viernes, 23 de julio de 2010

Repoker


El tema de las listas de favoritos en las bitácoras cibernaúticas es un género en si mismo: mis libros favoritos, las mejores películas de terror de este siglo y del pasado, los modos más brillantes de cocer un huevo..... En este mismo y enladrillado lugar he dejado constancia de varios de ellos, encontrándome siempre con el mismo problema, que no es otro que el de decidir los puestos del segundo en adelante. El momento preciso en el que se escribe, la frescura del recuerdo, el estado de ánimo; son demasiados los elementos que juegan en la decisión y las opciones, numerosas, se enredan con ahinco y, en muchas ocasiones, una vez que la lista está hecha, uno se ve obligado a volver sobre sus pasos y desdecirse. Eso no ocurre, sin embargo, con el primer puesto.

Cuando del campeón se trata, mi mente no abriga dudas y poco importa que haga seis años que no escucho el disco o que ni siquiera quede rastro físico del comic que tiene el honor de encabezar la lista correspondiente. Tan sólidamente se encuentran instaladas estas obras en su merecido trono que, en la mayor parte de los casos, las telarañas cuelgan de sus coronas sin que ninguna joven promesa haya logrado derrocar al monarca. Cada uno tiene los suyos y los míos son los siguientes.

- La mejor película de todos los tiempos: Los veteranos del lugar ya conocen la pasión incontrolada que sufro por "La huella" de J.L.Mankiewicz. De hecho una de las primeras entradas de esta bitácora (¡¡agosto de 2007!! Cómo pasa el tiempo) fue dedicada a esta maravilla cinematográfica de principios de los setenta con el clarificador título de "Rozando la perfección". No voy a entrar más en detalle sobre ella para no sobrecargar la batería pero quién quiera puede leer más aquí.

- El mejor libro de todos los tiempos: Es la única categoría con novedad en los últimos años. Hasta que Mario Benedetti apareció con "La tregua" por la puerta de mi casa, de la mano de mi querido Otis y su excelente criterio literario, otro hispanoamericano de primera, Mario Vargas Llosa con otra joya deslumbrante como "La guerra del fin del mundo" ocupaban por derecho propio la cima literaria de mi santuario. Pero el empuje de ese Martín Santomé que se sacó de la manga Don Mario es una fuerza de la naturaleza contra la que nadie puede ofrecer resistencia. También dejé cumplido homenaje en el ladrillo hace aún más tiempo que la anterior en una entrada de nombre ,"Imprescindible" y que puede uno leer aquí.

- El mejor comic de todos los tiempos: Durante un par de años, Forum, la editorial que publicaba en los ochenta las aventuras de mi amado Spiderman, decidió incluir los comics de Daredevil como complemento en los tomos quincenales dedicados al cabeza de red. Reconozco que no les hacía el menor caso y que el diablillo rojo y sus historias me importaban bastante poco. Pero entonces empezó la saga "Born again", cortesía de Frank Miller al guión y David Mazzucchelli al lápiz y mi concepción del comic como un mero entretenimiento cambió para siempre.

Durante su publicación (la historia ocupa siete números completos) el que padeció mi completa indiferencia fue Spiderman, que tenía que ver como me lanzaba en picado sobre las últimas diez páginas de cada número para seguir con los ojos como platos la agónica, cruel y asombrosamente humana batalla entre Daredevil (más bien entre Matt Murdock) y el mal en estado puro que personaliza ese villano de primera división que es Kingpin. Completamente descatalogado, y, en mi caso, desaparecido en combate tras un ataque de "madurez adulterada" a la que me referí aquí hace unos meses, Panini Comics me alegra el verano anunciando una nueva edición a todo lujo en el mes de agosto que, obviamente, pasará a ocupar lugar de honor en mi biblioteca.

