sábado, 5 de septiembre de 2009

Desde el cariño y el respeto


Con la única y exclusiva intención de poder escribir a partir de ahora sobre las cosas que realmente me interesan (es decir, el cine, los libros, la música, las crecientes habilidades de la bella heredera y la deslumbrante presencia de la señora Winot), me voy a permitir la licencia de empezar esta etapa dando unos consejos a nuestro presidente, siempre desde el cariño y el respeto que merece. A ver si hay suerte, los sigue y me ahorro tener que dedicar tantas entradas a su incompetencia interestelar. Las probabilidades son escasas, pero, nada pierdo por intentalo.

1.- Unifique su discurso, señor presidente. Organice a su equipo y proporciónele un camino a seguir. Le pagan por ello. Y no poco, precisamente. No es muy tranquilizador para el ciudadano el comprobar que su equipo se contradice con ostentación, se pisa el terreno y es capaz de decir lo uno y su contrario a veces en el mismo día. Que cada uno se ocupe de su parcela y no meta los pinrreles en las de los demás.

2.- No suba los impuestos. Ni merece la pena ni se lo va a agradecer nadie. Si quiere tener un resquicio de esperanza a la hora de salir del agujero en el que nos encontramos, no castigue al que ahorra ni se lo ponga más difícil al que que consume. No coloque en el disparadero de salida a la inversión extranjera en dirección a otros países con impuestos mas bajos. Asuma de una vez por todas que la recaudación del IVA, no ha sido mínima por que el tipo es bajo, sino porque no se consume. Incentive el consumo con una bajada de impuestos y verá como las cosas empiezan a cuadrar.

3.- Ya está. Quiso hacerlo y lo hizo. Muy bien. Pero por favor, ahórrese otro "Plan E". El paro no lo va a detener usted a base de rotondas nuevas, semáforos de colores y pistas de tenis. Si crea trabajo precario y, además orientado a la superficiliadad más estúpida, tendrá ciudadanos precarios, molestos y con ganas de meterle las ideas allá donde la espalda pierde su honroso nombre. Somos uno de los países con más paro de Europa, sino el que más. Olvídese de los subsidios y pregunte a los que andan por delante de usted en la clasificación. No sea orgulloso. Seguro que algo aprende. No nos dé pescado. Enséñemos a pescar, si le es posible, por supuesto.

4.- El norte también existe. A pesar de que sus votos se hornean en Andalucía y en Cataluña, no estaría de más que tomara nota de lo que ocurre en Euskadi. Un miembro de su partido es ahora presidente de dicha Comunidad Autónoma con el apoyo de los diputados del Partido Popular. Y no se ha convertido en franquista, ni el pelo se le ha engominado ni hace dos mil abdominales diarias. La democracia es el poder del pueblo. Y tan pueblo es el que le vota como el que no. Si la situación está descontrolada, quizás debería dejar de huir hacia adelante, escuchar a las demás fuerzas políticas y articular un plan de emergencia de las dimensiones que una crisis como la actual precisa.

5.- Y, por último, no se confunda. A pesar de que los españoles le votaron mayoritariamente en las pasadas elecciones, no son idiotas. No nos trate como tales. No niegue la evidencia de la gravedad de la situación, deje de cultivar brotes verdes, efímeos y quebradizos y ate corto a los (muchos) sectarios que esconden sus filas. Evite que abran la bocaza para desgranar vaguedades y bobadas trasnochadas con hedor a demagogia en estado de descomposición. No olvide que su partido, a pesar de lo que pueda parecer, es un partido histórico, con grandes nombres en su trayectoria y una piedra angular de nuestro sistema político. Teniendo a mano a Leire Pajín, a Bibiana Aido y tantos otros incompetentes, no mande a escardar cebollinos a los que saben de esto, como Ramón Jaúregui o Jordi Sevilla. Sea respetuoso con los demás y con su inteligencia. Solo entonces podrá exiguir reciprocidad.

