanas, un breve pero intenso interludio en el prolijo relato de mis paseos por NUEVA YORK (va por ti, Otis) con el que os llevo asediando estas últimas semanas. Mi intención era soltar un par de mandobles furiosos a estos sindicatos de felpa que el Gobierno ha tenido la suerte de disfrutar (o la habilidad de manipular, nunca puede uno estar seguro de estas cosas), que se fuman un puro mientras las cifras del paro escalan posiciones día a día y que cuando quieren protestar y lanzar a la calle un mensaje de advertencia no pueden impedir que la imagen que se transmita sea la de un actor sustituto al que le anuncian, sin apenas tiempo para prepararse, que debe salir al escenario a suplir al protagonista de la opereta.

Tampoco iban a irse sin su dosis correspondiente de leña, los violentos e indignos piquetes informativos que, incapaces de asimilar que (más o menos) vivimos en democracia, atemorizan y coaccionan a quienes respetando el derecho de quienes deciden adherirse a la convocatoria de huelga, hacen uso de su condición de ciudadano y adoptan la medida de ir a trabajar, lo que, en el mejor de los casos, puede acarrearle una lluvia de humillaciones verbales, cuando no una paliza a mayor gloria de la solidaridad obrera. Desde donde quiera que esté Heinrich Himmler aplaude satisfecho el modo en el esta gentuza mantiene vivos los métodos que él ya hiciera populares en Alemania hace unas décadas.

No obstante lo anterior, el despertador no ha cumplido su parte del trato, y la descarga de bilis se ha visto truncada de raíz. Y la verdad, a estas alturas del día, habiendo podido comprobar en mis propias carnes que el poder de convocatoria de esta charada general ha rivalizado con la de un concierto de Peret en Alaska, se me quitan las ganas de hacer leña de este árbol sindical, podrido hasta la raíz más profunda. No es que no estuviera cantado, que el fracaso de la huelga tuviera oportunidad alguna de no producirse, pero, sinceramente, no imaginaba que a los trabajadores se la trajeran tan floja, las diatribas infantiloides de Méndez y Toxo, mucho más preocupados en que la foto les saque el perfil bueno (de haberlo) que convencidos del efecto que este lamentable episodio nacional pueda tener sobre el país. Dicen que lo que se hunde por su propio peso, tarda más en salir a la superficie, de modo que, ¿para que forzar la máquina?

domingo, 16 de mayo de 2010

Por el mismo rasero


En uno de los debates televisivos que enfrentaron a Felipe González y José María Aznar, a principios de los noventa, el hombre de las abdominales de oro insistía en cada réplica en pedir a su contrincante unas difusas disculpas por un asunto cuyo contenido político no termino de ubicar, pero cuyo peso específico recuerdo como nimio y escaso. El rey de los Bonsais, por su parte, al ignorarlo por completo y no dignificar la petición con una respuesta, huía por los cerros de Úbeda y el debate concluyó, al igual que tantos otros desde entonces, sin que a los votantes, nada nos quedará claro de lo que realmente importaba, empeñados como estaban en lanzar y esquivar una y otra vez la misma pelota.

Recuerdo preguntarme durante los largos y asperos minutos que duró aquel combate porqué González no daba un golpe de efecto y le decía al aspirante al título algo así como, "veo que sigue insistiendo con este asunto. En mi opinión es algo irrelevante y creo firmemente que así lo piensa la mayoría de los espectadores. De modo que en su beneficio y con la finalidad de poder avanzar en el debate y poder así hablar de las cosas que realmente le interesan a los ciudadanos, le entrego esas disculpas que tanto parece necesitar y le insto a que podamos empezar, en serio, a tratar los temas por los que los ciudadanos pueden valorar si es usted un buen aspirante o, por el contrario, como hasta el momento han pensado, yo tengo el crédito suficiente para poder seguir siendo su presidente". Apocalipsis. Éxito inmediato. Estoy convencido que Aznar hubiera podido empezar mucho antes a hacer sus mil abdominales diarias y nos hubiéramos ahorrado también algunas cosas.

