miércoles, 4 de diciembre de 2013

Sardinas

Dice Paco Mir en el folleto que entregan al espectador que acude a ver "Noises Off" o, en su paleta y desmerecedora traducción española, "¡Qué desastre de función!" que, probablemente, estemos ante la mejor comedia del mundo. Bueno, tal vez sea un poco exagerado y más ahora que Zapatero acaba de publicar un libro, pero, lo cierto es que la obra del dramaturgo británico Michael Fraynes que actualmente se representa en el Teatro Caser Calderón, de Madrid es un modo inmejorable de pasar dos horas con la sonrisa instalada en tu cara y, especialmente en el tercer acto, troncharse de la risa.

Antes de nada, avisar a los más intensos que en "¡Qué desastre de función!" no hay actores que se paseen desnudos mientras se masturban con un ejemplar de "Mein kampf" ni la escenografía desafía las leyes de la ubicuidad trascendente del nihilismo surrealista de la Europa del Este. No, amigos de la vanguardia y la punta de lanza, "¡Qué desastre de función!" es una obra de teatro de las de toda la vida, con escenografía trasnochada (el libreto lo exige), actores (vestidos) que interpretan, una historia que puede seguirse sin haber leído a Proust y unos diálogos brillantes y divertidos pero en los que no van a encontrar ni el sentido de la vida ni la esencia del arte. Aquí, la intención del autor es divertir al público con las desventuras de una compañía teatral a pocas horas del estreno de una clásica comedia de enredos. Nada más. Y nada menos. No les cuento más para no estropear las vueltas y revueltas del argumento, pero si les digo que las sardinas juegan un papel fundamental en el desarrollo del trama y que como ya dijeron hace años Martes y Trece, que sea lo mismo no significa que sea igual.

Al gran Josep Linuesa lo tienen ustedes a su izquierda. Actorazo.
El texto de Michael Frayers, que Paco Mir españoliza con algunas pinceladas autóctonas que acercan la historia al público patrio, es excelente, plagado de diálogos afilados y replicas mordaces que no impiden la presencia de abundantes gags (odio en anglicismo, pero aún no he encontrado un termino castellano que pueda sustituirlo) visuales (sobre todo en el segundo acto) e, incluso, el siempre bienvenido brochazo grueso al que, tratado con mesura, cuesta resistirse. La sorpresa que da forma al primer acto y la disparatada excentricidad del tercero hace que el del medio resulte un poco largo y algo flácido, pero, aún así, dispone de momentos ciertamente brillantes (la batalla de las flores, la botella viajera, un minuto, dos minutos, un minuto, jojojojojo... Al final, va a estar a la altura de sus hermanos.)

El reparto también está espléndido, desde Vanesa Romero que demuestra que además de ser una obra de arte de la naturaleza, también sabe interpretar, hasta Carmen Conesa ("Chicas de hoy en día".... qué tiempos)  impecable como la doliente Mrs. Clackett sin desmerecer por ello el buen hacer del veterano Pepín Tre ni el bienvenido histrionismo de Miquel Sitjar. Pero no me quedaría satisfecho si no destacara especialmente a Josep Linuesa que con su inestable, puntilloso y sangrante Philip Churchill me saco las mayores carcajadas.

Vanesa Romero..... sobran las palabras.
No sé si está prevista una gira de la obra por el resto de nuestra piel de toro, pero si "¡Qué desastre de función!"aparca cerca de su casa, no lo duden y háganse con una butaca, mejor hoy que mañana. Si no es así, si no tienen la oportunidad de verla en el sitio para el que fue creada, es decir, interpretada en un escenario, siempre les queda la opción de hacerse con la excelente versión cinematográifca que, con un reparto de campanillas (Michael Caine, Carol Burnett y Christopher Reeve.... casi nada) dirigiera con mucho acierto Peter Bogdanovich en 1992. Y, si ni aún así logran verla, si ni el teatro ni el cine les permite acceder a este desquiciado y divertidísimo espectáculo, no sufran, no se flagelen ni se despeñen en el abismo de la incertidumbre, muevan el bigote. Como pone Frayn en boca de uno de sus personajes, no hay nada que un buen plato de sardinas no pueda solucionar.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Straussiado

Posiblemente por haber pisado hace poco las calles que lo vieron nacer (coming soon, "Volando voy: Munich"), en las últimas semanas no dejo de escuchar la música de Richard Strauss (1864-1949) . Algo debió de adherirse a mis zapatos aquel fin de semana festivo y cervecero del pasado mes de octubre y desde entonces, ando paseandome de nuevo, tras una prolongada ausencia, por sus composiciones, tan frías y mecánicas para unos como cálidas y deslumbrantes lo son para otros.

