miércoles, 21 de abril de 2010

En otras palabras: Ángel "Verbal" Kint


Por razones que no vienen al caso, he mantenido y mantengo estrechas relaciones con Barcelona. He paseado a menudo por sus calles y he comido en sus restaurantes. Me he bañado en su playa , comprado en sus comercios y he tenido la oportunidad de visitar algunos recomendables locales donde tomarse una copa con los amigos y pasar un buen rato. Tan cómodo me siento en la Ciudad Condal que si, desgraciadamente, el Clan Winot tuviera que abandonar la capital del reino, su barco pondría, sin duda, rumbo a la ciudad que alberga la Sagrada Familia.

Y, a pesar de lo que pueden dar a entender los medios de comunicación, en estos años, no he sufrido rechazo por ser de Madrid ni por hablar en castellano. Tampoco me han dado con la puerta en las narices al comprobar que no entiendo una palabra de catalán ni han querido darme las llaves de la ciudad por ser enfermizamente adicto al fuet y otros manjares de la gastronomía catalana. Obviamente me he topado con cretinos diplomados, maleducados compulsivos y tuercebotas de pelaje diverso, pero ni en mayor ni en menor medida que la de los que han podido cruzarse en mi camino en Valencia, Bilbao o Salamanca.

No soy el único que parece inmune a esa fiebre antiespañola que, a juzgar por lo que se oye en algunas emisoras de radio y se lee en algunos periódicos, hierve en odio a los habitantes de la ciudad que vio nacer, entre otros a Eduardo Mendoza o al hoy fallecido Juan Antonio Samaranch. El gran Angel "Verbal" Kint, enciclópedico conocedor de la vida y milagros de Superman, lector voraz y erudito cinematográfico parece tener la misma opinión sobre el tema. Ángel, que capitanea con incontestable maestría "El mundo de Ángel" por los mares del cine y la literatura desde hace ya varios años ha elegido tan espinoso asunto para participar en esta sección del ladrillo y dudo que a alguién deje indiferente el enfoque escogido por su autor. Que lo disfruten y no olviden visitarle los que no tengan aún la suerte de conocer sus textos. Me lo van a agradecer.


En Cataluña también hablamos castellano


Estaba hace un año yo por Sevilla, conociendo familia política, cuando alguien me pregunta por mi trabajo y al finalizar mi explicación me dice "¿oye y allí en Cataluña os dejan hablar español? La pregunta me desconcierta un poco, primero porque no me la esperaba y segundo por la naturaleza de la misma.

Y es que aunque algunos quieran ver lo contrario, ni todos los catalanes somos independentistas (ni siquiera nacionalistas), ni tacaños, ni odiamos a los madrileños...pero sin embargo esa es la imagen que se ha instaurado entre muchísimas personas que han sucumbido a la doctrina rancia y españolista del Partido Popular y todos sus secuaces y por el otro a la torpeza de los políticos catalanes, siempre dispuestos a poner la mano para pedir o a la ambigüedad de su definición como parte del Estado Español.
Desde su estancia en el Gobierno y especialmente en la segunda legislatura, aquella en la que no necesitaron a CIU para gobernar con mayoría, el Partido Popular y sus cabezas pensantes decidieron que algo habría que hacer con los nacionalistas catalanes y vascos.

El tema del País Vasco lo voy a dejar aparte primero por su complejidad y segundo por mi desconocimiento del contexto. Al grito de "España se rompe", como si en la península tuvieramos una falla de San Andrés, culpabilizaron a los nacionalismos de dicha ruptura y empezaron su habitual política del miedo, una táctica efectiva y que acaba calando en un porcentaje de la población muy elevado, que normalmente se identifica con el estrato cultural más bajo, aunque realmente no es cierto, pues acaba calando en muchos más estratos sociales.
El Partido Popular inició una campaña anclada en el españolismo más rancio, basado en ver "quién la tiene más grande" (la bandera) y en el "catalanufos de mierda", "pujol enano habla castellano"...estrategia que siguen utilizando desde la oposición con los argumentos del Estatut, que quizás no se hayan leido siquiera ya que muchos parece que se quedaron en el primer capítulo en el que se definía Catalunya como país, o estado, o entidad, etc. Todo ello convenientemente transmitido por sus voceros habituales, por sus medios afines, por la voz de su amo, por medios que olvidaron la objetividad y se convirtieron en panfletos sin sentido de la ética perdiodística, olvidándose de informar. Algo que por otro lado todos los gobiernos sempre han tenido, incluyendo el actual.

