Como suele pasar con aquéllos que rompen las normas, por muy tangencial y poco relevante que sea el segmento al que esas normas se aplican, Montes generó desde el principio no pocas suspicacias. Su aspecto estrafalario, sus gafas imposibles, sus trajes cromáticamente incompatibles o esas pajaritas anacrónicas y cegadoras resultaban toda una provocación en un mundo de comentaristas deportivos con chaquetas de excelentes telas y corbatas combinadas con mimo y detalle. A mí, personalmente, me resultaba un tanto cargante mientras aparecía en pantalla con su calva y perfectamente circular cabeza brillando bajo los focos de cualquier estadio o pabellón deportivo.
Pero cuando su imagen desaparecía y sólo quedaba su voz, no podía dejar de imaginármelo, con una copa en la mano, en el salón de su casa, comentando con sus amigos las imágenes emitidas a través de la televisión, con los pies sobre la mesa. Sólo así podía disfrutarse de sus retransmisiones cojitrantas, plagadas de erratas, diálogos surrealistas y expresiones que ya son historia de la televisión como "Wilma, ábreme la puerta", "la vida puede ser maravillosa" o ese "tiki taka, Salinas" que tanto hizo por su popularidad y que, incluso, si no recuerdo mal, le valió un contrato, imagino que jugoso con El Corte Inglés.
Con el tiempo, empezó a agradarme incluso cuando, antes de los partidos, desbarraba con los que le acompañaban en la cabina de comentaristas. Los espectadores percibían la existencia de una química, un buen ambiente y una camaradería castrense entre Montes, Epi, Iturriaga o Salinas que predisponía al entusiasmo y permitía afrontar el partido correspondiente con la clara sensación de que efectivamente, la vida (deportiva) podría ser maravillosa. Y algo seguramente, tuvo que ver esa actitud, porque las cosas que los equipos españoles de fútbol y baloncesto han hecho en los años en los que Montes retransmitía sus encuentros no tienen precedentes.
Por eso mismo, me entristeció que, hace unas semanas, tras lograr la selección española de baloncesto el Campeonato de Europa celebrado en Polonia, Montes anunciara en directo que se marchaba de La Sexta para empezar una nueva etapa en su carrera. Las malas lenguas dicen que los directivos de la cadena empezaban a cansarse de su verbo vertiginoso y descompensado. Las buenas, por su parte, dicen que Andrés quería un poco de "tiki taka", un cambio que le permitiera seguir igual. Pero, desgraciadamente, nunca lo sabremos, ya que esta noche, en su piso de Madrid, su vida (maravillosa, por supuesto) ha tocado fin de una manera seca e inesperada cuyas circunstancias aún no están claras. En realidad, poco importan.
Dicen que la importancia de las personas se calibra por el espacio que dejan libre cuando se van y lo que se tarda en volver a llenarlo.Si es así, la empresa de colmar el hueco que deja Andrés Montes en el mundo del periodismo deportivo va a exigir un esfuerzo a la altura de muy pocos. Suerte al que la emprenda. A ti, Andrés, y te lo dice una persona a la que el deporte y su práctica toca muy de refilón, gracias por todo y buen viaje.