Yo tuve la suerte de entrar a través de las "Vier letzte Lieder", sus cuatro últimas canciones para soprano y orquesta, compuestas por el maestro con la muerte ya rondándolo y no pude tener mejor pórtico para introducirme en su música: son obras de una belleza tan incomparable que resulta casi imposible resistirse a su encanto. De hecho, la tercera de ellas, "Beim schlafengehen", con texto de Herman Hesse, es, probablemente, una de las melodía más hermosa jamas creada por el hombre. Compruébenlo ustedes mismos y escuchen la versión de Kiri Te Kanawa que aquí les dejo. Solo les digo que hasta el maestro Solti, que dirige la orquesta se tiene que secar las lágrimas durante la ovación final.





En su libro "El mundo de ayer" (una obra maestra, no se lo pierdan), Stefan Zweig comenta el periodo en el que colaboró con Strauss escribiendo el libreto de su ópera "La mujer silenciosa" y recoge allí un comentario del compositor en el que reconoce que no se le ocurren melodías largas, "como a Mozart", pero que, sin embargo, "se desenvuelve bien con temas cortos a los que, eso si, invierte, parafrasea y saca todo su jugo". No estoy del todo de acuerdo, pero es cierto que su música parece ir a ninguna parte y a todas a la vez. Y, quizás por esa razón, sus composiciones resulten tan visuales (fue un maestro de los poemas sinfónicos) y tan sugerentes (hace poco leí que la música de Strauss casi podía "olerse"). Si no, que se lo digan a Kubrick o Lynch que han usado la música del maestro como emblemáticas escenas de clásicos de la categoría de "2001" o "Corazón salvaje", respectivamente o prueben a escuchar "Till Eulenspiegel" (aquí les dejo una buena opción, aunque hay muchas, es una de sus obras más populares) y comprobarán lo fácil que es "seguir" la historia del pillo germano.

Strauss también sabía dirigir. Muy completo el hombre
Consagrado como estaba en el momento de la llegada de los nazis al poder, Strauss, en parte para que lo dejaran en paz y poder así dedicarse a su trabajo, en parte para proteger a su familia y amigos (judíos, muchos de ellos, como el propio Stefan Zweig) y, en parte, justo es decirlo, para no ver perjudicado su prestigio y, por tanto, su elevado nivel de vida, jugó un poco a reír las gracias a los alegres muchachos de Hitler: aceptó galardones, premios y puestos y mantuvo una enervante pasividad que, sinceramente, no le llevó a ser el tipo más popular del barrio judío. Al final, también termino a tortas con la Gestapo y acabo huyendo a Suiza, con el prestigio artístico más o menos intacto, el perdón de muchos de los que no entendieron sus tibiezas con los nazis (Zweig se lo concede en el libro antes mencionado ¿Les he dicho ya que es una obra maestra? ¿Sí? Uy, pues perdonen ustedes) y con tiempo para regalarnos todavía obras tan hermosas como las mencionadas "Vier letzte Lieder" este concierto para oboe con cuyo segundo y estremecedor movimiento cierro la prolija descripción de mi "straussamiento" no sin recomendarles fervientemente que se atrevan también a "straussiarse"sin prisa ni brújula en el bosque musical de este genio, posiblemente el último que ha dejado su firma en el mundo de las partituras.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Cinco razones para no ver "Man of steel"

1.- Es aburridisima: Parece imposible aburrir con una película protagonizada por hombres y mujeres enfundados en mallas o armaduras que luchan contra el mal - así lo han demostrado obras tan redondas como "Iron Man", "Los Vengadores" o "El caballero oscuro"- pero el enésimo reinicio de Superman lo consigue con holgura y se convierte en un suplicio en toda regla. ¿Por que necesitan  David S. Goyer y Christopher Nolan- de resaca, sin duda, la mañana que perpetraron el guión- casi una hora para que el muchachote de Krypton nos enseñe sus calzones rojos? ¿Qué razón hay para que el primer puñetazo decente se intercambie a los noventa minutos? No comento las emperifolladas e innecesarias diatribas dialécticas entre Clark y su padre humano (Kevin Costner, lo mejor de la película) porque solo de recordarlas me entran ganas de ver el "Daredevil" de Ben Affleck.  