A pesar de mis pocas simpatías hacia el PP, no puedo ponerme la venda en los ojos y no ver más allá, porque desde Cataluña se tiene mucha parte de culpa y los políticos catalanes con su torpeza han conseguido generar esa imagen estereotipada de la que hablaba al principio de este post (independentistas, tacaños...) propia de chistes de los morancos. Como diría el poeta y cantante "nos sobran los motivos". Podríamos empezar a lo grande, hablando de un corto de miras que se fue a la frontera a negociar con una banda terrorista para que no se cometieran atentados en Cataluña, algo que hizo que al saberse no se generara mucha simpatía hacia nosotros.


Si apartamos al político catalán independentista, que podríamos facilmente identificar con ERC y al más españolista (PP), nos queda un político bastante ambiguo y que generalmente ha sido CIU, fuerza política actualemente algo debilitada, pero que siempre ha tenido por su número de escaños cierta capacidad de influencia en el gobierno español, cuando éste no ha gobernado en mayoría. Esta agrupación política siempre ha interpretado el papel de catalanista en cataluña y colaborador del Estado en España poniendo la mano para sacar rentas y jugando a la nada sutil amenaza de no apoyar votaciones sin obtener beneficio a cambio con lo que el tópico "la pela es la pela", que ya tendríamos que ir cambiando por "El centim es el centim" se ha hecho patente repetidas veces. Pero por otro lado nunca han olvidado su condición nacionalista y el coqueteo con el indepentismo ha sido otra de las constantes.


Aquí también tenemos medios voceros, voces de su amo que juegan a contentar a todas las partes, disfrutando de ello. Se les da voz a todos, pero siempre intentando que la que más se oiga sea el del discurso separatista, casi siempre marcado por un tono victimista, con referencias ridículas a "cavernas españolistas" a estados opresores, dándole voz siempre a personas con representación social y siempre de medios relevantes más allá de la política como la cultura o el deporte que se han convertido a sí mismos en esperpentos. Podríamos citar a Joel Joan, Joan Laporta o Carod Rovira, como personas convertidas en caricaturas y que se han convertido en blancos fáciles y que sin quererlo ridiculizan las ideas que representan y que por ende, repercute en todos los catalanes, seamos o no nacionalistas. Y no hablaré ya de la gran preocupación por la prohibición de los toros que tienen hoy en día los políticos catalanes, tema mucho más importante que el paro en Cataluña, la educación o la sanidad...


Resumiendo: en Cataluña nos encontramos en la tesitura de tener un fuerte aparato político-mediático que presiona con una teoría conspiratoria y basada en la estrategia del miedo y por otra a un grave problema interno del mismo carácter que el anterior pero basado en el victimismo histórico.
Para acabar decir que soy consciente que afortunadamente hay un amplio sector de la población española que no se creen aquello que les intentan inculcar y que no tienen la imagen estereotipada y tópica del catalán porque son tan inteligentes que no se dejan influenciar por teorías rancias y caducas.

