
Batman y yo nunca hemos sintonizado mucho, si bien, para ser del todo sincero, la falta de fluidez afecta, en general, a la relación que mantengo con DC Comics; ni el mencionado señor de la noche, ni Superman, ni Flash ni ningún otro de los emblemas de la Distinguida Competencia logran captar mi interés de la manera en que sí lo logran Spiderman, Daredevil, Lobezno y demás miembros del catálogo Marvel.
Gracias a "Batman:año uno" y "La broma asesina", excelentes recomendaciones de los siempre certeros Otis Driftwood y Azid Phreak, y, sobre todo, como consecuencia de la memorable experiencia que supuso la segunda aportación al personaje que nos brindó Cristopher Nolan en "El caballero oscuro" (probablemente la mejor película de superhéroes de la historia y una de las cintas supremas de lo que llevamos de siglo), las tortuosas aventuras del señor de la noche dejaron de ser una aburrida imposición (algo tendrá este hombre cuando a tantos interesa, me decía) y empezaron a convertirse en un intenso placer. Hasta que "Batman Barcelona: el caballero del Dragon" se incorporó al baile.
Es cierto que, a pesar de la monumental campaña publicitaria y de la presencia de nombres de la categoría de Jim Lee o Mark Waid en el proyecto, poco debe uno esperar de una obra fabricada para un acontecimiento muy concreto (El Salón del Comic del año 2009) y cuyo evidente (y muy respetable) objeto es sacar tajada de dicha circunstancia, mezclando en la batidora a un personaje de fama internacional (Batman) y a la ciudad anfitriona del certamen (Barcelona).
Sin embargo, y a pesar de tan paupérrimas expectativas, las peripecias de Bruce Wayne por la Ciudad Condal perforan a la baja los peores augurios y convierten "Batman Barcelona" en una experiencia casi dolorosa, un tordo colosal, propio de un "cagonet" en el apogeo de su arte cuyos únicos puntos positivos son su precio (apenas seis euros, que son seis euros más de lo que vale, por otra parte), su longitud (cuarenta páginas, con media docena de viñetas a cara completa) y que, al menos, la visión de la Ciudad Condal, no abunda en los tópicos y no presenta sus calles sembradas de bailarines de sardanas comiendo fuet, ni "castellets" en cada esquina.
Me cuesta atribuir a otro elemento que no sea el vil metal, la presencia en este engendro de un guionista tan interesante como Mark Waid (algunas de las mejores historias del controvertido "Brand new day" en el que mi trepamuros favorito vive desde hace un par de años provienen de su pluma) en esta historia lamentable en la que un lagarto sobrealimentado, de nombre Killer Croc (¿?) se prenda de Gaudí y monta un cirio en Las Ramblas. Batman no parece coincidir en gustos arquitectónicos y se planta en El Prat para discutir el asunto como si estuvieran en "La Noria", es decir, a palos. Me encantaría poder extenderme algo más en resumir el argumento, pero lamentablemente, la historia no da para más y, por si fuera poco, abunda en situaciones ciertamente bochornosas, llevándose la palma el momento "Ivanhoe" del amigo Batman, senyera en mano, recorriendo Barcelona en busca del villano de la función y que literalmente quita el sentido (del ridículo). De la risible moraleja final, prefiero no hablar que me entra el tabardillo.
En cuanto al aspecto gráfico, los lápices corren a cargo del barcelonés Diego Olmos que poco puede hacer con el material que le han facilitado y que, además debe luchar contra el gran Jim Lee, cuya apañada portada proyecta una sombra de tan enormes proporciones sobre el simpático pero poco emocional trabajo de Olmos que uno no puede dejar de sentir por él cierto desconsuelo compasivo. Además, sus composiciones son forzadas, innecesarias y se aprecia una falta de aliento en el dibujo, una carencia emocional tan marcada que es casi imposible pasar las páginas del tomo sin descargar un bostezo. Los momentos teóricamente espectaculares, a pagina completa, con un amplio pero estéril despliegue de medios y, sin duda, realizados con la mejor intención, son una buena prueba de esa falta de intensidad tan perjudicial a la que hago referencia.
"Arkham Asylum" aguarda su turno en mi mesita de noche. Las penosas imágenes de "Batman Barcelona" aún palpitan en mi maltrecha memoria y me sudan las manos cada vez que me acerco al enorme tomo (Edición "de luxe", especial para incautos como servidor y que, además de la historia original, el guión manuscrito, y los bocetos seminales de la obra, seguramente, también incluye hasta el posavasos en el que Grant Morrison apoyaba el café cuando escribía los diálogos) a quien se le ha encomendado la difícil misión de restablecer el prestigio que Bruce Wayne y su encapuchado lado oscuro habían llegado a tener en el hogar de los Winot. La gesta se antoja difícil pero como dijo cierto arácnido hace ya muchas décadas, todo gran poder conlleva una gran responsabilidad.