2.- La pareja protagonista no tiene sangre en las venas: Dada la química incontestable que hubo entre Christopher Reeve y Margot Kidder en las películas sobre el personaje rodadas en los ochenta, encontrar una pareja que pudiera hacerles sombra era un tarea titánica. Yo me contentaba con poco, teniendo en cuenta dicho precedente,pero, lo cierto es que entre Henry interpretarnoseperoojoaestecuerpo Cavill y Amy nosecomohellegadoaestedesproposito Adams hay menos chispa que entre Inestrillas y Ada Colau. Su historia de amor no se sostiene, sus diálogos parecen recitativos de una opera de cuarta regional y la presunta complicidad entre ambos (ojo a la primera despedida antes de los trompazos. Para enmarcar) exige un esfuerzo de imaginación al que ni Julio Verne estaría capacitado a recitar. El resto del casting es también para echarse a llorar, pero lo de estos dos es casi delictivo.

3.- La dirige Zack Snyder: Para quien "Amanecer de los muertos" es una obra maestra resulta muy duro tener que escribir que su director, que aquí repite, es uno de los elementos más perjudiciales para "Man of  steel" pero lo cierto es que en su plomizo metraje, hay menos de media docena de momentos en los que uno puede apreciar el estilo y el buen hacer del director norteamericano. La contención y el manejo magistral de los tiempos que eran su marca personal quedan aquí sepultados por un ansia formal que intenta ocultar con una profundidad hueca e inocua la falta de ideas y la confusión que el, en otros tiempos, interesante Snyder parece haber sufrido con la acumulación de dólares que han puesto a su disposición los chicos de Warner. Lo que nos lleva a otro de los "logros" de la película que no es otra cosa que.......

4.- Lograr convertir lo espectacular en anodino: Cuando llegué a cien, me cansé de contar las veces que Jor-el o sus antagonistas destrozan el pavimento de las calles en las que se cruzan la cara. Por ahí anduvieron las veces en las que, como consecuencia de un derechazo en el mentón alguien atraviesa un edificio pulverizando todo a su paso. Lo poco gusta y lo mucho cansa, lo sabe hasta Messi. Sin embargo, los responsables de "Man of steel" no parecen darse cuenta y en lugar de rodar secuencias de acción frescas y variadas, con movimientos de cámara incluidos  como las que se marca, por poner un ejemplo, Joss Whedon en "Los Vengadores"- que hasta se atrevió con un plano secuencia en plena batalla de New York- filman la misma secuencia muchas veces y desde el mismo sitio. Y además, confundiendo ritmo con Parkinson: ni el mismísimo Eduardo Manostijeras sería capaz de cortar los secuencias en planos más pequeños.
 
5.- Se anuncian secuelas en el corto plazo: Mucho antes de alcanzar hace unos días los 660 millones de dolares de taquilla en el mundo, Warner ya anunció secuela para el despropósito de Zack Snyder. Incluso se ha llegado a oír con mucha fuerza que la secuela podría suponer una reactivación de la franquicia de Batman- con Ben Affleck interpretando al hombre murciélago. Ahí lo dejo-  al incluir en la misma a las dos cabezas más visibles de DC Comics. Esta es quizás la razón de más peso de las cinco que les menciono: si no quieren sufrir una saga interminable ni volver a padecer la desinterpretación de Henry Cavill (atención al momento All-Bran en el que Superman intenta detener una máquina que revierte la gravedad. Grandioso), si no quieren comprobar nuevamente como el director de "300" asesina su prestigio o quieren ahorrarse nuevas apariciones de Russell Crowe en plan "vengo del futuro a traerte Lejía Neutrex" o, por terminar, si no están dispuestos a tragarse mas patochadas metasupramaxifilosóficas como las que uno padece en "Man of steel", háganme caso, no pierdan el tiempo padeciendo este suplicio y pónganse otra vez el Blu-ray de "Los Vengadores" o el de "El caballero Oscuro". Todos saldremos ganando.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Mundo Haydn

- ¡Vaya! Dándole al teclado de nuevo... Y solo ha pasado una semana desde la última entrada en lugar del mes/meses de rigor. ¿A qué se debe, cariño? ¿Llamo al médico? ¿Te bajo la medicación?
 