P.D. al andaluz que me preguntó si en Cataluña nos dejaban hablar español le contesté "siempre que quiero".

jueves, 15 de abril de 2010

Filosofía para gatos


Sobre el escritor japonés Haruki Murakami se ha dicho casi de todo. Genial, pretencioso, vacuo, brillante, poético, apasionante, mágico, pedante, aburrido, pomposo, profundo, oscuro. Me provoca cierta pereza acercarme a este tipo de autores que polarizan tanto las opiniones. Con la enorme cantidad de libros por leer que, casi con toda seguridad sé que van a encantarme, adentrarme en territorio inexplorado no deja de ser un ejercicio algo masoquista. Eso explica que desde que mi querida Mar (¡qué ojo tienes con los libros, maja!) me regalara su obra "Kafka en la orilla" hasta que decidiera empezarlo hace unas semanas haya transcurrido más de un año. Concluida la lectura de sus casi seiscientas páginas puedo decir que estoy de acuerdo con lo que dicen de Murakami. Con todo.

No es tarea facil explicar el argumento de "Kafla en la orilla". Por un lado, tenemos a Kafka Tamura, un adolescente marcado por el abandono de su madre y por una tétrica profecía que huye del hogar paterno para encontrar su lugar en el mundo. Ese lugar, al menos inicialmente, resulta ser una biblioteca privada en la ciudad de Takamatsu . Por otra parte, Murakami nos presenta al desconcertante Señor Nakata, un anciano con enormes carencias intelectuales provocadas por un extraño incidente durante su adolescencia pero que tiene la habilidad de comunicarse con los gatos. Razones que no vienen al caso impulsan al estrafalario caballero a iniciar la búsqueda de la misteriosa "piedra de la entrada", para lo que contará con la ayuda de Hosimo, un joven camionero que abandona todo para acompañar al anciano en su aventura. Ambas historias corren paralelas, sin apenas tocarse pero, al mismo tiempo, sin que sea posible separar una de otra.

En algún sitio se ha escrito con acierto que "Kafka en la orilla" es una obra que introduce a Don Quijote y su fiel escudero en el mundo de "El guardián entre el centeno". Así, mientras en la solemne y metafórica historia del fugitivo Kafka Tamura, atrapado en una adolescencia que se le queda pequeña, se atisban rasgos del desarraigado personaje que creara Salinger hace décadas, no es difícil distinguir efluvios de las desquiciadas campañas que imaginara Cervantes para el caballero de la triste figura y su escudero en la divertida y mucho más ligera trama que afecta al anciano Nakata y su fiel Oshino.

La obra es una veleta sometida al ánimo del escritor japones que tan pronto introduce elementos de ciencia ficción (el "accidente"que sufre Nakata en su infancia) como desgrana meditaciones filosóficas sobre Bergson o Hegel. Las oscuras metáforas llenas de poesía , como las que afectan al personaje de la Señora Saeki y su relación con Kafka, conviven sin demasiadas dificultades con momentos que podrían encuadrarse sin problema en una novela de Lovercraft (el encuentro entre Nakata y el "coleccionista" de gatos). A todo ello se le unen además, múltiples referencias musicales (la importancia del llamado "trío del Archiduque", de Beethoven es capital en el libro), cinematográficas y otros elementos inclasificables que convierten "Kafka en la orilla" en una verdadera odisea que pone a prueba al lector en todo momento, haciéndolo dudar de si lo mejor es mandar el libro a paseo o disfrutar de la escritura innegablemente atractiva de Murakami.

En "Kafka en la orilla", el encantador abuelete que adorna los carteles de todos los restaurantes de la cadena norteamericana de Kentucky Fried Chicken, se convierte en un proxeneta de extrañas bellezas que practican felaciones mientras desentrañan paradojas filosóficas y el popular Johnny Walker que inmortalizan las etiquetas del whisky homónimo es en el mundo ideado de Murakami un escultor obsesionado con el mito de Edipo que, en sus ratos libres decapita y destripa gatos. Por cierto que, rizando el rizo, estos felinos, presentes a lo largo de toda la obra disponen en la mayoría de las ocasiones de la capacidad de conversar entre ellos y con algunos humanos, dando lugar a algunos de los mejores momentos de la novela. Si alguna vez "Kafka en la orilla" disfrutara (o padeciera, nunca se sabe) de una adaptación cinematográfica, el elegido para llevarla a cabo, sin duda debería ser David Lynch, cuyo universo, sin duda, guarda no pocos vínculos con el de Murakami.