Los políticos no han alcanzado el bronce en la lista de temas que más nos preocupan por sus corruptelas y sus oscuros pactos de despacho. Tampoco por no disimular en absoluto que es mucho más importante alcanzar o, en su caso, mantenerse en el poder que intentar salvar la situación del país. No, todo eso influye, obviamente; colabora activamente en cimentar una imagen de farsa que parece imposible de eliminar. Pero lo que realmente nos preocupa, lo que logra que nuestros dirigentes (actuales y potenciales) anden a remolque del paro y de los problemas económicos es el convencimiento casi absoluto de que son gente mediocre, sin reflejos, encorsetados en los papeles que tienen asumidos o les han obligado a sumir sin, por las mismas razones, ser capaces de dar ni ejemplo ni sorpresas.

Todo ocurre según el guión, en un devenir perezoso y previsible que resta entidad a los que se dice y colma de sentido a lo que queda en el tintero. Cada vez que el presidente o el jefe de la oposición abre la boca, uno puede predecir casi palabra por palabra, lo que va a oír. Eso puede contentar a los convencidos, del mismo modo que uno compra el disco de su banda favorita a pesar de saber con exactitud las notas que va a encontrarse.

Pero se supone que los políticos no deben dirigirse a su "público", que su objeto no es simplemente, contentar a sus partidarios y encender los ánimos de sus contrincantes. Es por eso que añoro el elemento sorpresa en nuestros políticos, la frescura en los planteamientos, la capacidad de salirse del guión, de rectificar. Sería muy saludable que asumieran sus errores de cálculo y sus errores de bulto, que no tuvieran reparo en reconocer los méritos ajenos y fueran constructivos con las críticas. Sin duda, ayudaría mucho a superar la crisis que padecemos. Pero sobre todo, ayudaría mucho que los que piden un esfuerzo adicional, una última gota de sudor, arrimaran también el hombro e hicieran un esfuerzo real por entenderse, por negociar, por presentar un frente común ante esta realidad sin aprovechar cualquier resquicio para sacar el pasado en procesión ni vaciar los saleros sobre las heridas. Nos lo deben, pero sobre todo, nos lo merecemos.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Una más


La situación en mi barrio se hizo tan insostenible hace unos meses que el Ayuntamiento decidió instalar cámaras de seguridad en cada esquina y, así, lograr un poco de paz en una vecindad abrumada por la delincuencia, las drogas y la conflictividad racial y religiosa. De hecho, justo entre dos de las ventanas de mi casa han instalado una de estos horrendos aunque eficientes artilugios como el que adorna esta entrada.

Y digo eficientes porque desde su instalación, ya casi nadie nos despierta en mitad de la noche pidiendo auxilio ni la bella señora Winot tiene que emular a Usain Bolt para recorrer los quinientos metros que separan su puesto de trabajo de nuestro hogar cuando vuelve a horas intempestivas tras su jornada laboral. Los siniestros tipos que trapicheaban con cigarritos de la risa en la misma puerta del local donde la heredera y servidor vamos a comprar el pan los fines de semana, hace casi un mes que no aparcan su despreciable humanidad en las calles de mi barrio y me faltan dedos en las manos para contar los días que han transcurrido sin escuchar como revienta en astillas la ventanilla de un coche aparcado a plena luz del día.

En mi caso, que lo único que podría llegar a captar la cámara es una excavación nasal o un magreo genital para acomodar las colgantes, la presencia de los artilugios no solo no me incomoda sino que, muy al contrario, me genera innumerables beneficios. Reconozco que es triste que nos tengan que plantar ojos electrónicos por las paredes para poder vivir en paz y que solo su presencia evita que la gentuza que puebla el barrio siga haciendo lo que le viene en gana. Pero así son las cosas y si con este sistema consigo dotar de mayor seguridad a la bella señora Winot, a la heredera y a servidor, bienvenidas sean las cámaras.