- Ja, ja y ja. Es usted muy graciosa, señora Winot. Ya sabes que en esta nueva temporada del ladrillo, escribo cuando el cuerpo me lo pide. Ya tuve suficientes ataduras el año pasado y, por el momento, voy a llevar esto así. El único rigor que vas a ver por aquí, es el rigor mortis como sigas por este camino.

- Aterrada me dejas con tus amenazas de pacotilla. Anda, calla y cuéntame de qué vas a escribir: ¿el apoteósico final de "Breaking Bad"? ¿Lo bien que lo pasaste y el infierno que yo padecí viendo "Pacific rim"? ¿Nuestro periplo por el Oktoberfest muniqués? Por cierto, esa música que tienes puesta, ¿qué es?

- Luego te cuento. Pues no, no voy a hablar de nada eso. Hoy me apetece hablar de Haydn y, más concretamente de .....

- ¡¡Hombre, Haydn!! Asustada me tenías. Desde ayer no me hablabas del muchacho. Empezaba a temer que se hubiera muerto.... ¡¡Anda, si es verdad que está muerto!! ¡¡Y hace más de doscientos años!! ¿No había un tema un poco más actual? ¿De este siglo, al menos? Eres un caso perdido, muchacho.

- Veo que has desayunado hoy sosa cáustica, mi querida esposa. Dos reveses más como éste y no me renuevan el seguro dental. 

- Pero si es que es verdad: las sinfonías de Haydn para empezar las mañanas, los cuartetos para el almuerzo, los tríos para la merienda y los oratorios para las cenas. Además, si no recuerdo mal, ya le has dedicado al chico varias entradas en el ladrillo y si hubiera que hacer un ranking de popularidad no sé si estarían entre las 300 primeras. Oye, esto que está sonando es una maravilla, ¿de quién es?

- Poco me importa que no lea la entrada ni el Tato. Haydn es el Dios Padre de la Música y es mi obligación hacer que su legado se filtre a cada rincón del planeta. Morirse sin haber escuchado "La creación" o el cuarteto "Aurora" es haber vivido en vano. Para vivir con esas carencias, mejor acabar con todo.

- Luego soy yo la intransigente. Mira, yo no te niego que su música sea la octava maravilla...

- La primera, cariño, la primera..

- Bueno, pues la primera barandilla... ¡Ay, entre esta melodía envolvente que me tienes puesta y tus paridas, ya no sé lo que digo... Pues eso, seguro que es la primera maravilla del mundo, no lo niego, pero ya sabes que lo poco gusta y lo mucho cansa. Dosifícate, cariño, dosifícate y habla de otra cosa. Y, sobre todo, dime de una maldita vez que es esta música que suena que tengo un nudo en el estómago y la piel como la de Caponata una tarde de invierno.

- El segundo movimiento de la Sonata para piano número 59 de Franz Joseph Haydn, pero ahora mismo la quito. Ya sabes que lo poco gusta y lo mucho cansa, que hay que dosificarse...

- No muevas un músculo, sube el volumen y cierra la boca.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Volando voy: Sicilia (2ª parte)


Como ya comenté hace un par de semanas en la primera entrega del periplo siciliano que difrutó el clan este verano, Sicilia es un "greatest hits". Casi en cada esquina se oculta un paisaje natural abrumador, unas ruinas que rezuman historia o una playa coqueta en la que reposar del sol y de las caminatas con una de las mil variedades de helados (a las pruebas gráficas adjuntas me remito) que consumen los aborígenes del lugar como si los fueran a prohibir. Visitar Sicilia es asumir que, de un modo u otro, uno debe volver, para continuar la inacabable tarea de recorrerla y deleitarse con cada una de sus maravillas. De todas las cosas que uno debe asumir en la vida, sin duda, ésta no es de las peores.