martes, 1 de septiembre de 2009

En perfecto estado de revista


Con la heredera en perfecto estado de revista, repartiendo sonrisas y saludos como si de un presidente del gobierno en plena campaña se tratara, incluso dirigiendo su mirada a lugares en los que no parece haber nadie (lo que inquieta de mala manera. ¿Verá algo que yo no soy capaz de distinguir? Demasiadas películas probablemente). Con la bella señora Winot derrochando encanto y esplendor a manos llenas tras tres semanas de desconexión absoluta en compañía de la antedicha y de un servidor y, por último, con la inevitable (aunque limitada y temporal, como las subidas de impuestos que se perfilan en el horizonte) depresión que sigue a las vacaciones como las conspiraciones al Partido Popular, deslizándose a buen paso por el sumidero del olvido, puedo anunciar a quien pueda interesar que las puertas de la escombrera de ladrillos vuelven a abrirse de par en par. Por supuesto están todos invitados. Pasen y pónganse cómodos. Intentaré estar a la altura.

sábado, 1 de agosto de 2009

Apagado o fuera de cobertura


Según un chiste que contaba mi padre hace años a cuanto infante pasaba por su lado, las personas más pobres de China se llamaban Chin-lu, Chin-agua y Chin-na. Parafraseando esta vieja herramienta humorística paterna, aprovecho para presentarles a la oveja negra de la familia, el miembro más acaudalado, en lo que a riqueza de espíritu se trata: Chin-curro, también conocido como Tarquin Winot o el babeante padre de la heredera más bella del universo.

Sí, amigos, hoy, después de un demoledor inicio de año, servidor desconecta ordenador y agenda, laboral, practica la papiroflexia con los partes de actividad y esconde en el fondo del mar las llaves de esa prisión laboral en las que ha permanecido encerrado los últimos meses, bajo unas medidas de seguridad que el mismo Edmundo Dantes hubiera considerado extremas y se marcha a descansar sin mancha o cargo de conciencia alguno en el horizonte. Dan inicio, por tanto las vacaciones más deseadas de la historia, en las que mi encopetada testa sólo va a tener neuronas operativas para analizar las infinitas formas que puede adoptar esa especie en extinción que es el puro y simple ocio en compañía de la adorable señora Winot y de esa heredera tan comestible que me quita las penas con sus recién cumplidos doce meses.

Volveremos a la escombrera de ladrillos a finales de agosto, con las pilas recargadas, las ideas recién pasadas por el túnel de lavado y la ilusión con la garantía renovada por otros doce meses. Buenas vacaciones a todos y nos vemos en septiembre.

jueves, 23 de julio de 2009

Polvos y lodos


El artículo décimo del Tratado de Utrech establece que España, "cede a la Corona de la Gran Bretaña, la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensa y fortaleza que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre". Tal vez se pueda decir más alto, pero nunca más claro.

Y quien lo dijo, no fue un chisgarabís de pacotilla, sino el primer Borbón de nuestra historia monárquica, el amigo Philippe de Bourbon, a la sazón, Duque de Anjou y que ha pasado a los libros de historia como Felipe V. El alegre muchacho (por algo era conocido como "el animoso") no tuvo más salida que firmar lo antedicho en 1713 para contentar a los británicos, que alegremente financiaban y apoyaban al Archiduque Carlos de Austria en la guerra de Sucesión española que generó el fallecimiento del pobre Carlos II y que enfrentó a los partidarios de ambas casas reales. Si hizo bien o no, es difícil de dilucidar, pero, lo cierto es que lo hizo y a estas alturas de la partida, negarlo es tener ganas de discutir o disponer de mucha energía para provocar el tabardillo en quienes escuchan, lo que, unido al sopor que provocan los calores veraniegos es mezcla letal. Gibraltar no es español, señores, asúmanlo y céntrense en otros temas, que tela para cortar, no falta.