Como era de suponer, no han faltado voces denunciando el presunto ataque al derecho a la intimidad que supone la presencia de los cachivaches electrónicos mencionados y las paredes de las sinuosas calles de mi barrio están tapizadas de pegatinas en las que colectivos de diverso pelaje avisan de que las cámaras van a convertir el barrio en un gueto (?) y que, cada vez que uno dé un paseo, "okupe", bese o se saque un moco (no me invento una coma. Todas estas paridas aparecen impresas en los carteles) será filmado para la posteridad. Incluso, se han llegado a convocar manifestaciones que, a pesar de rivalizar en poder de convocatoria con el que tendría una gira de Joselito en Uganda, no dejan de sorprenderme por el implacable candor progresista y la patente ceguera que perfuma sus gritos de guerra y que parecen obviar la tremenda inseguridad que existe en las calles de una vecindad a la que no parecen pertenecer.

Por lo que a mi respecta, el único miedo que tengo ahora mismo, si de temas de seguridad hablamos, es que alguno de estos respetuosos y pacíficos defensores de la libertad que se vienen rasgando las vestiduras desde hace semanas, decida, como en otras ocasiones, defender sus derechos a pedradas y, por querer combatir la "represión" que la instalación de las cámaras supone, reviente una de las ventanas de mi casa al intentar proteger su intimidad en detrimento de mi seguridad. Estoy por escribir al Ayuntamiento para que pongan una más frente a mi casa. Solo por si las moscas.

lunes, 4 de enero de 2010

La pregunta del millón


Kurt Westergaard estuvo a punto de morir hace menos de dos días. Un joven somalí, armado con un hacha de considerables proporciones logró colarse en el interior de su domicilio e intentó asesinarlo al grito de "sangre y venganza". Afortunadamente, Westergaard logró refugiarse en la cámara acorazada instalada en su baño y, tras contactar con la policía (que logró finalmente reducir a disparos al agresor), salvar su vida.

Es muy posible que el nombre de Kurt Westergaard no diga nada a mucha gente. Pero si decimos que es el dibujante que en 2005 revolucionó a miles de musulmanes por unas caricaturas de Mahoma realizadas por él para el diario danés "Jyllands Posten", es más fácil ubicarlo. Cuatro años después cuando casi nadie se acuerda de aquel lamentable hecho en el que la libertad de expresión retrocedió varias décadas para alegría de los islamistas más radicales, Westergaard aún permanece en el punto de mira y de no ser por las medidas de seguridad que el gobierno danés le facilitó, el dibujante, cuyo único delito fue hacer uso de una libertad que ha costado siglos conseguir, sería carne fileteada en el pasillo de su propia casa.

No sería la primera vez, también es cierto. El polémico periodista y cineasta Theo Van Gogh, que dirigiera en 2004 el cortometraje "Sumisión", sobre el papel de la mujer en el Islam, fue asesinado en pleno centro de Amsterdam hace tres años por un integrista que tras derribarlo de su bicicleta con varios disparos de su pistola, lo acuchillo en repetidas ocasiones, lo degolló hasta el hueso y no contento con eso, le clavo un cuchillo en el corazón dejando sobre el cadáver una carta de varios folios llena de amenazas y apocalípticos augurios para "los no creyentes".

Uno puede escribir un libro en el que se diga que, en realidad, Jesucristo y sus Apóstoles son el precedente más antiguo de los Village People o dirigir una película en la que aparezca la Virgen María practicando el onanismo y, a lo más que se arriesga, sin ser poco, es que le censuren la obra. Sin embargo, cuando del Islam se trata, una mancha en la delicada sábana de sensibilidad que rodea a los más extremistas puede suponer tu decapitación o que la embajada de tu país, a miles de kilómetros, salte por los aires. Y no solo hoy, o cuatro años después, como es el caso de Westergaard. Un acto de este tipo condena al "culpable" a permanecer en perpetua guardia y vivir hasta el fin de sus días con un cuchillo colgando sobre tu cabeza. Salman Rushdie puede dar buena cuenta de ello.