Me quedo, pues, como al principio, sin saber qué hacer. Si recomendar su lectura y disfrutar de la fascinación que produce su aire irreal y vagabundo, o, por el contrario, iniciar una cruzada para evitar que esta obra confusa y árida penetre en más hogares. Nakata me parece uno de los mejores personajes literarios de los últimos años, pero me desespera la pastosa elocuencia de Ôshima. En muchos momentos, estaba tentado de arrojar el libro al rincón más alejado de la casa, cansado de asistir a tormentas de sanguijuelas y bosques llenos de soldados imaginarios y, sin embargo, las casi setecientas páginas de "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", otra de las obras de Murakami, guarda puesto de lectura desde hace un par de días. Al menos, al hombre hay que reconocerle que sabe evitar las aguas tibias y no provoca indiferencia, lo que ya es bastante, en mi opinión.

viernes, 2 de abril de 2010

Números romanos


Anoche, tras el enésimo intento de encontrar algún interés o sentido a la sexta (y decepcionante) temporada de "Lost" y aprovechando que la bella señora Winot hacía tiempo que estaba en los brazos de Morfeo (el único al que le permito ese tipo de comportamiento), servidor se dispuso a practicar uno de sus deportes favoritos que no es otro que ver películas de miedo en la oscuridad del salón parapetado tras una protectora muralla de cojines. ¿La elegida?, "Rec 2", que tras la saludable experiencia que supuso la primera entrega, guardaba su turno desde hacía unas semanas. ¿El resultado? Sin duda, no era mi noche y, siguiendo la estela de la velada, me aburrí como un becerro.

Las secuelas suelen producir ese efecto "adormidera" generado por el indisimulado deseo de sus responsables en forrarse la patilla y que es indirectamente proporcional al talento aplicado al proyecto, el cual, por lo general, se basa en un alargamiento de la idea original sin tener en cuenta que hasta John Holmes tenía sus limitaciones. Mas de lo mismo pero más alto suele ser un resumen bastante acertado de las películas adornadas con números romanos. Pero, a veces, se produce el milagro y la secuela en cuestión aporta las suficientes novedades no solo para estar a la altura de su predecesora o predecesoras sino, en ocasiones, para superarla ampliamente y configurar su propia personalidad. Las siete siguientes, por ejemplo, una para cada día de la semana, pueden ser buenos ejemplos de tan honrosas excepciones.

EL PADRINO II, DE FRANCIS FORD COPPOLA (1974): Aún partiendo de la base de que la trilogía de Coppola es, en mi opinión un cuerpo compacto que sólo adquiere su verdadero sentido si se contempla en su conjunto, es evidente que, en su segunda entrega, de un atrevimiento formal para la época ciertamente asombroso, las vicisitudes de la familia Corleone adquieren un tinte de perfección que ha sido igualado pocas veces. A ello no es ajeno un reparto impecable (Al Pacino nunca ha estado mejor), un guión que perfecciona el mecanismo de los relojes suizos (la conversación final entre Michael y su hermano Fredo hiela la sangre) y un Francis Ford Coppola en incomparable estado de forma. Con el permiso de mi adorada "La huella", tal vez sea la película por definición.

LAS DOS TORRES, DE PETER JACKSON (2002): A pesar de padecer la tortura de los arbolitos parlantes y de no contar con el gran Sean Bean, la segunda parte de la megalómana trilogía de Peter Jackson sobre "El Señor de los Anillos" corrige y perfecciona a su predesora, introduce al gran Gollum (increible Andy Serkis) y en su (largo) tramo final, deja al espectador completamente clavado a la butaca con la espectacular batalla en el Abismo de Helm que, a día de hoy, sigue siendo el mayor prodigio de efectos especiales que servidor ha contemplado en una pantalla de cine. Con permiso de las que la flanquean y sin desmerecerlas los más mínimo, es sin duda, la mejor de la serie.