Cierto es que los hijos de la Gran Bretaña se tomaron la libertad de interpretar a su antojo el Tratado y con la imprescindible pasividad de nuestras autoridades, fueron tomando territorios cercanos aquí y allá e, incluso, se permitieron construir un aeropuerto que entraba de lleno en la Bahía de Algeciras. En ese aspecto, bien está que le toquen las colgantes a su Graciosa Majestad y se exiga a sus autoridades y a los monos que los rodean que reculen y se circunscriban a lo estrictamente "gibraltareño".

Pero como no hacemos más que insistir en que "Gibraltar es español" y ponemos a caldo tibio al ministro Moratinos por intentar cambiar el compás y abandonar la técnica del "ahora voy y no respiro" a través de un intento de mediación diplomática ("La foto de la vergüenza", titulaba indignado "El Mundo" con su habitual gusto por la fanfarria y el amarillismo por la foto del ministro con Fulton y Caruana, como si Moratinos estuviera posando con Bin Laden y Ahmadineyad), pues, es normal que no nos hagan el menor caso. Y así, ni ciudad, ni verja, ni istmo, ni puñeteras ganas de cambiar de bando que infundimos en los veintipocos mil gibraltareños que ni en un millón de años abandonarán una de las economías más estables de Europa (ventajas de los paraísos fiscales) para entrar a formar parte de un país que hace casi cuatrocientos años utilizó sus apenas siete kilómetros cuadrados como moneda de cambio. Y no me extraña, la verdad.

miércoles, 15 de julio de 2009

Durmiendo con niños


Hace unos meses confesé en estas páginas ("Cada miércoles") mi insalubre adicción a la temporada 2008 del programa de Telecinco "Operación Triunfo". Dos fueron las razones que crearon tan extravagante vínculo.

La primera de ellas tenía forma de concursante y respondía al nombre de Virginia Maestro. Reservada, introvertida y dotada de un voz que gustará más o menos pero que, indudablemente, derrocha personalidad, tuvo que cargar toda la edición con la losa de no ser un "ruiseñor del andamio" sino una niña bien con tendencia al jazz y al blues y que actuaba poco para la galería. Justa ganadora del concurso, a pesar de todas las trabas que le fueron impuestas por no ser "clasificable" se ha convertido ahora en "Labuat" y bajo ese nombre ha firmado un disco homónimo que es a su vez, el mejor trabajo pop español que ha visto la luz en los últimos años. La segunda razón tenía forma de miembro del jurado y se hacía llamar Risto Mejide.

Risto es grosero, brutal, presuntuoso, provocador. Su apariencia física, con sus imposibles cazadoras de cuero, sus gafas malvas y la rapada testa brillando bajo los focos, son elementos que incitan a la violencia verbal y si me apuran hasta la física. Risto no respeta a nada y a nadie. En algún momento de su vida perdió la capacidad de tratar a los demás con tacto y cordialidad y aún no lo ha encontrado. Probablemente ni haya empezado a buscarlo. A Risto siempre le han perdido, en definitiva las formas. Lo llamativo, lo escandaloso lo que hacía mesarse los cabellos a los defensores de lo políticamente correcto, ha sido siempre el continente, el marco que rodea la pintura que dibujaba con sus latigazos verbales. Y es una pena que haya cargado las tintas en este aspecto, porque en el fondo, en el contenido real, es dificil quitarle la razón.

El prestigioso publicista catalán (no hay que olvidar que el muchacho ha sido director creativo de agencias de la talla de Bassat Ogilvy & Mather o Saatchi & Saatchi ) no ha hecho más que lanzar verdades como puños con cada veredicto escupido desde su cómoda poltrona actuando a la vez como juez y parte. Con cada directo al estómago del concursante ignorante de la desmesurada suerte que supone presentarse ante millones de espectadores cada semana sin tener que patear las discográficas con una triste maqueta bajo el brazo, Risto ha tejido su propia mortaja en un ejercicio de cinismo inigualable que ha concluido ayer con la expulsión del polémico personaje a tres galas de concluir la temporada y después de discutir con Jesús Vázquez por un "quítame allá ese orificio".