- El mejor disco de música clásica de todos los tiempos: Por si sola, "Tosca", la opera de Puccini ya es mi obra clásica por definición. Sus arias irrepetibles, su furia, su dramatismo y las melodías insuperadas del maestro italiano no conocen igual en la historia de la música clásica. Pero es que, además, tuve la suerte de escucharla por primera vez en la que es casi unánimente considerada como la versión de referencia y uno de los grandes monumentos discográficos de la historia. Maria Callas, Giuseppe di Stefano y un insuperado Tito Gobbi se reunen bajo la batuta incandescente de Victor de Sabata en un volcán de pasiones descontroladas cuya ferocidad e intensa emoción es, en ocasiones, casi física.

La grabación es de 1953 y el sonido no es, por supuesto ni limpio ni perfecto, pero poco importa eso. De hecho, la textura áspera y sucia de la grabación (doble disco a precio irrisorio en El Corte Inglés. Casi un deber moral hacerse con ella) juega a su favor, otorgándola una inmediatez y una cercanía que, de otro modo, sería imposible lograr. Para hacerse una idea de lo que digo, nada mejor que disfrutar de la famosa escena de la tortura que, gracias a la Red, puede disfrutarse aquí (atención al glorioso "tour de force" que se marca el señor di Estefano en el minuto 4,20. Un prodigio.)

- El mejor disco de música moderna de todos los tiempos
: Tal vez sea una boutade llamar moderno a un disco editado en 1979, pero no se me ha ocurrido otro modo de enfrentar el rock y el pop del siglo XX y el XXI con la concepción de "música clásica" a la que me he referido anteriormente. En realidad, ahora que lo pienso, "The Wall", de Pink Floyd es un clásico por lo que no he andado del todo desencaminado.

Dejando a un lado etiquetas, no puedo negar su puesto de primer espada a Roger Waters, David Gilmour y el resto del equipo, que en tan lejanas fechas construyó este edificio musical propio de un genio de otros tiempos. Puede hacer más de cinco años que no escucho una nota de "Run like hell", "Mother", "Another brick in the wall" o "The trial". Y podrían pasar otros diez. Y otros veinte y no podría olvidar una obra que durante mi adolescencia escuchaba a diario y que llegué a conocer como la palma de mi mano en su versión oficial y en cuantas grabaciones piratas me han sido dadas a conocer, sin olvidar la banda sonora de la versión cinematográfica que filmara Alan Parker y que incluía sensibles variaciones sobre la partitura original, así como el megalómano espectáculo que Waters organizará en Berlín con motivo de la caída del muro, mutilación final incluida. Si hay algún semoviente que aún no conoce esta incomparable obra maestra, que deje de leer ahora mismo y corra a su tienda de discos más cercana. Siempre me deberá una.

miércoles, 14 de julio de 2010

En ebullición


Está comprobado que, si de efectividad letal se habla, las bajas temperatras baten con holgura a las altas. Los estudios demuestran que, cada año, unas 200.000 personas mueren en Europa a consecuencia del calor. No es poca cosa. Sin embargo, cuando los termometros se despeñan, la cifra se eleva hasta el millón y medio de víctimas. Si el frío fuera un asesino en serie, Freddy, Jason, Michael y el resto de la alegre parentela llevarían mucho tiempo jugando al Trivial.

En cualquier caso y digan lo que digan los estudios, donde haya una buena racha de viento siberiano que se quiten el bochorno y los cuarenta grados a la sombra. ¿Que entra el viento racheado y nos congela las lágrimas? Gorro y guantes ¿Que se desprenden del firmamento canicas de hielo y no se puede salir a la calle? Sin problema. Un capítulo de "How I met your mother", la mantita de rigor y un café calentito. Mano de santo, oiga usted.

Sin embargo, cuando el aire se solidifica, y aplasta al transeúnte convirtiendo la gravedad en una plomada, cuando el suelo se deshace bajo tus pies y el agua apenas tiene tiempo de evaporarse antes de deslizarse por nuestra garganta en carne viva, entonces.... entonces, ¿qué hacer salvo dormitar, sudar y andar en una especie de resaca interminable, fruto del insomnio asesino que genera el fuego nocturno de estos meses estivales?