SUPERMAN II, DE RICHARD LESTER (1980): El hombre de acero siempre me ha caido gordo y su identidad civil no le va a la zaga. No termino de conectar con un personaje tan bueno, tan invulnerable y, por todo ello, tan previsible. Tal vez por eso, esta atípica secuela, en la que tirios y troyanos patean su kryptoniano trasero al héroe de Metrópolis, con el gran Terence Stamp como villano de la función y en la que uno tiene el placer de contemplar a Clark Kent dorándose el carrillo con su personalidad superhumana en un desgüace de coches sea en mi opinión, muy superior a su predecesora y merecedora, por tanto, de una alta calificación a pesar del sopor que me produce el personaje.

GREMLINS II, DE JOE DANTE (1990): O nadie daba un duro por esta secuela o el poder de Joe Dante por aquel entonces en la Industria era muy superior al que se le suponía. La segunda entrega de los parientes lunáticos de Gizmo constituye un espectáculo surrealista que guarda casi nula relación con la clásica y muy eficaz estructura de su predecesora. Apariciones de Hulk Hogan y Christopher Lee, guiños confesos a Batman y Rambo entre otros personajes de ficción, un edificio inteligente que hubiera hecho las delicias de Terry Gillian , criaturas que atraviesan la pantalla para hablar con el espectador y un aire de irreverencia general la mar de refrescante son los elementos más representativos de esta joya a recuperar.

EL MITO DE BOURNE, DE PAUL GREENGRASS (2004): Me revienta el montaje adrenálitico con el que algunos directores intentan ocultar que son incapaces de filmar secuencias de acción. El introspectivo Marc Foster, que destrozó el año pasado la prometedora "Quantum of solace" es un claro ejemplo de lo que digo. Este tipo de cosas solo se las perdono a Tony Scott y a Paul Greengrass. Cualquiera de los dos podría haberse encargado de esta segunda entrega del agente amnésico que ideara Robert Ludlum, pero le tocó a Pablo Hierbaverde que convirtió los solemnes mimbres de la película inagural en una batidora deslumbrante llena de peleas, tiroteos y persecuciones en la que los planos duran apenas dos segundos y la irritación que eso provoca desaparece con la misma rapidez gracias a una historia con ritmo, interés y emoción desbocada.

EL CABALLERO OSCURO, DE CHRISTOPHER NOLAN (2008): Confieso que me aburrí soberanamente con "Batman Beguins". La impericia del director de "Memento" para mantener el ritmo que una película de estas caracterísiticas necesita lastra una cinta fallida, amorcillada y, sencillamente, aburrida. Ignoro el brebaje que consumió Nolan antes de iniciar el rodaje de esta segunda entrega, pero todo aquello que fallaba en su primer acercamiento al torturado defensor de Gotham encaja como un guante en esta lograda cinta que, a medio camino entre la aventura total y el retrato sicológico, se ha colocado de manera casi indiscutida en un hito del género que va a ser difícil superar. Por la misma razón, el próximo villano cinematográfico va a tener el duro trabajo para hacer olvidar a Heath Ledger como encarnación del mal en estado puro.

ALIENS, DE JAMES CAMERON (1986): Si en la primera entrega un único Alien se encargaba de una tripulación (casi) completa, en esta primorosa secuela, miles de aquellas criaturas se las ven y se las desean para acabar con una Teniente Ripley a la que los años en hibernación parecen haberle sentado maravillosamente, convirtiéndola en la hermana pequeña de Rambo. Con un ritmo frenético al que no es ajena la extraordinaria banda sonora de James Horner, "Aliens" es todo aquello que Ridley Scott evitó en la primera entrega de la saga. En cierto modo, traiciona su espíritu, saturando la pantalla de criaturas y sustituyendo la atmosfera opresiva del original por una montaña rusa, pero eso, al asombrado espectador, poco le importa.

miércoles, 24 de marzo de 2010

En otras palabras: Azid Phreak


Da hoy inicio por fin la sección de la que os hablaba la semana pasada y que, tras no pocas dudas, he decidido llamar "En otras palabras". A la fase final llegarón la mencionada y "Por boca de otros", pero tras cónclave especial del Clan Winot, acordamos por unanimidad decantarnos por obviar la referencia física, de difícil encaje en este mundo de bytes y megas en el que nos movemos.