Con su salida del programa, Telecinco condena "Operación Triunfo" a morir (de aburrimiento) y acredita que, a pesar de los aires de renovación y pretendida modernidad que aparecen por doquier, a día de hoy es imposible presentar un mensaje novedoso en televisión, por muy brutal, descarnado o, posiblemenente, innecesario que sea. Aunque bien mirado, podría ser una estrategia preparatoria del desembarco de Christian Gálvez en la franquicia para próximas temporadas, con la reaparición estelar de Risto y sus "ristadas". Espero que sea por esto último, porque si la expulsión se ha producido por las cosas que Risto ha dicho en esta edición y en otras pasadas, es que estos tipos no saben con quién estaban tratando. Para bien y para mal.

lunes, 6 de julio de 2009

Dionisio, el cretino


Si el descubridor de la vacuna contra el Sida y Belén Esteban coincidieran a la entrada de un restaurante y tan sólo quedara una mesa libre, mucho me temo que sería la escuálida musa de la prensa rosa la que desdoblaría la servilleta. Pero, si en lugar de coincidir con la verdulera catódica, al pobre hombre le tocara en suerte disputar mantel y cubierto a "El Dioni", más le valdría acercarse al mesón más cercano a por un pincho de tortilla si no es su deseo acostarse con el estómago vacío. Para el resto de los clientes también sería mejor que fuera la Esteban la agraciada y así se ahorraban codazos cómplices y comentarios admirativos de los vecinos de mesa del estilo, "mira, es "El Dioni", menudo ojo tiene éste" o "Dioni, que grande eres. La próxima vez me llamas".

Nunca he entendido el entusiasmo y la complicidad de la que este vulgar chorizo parece disfrutar entre un amplio sector social: Sabina le dedica canciones y Santiago Segura lo invita a participar como invitado en casi todos sus proyectos cinematográficos y televisivos; el tipo ha grabado varios discos, concede entrevistas a medios de cualquier pelaje (lo que implica que alguien solicita el encuentro) y de no haber sido porque la autoridad judicial correspondiente se lo impidió, hubiéramos tenido que soportar, hace unos pocos años, su estrábica mirada en más de un programa televisivo. Aunque al final de poco sirvió y nos lo encontramos a cada momento en casi todas las cadenas.

La gente parece olvidar que Dionisio Rodríguez Martín no es más que un ladrón al que un día le tocaron las colgantes en su trabajo a finales de los ochenta y robó un furgón de la compañía de seguridad en la que prestaba sus servicios, largándose a Brasil con casi trescientos millones de pesetas. Allí y mientras con su "hazaña" provocaba la quiebra de su empresa y el despido de todos sus trabajadores, el personajillo en cuestión se fundió la pasta a ritmo de samba, montándose unas fiestas de primera y difrutando de la buena vida a la salud de todos los que nos quedamos en España con la boca abierta. La policía terminó capturándolo y tras unos añitos en la cárcel, le dieron fumata blanca para que siguiera puliéndose el percal que no lograron que devolviera ( unos cien milloncitos de nada) y que según se empeña en afirmar el muy cretino fue entregado a unos amigos de los que nunca ha vuelto a saber nada. A menos que me hayan cambiado en estos días el Diccionario de la RAE, el único nombre que le cuadra a este sujeto es el de delincuente, en cualquiera de sus acepciones.

Y sin embargo, este payaso, recibe reportajes de dos páginas como el publicado ayer por "El Mundo" glosando el aniversario de su machada con un tono de reproche más que diluido y dándole cobertura para decir sandeces como que "yo no robé, le quite el dinero a los más poderosos, a los bancos, que son los que nos lo quitan a nosotros", que, en realidad es un alma cándida ya que "no me llevé 43 millones de pesetas en billetes, que era la nómina de una empresa que limpiaba aviones en Iberia. Como era viernes pensé en que si me lo llevaba les iba a fastidiar las vacaciones a más de uno" o, la mejor de todas, que "si me preguntas si me volvería a llevar un furgón, diría que estoy en ello, porque con la golfería de políticos y empresarios que actualmente hay, me animan a ello".