Mis días pasan en una rueda inagotable de sudores, pañuelos y botellas de agua. El plácido y agradable viaje hasta el trabajo enfrascado en algún libro se ha convertido en un suplicio que me empapa hasta los huesos y en el que no poco tienen que ver los sindicalistas caníbales que pueblan el subterráneo madrileño y nos torturan con sus huelgas agónicas e incomprensibles. La comida es más pastosa, los hielos se limitan a aguar las bebidas, incapaces de cumplir la misión que, por naturaleza les corresponden y las camas se convierten en sarcófagos de aire caliente en los que agonizamos cada noche y de los que solo nos levanta la esperanza de que ayer, como antiguamente, se equivocaran con el pronóstico del tiempo y en lugar de barras de fuego, la mañana nos sorprenda con una granizada en condiciones y sea posible volver a sacar nuestros abrigos de los armarios en los que cumplen condena. La fe mueve montañas.

miércoles, 7 de julio de 2010

En otras palabras: Mr. Lombreeze


Desde "De gusanos y lombrices" nos llega la aportación a esta sección del incomparable Mr.Lombreeze, voraz devorador de cultura variada, de exquisito gusto musical y máximo exponente del género "épico anélido" cuya mejor expresión es la saga de "El salitre de las botas de Pockollock", que hace uno pocos días puso punto y final con gran éxito de crítica y público.

A nuestro invertebrado amigo le gusta hurgar en las heridas y observar la realidad desde puntos de vista alternativos. No siempre uno puede estar de acuerdo con sus apreciaciones, pero es innegable que sus escritos siempre aportan una perspectiva interesante que suele generar controversia, debate y sana disputa. El artículo que aquí se recoge es una clara muestra de su buen hacer.

A menos que se produzcan nuevas aportaciones, la sección concluirá hoy. Creo que ha sido una experiencia muy positiva que nos ha permitido conocer facetas ocultas de quienes han aceptado el ofrecimiento con un nivel ciertamente alto. Gracias desde aquí a todos y, por supuesto, aquellos que aún se lo estén pensando o quienes ahora conozcan la iniciativa (cuyas "bases" pueden encontrarse aquí) que sepan que sus colaboraciones siempre serán bien recibidas.


El árbol de la noche triste


Creo que ningún libro de Historia dice nada parecido a esto: "los Romanos imperialistas conquistaron la península Ibérica masacrando a los pueblos que la habitaban, esclavizando a la población indígena y robando sus riquezas y blablabla". Tampoco he oído nunca (y no digo que no haya sucedido) a nadie manifestar que los auténticos españoles eran los celtíberos y no los conquistadores romanos. Bueno, con la excepción abertzale que sigue delirando con sueños vascones.

Pero de la Conquista de América he oído y leído ya casi de todo. Desde eso de quién descubrió a quién, pasando por el antropofagismo de los analfabetos indígenas, la codicia y sed de oro de los crueles españoles (o castellanos, o extremeños, o vaya ud. a saber), razonamientos del estilo "los mayas no conocían la rueda pero qué pasada de calendario que tenían", y etc, etc. En fin. Casi todo esto huele más a politiqueo y revisionismo que a otra cosa.

Lo de que los españoles fueron al "Nuevo" Mundo a conquistar territorios para explotar sus recursos es algo que a nadie se le escapa. (Una fea costumbre que tienen los pueblos desde hace milenios). Que para conseguirlo se dieron hostias a diestro y siniestro con los indígenas que no se dejaron, también. Que todos los indígenas americanos no eran iguales ni configuraban una hermosa fraternidad intercultural sin fisuras, lo mismo. Que los tlxacaltecas les tenían muchas ganas a los aztecas lo demostraron en la toma de Tenochtitlán.