Es, además un placer que la sección la inagure mi querido amigo Azid Phreak, tal vez el más veterano de los animadores de la escombrera, extraordinaria persona, fino analista de cuanto le rodea y enciclopedia viva del cine de ayer, hoy y pasado mañana como acredita su espléndido "Rincón de los niños perdidos" en el que dos hadas del calibre de Lucy Liu y Kampanilla cubren sus espaldas con encanto, con chispa y con un amor por el celuloide ciertamente contagioso. El día que este cántabro de oro, la hermosa Kampanilla y el Clan Winot tuvo la suerte de conocerse, una llamada de teléfono nos interrumpió brevemente. Tras unos minutos de conversación, el gran Azid tuvo uno de sus habituales momentos de gloria. "Disculpa", comunicó a su interlocutor, "pero te tengo que dejar. Estamos en Madrid..... conociendo a unos amigos". Genio y figura.


El síndrome Scrooge
Azid Phreak

Siempre he odiado la aparente superioridad y el total desprecio con el que un anciano sentencia frases del tipo:"Se está perdiendo la educación" o "Esto en mis tiempos no pasaba" ante un renacuajo que ha tropezado con él persiguiendo un balón. En un buen número de ocasiones estas regañinas, seguramente estén justificadas, pero hay otras que siempre he pensado obedecen a una especie de "demarcación de territorio" que el señor Scrooge de turno lanza al aire cual macho alfa.

La tristemente famosa Ley del Menor, que algún iluminado del que no quiero acordarme tuvo a mal conformar, está propiciando, en líneas generales, una nueva raza de espartanos sin miedo o respeto por nada. Aún así, un servidor sigue teniendo fe en todo aquel que, por muy menor que sea, anda sin cruzar la línea vital del resto. Es por ello que quiero, desde esta palestra que amablemente nos cede el bueno de Tarquin, romper una lanza a favor de, estoy seguro, un gran número de adolescentes que se salen del estereotipo lanzado por los más mayores. Y es más, quiero romper la lanza en la testaruda mollera de alguno de estos engreídos señorones.

¿Quien no ha sido adelantado, a una velocidad cercana a la absurda, por un señor talludito a lomos de su flamante Mercedes tras pegarse a la culera de nuestro fiel corcel y propinarnos una agradable y reconfortante ráfaga con sus luces largas? ¿No era esto cosa de ni-niñatos en BMW? Será cosa mía pero las veces que lo he recriminado por la ventanilla, encima he tenido que aguantar algún que otro gesto digno de algún presidente venezolano.

Las dos últimas veces que paseando he encontrado a alguien en apuros o pidiendo ayuda (una señora inconsciente en un caso y otra muy mayor que se había caído, en el otro) hemos sido gente joven los que hemos dado el paso de ayudar. En ambos casos, antes de nuestra intervención, pasó gente "adulta" y tras la miradilla de rigor siguió su paseo sin ningún tipo de remordimiento aparente (en el caso de la anciana, un individuo de unos 60 llegó a decirnos al pedirle que nos ayudara "que parecía sucia", cuando se trataba de una señora que había bajado a tirar la basura en bata y zapatillas).

¿A quién no se le ha colado alguien de avanzada edad en la cola del cine, en el supermercado, en un espectáculo....? Seguramente que a más de uno. Lo peor viene cuando, en ocasiones, decides que la edad no exime de ciertas obligaciones y recuerdas al señor de turno cómo se hacían las filas en el colegio. A día de hoy no he encontrado a nadie que haya reconocido su cara dura y no haya plantado cara con total desfachatez, llegando incluso a mentar la famosa frase de "se está perdiendo la educación" o calificativos poco agradables hacia las generaciones venideras, sin un sólo atisbo de rubor en las mejillas.