¿Es admisible que la sensibilidad de un grupo religioso sea la vara a través de la cual todo Occidente mida su derecho a expresarse libremente? ¿Puede un sector extremo de una fe o una opinión política determinar qué es o qué no es merecedor de la muerte y actuar en consecuencia? ¿Puede alguien en su sano juicio pensar que, en realidad, Rushdie, Van Gogh o Westergaard, tienen lo que se merecen por haberse metido con la gente equivocada? ¿Vamos a pensar, de verdad, que al final los rodillazos en la nariz son agresiones nasales a la rodilla? Creo que la respuesta a esto es la misma que recibió Theo Van Gogh de su asesino cuando, mientras la vida se le escurría por su cuello cercenado, le preguntó si no era posible sencillamente que discutieran sin más sus diferencias.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Ojos de cordera















La relación entre jefe y subordinado es, por naturaleza, artificial y descompensada. A pesar del interés que pueda existir (o no) por una o ambas partes en teñir de amistosos los vínculos de poder, la amenaza latente de que los galones de uno devuelvan al otro a su posición subordinada crean un precario equilibrio en este tipo de relaciones que tienden a deshilacharse al menor contratiempo.

En este sentido, no tengo la menor idea del tipo de relación que mantiene el presidente del gobierno con su vicepresidenta económica, Elena Salgado, pero de lo que sí estoy convencido es que después de la encerrona que le montó su jefe ayer en el Congreso, colocándola de primer violín en la defensa de los Presupuestos Generales del Estado, a la señora ministra se le habrán quitado las ganas de, siquiera, tomar el mismo ascensor que el presidente. Soltarla ayer en un hemiciclo incandescente a defender unos presupuestos que el mismo Julio Verne calificaría de fantasiosos, sin más defensa que un manojillo de papeles y tres consignas mal digeridas roza la crueldad y no sé si, incluso, debiera tipificarse como delito en legislaturas venideras.

Ver a la ministra aferrarse a sus folios, con los ojillos chicos y visiblemente nerviosa , balbuceando insensateces mientras le caían las tortas (y los fríos e incontestables hechos) de izquierda y derecha, ha sido uno de los momentos políticos más deprimentes de los últimos años. Y su jefe, mientras tanto, desde la barrera, con la sonrisa puesta y en pleno salto mortal hacia atrás, insólitamente ausente en una de las intervenciones parlamentarias más importantes del año. Prefiero no pensar en la que se hubiera montado si Rajoy hubiera enviado a Montoro a replicar a Zapatero de haber sido éste el ponente en el debate.

Con todo y con eso, lo que es quizás peor es que, en realidad, Elena Salgado tuvo suerte de caer en las tiernas manos de un gallego más proclive al sopapo educativo que a la dentellada inmisericorde. De haber sido el hipermineralizado y vitaminado Aznar el encargado de replicar a la ministra, no hubieran quedado de ésta ni los huesos. El que no se consuela es porque no quiere, como dicen por ahí.

viernes, 2 de octubre de 2009

A los que la presente vieren y entendieren


Estimada/o ciudadana/o:

Le imagino al corriente de las novedades de índole fiscal que el faro de Occidente nuestro presidente ha anunciado hace unos días. Los medios de comunicación nacionales y extranjeros, los organismos internacionales y los principales miembros y miembras de nuestra sociedad se han encargado de dotar a las medidas de la difusión que merecen.

A pesar de su deslumbrante carácter social y de exigir con cristalina claridad un esfuerzo superior a los hijos de perra capitalistas las rentas más altas, comentarios dispersos y algunos sondeos realizados por nuestra policía política entidades de reconocido prestigio, hemos creído detectar entre el rebaño los ciudadanos y ciudadanas si no un rechazo, sí una evidente mala interpretación de las imprescindibles medidas correctoras que pondrá en marcha este gobierno para agarrarse a la poltrona superar todos juntos esta dura prueba con la que la historia nos pone a prueba por culpa de Bush, Aznar y el cambio climático .

Es por esta razón que el gobierno da hoy la salida a una nueva iniciativa orientada a lograr de la ciudadanía su voto apoyo a las referidas medidas mediante una campaña orquestada planificada con rigor, criterio y sosiego tendente a hacer comulgar con ruedas de molino llegar a todos los españoles el verdadero sentido de estas medidas malparidas tomadas por el gobierno.

Para ello, contaremos con todos los afiliados y afiliadas al PSOE que , bajo la batuta de la fara de occidente la secretaria de Organización del partido, Leire Pajín recorrerá cada calle, cada barrio, cada municipio, pueblo o ciudad de nuestra nación para hacer llegar a los que van a pagar la borrachera ciudadanos y a las ciudadanas el sentido último de estas medidas fiscales que no es otro que el que siempre ha dirigido la acción de este hatajo de ineptos gobierno: lograr el bienestar propio de todos los españoles.