Pero claro, una de los primeros cachivaches que llevó Hernán Cortés a México fue una imprenta, (no está demostrado que fuera a utilizarse para machacar la cabeza de Cuauhtemóc y parece que su función era imprimir libros). No menos cierto es que la Universidad de México se fundó en 1551, solamente 30 años después de la llegada de los primeros colonizadores españoles. Otro episodio que no se comenta mucho es la promulgación de las Leyes Nuevas de 1542, como se puede leer aquí http://es.wikipedia.org/wiki/Leyes_Nuevas Y etc-etc.

Así que lo que yo percibo es que Conquista sí, con las atrocidades que una guerra conlleva, pero desparrame no y genocidio tampoco. En cualquier caso, todo esto sigue siendo interpretable y que cada uno saque las conclusiones que quiera.

Lo que nunca entenderé es el por qué algunos mexicanos consideran que los aztecan fueron más tatarabuelos suyos que los españoles. Y no lo entiendo porque el 65% de la población mexicana es mestiza (más el 20% de población de raza blanca), el 88% católica y prácticamente la totalidad de la población habla español. Así que aunque mi abuelo Baldomero hubiera mandado ejecutar a monjitas inocentes durante nuestra Guerra Civil, la respuesta a a la pregunta "Quién fue tu abuelo?", sería "Baldomero" (Nota. Mi abuelo Baldomero fue vendedor de zapatos y no mató nunca a nadie). Ellos verán lo que hacen con los libros de Historia de sus escolares, pero como dijo Octavio Paz:

“No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino los españoles y los portugueses levantaron una construcción histórica grandiosa que, en sus grandes trazos, todavía esta en pie. Unieron a muchos pueblos que hablaban lenguas diferentes, adoraban dioses distintos, guerreaban entre ellos o se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones jurídicas y políticas pero, sobre todo, por la lengua, la cultura y la religión. Sí las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas. Para juzgar con equidad la obra de los españoles en México hay que subrayar que sin ellos –quiero decir: sin la religión católica y la cultura que implantaron en nuestro país- no seríamos lo que somos. Seriamos, probablemente, un conjunto de pueblos divididos por creencias, lenguas y culturas distintas.”

sábado, 26 de junio de 2010

Error de concepto


Uno topa casi a diario con ese tipo de personas vociferantes y maleducadas que adoptan modales que harían enrojecer a un vikingo cuando algo no encaja en lo que consideran su sitio. Ostentan sus argumentaciones como si fueran lanzas, gritan, gesticulan y en el apogeo de su arrebatato hunden sus palabras y sus gestos despectivos en el sufrido interlocutor sin importarles vínculo, edad o condición. Como es de imaginar, quién esté en posesión de la verdad en ese momento carece para ellos de importancia alguna.

Tras la tormenta, y como si volvieran de un sueño al que han sido ajenos en gran parte, arrían las velas de sus barcos y se dirigen a puerto con la parsimonia que genera la tranquilidad de espíritu sin pararse siquiera a comprobar el estado de quienes han sido engullidos por su furia . Es entonces, cuando se les pide explicaciones a estas personas por lo modos y maneras en las que han llevado la conversación y se les afea su conducta, cuando aparece el chivo expiatorio de todos los males. "Discúlpame, es que yo soy así, tengo mucho carácter".

Que uno sea de una determinada manera no es defensa suficiente para disculpar los malos modos, el trato despreciativo ni las actitudes violentas. De poco le vale a quien ha padecido estas tormentas saber que quien ha inflingido el trato es de una manera de ser o de otra muy distinta. Visto lo visto, es evidente que no puede ser de otro modo. Si uno es "como es" y eso le lleva a comportarse como un cavernícola tiene dos opciones: cambiar y entender que como decía la canción, una palabra más rotunda que otra no te otorga un gramo de verdad o asumir las consecuencia de sus actos. Porque resulta que este tipo de gente, especialista en salar las heridas luego es muy sentida y cuando se les echa en cara que uno ha visto vídeos de Hitler expresando sus ideas con maneras casi idénticas, se ofenden y acusan a quienes les echan en cara sus modales de neanderthal primigenio de tener poco aguante o carecer de voluntad para entenderlos. El tedioso asunto de la paja y la viga que tanto juego da en el refranero español encaja aquí como un guante