Y por último, en el apartado de aires de grandeza, comento una situación que acaeció este pasado 19 de Marzo en las fiestas de mi localidad. Nos encontrábamos cuatro parejas (de entre 30 y 40 años) disfrutando de un trozo de empanada y unas cervezas en plena calle, cuando una señora de avanzada edad se nos acercó y comenzó a hablarnos sobre la guerra, el aborto, la Iglesia y lo mal que iban las cosas con el Gobierno actual. Escuchamos a la señora con paciencia e intentando ser amables, pero a los 15 minutos aquello se volvió un monólogo reivindicativo digno del mismísimo William Wallace. No había opción a réplica. Fue entonces cuando alguno de mis acompañantes, disimuladamente, comenzó a alejarse, algo que no gustó a la señora. Esta, lejos de darse cuenta de que el sermón se estaba quedando sin feligreses porque la conversación no era tal, comenzó a decir que claro, la estábamos haciendo poco caso porque la juventud está descarriada, que no teníamos pinta de ser católicos y qué íbamos nosotros a saber de la vida. Reconozco que estuve a un palmo de contestarla con la educación de la que comenzó a hacer gala ella, pero en su lugar, tras 40 minutos de clase magistral, opté por un cómodo (y también educado) "si, si, si, lo que usted diga" acompañado de una despedida y unos buenos deseos. Ella se alejó muy digna, confiada de que había dado una lección a unos pobres chavales que no sabían nada de la vida.

Son casos como estos los que me convencen día a día de que la educación no es cuestión de edades y que una persona de edad avanzada, por mucho respeto que merezca, que lo merece, no tiene siempre el buen hacer que se le presupone y un jovenzuelo en chándal puede resultar todo un Gentleman a su lado.

Ciertamente me parece preocupante que existan valores como los de los denominados "ni-ni", pero me parece igualmente preocupante que una buena parte de nuestros mayores, los supuestos educadores, hagan gala de la misma mala baba y soberbia que supuestamente despiden sus sucesores. Desgraciadamente creo que la solución no está cerca (los ni-nis serán los Scrooge del mañana) y no se siquiera si la habrá. Únicamente espero que, cuando llegue el momento, todas estas palabras que dejo hoy aquí, resuenen en mi cabeza cada vez que un infante estampe su jovialidad contra mi cansada experiencia.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Invitación formal


El verdadero sentido de una entrada no es el texto que escribe su autor, sino los comentarios que generan, las impresiones que producen y las reacciones que espolean aquellas palabras. El tesoro escondido en el interior de un escrito solo cobra sentido cuando alguien lo descubre y, posteriormente, lo valora en su subjetiva medida. Por eso y para rendir merecido homenaje a todos los que dais sentido a este blog dará comienzo en breve una nueva sección de nombre aún por definir cuyo objeto es convertir al comentarista en autor y a éste en observador subjetivo de su propia casa.

Para ello, necesito, por supuesto, un artículo, un texto, una entrada, como lo queráis llamar.Lo único que les pido a los que quieran participar es que el artículo guarde poca o nula relación con la temática habitual que traten en sus bitácoras propias. Creo que sacar a la gente de su contexto habitual es muy beneficioso para la creatividad, permite extralimitarse y puede dar lugar a experimentos interesantes. Tened en cuenta también, que al tratarse de una sección de periodicidad incierta (aunque mi intención es publicar un par de colaboraciones al mes. Siempre y cuando, por supuesto, disponga de material para ello) puede transcurrir cierto tiempo entre la recepción del texto y su publicación en el ladrillo. Ténganlo en cuenta los que se decanten por temas de rabiosa actualidad.