Y una de sus maravillas, por supuesto, es el monumental volcán Etna que domina la isla desde sus más de 3.000 metros de altura y que es parada obligada en cualquier viaje a Sicilia que se precie.

¿Se lo imaginan echando lava como si no hubiera un mañana?
Nunca había visitado un paisaje de esta índole (con las Islas Canarias al alcance de la mano, como quien dice. En fin) y, tal vez por eso, la excursión al volcán más animado de Europa (desde que ha empezado el siglo XXI, casi cada año, ha entrado en erupción, liándola parda en varias ocasiones.) me impacto profundamente. Se respira una calma tensa en sus arrasadas, aunque densamente pobladas, laderas y cuando uno sube en el teléferico (es caro a morir, pero merece la pena el desembolso) y contempla esas enormes extensiones huérfanas de vegetación y, si me apuran, de vida (insoportables mosquitos aparte), todavía respira tranquilo de pillar al gigante dormido y no ver en primera fila como derrama su ira calcinando todo a su paso. Si andan con fuerzas y les gusta subir por resbaladizas pendientes de más de noventa grados es posible acceder a algunos cráteres menores que aparecen espolvoreados por sus laderas. Yo casi muero en el intento, pero merece la pena.

¿Ven ese punto amarillo en el fondo del cráter? Servidor.
Otro momento que no deben perderse si visitan esta zona de Sicilia es la ineludible escapada a las Islas Eolias, un archipiélago volcánico al nordeste y que cuenta entre otros alicientes con las famosas erupciones nocturnas del volcán Stromboli en la isla homónima. Nos fue imposible encajar la agenda para asistir a este espectáculo natural, pero a cambio pudimos descubrir Vulcano y sus muy recomendables playas de arena negra. A pesar de ser una de las islas más grandes del archipiélago está escasamente poblada, de modo que uno llega a su embarcadero y parece llegar al set de rodaje de un capítulo de "Perdidos". Creanme si les digo que bañarse en sus aguas cristalinas mientras uno contempla los vapores que emanan sin pausa del volcan que da nombre a la isla es una experiencia como pocas. Para los amantes de embadurnarse de potingues, es imprescindible acercarse al Porto di Levante y chapotear en el barro que, la gente del lugar, califica de milagroso para las articulaciones. Dada mi excelente forma física y el envidiable estado de mis extremidades, unido al repelús que me dan este tipo de cosas, decliné cortésmente la oferta, pero dicho queda.

Embarcadero de Vulcano. ¿Donde está Benjamin Linus?
También nos dio tiempo a visitar Catania y Siracusa, con su famosa Oreja de Dionisio y su espectacular parque arqueológico, pero ambas ciudades las visitamos bajo un calor tan sofocante y a tal velocidad que mis recuerdos se nublan. No dejen de visitarlas, especialmente Siracusa, pero háganlo sin prisa, en un día nublado o, al menos, con algo que les proteja del inclemente Astro Rey. Y por supuesto, sean tan turistas como yo y no olviden cumplir con la tradición de probar desde cualquier punto la inverosimil acústica de la Oreja de Dionisios. Se van a quedar como la cueva: de piedra.

Oreja de Dionisio. Prohibido confesarse.

Y dejo para el final, lo que, sin duda, ha sido el principal hallazgo de este viaje y que no es otra cosa que la maravillosa Taormina. La ciudad está situada en los alto de una cadena montañosa a la que solo se puede acceder por vertigionoso teleférico o jugándose la vida caracoleando por su ladera en una estrecha carretera atestada de sicilianos suicidas. Desde que se la intuye majestuosa, con la bucólica Isola Bella a sus pies,  hasta que se contempla el Etna desde su teatro griego, que corona el punto más alto de la ciudad, uno recorre sus escarpadas callejuelas sin salir de su asombro, embrujado por el encanto de sus iglesias, la animación de sus plazas abarrotadas de músicos y bailarines y sus espectaculares vistas. Por cierto, ¿ven como soy un tipo con suerte? El teatro de Taormina es centro operístico indiscutible de Sicilia. Pues bien, ¿a que no saben qué opera estaban ensayando en el teatro cuando lo visité? Sólo les digo que, como comenté al inicio de la primera parte de esta entrega de "Volando voy", es una de mis operas favoritas de todos los tiempos. ¿Tengo que decir que ese día compré un décimo de lotería?