Apoyarse en algo tan difícil de construir como el carácter para no reconocer que, sencillamente, se carece de temple, no se es diestro en el control de las riendas con las que uno dirige el genio o, por no complicar mas el asunto, se dispone de mala leche suficiente como para mantener Intereconomía en antena durante todo un año fiscal, debería estar tipificado como delito. Y la gente que se escuda en ello para actuar como un lunático, que salga de su error y se dé cuenta de que su problema no es cuantitativo, sino, por supuesto, cualitativo. Lo demás son ganas de no llamar a las cosas por su nombre ni valorarlas en su medida.

sábado, 19 de junio de 2010

Siete razones para no perderse "Nurse Jackie"


1.- No es "otra serie de médicos": A pesar de que el grueso de la serie acontece en la sala de urgencias del All Saints Memorial Hospital, de New York y de que sus personajes pasan gran parte de su tiempo en bata y moviendo enfermos de un lado para otro, poco importan los diagnósticos, las enfermedades y las medicinas que las solucionan. En "Nurse Jackie", lo realmente importante sucede en los pasillos, en la capilla del centro o en las escalones de entrada, justo cuando los personajes dejan de actuar como médicos o enfermeros.

2.- El personaje central no deja indiferente: A pesar de sus dificultades para respetar el escalafón, la enfermera que da título a la serie, Jackie Peyton, goza de un merecido prestigio en el centro como compañera ejemplar, incansable trabajadora y líder carismático. Pero no es menos cierto que también es una adicta a las pastillas que intercambia sexo por suministros con el encargado de los fármacos en el hospital, oculta que está casada y con dos hijas a todos aquellos que la rodean, gasta el dinero del fondo para los estudios de aquellas en comprar barbitúricos, y no duda en conspirar para sacar del hospital a quienes detectan ese lado rodeado de sombras de su personalidad.

3.- Carece de corrección política alguna: Es obvio que el código moral de Jackie Peyton es, por lo menos, discutible. Pero es de agradecer que los responsables de la serie huyan de pedagogías baratas y juicios éticos. En "Nurse Jackie" no se juzga a los personajes ni se predispone al espectador. Es difícil no aplaudir cuando Jackie arroja por el retrete la oreja cercenada de un narcotraficante herido en un tiroteo o cuando destroza con una llave el coche de un ricachón que envía a su chofer a recuperar la flecha con la que ha atravesado a un joven mientras practicaba el tiro con arco sin permiso alguno. Pero también es fácil recelar cuando la vemos engañar a su marido o esnifar pastillas machacadas, oculta en el cuarto de baño, mientras sus hijas desayunan a pocos metros.

4.- Edie Falco ya no es la esposa de Tony Soprano: Jackie Peyton vive en un mundo de mentiras que se superponen e intercalan al menor contratiempo. Eso unido a su adicción a los tranquilizantes y a la tensión intrínseca que lleva aparejado el trabajo en el hospital, convierten su día a día en una bomba de relojería con el contador estropeado: todo, en cualquier momento, puede hacerse pedazos. Y ese aura de cable de alta tensión que rodea al personaje es mérito de la extraordinaria Edie Falco, que con su asombrosa interpretación logra la difícil tarea de borrar de la mente del espectador el recuerdo de Carmela Soprano a quien dio vida durante muchos años en esa enorme asignatura pendiente que es para un servidor, "Los Soprano".