En homenaje al desgraciadamente desaparecido Clan Natillas (que tan buenos y polémicos momentos nos hicieron vivir hace ya un tiempo), he habilitado una dirección de correo electrónico para que los interesados en colaborar con la iniciativa puedan remitirme los textos y la foto con la que desean adornar la entrada. Aunque ya aparece en la barra lateral, no está de más dejar aquí constancia de la misma: clanwinot@hotmail.com

Espero que la idea os parezca interesante y que os animéis a colaborar. A los que piensen que con esto se van a librar de mis críticas cinematográficas, de mis secciones, de mis textos de actualidad y de cuantas cosas se me pasan por la cabeza , lamento comunicarles que no lo verán sus ojos. Esta sección será un placer, no una excusa. Gracias anticipadas.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Una más


La situación en mi barrio se hizo tan insostenible hace unos meses que el Ayuntamiento decidió instalar cámaras de seguridad en cada esquina y, así, lograr un poco de paz en una vecindad abrumada por la delincuencia, las drogas y la conflictividad racial y religiosa. De hecho, justo entre dos de las ventanas de mi casa han instalado una de estos horrendos aunque eficientes artilugios como el que adorna esta entrada.

Y digo eficientes porque desde su instalación, ya casi nadie nos despierta en mitad de la noche pidiendo auxilio ni la bella señora Winot tiene que emular a Usain Bolt para recorrer los quinientos metros que separan su puesto de trabajo de nuestro hogar cuando vuelve a horas intempestivas tras su jornada laboral. Los siniestros tipos que trapicheaban con cigarritos de la risa en la misma puerta del local donde la heredera y servidor vamos a comprar el pan los fines de semana, hace casi un mes que no aparcan su despreciable humanidad en las calles de mi barrio y me faltan dedos en las manos para contar los días que han transcurrido sin escuchar como revienta en astillas la ventanilla de un coche aparcado a plena luz del día.

En mi caso, que lo único que podría llegar a captar la cámara es una excavación nasal o un magreo genital para acomodar las colgantes, la presencia de los artilugios no solo no me incomoda sino que, muy al contrario, me genera innumerables beneficios. Reconozco que es triste que nos tengan que plantar ojos electrónicos por las paredes para poder vivir en paz y que solo su presencia evita que la gentuza que puebla el barrio siga haciendo lo que le viene en gana. Pero así son las cosas y si con este sistema consigo dotar de mayor seguridad a la bella señora Winot, a la heredera y a servidor, bienvenidas sean las cámaras.

Como era de suponer, no han faltado voces denunciando el presunto ataque al derecho a la intimidad que supone la presencia de los cachivaches electrónicos mencionados y las paredes de las sinuosas calles de mi barrio están tapizadas de pegatinas en las que colectivos de diverso pelaje avisan de que las cámaras van a convertir el barrio en un gueto (?) y que, cada vez que uno dé un paseo, "okupe", bese o se saque un moco (no me invento una coma. Todas estas paridas aparecen impresas en los carteles) será filmado para la posteridad. Incluso, se han llegado a convocar manifestaciones que, a pesar de rivalizar en poder de convocatoria con el que tendría una gira de Joselito en Uganda, no dejan de sorprenderme por el implacable candor progresista y la patente ceguera que perfuma sus gritos de guerra y que parecen obviar la tremenda inseguridad que existe en las calles de una vecindad a la que no parecen pertenecer.

Por lo que a mi respecta, el único miedo que tengo ahora mismo, si de temas de seguridad hablamos, es que alguno de estos respetuosos y pacíficos defensores de la libertad que se vienen rasgando las vestiduras desde hace semanas, decida, como en otras ocasiones, defender sus derechos a pedradas y, por querer combatir la "represión" que la instalación de las cámaras supone, reviente una de las ventanas de mi casa al intentar proteger su intimidad en detrimento de mi seguridad. Estoy por escribir al Ayuntamiento para que pongan una más frente a mi casa. Solo por si las moscas.