"Cavalleria Rusticana" en Sicilia... ¿alguien da más?
No les voy a marear más con la conexión siciliana. Solo les digo que en pocos sitios es más fácil contentar a todos los miembros de un clan vacacional: tienen playa y montaña, cultura y esparcimiento, fenómenos naturales y fenómenos artísticos. Además come uno de maravilla por muy buen precio y el vino, sin ser excelente, entra fácil y relaja. La gente es atenta y divertida y si pueden sobrevivir a su infernal modo de conducir, tienen, a su vuelta, material para un par de entradas en sus bitácoras. No me dirán que no merece la pena la inversión.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Volando voy: Sicilia (1ª Parte)

Mi abuela perfecta siempre fue Sofía Petrillo y ya es legendaria mi pasión casi enfermiza por la trilogía de "El padrino" y por "Léolo". Si a eso le añadimos que una de mis óperas favoritas es "Cavalleria rusticana" y que no hay manera más delicioso de tomar unos spaghetti que "alla norma", creo que coincidirán conmigo en que visitar Sicilia era una simple cuestión de tiempo. De modo que tras un mes de julio apocalíptico (pocos peores, creanme) y como uno está en una edad en la que este tema del tiempo empieza a ser relevante, el Clan Winot al completo (herederas incluidas) partió, el pasado mes de agosto rumbo a la isla italiana para comprobar si Sicilia es esa tierra de maravillas que los libros, la música y el cine tan enconadamente se han empeñado en mostrar. Desde ya mismo les digo que el experimento ha sido un éxito y que todo lo bueno que se puede decir de la isla es poco. De hecho, me temo que habrá que dividir el relato de mi periplo siciliano en un par de entradas para que tan delicioso bocado no resulte indigesto.

Antes de nada, tengan en cuenta que nos encontramos ante la cuarta isla de Europa por dimensiones, puesto que ocupa gracias a sus casi 26.000 kilómetros cuadrados de superficie. Por tanto, cuando les digo que he visitado Sicilia, lo que realmente debería decir es que he visitado el extremo sudoriental de una isla llamada Sicilia. De modo que, desde ya mismo les voy anunciando que no he podido pisar las calles de Palermo ni las de Corleone y me he quedado con las ganas de tomar el sol en las hermosas calas de Cefalú. Sicilia es un pozo sin fondo de belleza, cultura y ocio y creánme cuando les digo que sería necesario un mes entero, herederas no incluidas, para poder volver a España diciendo que se ha visitado la isla sin faltar a la verdad.

A falta de Cefalú, bueno es Vulcano
No obstante lo anterior, que quede claro que con cuatro criaturas de corta edad a bordo, ni Phileas Fogg hubiera podido lograr un mayor aprovechamiento del tiempo. Hemos disfrutado de la maravillosa gastronomía siciliana como si fueran a prohibir su consumo y, por supuesto, hemos regado dichos manjares con recios vinos de la tierra y con la frescura y el delicioso sabor de las primorosas cervezas de Birra Moretti que caían fusiladas en perpetuo auto-reverse cortesía del implacable sol siciliano. Por supuesto, los helados se han convertido en elemento indispensable de nuestra dieta diaria y hubiera sido para llevarnos a un concierto de Duncan Dhu si no hubiéramos aprovechado la estancia en Sicilia para atiborrarnos de cremosos capuchinos modalidad XXL.

Aquí la Birra Moretti.... aquí unos amigos.
 Hemos languidecido en playas de todo pelaje: de arena dorada, empedradas de cantos rodados y carbonizadas por azufre volcánico. Hemos comprobado que conducir por las carreteras sicilianas es un acto de fe y que llegar a tu destino depende más de los buenos augurios y del viento de poniente que de las incomprensibles, contradictorias y odiosas señalizaciones que tachonan en estado de ruina sus arcenes. También, al hilo de esto, nos hemos devanado los sesos intentando encontrar respuesta a la pregunta de cómo es posible que aún queden vivas más de cinco millones de personas en la isla, teniendo en cuenta el horror que supone la conducción esquizoide y homicida de la que hacen gala los aborígenes del lugar. Aún no hemos logrado obtener una respuesta.