5.- Hace de lo sorprendente la norma general: Quienes busquen lo predecible en "Nurse Jackie", perderán el tiempo. Parafraseando a Chenoa, cuando el espectador va, los guionistas ya vienen de allí. Desde que dan inicio sus (extraordinarios, como se puede comprobar aquí) títulos de crédito hasta que concluye el episodio (unos veintipocos minutos después), los espectadores quedamos a merced del viento. Las tramas que sustentan el argumento parecen deslizarse sin destino, morosas, como arrastrando los pies. Sólo una vez concluido el episodio, una vez que se "posa" en la memoria , uno se da cuenta de que, en realidad, la historia no hace sino avanzar, sin que sea fácil decidir si estamos ante una comedia muy dramática o la tragedia más divertida de la televisión. Lo que es muy de agradecer, por otra parte.

6.- Tiene la mejor red de secundarios de la televisión: A pesar de que Jackie es, obviamente, el punto de apoyo sobre el que se sostiene todo el producto, éste no sería lo que es si no fuera por la galería de personajes que se deslizan por la trama. Tenemos a Thor, alejado por completo del tópico enfermero homosexual, con su aspecto de rudo leñador del Canada y tenemos al Doctor Cooper, una estrella de la medicina con síndrome de Tourette "mamario" (mejor no explicarlo). No podemos olvidar a Eddie, el suministrador de pastillas que intercambia fluidos con la protagonista ni, por supuesto, a la cándida e insegura Zoey, admiradora a muerte de la taxativa Jackie. Por supuesto, "Nurse Jackie" no tendría el puesto estelar que mantiene en mi universo de no pasear por sus imágenes a Anna Deavere Smith, que con su interpretación de la estricta y arrebatadora Gloria Akalitus concede brillo y esplendor a cada plano en el que aparece.

7.- Tiene el mejor fin de temporada de los últimos años: No hay noticias de una tercera entrega de "Nurse Jackie" y, en cierto modo y a pesar de que, en mi opinión, es uno de los productos televisivos más logrados de los últimos años, creo que la fórmula ha dado todo lo que tenía que dar. Por eso, ese desconcertante "blow me" final, tan inesperado, tan seco, pero, al mismo tiempo, tan coherente con el personaje, merece, desde ya mismo pasar a los anales de la televisión. Tras los discutibles finales de "Lost" y "24", es un placer contemplar una conclusión tan a tono, la guinda perfecta para un pastel agridulce, intenso y muy recomendable.

miércoles, 9 de junio de 2010

Punto y final: Javier Marías


Durante un largo periodo de tiempo, Javier Marías fue mucho más que mi escritor favorito. Entré en su mundo de laberintos verbales y perífrasis ampulosas a través de esa maravilla que es "Mañana en la batalla piensa en mi". En muy poco tiempo, "El hombre sentimental", "Todas las almas" y "Corazón tan blanco" fueron pasto de mi voracidad lectora y de ahí a los recopilatorios de artículos periodísticos y los relatos cortos medió un paso. Compraba algunos periódicos regionales sólo para leer sus columnas dominicales (Internet y yo, en aquel momento aún manteníamos las distancias) y sentía una molesta punzada de rabia cuando alguien lo ninguneaba, criticaba o, sencillamente, manifestaba su oposición al artista o a su obra.

Lo conocí personalmente hace muchos años, en plena efervescencia de mi devoción, una mañana que firmaba sus obras en la Feria del Libro de Madrid. Recuerdo que hacía un calor sofocante y me sudaban copiosamente las manos sin que tuviera nada claro si semejante capacidad transpiradora era fruto de la temperatura o del intenso nerviosismo que me dominaba por completo. Mi admiración era tan grande que me aterraba no estar "a la altura" y responder cualquier insensatez a la perla con la que sin duda, me obsequiaría cuando me llegara el turno y le entregara la obra en la que depositar la joya. El diálogo sin duda, no estuvo a la altura de las expectativas:

- Tarquin: Buenos días, Javier.
- Javier: Buenos días. ¿A que nombre pongo la dedicatoria?

- Tarquin: Pues, Fulano, por favor.
- Javier: Anda, coño, como el que juega en el Madrid.
- Tarquin: ..........................