Me encantaría que se cumplieran sus deseos y volviera a intentarlo. Ojalá sus seguidores le dieran el último empujón y decidera volver a robar. Sólo así podrían volver a pillarlo y meterlo en la cárcel por reincidente durante una buen pila de años, con peluca y todo. Incluso, con un poco de suerte, podría conocer allí a algún dulce y cariñoso admirador que le enseñara, de verdad lo que es "reventar un furgón". Me temo que no caerá esa breva. Este imbécil es un tipo con suerte.

sábado, 4 de julio de 2009

El hombre sin nombre


De seguir al mismo ritmo este oscuro y tristón ejercicio que llevamos, para finales de año, de mi panteón de divinidades y admirados varios no va a quedar ni rastro y me voy a ver obligado a tener que colgarle un cartel de "en venta" muy similar al que se balancea desde hace meses en los balcones de miles de pisos de nuestro país: Benedetti, Vicente Ferrer, Bea Arthur, Michael Jackson . Por si no teníamos bastantes cadáveres ilustres hace apenas un par de días, el nonagenario Karl Malden también ha iniciado el camino hacia el más allá. Y apenas llevamos medio año.

Posiblemente como consecuencia de su extraordinario parecido con mi abuelo materno (estatura aparte) siempre sentí hacia este grandullón de estrafalaria nariz (fruto de los intensos y belicosos partidos de baloncesto que disputaba en su adolescencia) un aprecio y cariño especiales, a pesar de no caracterizarse por interpretar personajes especialmente afables y encantadores. Recuerdo que la primera vez que vi a Malden, fue dando la réplica como implacable y tenaz director de una penitenciaría a un extraordinario Burt Láncaster en esa maravilla que rodó John Frankenheime en 1962 y que lleva por nombre el de "El hombre de Alcatraz". Resultaba inquietante y temible, pero, a la vez, cándido y de buena madera, un hombre de una pieza, capaz de todo en según que circunstancias. Como mi abuelo.

Lo mejor de si mismo lo dio junto a otro genial narizotas, Elia Kazan, que lo enfrentó en dos ocasiones con esa bestia escénica que fue Marlon Brando y salió victorioso, bordando sus papeles en "Un tranvía llamado deseo" y "La conspiración del silencio". Tan intenso y creíble, tan sensible y elegante estuvo en la primera que la Academia no pudo sino rendirse a su categoría y entregarle un merecido premio por su creación del sufrido Mitch que antes de que plasmara Kazan en imágenes ya imaginara Tenesee Williams en su original teatral. Luego vendría "Baby Doll", "La conquista del Oeste", "Patton" y como ocurre con tantas estrellas, el olvido. La televisión lo recupero transitoriamente gracias a la serie "Las calles de San Francisco", que rodó a principios de los setenta y en los que "el narizotas", como lo llamaba mi abuela, andaba como pez en el agua en su papel de veterano detective y obstinado mentor de un novato oficial de policía con los rasgos barbilampiños de Michael Douglas.

Ayer en una viñeta que publicaba "El Mundo" se le veía a las puertas del cielo mientras era anunciado como "el actor de la nariz grande". "Es lo que tiene ser un secundario", suspiraba, "que, al final, nadie recuerda tu nombre". Puede ser, pero que no recuerden tu nombre no implica que no le recuerden a uno o que no le identifiquen sin sombra de duda entre un millón de personas. Ya quisieran muchos nombres disfrutar de eso. Karl Malden, sin duda, lo hizo. Y durante casi cien años, nada menos. Siendo así, ¿quién necesita realmente un nombre?.