La conducción precaria se mama desde la autoescuela en Sicilia.

Y, por supuesto, por encima de todo, hemos visitado espectaculares paisajes naturales como las Islas Eolias o el Etna, maravillas arquitectónicas como las que atesoran Catania o Siracusa y, por supuesto, hemos disfrutado del esplendor y el encanto incombustible de la bella Taormina. Pero de todo esto, y de mucho más, no se vayan a creer, les hablaré en la segunda parte de esta apasionante saga épico-culinaria-cultural que les emplazo a leeer en unos días. Permanezcan atentos al ladrillo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

M.A.T.E.O. (que te veo): Lost

En tanto en cuanto termino de perfilar una nueva entrega de "Volando voy" para comentarles el viaje a Sicilia que el Clan al completo ha llevado a cabo este verano, inaguramos la séptima temporada del ladrillo con una nueva sección cuya única intención es divertirme y divertirles- no necesariamente en ese orden- rememorando monumentos televisivos que, por una u otra razón se me han quedado grabados en la mente como si del protagonista de "Dream on" se tratara.  

Momentos Antológicos Televisivos Escrupulosamente escOgidos (no había otra forma de encajar el rompecabezas, qué le vamos a hacer) o, en su mucho más comercial y reconocible acrónimo de M.A.T.E.O. nace con las mínimas pretensiones literarias y un evidente deseo de tratar con ligereza un tema aún más ligero como es el de la televisión y lo que desde ella nos cuentan. Respecto a la coletilla de la sección, como podrán imaginar, ha sido imposible no caer en la emboscada del chiste fácil. Mis disculpas, pero ya les he avisado que todo esto no va a ir muy en serio y el tema de la sección me lo dejó a huevo.

Y el M.A.T.E.O. con el que arrancamos es el contenido en los minutos iniciales del primer capítulo de la segunda temporada de la celebérrima"Lost", sin la menor duda, uno de los WTF!! más logrados de la historia de la televisión. A mí, personalmente, la serie, terminó por desquiciarme y veía los capítulos sólo por la esperanza de ver morir uno por uno y entre horribles dolores a cada uno de los protagonistas de este interminable desbarre catódico que se alargó durante seis e innecesarias temporadas para culminar en un esperpento que todavía da que hablar. Pero una cosa no quita a la otra y el arranque de aquella segunda temporada fue sencillamente deslumbrante.

Pongámonos en antecedentes por si hay algún ser vivo que haya permanecido congelado y aislado en cemento durante la última década: "Lost" narra las desventuras de un grupo de personas en una isla aparentemente deshabitada tras sobrevivir a un accidente aéreo. La isla de marras resulta ser un lugar de lo más inquietante, con una densidad de población que rivaliza con Tokyo y con más misterios por metro cuadrado que pisos vacíos en la costa mediterranea. El enigma más inquietante de esta primera temporada (cada una tuvo el suyo, la mayoría de los cuales terminaron por no resolver) resultaba ser una escotilla oculta en un claro de la selva y que no se abría ni a tiros. En el último capítulo de su primera temporada, los protagonistas lograban abrirla finalmente a petardazo limpio, dejando al descubierto un pozo de profundidad insondable. El capítulo y la temporada concluía con la cámara deslizándose por la recién descubierta oquedad mientras los intrépidos losties se abismaban en ese agujero sin fondo sin pillar una de lo que estaba pasando. 

Es, sin ninguna duda, uno de los cliffhangers más grandes de la historia de la televisión y los que, por entonces vivíamos por y para la serie, los meses que separaron la primera y la segunda entrega fueron un martirio en toda regla. Cuando el primer capítulo de la nueva temporada estuvo en mi poder y vi lo que pueden contemplar en el vídeo que acompaña esta entrada, supe que algún día existiría esta sección y que estos pocos minutos de genialidad desatada la inagurarían. Que lo disfruten.