- Javier: Gracias, que tengas un buen día...... Hola, ¿A que nombre pongo la dedicatoria?

- Tarquin: ........................


Como un amante despechado, le fustigué con el látigo de mi indiferencia y, haciendo gala de un infantilismo comprensible sólo desde la estupidez adolescente, me negué a leer nada escrito por él durante varios meses. Arrinconé sus libros, dejé de comprar el Diario de Villalilas del Campo los domingos y palmoteaba como una foca con una sardina cuando alguien le ponía a caldo tibio. Lamentable, Lo sé, pero hay que ponerse en mi lugar: nunca es fácil comprobar que aquel a quien admiras y a quien contemplas en ángulo recto resulta ser humano contra todo pronóstico.

Salí pronto de aquel limbo, afortunadamente. Justo a tiempo de entrar de lleno en la trilogía de "Tu rostro mañana", que es su obra maestra y tal vez, la obra en castellano más importante de lo que llevamos de siglo. Y cuando dejé de profesarle esa admiración incondicional, creo que disfruté aún más de este escritor excepcional, controvertido y genial con el que, casualidades de la vida, ahora me cruzo con cierta frecuencia en la calle al vivir no muy lejos de mi casa. Poco me importa que siempre ande ceñudo y apresurado, que sus artículos periodísticos tiendan a repetirse temáticamente y que el plumero político que cada día se le ve más, no le deje limpiar a veces el polvo de sus ideas. Poco me importa, digo, si sigue deleitándonos con genialidades como las que transcribo parcialmente (el texto completo está aquí) en esta entrada, que se publicó en el suplemento dominical de El País el pasado día 23 de mayo y que merece sin duda aparecer en esta sección del ladrillo.


"Lo que pasó pasó, y no hay quien lo rectifique ni lo repare ni enmiende. Lo que otros hicieron no lo hemos hecho nosotros, y no somos quiénes para excusarnos por los actos no cometidos. Creer lo contrario es de una soberbia infinita, y sin embargo hoy lo parece creer el mundo entero. No hay manera de resarcir a los damnificados, que yacen en sus tumbas y de nada se enteran. El tiempo –es inconcebible que se finja ahora ignorarlo– “ni vuelve ni tropieza”, por decirlo con Quevedo. Otra cosa es que se sepa lo que ocurrió, algo en verdad necesario. Para eso están los libros de Historia, y también las leyendas, las novelas y las películas, todo ello contribuye a que los crímenes no caigan en el olvido. Pero esto no parece bastar a los narcisistas contemporáneos, cuya última pretensión es que, además, se procese a los muertos, a quienes ya no pueden responder ni avergonzarse ni padecer castigo. Como si no hubiera suficientes casos que juzgar, con los responsables vivos y a menudo impunes, se pretende con cada vez más frecuencia que se abran causas contra cadáveres"


miércoles, 2 de junio de 2010

Escalibada de murciélago


Batman y yo nunca hemos sintonizado mucho, si bien, para ser del todo sincero, la falta de fluidez afecta, en general, a la relación que mantengo con DC Comics; ni el mencionado señor de la noche, ni Superman, ni Flash ni ningún otro de los emblemas de la Distinguida Competencia logran captar mi interés de la manera en que sí lo logran Spiderman, Daredevil, Lobezno y demás miembros del catálogo Marvel.

Gracias a "Batman:año uno" y "La broma asesina", excelentes recomendaciones de los siempre certeros Otis Driftwood y Azid Phreak, y, sobre todo, como consecuencia de la memorable experiencia que supuso la segunda aportación al personaje que nos brindó Cristopher Nolan en "El caballero oscuro" (probablemente la mejor película de superhéroes de la historia y una de las cintas supremas de lo que llevamos de siglo), las tortuosas aventuras del señor de la noche dejaron de ser una aburrida imposición (algo tendrá este hombre cuando a tantos interesa, me decía) y empezaron a convertirse en un intenso placer. Hasta que "Batman Barcelona: el caballero del Dragon" se incorporó al baile.