Ala, a atarse los machos que vienen curvas Un saludo.

DesGobierno de España.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Diálogo de cenobitas

- No me jodas, Sonsoles. No puedes estar hablando en serio. Pero, ¿tú las has visto bien? Si parecen figurantes de un vídeo de The Cure.

- Bastante que hayan venido, José Luís. Ya iban camino del concierto. Menos mal que las han encontrado a tiempo.

- ¡Pero que concierto ni que concierto! Con esas pintas no les iban a dejar entrar en ningún concierto. ¿nos imaginas a nosotros entrando así en el Auditorio?

- No, no. No era un concierto de esos. Ya te dije que iban a ir a ver al tío ese que oyen a todas horas en su cuarto, el que tiene un ojo de cada color y dice que es el Anticristo y no sé cuantas cosas más. No me viene el nombre.... Martirio Masón o Marylin Manson.... o.... no sé, algo así.

- ¿Lo que hemos oído esta semana desde su cuarto....... ¿era música? Pensaba que estaban reformando su habitación o algo así. De cualquier modo, cariño, no sé cómo has podido dejar que acudieran a la fotografía oficial, como salidas de un juego de rol, con esos trapos, esos peinados......... ¡¡ y sin quitarse la mochila!!

- ¿Mochila? ¿Qué mochila?

- Pero, ¿no has visto la foto? Pesan tanto que parece que se les ha caído una lentilla y andan buscándola. ¡Que desastre, Sonsoles, qué desastre! Toda la semana rompiendo la pana con entrevistas en la CNN, discursos en la ONU y frases para la eternidad y ahora vienen estas dos, vestidas de Darth Vader y lo echan todo a perder. No te ofendas, cariño. Sabes que soy amigo del diálogo y el consenso, pero es que cuando las he visto con esas botas de dominatrix y esas muñequeras casi me quedo en el sitio. Creo que no has ejercido tu autoridad como debieras. A veces, hay que ponerse los galones y romper la baraja.

- Si lo he intentado, Jose, pero dicen que si son mayores para abortar, también lo son para vestirse como quieran. Que todavía deberíamos estar agradecidos que hayan dejado las escobas y los capirotes en el salón. No sé que pensarás tú, pero creo que deberíamos controlar más el tiempo que pasan visitando a la tía Bibi.

- Al final va a llevar razón, Esperanza y en España ya no se respeta nada. De verdad te digo que........ fíjate tú que mala pata: el acontecimiento interplanetario del milenio, la foto más importante desde la de Yalta, los dos líderes más representativos del mundo libre, por fin, juntando sus manos para regocijo del universo y lo que quedará para el recuerdo será esta foto con las hermanas Monster. Con los guapos que han salido los Obama y míranos a nosotros, que parece que venimos de enterrar a Chanquete. También tú, cariño, viendo lo alegre y floreado del atuendo de las niñas ya te podrías haber puesto algo un poco más luminoso y primaveral para compensar un poco. Esto no puede saberse.... hay que detener la publicación de la foto. Si no lo hacemos, Cebrián y Pedro Jota, sin contar con todos los cachondos que rondan por Internet, van a tener material para un siglo. Llama a María Teresa y que lo organice todo. Esta foto no puede salir a la luz.

- Cariño, recuerda que María Teresa aún anda de baja. Habrá que llamar a Elena para que sea ella la que..... ¡ay, no! si va camino de la cumbre del G-20. Va a ser que no. Bueno, no te preocupes, seguro que Manolo es capaz de encargarse de todo.

- ¿Manolo? ¿Manolo ha quedado al frente? Ahora si que estoy jodido, Sonsoles, de ésta no salgo................. Abre la ventana, cariño, que no puedo respirar..................

- Jose, ¿te encuentras bien? Estás blanco. Recuerda quien es nuestro anfitrión. ¿Quieres que llame a un médico? Jose..... Jose...... ¡¡¡¡JOSEEEEEEEEEE!!!!!!!!!