Es cierto que, a pesar de la monumental campaña publicitaria y de la presencia de nombres de la categoría de Jim Lee o Mark Waid en el proyecto, poco debe uno esperar de una obra fabricada para un acontecimiento muy concreto (El Salón del Comic del año 2009) y cuyo evidente (y muy respetable) objeto es sacar tajada de dicha circunstancia, mezclando en la batidora a un personaje de fama internacional (Batman) y a la ciudad anfitriona del certamen (Barcelona).

Sin embargo, y a pesar de tan paupérrimas expectativas, las peripecias de Bruce Wayne por la Ciudad Condal perforan a la baja los peores augurios y convierten "Batman Barcelona" en una experiencia casi dolorosa, un tordo colosal, propio de un "cagonet" en el apogeo de su arte cuyos únicos puntos positivos son su precio (apenas seis euros, que son seis euros más de lo que vale, por otra parte), su longitud (cuarenta páginas, con media docena de viñetas a cara completa) y que, al menos, la visión de la Ciudad Condal, no abunda en los tópicos y no presenta sus calles sembradas de bailarines de sardanas comiendo fuet, ni "castellets" en cada esquina.

Me cuesta atribuir a otro elemento que no sea el vil metal, la presencia en este engendro de un guionista tan interesante como Mark Waid (algunas de las mejores historias del controvertido "Brand new day" en el que mi trepamuros favorito vive desde hace un par de años provienen de su pluma) en esta historia lamentable en la que un lagarto sobrealimentado, de nombre Killer Croc (¿?) se prenda de Gaudí y monta un cirio en Las Ramblas. Batman no parece coincidir en gustos arquitectónicos y se planta en El Prat para discutir el asunto como si estuvieran en "La Noria", es decir, a palos. Me encantaría poder extenderme algo más en resumir el argumento, pero lamentablemente, la historia no da para más y, por si fuera poco, abunda en situaciones ciertamente bochornosas, llevándose la palma el momento "Ivanhoe" del amigo Batman, senyera en mano, recorriendo Barcelona en busca del villano de la función y que literalmente quita el sentido (del ridículo). De la risible moraleja final, prefiero no hablar que me entra el tabardillo.

En cuanto al aspecto gráfico, los lápices corren a cargo del barcelonés Diego Olmos que poco puede hacer con el material que le han facilitado y que, además debe luchar contra el gran Jim Lee, cuya apañada portada proyecta una sombra de tan enormes proporciones sobre el simpático pero poco emocional trabajo de Olmos que uno no puede dejar de sentir por él cierto desconsuelo compasivo. Además, sus composiciones son forzadas, innecesarias y se aprecia una falta de aliento en el dibujo, una carencia emocional tan marcada que es casi imposible pasar las páginas del tomo sin descargar un bostezo. Los momentos teóricamente espectaculares, a pagina completa, con un amplio pero estéril despliegue de medios y, sin duda, realizados con la mejor intención, son una buena prueba de esa falta de intensidad tan perjudicial a la que hago referencia.

"Arkham Asylum" aguarda su turno en mi mesita de noche. Las penosas imágenes de "Batman Barcelona" aún palpitan en mi maltrecha memoria y me sudan las manos cada vez que me acerco al enorme tomo (Edición "de luxe", especial para incautos como servidor y que, además de la historia original, el guión manuscrito, y los bocetos seminales de la obra, seguramente, también incluye hasta el posavasos en el que Grant Morrison apoyaba el café cuando escribía los diálogos) a quien se le ha encomendado la difícil misión de restablecer el prestigio que Bruce Wayne y su encapuchado lado oscuro habían llegado a tener en el hogar de los Winot. La gesta se antoja difícil pero como dijo cierto arácnido hace ya muchas décadas, todo gran poder conlleva una gran responsabilidad.